Mañana es San Isidro en Madrid y supongo que en otros sitios también. Los sanisidros madrileños son una especie de cuaresma o ramadán donde todos los días se repiten ritos religiosos en forma de cruentos sacrificios de ganado bovino, las corridas de vacas y toros con su persecución por hombres armados, unos a caballo y otros a pie, en un ruedo que les niega la posibilidad de huida, son un espectáculo típico y que supongo que se sigue retransmitiendo por las televisiones para el entretenimiento y educación de las buenas gentes.
La industria agropecuaria del toro de lidia es una actividad económica en algunas comarcas agrarias de nuestras españas, entre olivos y encinas la crianza extensiva de este ganado embellece nuestros paisajes.
El toro, un tótem, es carne comestible ya que transforma la hierba en proteína en el desarrollo de su cuerpo. Como todos sabemos, salvo accidentes laborales, es el torero el que se « come » al toro siempre, si los toros tuviesen la posibilidad y la probabilidad de siempre acabar con los toreros, hace tiempo que no habría ni sanisidros festivos ni corridas de toros. Entre el hombre y el animal no hay posibilidad de lidia justa, hay tongo como base del juego.
(ilustración propia)
Hace unos años, visitamos un par de fincas ganaderas, una de ellas la de Fuente Ymbro, que tiene excelente aceite de oliva, por cierto. La visita guiada, guiada por Alfonso el mayoral, fue impresionante, los tranquilos animales cuernilargos nos miraban pasar en el todo terreno con la misma bravura que las vacas miran pasar el tren. Nosotros no éramos un peligro objetivamente pero el cerebro del animal puede interpretar cualquier gesto espontáneo como una agresión y la genética aplicada durante siglos ha dotado a los Fuente Ymbro de unas defensas mortales, así que nos comportamos con prudencia para aprovechar la fotogenia de los animales.
Entre recuerdos de John Wayne y de Ortega y Gasset, entre ambiente de western auténtico y aprovechamiento del espectáculo mientras la civilización no lo prohíba, la mañana gaditana nos condujo a comer con Alfonso en un buen figón serrano, donde el vino embelleció historias de las miserias que rodean la fiesta nacional.
Alfonso ha muerto de un cáncer, que no de una cornada. Los Fuente Ymbro no se han enterado, siguen buscando la sombra y miran pasar los hombres que les obligan, de vez en cuando, a moverse de recinto a recinto. Los sanisidros comienzan este año sin Alfonso, un caballero.






