viernes, 12 de febrero de 2010

EL PEAJE DE SER VASCO

Estoy defendiendo a un cliente vasco en un caso fuera de mi ámbito territorial normal de actuación. Esto es un abogado vasco –me nacieron donde me nacieron-, que defiende a un empresario vasco en otra región de España –no tengo alergia a los términos región y España-.

Desde el minuto uno de las diligencias de instrucción hasta hoy cada vez que se refieren los informes policiales a mi cliente con el sustantivo de empresario le adjetivan de vasco y a la empresa cuyos intereses mi cliente ha representado en los hechos que han merecido la atención policial, judicial y mediática correspondiente, también se le califica siempre de vasca. No se dice de los demás implicados con la misma insistencia que sean aragoneses, madrileños o andaluces... ni de las demás empresas se repite siempre que sean aragonesas, madrileñas o andaluzas. Alguna vez con los implicados de Madrid si se utilizó en un principio su gentilicio local pero ya se ha borrado, creo percibir.

Sin embargo, los medios de difusión de las informaciones que la causa tresmina repiten la innecesaria y ya cacofónica calificación de vasco para mi defendido y la empresa. Mis familiares y amigos aragoneses me dicen que es mi susceptibilidad la que me ha hecho fijarme en ello. Pero las palabras no son neutrales, sobre todo los calificativos de edad, discapacidad, sexo, origen, raza, estado civil, condición social, religión o convicciones, ideas políticas y orientación sexual, como es comúnmente reconocido e incluso se legisla al respecto ¿A qué interés responde el calificativo de vasco cada vez que se menciona a mi cliente?

Por otra parte sí soy personalmente susceptible: mi difunta mujer que era vasca, de padre vasco y madre aragonesa tuvo un accidente de circulación hace años por el que fue condenada a 15 días de arresto menor en un juicio de faltas celebrado en Aragón y el alcohólico Juez de Instrucción –en la entrada de los juzgados no hay alcoholímetros pero era un borracho conocido-, ordenó su ingreso en prisión para su cumplimiento porque era vasca. Lo sé porque se lo oí al ebrio aquél, estando yo en los pasillos del Juzgado cuando removí todo lo que se puede remover para evitar aquella tropelía. No hace falta que nadie me hable de victimismo de los vascos.

Ya sé que no todo el mundo es tan gilipollas como aquel funcionario que encarnaba la justicia de los hombres en esta historia pero su número es infinito y su ubicación en la escala del poder es una catástrofe social y me temo que quien insiste en calificar de vasco a mi cliente lo sabe también.

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