lunes, 5 de julio de 2021

SAN MIGUEL


 - El cometa Halley andaba por aquí cerca cuando le conocí, hace de eso unos 35 años si no recuerdo mal. Un tipo alto y simpático que hablaba en voz alta y me llamaba, también en voz alta, maestro, por los pasillos del Palacio de Justicia de la calle San Martín – Jon Galtzagorri, con voz cansina, habla en un extremo de la mesa del restaurante, un caserío en el alto de San Miguel de Elgoíbar -, la verdad es que no me cayó bien. Ya sabes la gente que te trata con una confianza que no le has dado y que te elogia desde el primer momento hace que te toques la cartera cuando se aleja y siempre compruebas que te falta algún billete. Pero no, él era de fiar, un poco pelma, un poco baboso con las mujeres, pero de fiar… siempre que no le echase el ojo a tu mujer.

- Hacía confidencias personales repentinas sin apenas conocerle – Manu Majors degusta un vermú con una rodaja de naranja mientras analiza el menú -, pero resultaba un buen tipo, además para el tercer tiempo de los partidos de rugby de veteranos, resultaba un rematador infalible, nunca ha tenido un mal vino, conservaba su lucidez en medio de una marejada de gintónics...

- Así que lo de las sentencias que le condenan por maltratos y demás majaderías no solo me resulta chocante sino que no me creo nada de los hechos probados, son conductas como de ficción – las cazuelitas de judías ya están en la mesa pero Galtzagorri habla sin probar la suya -,  conozco a la persona, no solo al abogado, y hasta el Dr. Jekill para transformarse en Mr. Hyde necesitaba de Stevenson.

- Sin embargo, parece que existen personas que tienen una cara en casa y otra cara fuera de casa – Imanol Hiruntchiverry unta pan en la salsa que queda en su cazuelita hasta sacarle brillo -, al menos, eso he oído, aunque yo no he conocido un caso personalmente, al revés, conozco muchos casos de verdaderos hijosputa en el trabajo que son todavía más hijosputa en su casa.

- Yo he viajado con él, hemos pasado días juntos, salido de marcha por ahí… no tengo el título de sicólogo – Galtzagorri también ha acabado las alubias blancas -, pero creo que a las personas las conoces en el campo de juego y en esos momentos que se pasan juntos entre partido y partido, no son las aburridas concentraciones de los profesionales pero, a veces, le tratabas a tu pilier más que a tu novia, incluso le metías más la mano.

- Lo que pasa es que si no crees a la denunciante – Hiruntchiverry ataca el bonito con verduras en tempura -, la acusas de presentar una denuncia falsa y te pones en contra a todas las víctimas que nunca han obtenido justicia.

- Lo he mantenido muchas veces: en justicia lo contrario de la verdad no es una mentira, lo contrario de la verdad es otra verdad – el bonito y las verduritas han desaparecido ya de todos los platos -, la denunciante puede vivir como una agresión lo que ha sido una bronca de pareja, la imagen de lo que cree haber vivido se le queda grabada en su cabeza y cuantas más veces repite su versión, más se queda grabada y el grano de mostaza se convirtió en árbol.

- Pero no sabemos cómo es ella, yo la vi una vez un rato en un aperitivo – Imanol ha empezado una panacotta -, y no me acuerdo de su cara ni nada, mi mujer menos, la confunde con una novia anterior que tuvo, una que, según ella, iba más maquillada que un coche robado.

- La venganza, el rencor, los celos y, quizá, la envidia – Galtzagorri pasa la lengua por la copa de postre como un perro lamiendo envoltorios de una carnicería -, porque hay mucha envidia en las relaciones, mi novio tiene todo lo que quiere, incluso a mi, y yo debo compartirlo con su golf, con sus amigotes, con sus hijos, con su ex, con su perro… vete tú a saber.

- Lo de compartir el amor de tu novia con su amor por su perro, nunca me ha dado envidia a mi – dice Manu Majors señalando la botella de whisky encima de la barra a la camarera -, en todo caso, me ha dado alergia.




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