martes, 1 de diciembre de 2020

LA SIESTA EN CASA DE LOS PADRES DE MIKEL (IV)

Viene de capítuloanterior

 - ¿Morboso? De enfermos.

- ¿Tienes novio?

- No y no me interesa.

No volvieron a hablar de estos temas. Y Zulema se lo comentó a una Laura incrédula el siguiente viernes en el restaurante.  

La última semana prevista de estancia de pasantía había una vista en un Juzgado de  Bilbao de un asunto mercantil que Zulema había seguido desde el inicio, así que ambos fueron en el coche de Sebastián, al acabar la vista comieron el típico menú del día y se dirigieron por la autopista a Eibar donde Sebastián tenía que dejar un sobre en una oficina de contabilidad y al salir de esta villa hacia Donostia vieron a una monja con hábitos que hacía autostop y Sebastián se paró para recogerla, la monja, una joven mulata sudamericana, se dirigía a Deva. En vez de entrar por la autopista, Sebastián se dirigió por la carretera general. Nada más montarse la monja en el asiento de atrás, el abogado le preguntó si era monja de verdad, o era Batman o un travesti. La monja, sin entender o haciendo que no entendía la cuestión, aseguró que estaba a punto de profesar. El viaje se convirtió en un calvario  para las dos mujeres aparentemente, Sebastián, que estaba eufórico por la adrenalina del juicio, se dedicó a hablar en latín con la monja, que tuvo que confesar que no sabía y menos al nivel aparente del abogado, luego empezó a contar chistes de monjas, los chistes más fuertes que le pasaban por la cabeza, hasta que la monja saltó del coche nada más parar en Deva.

- ¡Ave María! Ni se ha despedido.

Zulema, que no se había reído en ningún momento hasta entonces, estalló en una carcajada. La verdad es que el show había sido buenísimo y sabía que se había producido porque ella estaba, Sebastián estaba guapísimo conduciendo y repitiendo frases incoherentes y brocardos en latín, Zulema puso su mano izquierda en la pierna derecha del conductor espontáneamente sin que el abogado reaccionara, junto a la pierna había un bulto en el pantalón, la erección de Sebastián era una evidencia y Zulema la percibía justo al lado de sus dedos. Nunca se pudo dar a sí misma una explicación coherente, lo que hizo fue empezar a bajar la cremallera de la bragueta del pantalón del abogado a la vez que se inclinaba hacia aquel paquete, el cinturón de seguridad le incomodaba, pero actuaba sin reflexión alguna.

- ¿Qué haces loca? ¿Quieres que nos matemos?

Sebastián Nivelle le apartó y frenó violentamente en el arcén de la subida después del puente sobre el río Oria.

- ¡Para o te bajas aquí mismo y te vas andando!

Zulema se echó a llorar, musitando excusas incomprensibles. El abogado arrancó y sin decir palabra se detuvo en el aparcamiento de la cafetería del área de descanso de Aritzeta en la entrada de la ciudad. Y empezó el chorreo.

- Lo veía venir, tus cambios en la forma de vestir, tus miradas a las otras mujeres del despacho, te estabas trasformando… mira, niña, en la empresa no se folla, se empieza follando y se acaba enamorado, y una vez enamorados los dos es todo una gran cagada. Yo tengo mujer e hijos y no voy a dejar que ésta -señalándose la bragueta -, me arrastre, ya he visto a lo que conducen estas cosas, tengo experiencia familiar al respecto. Creo que es mejor que dejes la pasantía ya, para un par de días que te quedan, pasas por el despacho mañana y te doy el certificado de que las prácticas las has hecho, aunque no creo que te sirva de nada porque jamás vas a ser abogado, no es lo tuyo, haz oposiciones a la Diputación o a la  Caja de Ahorros o a lo que te de la real gana, tienes vocación de funcionaria y lo siento, lo siento mucho, pero olvídate de mi.

Zulema, que seguía llorando, se iba indignando con cada palabra que salía de la boca del abogado. “Aquel cretino se creía que ella se había rendido seducida a sus pies”, pensaba pero no dijo nada. Perdió el hilo de lo que siguió, un discurso moralista y paternalista, lleno de imprecaciones y de consejos idiotas. Luego, se encontró en su casa. No recogió el certificado de las prácticas realizadas en Numea Asesoría Jurídica y empezó inmediatamente a preparar las oposiciones a judicatura.


Sin embargo, durante la estancia en el despacho se había despertado algo en el equilibrio hormonal de la muchacha. Nunca se había masturbado hasta entonces y ahora se dormía muchas noches después de acariciarse el clítoris con la yema de un dedo imaginándose “películas” en las que ella era protagonista del deseo de Sebastián o de Laura o de quien se le pasase por la cabeza, llegó a rebuscar en el armario de su hermano pero no encontró revista alguna, así que con el pretexto de leer algo se llevaba a la cama algún semanario de los que comenzaban a publicar fotografías de desnudos, siempre femeninos. Los años de la transición eran los años del destape. 

Se observaba sin ropa en los espejos del dormitorio y del baño y se decía que tenía que adelgazar mucho para parecerse a las modelos fotografiadas, pero Zulema siempre tenía hambre y sus propósitos duraban lo que le duraba un buen plato de comida encima de la mesa.

(Continuará)

viernes, 27 de noviembre de 2020

DERECHO NATURAL Y SUS CONFINES

- Todos los días se aprende algo nuevo en esta casa - comenta Galtzagorri ajustándose la mascarilla en las escaleras del palacio de justicia -, incluso ahora, que estoy más cerca de la justicia de Dios que de la de los hombres, principios jurídicos me deslumbran.
 - Vamos al Tribuna Norte que hace fresco a pesar del resol – le dice Nerea Chamadoira, letrada de Trincherpe que ha encendido un pitillo liado en un instante y se deja la mascarilla colgada de un pendiente -, ¡Mierda! Si está todo cerrado.
 - Tengo cafetera en el despacho y está cerca por si quieres algo caliente.
 Acomodados, es un decir, en el refectorio oscuro de la oficina, cuya pintura es una tarea urgente desde hace diez años, los dos abogados saborean unas galletas bretonas sin fecha de caducidad legible por el paso del tiempo y un par de vasos de un café de cowboy en las Montañas Rocosas. Con su bebida humeante en la mano, recostado contra la pared, Galtzagorri habla.
 - “Iuris praecepta sunt haec: honeste vívere, alterum non laedere, suum quique tribuere”; para mi, vivir honestamente significa actuar de acuerdo con la ética que la toga exige a todos los que participamos en el proceso, juez incluido, el no dañar a otros constituye una de las bases fundamentales del derecho penal y que da lugar al castigo reparador de quien daña a otro y la justicia es dar a cada uno lo suyo, no dar a todos los mismo.
 - Su Señoría entiende que la honestidad es ella personificada – comenta Chamadoira acodada en la fotocopiadora y con hilas de tabaco y rastros de ceniza decorando su “col roulé” negro -, sin discusión posible, que dañar a los abogados no es dañar, como bailar de lejos no es bailar, debe ser porque los abogados no son ciudadanos romanos sino siervos de la justicia y dar a cada uno lo suyo significa dar a los funcionarios acusadores apoyo y razón hasta la irracionalidad mientras que a los ciudadanos y sus abogados se le da un espadazo.
 Galtzagorri tira los vasos al contenedor amarillo y guarda las galletas sobrantes en su archivo junto con las momias de unas barritas energéticas que los várdulos dejaron abandonadas antes de su extinción y concluye pensativo.
 - El absurdo sistema de las oposiciones a judicatura solo tiene un objetivo: borrar toda idea de justicia del cerebro de la futura o futuro juez.

lunes, 23 de noviembre de 2020

LA SIESTA EN CASA DE LOS PADRES DE MIKEL (III)

Viene de 

- Ahora ya sabes, para qué tienen esos canapés y saca de mi bolso ahí atrás las revistas que he cogido a los chicos.

Zulema sacó unas revistas muy usadas con imágenes pornográficas repetitivas en las que mujeres ciertamente bellas protagonizaban escenas de relaciones sexuales de todo tipo.

- Con esto se van esos cerdos al retrete y no salen en mucho tiempo – Laura le comentaba, ya el coche detenido -, todos los hombres sueñan con que se les hagan esta cosas, como ves, tienen gustos muy sencillos, todos, todos.

- ¡Qué asco! Yo nunca haría eso.

- Mira, una cosa así a tiempo te puede evitar un embarazo, es lo que te quiero explicar. Más vale eso que le partas los huevos, te conviene llevarte bien con esa gente, tienen poder, te pueden colocar bien como ya han hecho con otras pero, como acabarás follando con alguno de ellos, es inevitable, te voy a dar el contacto de mi ginecóloga para que te recete la píldora.

Laura salió del coche y arrojó las revistas en una papelera, luego abrió la puerta del otro lado, Zulema seguía sentada.

- ¡Hala! ¡A soñar con estos angelitos, cariño! Y no es tan malo, es como yogur sin azúcar un poco caducado pero no hace falta que te lo tragues.

No fue la única conversación que tuvieron al respecto, ni aquel fin de semana ni en los siguientes. Para sorpresa de Laura, las semanas, los meses pasaban y el virgo de Zulema seguía en su sitio, incluso no había tenido que utilizar las enseñanzas de su compañera de trabajo porque ni Sebastián ni los otros socios le habían llevado al canapé con alguna excusa.

Las jornadas se sucedían a otra sin incidentes reseñables para esta historia, los atentados de ETA se sucedían con muertes casi diarias y Felipe González aún no había cedido a la tentación de meter al Estado español en la misma mierda. Nuestros protagonistas estaban muy ocupados con sus propias vidas para preocuparse de las de otros, en Euskadi llovía, nevaba, soplaba el viento, explotaban bombas, se mataba con un tiro en la nuca, se torturaba a los detenidos... pero así era el paisaje, el decorado de la vida.

Cuando llegaba a la tarde, Zulema se encontraba muchas veces con la secretaria lánguida, Mercedes, que llegaba acompañada siempre de uno de los socios principales, Jon y, al entrar en el despacho, cada uno se iba a su puesto de trabajo.

A veces Sebastián le invitaba a comer un menú del día en algún bar cercano al despacho porque los agobios de trabajo le obligaban a realizar jornadas interminables en ocasiones y... nunca pasaba nada. En una de esas ocasiones, después de la comida, Sebastián le dio la llave del despacho y la cartera y le pidió que se la dejara porque él tenía que ir a una consulta médica – Sebastián, que rozaba la cuarentena, jugaba al fútbol en un equipo de veteranos y coleccionaba lesiones después de cada partido -, así que Zulema llegó aquella tarde un poco más temprano y entró por el largo pasillo que se dirigía hacia el despacho de Nivelle, al pasar delante del despacho de Jon la puerta estaba entreabierta dejando ver el canapé. La escena era bella, como la escultura de Rodin pero con más ropa, aunque desabotonada y las manos explorando intimidades, Jon estaba reclinado en el canapé con Mercedes recostada encima, sus labios estaban unidos en un un profundo beso,  Zulema se quedó sin respiración un momento observando aquella especie de “Pietá” enrevesada y erótica, luego se quedó en el despacho sin salir hasta el final de la jornada.


Cuando Sebastián tenía un juicio fuera de la ciudad, Zulema le acompañaba, eran momentos de una mayor intimidad en que hablaban de temas personales, siempre superficialmente, sin embargo.  Al día siguiente de la escena del sofá, fueron a una vista en Pamplona, y a la vuelta, la pasante preguntó:

- ¿Mercedes está casada? ¿No?

- Sí, con el cuñado de Mikel, creo que viven no muy lejos de tu casa.

- ¿Y Jon está casado?

- No, creo que se casa dentro de un par meses, creo que su novia le ha otorgado el favor de casarse con él ¡Hay que tener ganas de casarse con ese triste!

Después de un momento de silencio, Sebastián prosiguió.

- Claro que lo dices por esa relación que hay entre Jon y Mercedes. Pues son amigos, amigos que se echan la siesta juntos todos los días. Jon tiene un picadero, un apartamento cerca del despacho, comen siempre en un bar de abajo y luego suben a echarse la siesta… y según parece solo se echan la siesta - remarcó esta última frase -, Mikel, que lo sabe todo y no quiero saber cómo lo sabe, dice que se cascan pajas mutuamente pero nada más ¿Te parece un poco morboso?

Continua en

lunes, 16 de noviembre de 2020

LA SIESTA EN CASA DE LOS PADRES DE MIKEL (II)

Viene de 

Y al día siguiente fue, vestida de oficinista de ministerio de un oscuro país de Europa central, que era lo más elegante que tenía, un traje-falda gris con un “col roulé” negro, la chaqueta del traje disimulaba sus pechos y sus formas rollizas, poco maquillaje y el pelo recogido atrás, el conjunto era muy poco favorecedor pero era lo que le pedía el cuerpo.

A la hora de la cita, ella estaba puntualmente en la puerta, fueron apareciendo un par de secretarias y otra pasante que se se presentaron y le hicieron pasar al interior de una manera amable. Una de la secretarias tenía un aire muy lánguido como de protagonista de un película ambientada en el XIX y tenía una belleza de sonámbula. Zulema se sobresaltó al sentirse atraída por aquella joven de una forma inesperada, hasta entonces no se había sentido atraída, y menos sexualmente, por nadie, sin embargo, sintió, y le pareció un sentimiento culpable, que aquel cuerpo desmayado le llamaba. No tuvo tiempo para pensarlo porque enseguida llegó el abogado Sebastián Nivelle que resultó ser una persona vital e hiperactiva y que le hizo firmar un contrato de pasantía por estrictos tres meses en el que constaba lo que Legarreta le había adelantado, e inmediatamente le puso a buscar jurisprudencia por viejos libros de sentencias que estaban en la biblioteca del despacho.


Durante los siguientes meses iba a pasarse muchas horas en la búsqueda de antecedentes de doctrina sobre todo tipo de temas, redactando algunos escritos que eran sistemáticamente destrozados por su mentor, asistiendo a entrevistas con clientes sin poder intervenir, asistiendo a las vistas de juicios del abogado, aguantando los chistes malos pero procaces que Sebastián contaba y reía ininterrumpidamente… La primera semana se acabó pronto y el viernes a la tarde acudió a su trabajo de camarera de refuerzo en un restaurante de Hondarribi, donde también trabajaba Laura, una estudiante de derecho algo más mayor que Zulema y a la que le costaba acabar la carrera, arrastrando asignaturas de varios cursos, no eran amigas pero Laura tenía coche y, al final del trabajo, le solía retornar a su domicilio que le caía de paso, a veces Laura le proponía inútilmente planes de alargar la noche en alguna discoteca o local de ocio nocturno. Zulema se lo agradecía siempre pero se quedaba en su casa.

Cuando ya estaban recogiendo las mesas aquella noche, porque los últimos clientes del restaurante se iban, Zulema le dio la novedad de la semana, su contratación como pasante en el despacho Nemea Asesoría Jurídica y Laura le respondió sacudiendo su mano en señal de sorpresa admirativa

- ¡Hostias! ¡Vas a follar lo que no está escrito! En ese despacho todos los jefes son abogados, no hay una sola abogada, y solo contratan mujeres para pasárselas por la piedra, pero Derecho vas a aprender, es el mejor despacho de Euskadi y todos saben mucho.

Zulema se quedó petrificada con unos platos en la mano, observando a Laura, una pelirroja de tinte, de labios carnosos y de cuerpo perfecto, nunca se había fijado en la sensualidad que Laura exhibía hasta ese momento y se volvió a sentir incómoda por sentir la llamada caliente de aquel cuerpo de mujer.

- Pues conmigo, lo tienen claro, al que se propase le parto los huevos.

Laura no pudo parar de bromear en el resto de la jornada laboral y luego en el pequeño vestuario en que las empleadas se cambiaban, Zulema se volvió a sorprender a sí misma espiando a Laura en ropa interior, pero Laura mientras se vestía le dijo:

- Lo que te pasa es que tú supongo que eres virgen a tu edad ¿No? 

- Nunca he tenido novio y no he conocido ningún chico que me hiciera un poco tilín.

- Serás “torti”, entonces.

Laura tuvo que agarrarle la mano para evitar la bofetada rabiosa. Y aprovechó para besarle en la boca, labio contra labio, sin abrirla.

- ¡Coño! Va a ser verdad que eres virgen – Y se rió, después, al apartarse -. Y que te estás reservando para el matrimonio.

- O para el hombre de mi vida.

- Hombres de mi vida, yo he tenido 25 y tengo 25 años o sea que, al menos en esto, te puedo dejar los apuntes para que estudies y no te quedes embarazada a la primera.

Solo quedaba el propietario del restaurante  y ellas en el establecimiento, el jefe hacía la caja y ellas ya se habían vestido. Antes de despedirse, Laura entró rápidamente en el vestuario de los hombres y salió con algo que metió en el bolso.

En el camino a casa, Laura no paró de contar chismes sobre el despacho Nemea, sobre historias de abogados y abogadas y pidiendo detalles sobre el despacho, cuando Zulema le dijo que en los despachos de cada abogado había un canapé de dos plazas, donde se acumulaban expedientes...

Continúa en

viernes, 6 de noviembre de 2020

LA SIESTA EN CASA DE LOS PADRES DE MIKEL

El núcleo urbano de Donostia se extiende hacia el este hasta confundirse con el de Pasaia y éste se confunde con el de Rentería y Lezo. En los años 80 del siglo XX, cuando Zulema Arboniés acabó sus estudios en la Facultad de Derecho de la UPV, quedaban esparcidos núcleos industriales, fábricas y talleres, entre las viviendas que formaban mayoritariamente este conjunto de municipios cuyos límites se confundían.  

Zulema Arboniés era una veinteañera de constitución fuerte, esto es, Zulema no tenía cintura de avispa, estaba bien de peso. No era alta pero entre sus ojos oscuros y su pelo negro y abundante Zulema estaba bien, era bonita. Además tenía carácter, como su familia no podía pagar sus estudios holgadamente y sus notas no daban para una beca, había estudiado derecho y trabajado en hostelería a la vez. Estudiar y trabajar a la vez es duro y ella no había tenido tiempo para ocios y novios, además las hormonas le habían hecho pasar una adolescencia tranquila y el tiempo, a pesar de su indudable atractivo entre profesores, estudiantes y compañeros de trabajo, había pasado sin que su virginidad se quedara por el camino de su vida hasta entonces. En resumen, a los veintitres años de edad era licenciada pero tenía que seguir trabajando de camarera mientras se decidía por unas oposiciones u otras, la salida habitual de los titulados en derecho, ya que ni su familia ni ella tenían relaciones en el mundo de la abogacía como para conseguir una entrada en algún despacho de abogados.

La vivienda de sus padres en la que ocupaba una habitación ella sola, su hermano un par de años más joven ocupaba otra minúscula, era pequeña pero suficiente. En aquellos 60 metros cuadrados, como los otros pisos del barrio popular de Beraun en Rentería, vivían 4 personas, gracias a que un hermano más mayor se había casado y ausentado a trabajar en Bilbao.

- ¿Quieres ser pasante en un despacho de abogados? - le dijo su padre un mediodía, a la hora de comer, entrando en su habitación, donde ella estaba estudiando para una oposición de funcionario en la Diputación Foral -. Ahora, en febrero, no tienes trabajo y, si te cogen en un despacho, te ahorras empollar unos meses y empiezas a ganar dinero antes.

- Ya lo hemos hablado muchas veces, no conozco ninguna firma…

- Me he encontrado en la calle – le cortó su padre -...

- Será en el bar de la esquina – intervino la madre por detrás-.

- Me he encontrado con un tipo que fue jefe local del Movimiento en el pueblo hace años y al que conocía de unos líos que tuvo con mi empresa en aquellos tiempos, hablando y hablando me ha dicho que su hijo es el gerente de una firma de abogados muy importante de Donostia, Nemea Asesoría Jurídica, y le he dicho que tú estás interesada en hacer prácticas de abogada.

- Cobrando – añade la madre -.


- Lo importante es que Zulema ponga el pie dentro de ese mundo, cobrando o sin cobrar, el padre me ha dicho que los pasantes pagan por formarse en ese despacho pero que como es amigo mío le va a decir a su hijo que te coja gratis y tú puedes seguir trabajando de camarera. Y si no te cogen puedes volver a las oposiciones, si no a éstas, a otras.

- A mí me gustaría ser juez – la estudiante cierra los apuntes y archiva las fotocopias -, pero los abogados deben ganar mucho más.

El teléfono de la casa sonó al rato. El viejo conocido le dio el nombre del despacho y el teléfono de contacto de su hijo Mikel, informando que ya había hablado con él y que Zulema le podía llamar, como así lo hizo a la tarde. 

Zulema pensó, después de hablar con él, que Mikel Legarreta era un petulante porque le anunció que no le iba a recibir él sino el responsable de formación de pasantes en la firma, un tal Sebastián Nivelle, y que iba a tener que firmar previamente una renuncia a considerar que su estancia en el despacho le iba a dar derecho alguno en el mismo, todo ello en un tono de superioridad engolada y sin permitir réplica alguna, además le indicó de estar a las 9 de la mañana en punto en la recepción del gabinete. Zulema se aguantó las ganas de no ir, porque mientras asentía al teléfono, su madre le miraba con ojos inquietos.

Y al día siguiente fue, vestida de oficinista de ministerio de un oscuro país de Europa central...

Continúa en

viernes, 30 de octubre de 2020

LOS CADÁVERES DE LAS CUNETAS


Galtzagorri se toma un te negro delante del ordenador y habla a la cámara que transmite su imagen.

- El número de restos no exhumados de personas asesinadas por las fuerzas golpistas del 18 de julio del 36 es enorme, hay cálculos aproximados entre 130.000 y 140.000, lo que nos lleva a un cálculo de otras tantas familias españolas afectadas, entre las que no se encuentra la mía, y posiblemente a más de un millón de ciudadanos que tienen el recuerdo de un ancestro muerto violentamente.

Manu Majors también bebe un earl grey en su despacho bilbaino mientras conversa.

- La transición ignoró este hecho, éramos conscientes de su existencia pero lo esencial era pasar la página de una dictadura terrorífica a una democracia, imperfecta pero más legítima. Cuando esta democracia parecía consolidada, los afectados empezaron a pedir que les devolvieran los desaparecidos, la respuesta fue meterlos en un laberinto burocrático y dejar pudrir el tema.

El marqués de Altamira es más de café cortado preparado en cafetera tradicional, no soporta las cápsulas metálicas.

- ZP osó abordarlo tarde y posiblemente mal pero, en vez de ayudarle a reparar el daño que perdura en  aquellas familias y en los que voluntariamente sienten lo injusto de la situación, se torpedeó su iniciativa hasta el presente, en que otro gobierno, quizá por razones espúreas, inicia tímidamente el camino de la verdadera reconciliación con la localización y exhumación de esos desaparecidos, tarea imposible para la totalidad, los ataques a la iniciativa se multiplican e intensifican.

El Barón de la Florida, sin embargo, toma un expresso italiano hecho con polvos mágicos muy caros porque son de marca.

- Es incomprensible la ceguera de quienes se oponen a ello. Esta obra de misericordia humana, laica y ciudadana no es revisar el espíritu de la “Transición”  ¿Qué es eso del espíritu de la Transición? Sino completarlo en todo caso, culminar uno de esos asuntos que se van pasando en la agenda de un día a otro con la vana esperanza de que se terminen solos pero que la tozuda realidad nos vuelve a poner una y otra vez en la lista de pendientes.

Galtzagorri se pone unas gotas de armagnac de hace 42 años en la taza caliente y añade:

- España nunca será España del todo, al menos la España de todos y para todos, sin hacer un empeño colectivo de dignidad de este siniestro aspecto de su pasado. No se puede dejar a la IIIª e inevitable República Española esta herencia estúpida.

martes, 27 de octubre de 2020

JUEGOS DE MASACRE

-  Una ciudad castigada por una epidemia mortal es totalmente confinada, no se puede entrar ni salir, los habitantes van muriendo – En la pantalla del ordenador, Imanol Hiruntchiverry con la boina encasquetada, gafas oscuras y la mascarilla, habla por tele-tertulia a sus amigos -, desde niños pequeños en sus cunas hasta jóvenes casaderas en la peluquería, las autoridades reaccionan con medidas extremas de arrestos domiciliarios, ley de fugas a los que salen con un toque de queda absoluto, la medicina no salva ni a los mejores médicos, los ricos hacen de los pobres una barricada inútil, los funcionarios ejecutan órdenes redactadas por la mente idiota de los políticos y un monje negro cruza el escenario llevando las almas de los que expiran a un infierno peor… Es el resumen de “Juegos de masacre” de Eugeni Ionesco.



- ¿Y para decirnos esto te vistes de Iosu Ternera leyendo un comunicado? - Salta Galtzagorri desde su piso de Gros con vistas a la Zurriola, donde las olas de la marejada han sacado a los surfistas del agua – La verdad es que el virus nos está afectando a la cabeza.

- Pues alguno parece que en vez de en Gros esté en Lanzarote – El Barón de la Florida, que supera con una cerveza su abatimiento por la derrota de Hernani RT, comenta – espero que, al menos, te hayas puesto un bañador serio y no uno de esos tangas que apenas te tapan la circuncisión con los que nos sorprendes en verano.

- Es que la santa tiene frío y ha puesto la temperatura como la del invernadero de orquídeas tropicales – Se explica Galtzagorri, a pecho descubierto, esto es, como un oso pardo que tuviera un gintónic en la mano -, así que podemos estar en pelotas en casa como en una playa asturiana.

- De todas maneras, esa obra de teatro de Ionesco estuvo muy bien – Interrumpe el Marqués de Altamira desde las faldas de la sierra de Aralar -, ya me gustó cuando la hicisteis… ahora parece de actualidad, me voy a comprar el libro en alguna tienda y se lo voy a hacer leer a los adolescentes de la casa.

- Podríamos hacer  un estudio sobre cómo se viste la gente en este nuevo confinamiento – El Barón de la Florida tiene una vocación universitaria de investigador de lo inútil -, al fin y al cabo, el vestido es lo que más nos distingue a los monos erectos de los otros simios.

- Yo nunca he entendido cómo la evolución nos llevó a vestirnos y no a seguir desnudos – Galtzagorri comenta en plan ingenuo tertuliano -, quizá lo de taparnos los aparatos reproductores se explique por lo de reducir el número de apareamientos, ya se sabe que cuando los tienes al aire, como en las playas naturistas, la cópula ritual veraniega en la naturaleza es prácticamente inevitable.

- Tú que puedes salir sin camisa sin que se note – le dice el Barón levantando su copa -, porque se puede creer que llevas siempre una chaqueta de piel de yeti, no sé cómo evolucionaste hasta el polo “lacoste” con corbata de mi boda.