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martes, 22 de febrero de 2022

REPUGNANTE DEFENSA


El tribunal ha absuelto a un violador, reincidente y ya condenado anteriormente por hechos similares, que fue juzgado por una agresión sexual a una joven con una discapacidad mental y el abogado, quizá Manu Majors, no está contento. En realidad el abogado defensor estaba convencido de la culpabilidad de su defendido pero su deber de abogado le obligó a defender su inocencia y, a pesar del esfuerzo del fiscal que acudió a sala a defender el escrito de conclusiones que otro fiscal había hecho anteriormente a partir de la lectura de las diligencias previas - ningún fiscal había asistido a las diligencias de instrucción del caso, el asunto no había salido en los medios de comunicación -, esta vez la audiencia provincial correspondiente había aplicado la presunción de inocencia frente al relato necesariamente incoherente de la denunciante.

- Jon, hay veces que me dan ganas de bajarme del turno de oficio, de pasar la mano a estas jovencitas y jovencitos que ejercen de abogados porque no tienen amigos en el batzoki que les faciliten una plaza de funcionario y que pasan a nuestro lado como si no existiéramos.

Galtzagorri deja de comer buñuelos de pulpo – están en un céntrico restaurante japonés -, y bebe un poco de albariño.

- Mira Manu, el turno de oficio es un deber y ese acusado no tenía fondos pero también te puede venir un asunto repugnante de pago y qué le vas a hacer, siempre nuestra obligación es hacer la mejor defensa posible, aunque tengamos ganas de vomitar, es lo que se espera de nosotros…

- Ahora vas a decir lo de que somos tan necesarios como el servicio de recogida de basuras municipal.

- Efectivamente, nuestro deber, nuestra razón de existir es defender lo que nos llegue al despacho, no podemos tener remilgos, no podemos ser unos señoritos defensores, como los de la Real Sociedad en San Mamés y andarnos con melindres, hay que echarle huevos, como esos negados para el fútbol que tenéis en Bilbao, y defender, eso justifica nuestra existencia, además puede haber cosas más repugnantes que evitarle la cárcel a un pervertido sexual que además, por lo que sé, puede llegar a hacer una gran carrera profesional en el porvenir.

- No sé qué es más repugnante que este asunto.

- Por ejemplo, defender a un tipo que no paga sus impuestos porque no quiere, no paga nada a la sociedad de la que se aprovecha, vive como un pachá a costa de los demás, disfruta de su casa, de su familia, de su fortuna oculta, de sus putas… y sabe que su abogado es el único que podría meterlo en la cárcel y hacer que pierda su pequeño paraíso en la tierra.

- Pero su abogado está atado por el secreto profesional, lo que sabe sobre él no lo puede usar.

- No es tan tajante eso del secreto profesional, hay jueces que opinan que legalmente el abogado puede y debe romper el secreto profesional en determinados casos, por ejemplo, para cobrar sus honorarios.

Los dos se ríen simultáneamente. Entra en el restaurante una pareja de militantes de un partido político de escasa implantación en la villa y Manu les saluda sin levantarse de la mesa.

- Esa excepción suena mal

El ramen seco y los sushis se están acabando, así como el albariño, los dos abogados no toman postre y pasan al té directamente. Galtzagorri asiente a su amigo.

- Hay cosas que pueden ser lícitas para la ley pero no encajan en la ética ¡Qué difícil es mantener el equilibrio en la balanza de la justicia! Sobre todo cuando hay que comer.


lunes, 21 de junio de 2021

QUIZÁ PANTXO NACIÓ EN LEGORRETA

Viene de: Capítulo anterior

En los años 40, la carretera general Madrid – Irún era prácticamente la calle Mayor de los pueblos de Gipuzkoa por la que pasaba, a la vez que era una frontera que los separaba en dos, los niños tenían prohibido atravesar la carretera si no eran acompañados de un mayor, a pesar de ello los accidentes eran habituales.

- Kontuz! ¡Cuidado con los camiones de Campsa que no pueden frenar porque explotarían!

Los niños se asombraban ante la advertencia de que aquellos monstruos podían explotar en medio del pueblo y acabar con todo él en un pavoroso incendio, la escuela incluida.

Aquellos pueblos, que se asomaban a un río Oria totalmente polucionado de lejías de la industria del papel, me parecían desde el coche de mi padre o de mi abuelo, cuando los atravesábamos, absolutamente iguales, Lasarte, Andoain, Villabona, Irura, Anoeta, Alegría, Icazteguieta, Legorreta, Itxasondo, Arama, Villafranca… luego les han ido cambiando los nombres, la carretera se alejó del casco al convertirse en autovía, el río perdió la blanca espuma química que perfumaba el ambiente, sólo el tren de cercanías permanece como arteria y vena que une a sus habitantes con Tolosa y Donostia en un transporte común, el trolebús que circulaba por la carretera nacional entre la capital de la provincia y Tolosa también desapareció.


Cuando la familia Garmendia recibió al protagonista de este relato ficticio, sin embargo, el pueblo, próximo a una gran papelera que se había instalado en 1906, mantenía una parte vieja en torno a la iglesia, a partir de la cual las casas iban perdiendo importancia según se iban convirtiendo en caseríos, donde entre 1940 y 1950 quedaban habitantes que se dedicaban mayoritariamente a tareas agrícolas, mientras iban llegando migrantes para los que se construían nuevas viviendas.

El niño nació el 3 de octubre y fue cristianado como Francisco de Borja Ramón Garmendia Larrañaga, tercer hijo de Juan Antonio Garmendia Aguirre, agricultor, y de María Pilar Larrañaga Echeverria, sus labores. Ya que había nacido el día del santo jesuita, su madre empezó a llamarle Borja, lo que resultaba un poco extraño en aquel pueblo, lleno de Ignacios, Josés, Juanes, Franciscos o Ramones, como su abuelo y padrino de bautizo, su padre y sus hermanos le llamaban Francisco, pero una canción que se puso de moda en la radio, dedicada un personaje mexicano, Pancho López, la poca voluntad en los estudios del niño y la mala voluntad de un maestro nacional en la escuela que fue el primero que así le llamó, desde 1956, con 7 años de edad, fue conocido como Pancho o Pantxo, incluso al final de sus días por su propia madre. 

El padre de Pantxo más que agricultor, no explotaba tierra alguna, era tratante, tratante de ganado. La casa en la que la familia vivía en las afueras de pueblo, donde la calle iba subiendo hacia el monte a la vez que se iba convirtiendo en carretera de gravilla, conservaba un pequeño huerto en que trabajaba la madre y todos los miembros echaban una mano y unos establos en los que, a veces, algunas reses y caballos permanecían un tiempo pero la actividad de la que se generaba el sustento familiar, bastante azarosamente, era de la compraventa de ganado, lo que el padre de familia había nacido haciendo, porque a su vez, su padre también era tratante. 

Ramón, el abuelo de Pantxo, había salido física y síquicamente perjudicado de la etapa bélica que los monárquicos, los fascistas y los demonios eternos de España habían desencadenado y Juan Antonio, un niño cuando se produjo el golpe de estado militar, tuvo que asumir la responsabilidad de ganar algo con lo que todos pudieran subsistir en la posguerra, lo que no le impidió ser un joven normal y dejar embarazada a una vecina, María Pilar Larrañaga, con la que, según costumbre inmemorial, se casó rápidamente y a la que, cumpliendo el débito conyugal con la periodicidad que las circunstancias lo permitían le fue haciendo hijos hasta cuatro.

 El mayor de los Garmendia Larrañaga tampoco era un buen estudiante pero la presión de su madre y los tortazos del padre le llevaron a acabar el bachiller e iniciar incluso estudios de lo que se llamaba peritaje industrial, los que abandonó para dedicarse a tratante de maquinaria industrial usada en un salto adelante de la tradición familiar, sin olvidarse de dejar embarazada a una vecina del pueblo, actualmente su esposa y madre de sus tres hijos y abuela de sus dos nietas.

El segundo de los hermanos, su madre decidió que sería cura, se le daba bien lo de leer y escribir, así que conoció las delicias del seminario diocesano en los años 50 y 60, pero cuando se disponía a cantar su primera misa se le salió su miembro viril por la botonera de la sotana y detrás del enhiesto miembro salió todo él y, siguiendo en esto la tradición familiar, se casó con una embarazada maestra de ikastola, dedicándose él también a enseñar y a escribir, en un delicado euskera, textos que nadie lee pero que se publican subvencionados por quien puede subvencionarlos.


(Continuará)

   

miércoles, 16 de junio de 2021

UN PSICÓPATA CARISMÁTICO



Leyendo un libro sobre guiones me encuentro con una mención: “supongamos que escribes de un psicópata carismático”; no entiendo bien y busco en Internet una descripción de lo que es un psicópata carismático, "una persona capaz de actos delictivos y graves agresiones sin que muestre un sentimiento de culpa pero con una personalidad aparente seductora, quizá una gran inteligencia, que consigue engañar, incluso a su propio siquiatra…"

¡Y a su abogado! Pienso yo inmediatamente.

Durante muchos años he sido abogado de una persona, su confidente y, según él decía, su amigo, esa persona me ha dejado sin pagar facturas de honorarios por sumas que me permitirían vivir una larga jubilación sin ahogos financieros ¿Cómo lo hizo? 

Cuando decidí romper la relación con él, dando por perdido mi esfuerzo profesional a su servicio, lo hice porque pensé que él era un mentiroso compulsivo, un estafador nato, y yo había sido simplemente una víctima más, un tonto más. Me culpabilicé por tantos años y esfuerzos que en ese momento se iban por la taza del retrete, de hecho tomé la decisión después de hablar con él mientras estaba sentado en el inodoro tranquilamente, ventajas de la telefonía sin hilos.

Me acababa de prometer un pago parcial de honorarios, un pellizco menor a cuenta de todo lo que él sabía que me debía y colgamos los dos, pero, desventajas de la telefonía sin hilos, yo seguí oyendo la conversación que él tenía con la mujer con la que estaba, no quiero recordar las palabras exactas, pero comentaba la jugada que ella acababa de oír y le confirmaba que yo no iba a cobrar jamás, como otro abogado anterior, todo lo que había trabajado para él, ni siquiera el ridículo pago que me había asegurado que me iba a hacer enseguida, la conversación entre los dos amantes se prolongó un rato hasta que inopinadamente se cortó, sin que hubieran dicho nada interesante.

Teatralicé la ruptura unos días más tarde, reaccionó con sorpresa, no podía aceptar que yo me escapase de su red de víctimas, aún tenía más trabajo que regalarle. 

Hasta hoy, tres años más tarde, le he dado vueltas alguna vez a aquella pregunta ¿Cómo lo hizo? La verdad es que, una vez hecho el duelo en el retrete aquella tarde, la cabeza no me pide volver sobre aquel fraude a menudo, así que me iba olvidando de Pantxo, la justicia me da noticias escasas de su devenir, pero dado que el maestro Robert McKee me ha sugerido escribir de un “psicópata carismático”, inicio hoy un nuevo folletín para intentar responderme a la pregunta ¿Cómo lo hizo Pantxo?


(Continuará)Capítulo siguiente


Nota.- Uso un nombre ficticio para el protagonista de este argumento de un futuro biopic, o sea que pido perdón a los Pantxo auténticos.