Mostrando entradas con la etiqueta rebanada de la vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta rebanada de la vida. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de agosto de 2026

LA SOLEDAD DEL PASTOR


 

- ¿Te acuerdas de aquella vez que pasábamos por aquí con Murray ? - El Barón de la Florida pregunta a su compañero de excursión, un sudoroso Jon Galtzagorri, que está dudando si caerse o no al agua del torrente de montaña que está atravesando -. Cuando confundió a un grupo de marmotas con osos y regresó corriendo hacia nosotros gritando “¡Osos, osos!”

- No veía nada de lejos sin gafas, cada encuentro con animales era una aventura -  Galtzagorri se ha quitado la mochila junto a una roca con la marca roja y blanca del sendero y bebe golosamente de la cantimplora -, otra vez, también confundió un grupo de caballos con cabras montesas…

El Barón de la Florida se pregunta en su interior cómo Galtzagorri resiste al infarto en estos días de calor y se resigna a descansar un buen rato en aquel roquedal de sombras precarias.  Llena la cantimplora, a esta altura no hay ganado desde la surgencia hasta el punto donde ambos se encuentran , e introduce una pastilla que añade sales. Echa de menos al fallecido amigo, líder de las escapadas montañeras y capaz de perderse y perder a cualquiera por los senderos de los Pirineos, de los Picos de Europa o de los Alpes.

- También recuerdo cuando nos tuvimos que refugiar en lo alto de un peñasco rodeados de cientos de vacas y de terneros que querían chuparnos el sudor, faltos de sal… hasta que Murray nos dirigió para atravesar la vacada tratándoles de “madame, s’il vous plait” a las que parecían las jefas del hato y así salimos todos en fila.

- En aquella excursión pasó aquello de que me pidió que llamara a la Guardia Civil porque había una mujer ahorcada en una cabaña de pastor… - El Barón se vuelve a poner en marcha, el collado asoma allá arriba, unas nubes verticales asoman por las cimas, puede que la tormenta estalle, ante de que los dos excursionistas lleguen al refugio -.

- Cómo siempre iba escapado por delante, Murray era el rey de las alertas…

- Y no era un cadáver, sino una muñeca hinchable que el pastor había dejado a secar a la puerta del redil.

- La soledad del pastor es más llevadera con una oveja que con esa muda compañía, pero supongo que aquel muchacho era un moderno o que el dueño de las ovejas no quería que se perjudicase a la oveja más guapa de la cabañera.

Con estas historietas han alcanzado el collado, allí abajo, el refugio junto al ibón les espera con unas cervezas.


domingo, 7 de junio de 2026

CUALQUIER LUNES

 Eran las 9,17 de la mañana del lunes, el escarabajo, un notiobia cupripennis, apenas pudo esquivar la pisada firme de Zulema Agorría. La magistrada salió de su domicilio taconeando marcialmente, aquel lunes tenía mucho y desagradable trabajo en el despacho – el noventa y cinco por ciento de la justicia es despacho -. Los expedientes que había resuelto el domingo por la tarde pesaban en la bolsa de « el corte inglés » así que el escarabajo de tierra hubiera tenido nulas probabilidades de sobrevivir si le hubiera pasado por encima, de hecho sobrevivió unos segundos más, una gaviota que pasaba por allí no vio otra cosas más a mano para completar en proteínas su desayuno.

Africain, escultura de mi mujer, inacabada por ahora.


Mohamed estaba sentado en el banco en que había pasado la noche, un banco recién pintado de blanco en la plazuela – Mohamed le había llamado square en sus pensamientos, Mohamed pensaba en francés desde que había llegado a Europa, antes pensaba en peul, y los franceses utilizan un anglicismo para las plazuelas poligonales -. Mohamed observó a Zulema Agorría acercarse a su posición con su ritmo de comando paracaidista en desfile de la victoria, Mohamed estaba sentado, conservando aun la erección inevitable de la noche dentro de sus pantalones bombachos que había obtenido en el zoco de Orán unos meses antes. 

Zulema Agorría cambió de hombro el bolso bandolera de imitación de Louis Vuitton, que había adquirido en el puerto de Getaria un domingo por la mañana al llegar a la altura del banco enfrente del salón de bingo, en el banco había un vagabundo de color, posiblemente un migrante sin papeles, y pasó la bolsa de los expedientes a la otra mano. En el bolso llevaba cartera, cigarrillo electrónico, teléfono, llaveros con muchas llaves, perfume, desodorante, peine, crema hidratante, maquillajes varios, una pequeña agenda, pluma estilográfica y otros elementos necesarios para pasar el día en el trabajo.

Mohamed evaluó que aquella mujer blanca, color gachas de mijo, debía estar más cerca de los sesenta que de los cincuenta años de edad, que pesaba demasiado poco para su altura, un metro setenta, como él, y que, con cara de que le había picado esa noche alguna ladilla – phtirus pubis de nombre científico -, iba a pasar a escasa distancia de él, ya olía el Chanel n.º 5 que la rodeaba.

Entonces se rompió el bolso bandolera, el enganche plástico tenía menos resistencia que el asa de una bolsa de “el corte inglés”, y cayó abriéndose por sus costuras a los pies, calzados con unas “new balance” obtenidas en el mismo zoco de Orán, de Mohamed que se puso de pie inmediatamente para ayudar. 

Zulema, como luego contaría a la Letrada de la Administración de Justicia, se agachó a la vez y entre ambos recogieron el contenido del bolso bandolera y los metieron en la bolsa, encima de los expedientes judiciales. Agradecida le dio un billete de 5 euros que Mohamed le devolvió una primera vez, luego se lo guardó en el bolsillo del pantalón, cuya apertura se sostenía eficazmente en su enhiesta verga. Luego se volvió a sentar pensando en la cita que tenía al mediodía en la estación de autobuses con el tipo que le iba dar el billete para Baiona.

- No me lo podía creer, Canela, estos senegaleses en cuanto te acercas a ellos se excitan, menos mal que eran las nueve de la mañana, si me llega a pasar de noche, seguro que viola a esta servidora, no te digo.

La Letrada de la Administración de Justicia asintió sin palabras.

jueves, 30 de abril de 2026

LE PETIT CADEAU

Otra excelente pieza literaria escrita hace tiempo PETIT CADEAU y ahora trabajada con la IA para convertirla en monólogo "stand up" con ilustración, un poco pacata, de Nano Banana


¡Buenas, panda de animales! ¿Me estáis preguntando por mi cara? ¿En serio? Peores caras he visto yo en la primera línea de una melé un domingo de resaca y nadie decía nada. 

Pero vale, lo reconozco: tengo la cara de un hombre que ha sobrevivido a un safari... pero sin salir de Burdeos.

Ya sabéis cómo son estos torneos de veteranos. El cuerpo te dice "retírate", pero el espíritu te dice "pide otra jarra". El caso es que el tercer tiempo se nos fue de las manos. Para cuando llegamos al quinto tiempo, nuestro guía —un francés que se nos pegó como una lapa— nos llevó al único sitio abierto: una discoteca de esas que huelen a desesperación y a desinfectante barato. 

Allí estaban todos nuestros compañeros, haciendo el gorila en la pista. Literalmente. Parecía un documental de National Geographic pero con tíos de 100 kilos en calzoncillos. 

Y de repente, la veo. Una chica en la barra. Imaginaos a Naomi Campbell, pero en pequeñito, formato viaje. Yo, que iba con el "combustible" a tope, me puse en modo galán culto. Le solté lo único que me queda del colegio: el monólogo del Cid de Corneille. En francés, con un par.

Ella me dijo que se llamaba Paqui. O eso entendí yo, porque con los graves del bafle podía llamarse Paqui o podía ser el nombre de un medicamento. La saqué a bailar y, oye... bailo mejor que Ryan Gosling. Bueno, al menos con el mismo nivel de laca y mucho más peligro de luxación de cadera.

En esto que me dice: Tu veux venir chez moi ? Esto es "¿Quieres venir a mi apartamento?"

¡A mí! ¡Que no me pasaba eso desde que las pesetas tenían la cara de Franco! Fuimos para allá. El "apartamento" era una habitación que parecía una sucursal del Zoo:

* Tenía una cotorra.

* Tenía un camaleón en una pecera.

* Y tenía una cama. Suficiente.

Nos pusimos "a jugar el partido", tomando posiciones en el lecho, y aquello era de locos. La cotorra empezó a retransmitir la jugada en cinco idiomas. Parecía una peli porno grabada en el Instituto de Idiomas. ¡Qué escándalo, tú! Casi reventamos el colchón, os lo juro.

Me quedo frito y, de repente, suena mi alarma interna: "¡El autobús a Donostia!". Me ducho rápido para quitarme el "aroma a pecado" y, cuando estoy a punto de salir por la puerta, Paqui se levanta de la cama... tal cual Dios la trajo al mundo. 

Se me acerca, me abraza, yo noto su calor —mi "Priapo" a punto de reventar la bragueta otra vez— y me susurra al oído:

"Et mon p’tit cadeau?"

¿Mi regalito? ¿Qué regalito? Y la cotorra, la muy maldita, despatarrada de la risa gritando: "¡MON PETIT CADEAU! ¡MON PETIT CADEAU!". El camaleón me miraba con una cara de sádico que no os podéis ni imaginar.

Resultado: 200 euros menos en la cartera. Salí corriendo por aquellas avenidas que parecían Nairobi al amanecer. Menos mal que los taxis en Burdeos aceptan tarjeta, porque me quedé más tieso que el palo de la bandera.

Llegué al bus por los pelos, me hice el dormido todo el viaje para que no me preguntarais, y lo primero que he hecho al bajar es ir a la farmacia. 

"Quiero el test ese de los anticuerpos", le digo al boticario. 

Y el tío me mira con una cara... y me dice que tengo "mala cara". ¡Mala cara la tuya, boticario de las narices! Que entre la cotorra, el camaleón y la Paqui, ¡bastante tengo con estar hoy aquí de pie! 

¡A vuestra salud, cabrones!

sábado, 25 de abril de 2026

OTRO BREVE ENCUENTRO

 Historieta escrita hace unos años TIPICA HISTORIA y que, una vez más, le pido a la IA que me la convierta en un guion ilustrado.


EXT. JARDÍN CASA LUZ-SAINT SAUVEUR - DÍA (PASADO, AÑOS 80)

Detalle de hierba alta y descuidada. El sol de los Pirineos es blanco, cegador. Oímos risas infantiles a lo lejos y el sonido de una manguera.

INT. CASA - PLANTA BAJA - DÍA

ARISTIDE (35) entra en la casa. Está sudado, con la respiración pesada tras una caminata. Se detiene frente a la puerta del baño de la planta baja. Oye el agua correr dentro.

La voz de su ESPOSA (O.S.) resuena desde el piso superior.

ESPOSA (O.S.)

¡Aristide! Estoy arriba. Las niñas se están duchando, usa el baño de la primera planta, que el nuestro está ocupado para rato.

Aristide sube las escaleras. El sonido de sus botas sobre la madera cruje en el silencio de la tarde.

INT. BAÑO PRIMER PISO - CONTINUO

Aristide abre la puerta. El vapor de agua sale como una exhalación, envolviéndolo. A través de la niebla del espejo, vemos el reflejo de CATHÉRINE (16). Está de espaldas, desnuda. Su piel es un mapa de contrastes: la espalda blanca, los brazos y el cuello bronceados por el sol de montaña. Aristide se queda petrificado. 

CATHÉRINE

(Sin darse la vuelta, secándose la cara)

¿Quieres ducharte? Ya he acabado.

Ella se aparta el pelo. Sus nalgas, de un blanco purísimo, brillan bajo la luz mortecina del baño.

CATHÉRINE (CONT'D)

La fregona está detrás de la puerta. He dejado todo encharcado.

Ella se enrolla la toalla al cuerpo. Se gira y camina hacia él. Aristide retrocede, pegándose al marco de la puerta.

CATHÉRINE (CONT'D)

¿Me dejas pasar? Me voy a secar en mi cuarto.

Ella pasa a su lado. El roce de la toalla húmeda contra el brazo de Aristide.

EXT. CEMENTERIO PIRINEOS - DÍA (PRESENTE, 30 AÑOS DESPUÉS)

Blanco absoluto. La nieve cae de forma mansa, silenciosa. Un grupo de paraguas negros se aleja hacia el atrio de la iglesia. Aristide (ahora de 65 años) se queda atrás. Su aliento forma nubes de vapor. Una mano enguantada le toca el hombro.

CATHÉRINE (V.O.)

No has cambiado nada, Aristide.

Aristide se gira. Frente a él, una MUJER (50). Se besan en las mejillas. El sonido del beso es húmedo en medio del silencio gélido.

ARISTIDE

(En shock)

¡Cathérine! ¡Eres Cathérine!

CATHÉRINE

(Sonriendo)

Me has reconocido. Pues yo sí he cambiado, encerrada en este poblacho del fin del mundo. ¿Cómo está tu mujer? ¿Y las niñas? Tendrás nietos ya, supongo.

Caminan por la nieve. A lo lejos, el ataúd baja a la tierra. Ellos hablan en susurros, como cómplices en un lugar donde no deberían estar.

INT. CASA DE CATHÉRINE - NOCHE

Una casa acogedora pero cargada de sombras. El crepitar de la chimenea es el único ritmo. Ambos sostienen vasos de whisky. Aristide mira las manos de ella.

CATHÉRINE

Mi último marido se murió siendo dueño de todas las riquezas del valle. Me dejó esto... confort en medio de ninguna parte, una jaula de oro con vistas a los pinos.

ARISTIDE

(Tras un silencio, mirando el fuego)

Aquel verano... en Luz-Saint Sauveur. Entré en el baño. Estabas tú. El espejo estaba empañado.

Aristide lo dice como quien confiesa un pecado.

CATHÉRINE

¿En el baño?

ARISTIDE

Estabas desnuda. No te reconocí al principio. Parecías una estatua de sal en medio del vapor. No he podido olvidar esa imagen en treinta años.

Cathérine suelta una risa corta. Se levanta y le tiende la mano.

CATHÉRINE

No me acuerdo de nada de eso, Aristide. Yo era una niña y tú eras más viejo que mi padre. Para mí, estar desnuda frente a ti era como estarlo frente a él. No significaba nada.

Ella lo ayuda a levantarse. Sus rostros están muy cerca. La luz de la chimenea baila en sus pupilas.

CATHÉRINE (CONT'D)

Pero nos hemos olvidado de preparar la cama de invitados. Tendrás que acostarte conmigo.

Aristide intenta decir algo, pero ella le pone un dedo en los labios.

CATHÉRINE (CONT'D)

Ahora ni yo soy una niña, ni tú un viejo. ¿Qué son veinte o treinta años en esta oscuridad?

Cathérine camina hacia el dormitorio. Aristide la sigue. En la chimenea, un tronco se rompe y las chispas saltan.

FADE OUT.

jueves, 16 de abril de 2026

BILBAINITA

Una historia muy personal y que me pesa del pasado, no sé por qué escribí un texto  BILBAINITA y he pedido a la IA que lo convierta en guion y lo ilustre.

INT. HABITACIÓN DE HOTEL - NOCHE

La luz es cálida, filtrada por una lámpara de mesa con pantalla de tela. Fuera, se escucha el rumor lejano de la autopista y la lluvia golpeando suavemente el cristal. Una maleta a medio abrir, dos copas de vino vacías sobre la cómoda, la ropa de ZULEMA (40) y MIKEL (50) entrelazada en el suelo.

ZULEMA sale del baño. Está desnuda. Su piel brilla ligeramente por la humedad del vapor.  MIKEL está en la cama, apoyado contra el cabecero, con las sábanas a la altura de la cadera. La observa.

ZULEMA (Con una sonrisa)

¿Sigues enamorado de la bilbainita?

Mikel suelta una risa corta, sacudiendo la cabeza. Estira la mano hacia ella.

MIKEL

No seas tonta... Estoy enamorado de ti. Te lo he demostrado hace un rato y, en cuanto te metas aquí, te lo vuelvo a certificar.

Zulema se sienta en el borde de la cama, fuera del alcance de su mano. Le mira a los ojos.

ZULEMA

Los hombres tenéis una fe ciega en la mecánica. Creéis que un "te quiero" susurrado entre gemidos es un contrato de exclusividad. Pero lo que sientes ahora es la urgencia de la piel, la victoria de haberme tenido... no es amor, Mikel. Es el triunfo de la memoria sobre el deseo.

Ella se desliza bajo las sábanas. hay roce de sus muslos, contraste de sus pieles. Mikel la abraza. Sus manos comienzan a recorrer la espalda de Zulema con ritmo lento. Ella cierra los ojos.

ZULEMA

Está bien parar en estos hoteles para quitarnos el polvo del camino, como dice tu colega... Pero ayer, cuando Sebastián mencionó que había quedado con "tu bilbainita"... se te paró el pulso. Fue un instante, pero vi tu biografía sentimental entera pasar por delante de mis ojos.

Mikel detiene el movimiento de sus manos.

MIKEL

Confundes la acidez del bacalao con los celos, de verdad. Esa mujer es la herida de Sebastián, no la mía.

Mikel se incorpora un poco. Sus ojos están ahora empañados.

MIKEL (CONT.)

La conoció cuando ella llevaba uniforme de colegio y él ya se creía un hombre. La usó, la dejó, volvió para dejarla embarazada y desapareció otra vez para casarse con otra. Un ciclo de crueldad infinita. Me la encontré hace años en Bilbao, bajo un paraguas roto, y me lo contó todo. Me dejó el alma helada. Y ayer, ese tipo nos cuenta que va a volver a jugar con ella mientras su prometida actual le espera en Barcelona... Es la desfachatez lo que me dolió, Zulema. No ella.

Zulema le observa en silencio. Ve la humedad en sus ojos. Baja su mano por el abdomen de Mikel.

La mano de Zulema acaricia a Mikel. Su erección ha desaparecido.

ZULEMA

Eres demasiado bueno para este mundo, cariño.

Zulema se acerca al máximo y le besa el cuello, subiendo hacia la oreja. Susurrando.

ZULEMA (CONT.)

Tú escuchas las historias ajenas con avidez de novelista, pero te equivocas. Hay amores que solo funcionan así: de forma intermitente. Se aman porque solo se encuentran cuando la marea sube. Si tuvieran que compartir el mismo rollo de papel higiénico y la rutina del desayuno, se odiarían en una semana. Su amor es el privilegio de los que no tienen que convivir.

Zulema lo mira. Empieza a besarlo de nuevo. Mikel cierra los ojos.

ZULEMA (CONT.)

Ahora, deja de arreglar el mundo... y vuelve a este hotel.

Sus cuerpos vuelven a sincronizarse.

FADE OUT.

viernes, 10 de abril de 2026

SNIPER

 El 22 de junio de 2021 escribí un post SNIPER inspirado en las posible muertes de un conocido gangster guipuzcoano y como inicio de una novela policiaca de esas que duermen en mis ordenadores y papeles. Hoy le he pedido a la IA actualizarlo en forma de guion e ilustrarlo y, después de algunas correcciones, lo publico.

PERSONAJES:

    • EL TIRADOR (50s): Veterano de los Balcanes. Rostro surcado por el cansancio y el dolor crónico. Preciso, metódico.

    • EL RIZOS (50s): Narcotraficante confinado. Paranoico pero arrogante.

    • EL COJO: Subordinado de El Rizos. Camina con una cojera severa y descuidada.


ESCENA 1. EXT. FORTALEZA MILITAR ABANDONADA - DÍA

PLANOS DETALLE (MACRO):

    • Unas manos enguantadas ajustan la torreta de una mira telescópica Steiner M7. El clic metálico es nítido.

    • El cerrojo de un rifle Sako TRG M10 se desliza con suavidad. Una bala de gran calibre entra en la recámara.

PLANO MEDIO:

EL TIRADOR está tumbado en posición de tendido sobre el contrafuerte de piedra de una vieja fortaleza. Su rostro refleja una lucha interna contra un dolor que nace detrás de sus ojos.

EL TIRADOR (V.O.)

(Voz cascada, tranquila)

El murmullo sigue ahí. Siempre está ahí. Pero los dos blancos de la mañana hacen su trabajo. Eficacia del 99%. Suficiente para el 100% de letalidad.

El Tirador se palpa el bolsillo de la chaqueta. El sonido del plástico de un blíster de Oxycontin cruje. Se relaja. Pega el ojo al visor.

ESCENA 2. EXT. VILLA - DÍA (A TRAVÉS DEL VISOR)

POV TIRADOR:

La retícula del visor encuadra la puerta principal de una villa lujosa pero descuidada. El sol es una mancha pálida tras nubes grises. 

EL TIRADOR (V.O.)

Mediodía vasco. Un sol que no calienta y un objetivo que cumple horarios como un funcionario de la muerte.

ESCENA 3. INT. COCINA DE LA VILLA - DÍA

La cocina es un caos de cajas de comida precocinada y suciedad. EL RIZOS está sentado frente a un portátil de última generación en una mesa llena de migas y restos.

EL RIZOS

¡Ese café, joder! Que no tengo todo el día.

Al fondo, EL COJO arrastra la pierna con un sonido rítmico y desagradable: shhh-cloc, shhh-cloc. Lleva una bandeja con una taza de Nespresso. El café se derrama por el suelo debido a sus espasmos.

EL RIZOS

(Ríe)

Mírate. Eres un espectáculo, cojo. Menos mal que el whisky no se te cae.

El Cojo deja una botella de Aberlor 10 y un envase de Nocilla vacío sobre la mesa. El Rizos ni le mira; sus dedos vuelan sobre el teclado.

EL RIZOS (V.O.)

El teletrabajo es el futuro. Sin camiones sin frenos, sin cables en el cuello... solo yo, mi seguridad y la estupidez de mi competencia.

El Rizos se levanta, agarra la taza de café (rellenada con los restos de otras dos) y camina hacia la puerta.


ESCENA 4. MONTAJE PARALELO: FORTALEZA / VILLA

EXT. FORTALEZA: El Tirador ajusta la respiración. Su dedo acaricia el gatillo.

INT. VILLA: El Rizos llega al umbral de la puerta. Se detiene un segundo. Se atusa el pelo.

EL TIRADOR (V.O.)

Saldrá. Silbará al lobo belga. Ese perro que sabe más de la Guardia Civil que él. Beberá. Y entonces... la taza entrará en sus cervicales.

EXT. JARDÍN VILLA: Un perro viejo y baboso se levanta.

ESCENA 5. EXT. VILLA - DÍA

El Rizos abre la puerta de par en par. La luz gris le da en la cara.

POV TIRADOR (VISOR): La cruz de la mira se sitúa exactamente sobre la boca de El Rizos, que empieza a elevar la taza de café.

EL TIRADOR

(Susurrando, casi con ternura)

Licencia de la OTAN por edad, hijo de puta... pero la puntería no caduca.

El Tirador aguanta la respiración. 

EL RIZOS

(Hacia el perro)

Ven aquí, baboso...

El Rizos sopla el café. La taza oculta su mandíbula. El dedo del Tirador ejerce la presión final sobre el disparador.

CORTE A NEGRO.

SONIDO: El trueno seco del Sako TRG M10 retumba y se solapa con el chillido de un ave rapaz.

FIN DEL TEASER.


miércoles, 8 de abril de 2026

MEJOR CARA

 Ha un tiempo escribí este artículo TIENES MEJOR CARA inspirado por el bello rostro de una joven trabajadora autónoma a la que he tratado en tiempos de Gros -siempre nos quedará Gros, pequeña -. Le he pedido a la IA que me lo reescriba en plan guion y esto es lo que hay, después de inevitables correcciones. Además le pido que lo ilustre y, después de la corrección, esto es lo que queda




ESCENA 1. INTERIOR. CAFETERÍA - MAÑANA

El local está limpio. La luz de la mañana.

LAURA sirve un café con leche y una chocolatine sobre la barra. Sus movimientos son mecánicos, eficientes. Se esfuerza en mantener la espalda recta. GALTZAGORRI observa a Laura. 

GALTZAGORRI

(Con tono dubitativo)

Tienes mejor cara.

Laura se detiene un milisegundo. No sonríe.

GALTZAGORRI (V.O.)

Mentira. Debería haber dicho: "La mejor cara te tiene a ti". No es el reflejo de su alma, es el impulso que la sostiene. Un diseño eléctrico para aguantar un día más de autónoma.

ESCENA 2. INTERIOR. CAFETERÍA - CONTINUACIÓN

Una MADRE con sobrepeso empuja comida hacia su HIJO, que está hipnotizado por una consola.  Galtzagorri retoma la conversación, bajando la voz.

GALTZAGORRI

Laura, trabajas demasiado. Los tiempos de pandemia pasaron, pero estás al borde de cruzar una frontera peligrosa. Todos tenemos un límite.

Laura deja de limpiar la barra. Lo mira fijamente.

LAURA

¿Hoy te toca el día de "padre increíble"? Tengo que pagar la renta a los caseros, la luz a los oligopolios y el préstamo a la Kutxa sanguijuela. Mis clientes ahora trabajan en pijama en su cocina y las señoras que llenaban esto después del colegio se han extinguido.

Laura se acerca, apoyando las manos agrietadas sobre el mostrador.

LAURA (CONT.)

Abro quince horas al día yo sola. Si no abro veinticuatro como los vietnamitas es porque el cuerpo no me da, que si no, algunos céntimos más sacaba.

GALTZAGORRI

Solo tenemos una vida, Laura. O paras y ordenas este caos, o la vida te va a parar a ti por sorpresa. Y ese frenazo no te va a gustar.

Laura suelta una risa.

LAURA

¿Y qué quieres? ¿Que me meta a puta? ¿Crees que ahí no se es esclava? Esto es el paraíso, señor letrado. El puñetero paraíso en comparación con aquello.

ESCENA 3. INTERIOR. CAFETERÍA - SEGUNDOS DESPUÉS

La madre de la mesa se levanta. Laura cobra con una amabilidad profesional y recoge los platos sucios en un segundo.

LAURA

(A Galtzagorri)

Enseguida vuelvo. Voy al baño.

Laura camina hacia el fondo del local, a medida que se aleja de la zona de clientes, sus hombros caen, su paso se hace pesado y su figura parece encogerse. El sonido de la puerta al cerrarse retumba en el local.

FUNDIDO A NEGRO


jueves, 5 de marzo de 2026

EL CULO DE LA PINTORA

 Hace unos años escribí un post EL CULO DE LA PINTORA ES OTRA HISTORIA , pequeño homenaje a una persona admirada. El algoritmo lo ha resucitado y lo he revisitado, haciendo una versión en "stand up" o un soliloquio.

Nano Banana lo ha ilustrado.

El escenario improvisado en el pub de Gros está a oscuras. Se enciende un foco. Celia aparece en el centro, junto con un caballete y un lienzo a medio pintar. Deja un pincel sobre una mesita y mira al público.

- Gabon denoi!

Soy Celia. Ex-telefonista del 112. Un aplauso para la peña que curramos en emergencias, ¿eh? Que entras con 20 años y sales con 40, ojeras de mapache y un tic en el ojo que parece que estás ligando con el de la ambulancia, pero no, es el estrés post-traumático de que una señora de Éibar te llame a las tres de la mañana porque su gato no baja del castaño.

Total, que me cogí la baja. "¿Qué te pasa, Celia?", me decían. Pues que veo muertos, Borja, ¡qué me va a pasar! Así que me puse a pintar. Al principio mis cuadros eran... bueno, como un lunes de lluvia en el muelle de Donostia: todo negro, marrón, burdeos ennegrecido... Parecían manchas de chapapote. Mi marido, Roberto, conocido por Rober, —que es un santo, o un optimista patológico, no lo tengo claro—, me compraba óleos carísimos de Windsor & Newton pensando que así vería yo la luz.

"¡Cariño, vete al monte!", me dijo. Y me mandó al Baztán. A la casa de Txema R. Oinetakogilea, el maestro, el pintor vasco vivo más importante...

Txema. Sesenta años, una cabeza que no le entran las boinas y unas orejas... ¡Redios! Parecían dos alcachofas después de una melé contra el Biarritz Olympique. Fue talonador en el Hernani, así que imaginaos el panorama. Yo llegué allí con mis ojos de bruja y mi pelo negro y aquello fue... bueno, fue una "explosión creativa".

Pasé de ir un día a la semana a quedarme a dormir. Y Roberto, el pobre, encantado de la vida. Venía los fines de semana con botellas de vino de las buenas, nos sentábamos a la mesa con Amaia —la mujer de Txema— y brindábamos por el arte.

Y de repente, ¡clac! Mis cuadros cambian. Adiós al chapapote, hola a la luz. Empecé a pintar desnudos. Específicamente, mi propio culo.

"Celia, hija, qué perspectiva, qué volúmenes", me decía Roberto mientras se convertía en mi marchante. El tío iba por ahí fardando en las sobremesas: El culo de mi mujer está llegando a las mejores colecciones del Estado.

A ver, Roberto, cariño... que lo decía con un orgullo que ni que yo fuera la ganadora de la Bandera de la Concha.

La cosa es que Txema también empezó a evolucionar. En sus cuadros de caseros y pelotaris, de repente, siempre aparecía un culo femenino al fondo. Como un « Easter Egg », pero con celulitis de la buena.

Y llegó el día. La exposición en el Kursaal al Kubo. Amaia, que es una bendición de mujer, entró en el taller sin avisar para decirnos que ya teníamos fecha. Y claro, se encontró con la "colaboración artística" en vivo.

Dice que parecíamos dos galgos en el suelo. Txema encima de mí como una prensa neumática. Yo ahí, con mis nalgas famosas en pleno proceso de inspiración divina. ¿Y qué hizo Amaia? ¿Montar un cristo? ¿Sacar el hacha de cortar troncos?

¡Qué va! Es vasca. Es práctica. Hizo la maleta, se fue a Donostia y le presentó un *Business Plan* a mi marido.

Al final, oye, todos contentos. Roberto se lo pensó cinco minutos. Miró el mercado, miró sus cuentas y dijo:

Mira, yo no quiero ver el culo de mi mujer... a no ser que sea en pintura.

Así que aquí sigo. Yo pinto, Txema empuja, Amaia gestiona y Roberto vende. Tenemos el monopolio de las nalgas en el mercado del arte contemporáneo vasco.

¿Inmoral? Puede. Pero escuchadme bien: después de diez años cogiendo llamadas de gente infartada, si me tengo que ganar la vida con el culo en pompa en un valle del Baztán, ¡ni tan mal, oye! ¡Ni tan mal!

¡Eskerrik asko!


Pequeño homenaje personal a Otto Mueller para terminar.

martes, 3 de marzo de 2026

Kresala ipurdian ere bai

 Esto viene de un post anterior: Arimen kresala

PROYECTO: ARIMEN KRESALA

Género: Comedia Negra / Sátira Social. Formato: Cortometraje (15-20 min) / Posible Piloto de Miniserie

1. LOGLINE:  Un respetado abogado de San Sebastián ve cómo su vida —basada en la rutina, el prestigio y el silencio— salta por los aires cuando una joven modelo revela en un programa de *prime time* que perdió la virginidad con un abogado donostiarra cuando ella era menor.

2. SINOPSIS CORTA (STORYLINE): El protagonista es un hombre de 50 años que vive en "piloto automático", convencido de que su aventura clandestina  fue un crimen perfecto de discreción. Sin embargo, la rutina se rompe cuando una joven se sienta en el plató de un polémico *late show* nacional. Ante las preguntas impertinentes del presentador, ella narra con total naturalidad su "primera vez" con un "Sugar Daddy" guipuzcoano, un intelectual que leía a Mintzberg mientras ella le engañaba con su edad. Aunque no da nombres, los detalles son tan específicos —el deportivo rojo del socio, el hotel, las citas literarias— que la sociedad donostiarra no tarda en ponerle cara. El escándalo no solo amenaza su matrimonio y su carrera, sino que lo obliga a enfrentarse a la patética realidad de su propia decadencia.

Basada en un relato de hace más de 20 años, publicado hace tiempo en otro blog con el título de becarias 

Ilustración mía: In memoriam I

EXT. CALLES DE DAX - TARDE

 Mikel paga fajos de billetes en boutiques de lujo.

Las Idoias ríen cargadas de bolsas.

José compra unos cuadernos de dibujo Moleskine en una papelería.

INT. RESTAURANTE DEL HOTEL - NOCHE

Cena elegante. Platos mínimos, vinos caros. El comedor es un mausoleo de lujo de los años 20. Columnas de mármol, espejos dorados y una iluminación que hace que todo parezca  sepia. Los últimos ancianos se retiran, dejando a los cuatro solos ante una hilera de botellas de vino vacías.

MIKEL (Gesticulando con una copa de Burdeos)

...Y por eso Mintzberg se equivoca. El "Proceso Estratégico" no es un plan, es una emboscada. Como esta cena. Como la vida. Si planeas, pierdes. Si improvisas... acabas en Dax con dos mujeres que se llaman igual. ¡Es poético, joder!

IDOIA I (SENIOR) (Acariciando el cuello del JOSE)

MIKEL habla mucho de estrategia, pero tú estás muy callado. ¿Tú también crees que la vida es una emboscada?

JOSE (Con la mirada perdida en el fondo de su copa)

A mi edad, la vida es una inercia. Es como un río. Solo nado para que la cabeza se mantenga fuera del agua. De vez en cuando, el río tiene un recodo... como este

IDOIA II (JUNIOR) (Mirando un plato con una minúscula porción de mousse)

Pues en este recodo se pasa hambre. ¿Esto es la alta cocina francesa? Es como un trabajo de la facultad: mucha presentación y poco contenido.

MIKEL (Riendo estruendosamente)

¡Exacto! ¡Es una beca, Idoia! Una beca de formación intensiva en... en... ¿cómo lo llamamos?

IDOIA I

Relaciones públicas transfronterizas.

MIKEL (Se inclina hacia ella, casi cayéndose)

¡Brillante! Me encanta cómo razonas. Eres un activo intangible de un valor incalculable.

JOSE (A Idoia I, casi en un susurro)

Cuéntame más de Deusto. Del profesor de Derecho del Trabajo. No me hables de activos.

IDOIA I (Sonríe, acercando su cara a la de él)

El profesor era como tú. Tenía esa misma tristeza en los ojos cuando hablaba de las indemnizaciones por despido. Como si supiera que, al final, a todos nos despiden de alguna parte.

IDOIA II (Interrumpiendo, a su compañera)

Oye, Idoia, mañana tenemos que ir a la Oficina de Turismo. Necesito los datos del flujo de visitantes para el trabajo de campo. Si no, no hay beca que valga.

MIKEL (Agitando la mano, restándole importancia)

Mañana se acaba el mundo, Junior. Mañana es el Santo Patrón. Nadie trabaja el día del Patrón. Solo se... se celebra la existencia.

Mikel se inclina para besar a Idoia II, pero en el movimiento, su cara choca con la de José, que justo se giraba. Se produce un beso confuso, torpe y húmedo entre los dos socios.Se separan de golpe. Mikel se limpia los labios con el dorso de la mano.

MIKEL

Vaya... eso ha sido un "intercambio de información" poco estratégico.

JOSE (Aclarándose la garganta)

Ha sido el vino. Demasiado cuerpo.

IDOIA I (Riendo)

Vámonos arriba. Este sitio está lleno de fantasmas de octogenarios. Necesito un gin-tonic de verdad y que este profesor me recite algo que no sea el Código Civil.

INT. DORMITORIO SUITE - NOCHE

La habitación está en penumbra, solo iluminada por la lámpara de la mesilla. Los preservativos están ordenados sobre la madera.

IDOIA I sale del baño desnuda. Es una visión imponente. Se tumba en la cama como una "Maja" moderna. José, en pijama elegante, se acerca rápidamente, quitándose los pantalones.

IDOIA I

No te precipites. Háblame. Me gusta cómo hablas... dime cosas bonitas.

José empieza a recitar versos con voz grave. A los pocos segundos, los ojos de ella se cierran.

JOSE (V.O.)

Soy más de erotismo que de pornografía, pero el tiempo apretaba.

Él la pone en decúbito supino y se coloca sobre ella. Ella apenas abre un ojo.

IDOIA I (Susurro)

Ponte el condón...

INT. DORMITORIO SUITE - MAÑANA

Luz blanca, brumosa, es la niebla de Las Landas filtrándose por el gran ventanal, una luz cegadora que borra los contornos de los muebles. José observa a Idoia I dormir. Se mueve hacia ella bajo las sábanas.

JOSE (V.O.)

Hay mañanas en las que la naturaleza te acorrala. La niebla, la luz, la biología... todo empuja hacia una única meta. Una inercia que no requiere decisiones, solo dejarse llevar por la corriente del río.

IDOIA I (Sin abrir los ojos, como un mantra)

Ponte el condón…

Las sábanas blancas revolviéndose bajo la luz cegadora.

El contraste del vello oscuro de ella contra la blancura de la luz.

El rostro del JOSE, concentrado, casi sufriente.

Ella emite unos suaves maullidos de satisfacción al oído de él. Sonidos rítmicos.

JOSE (V.O.)

Eran gemidos de escuela de modelos, de azafata de congresos. Pero en ese momento, bajo esa luz de Las Landas, eran la única verdad disponible.

El ritmo se acelera. José cierra los ojos con fuerza, entregándose a esa "sacudida" final.

INT. DORMITORIO SUITE - MINUTOS DESPUÉS

José vuelve a dejarse caer sobre la almohada. Está sudado, exhausto. Idoia I se da la vuelta, dándole la espalda, y sigue durmiendo como si nada hubiera pasado. Él mira hacia el ventanal. La niebla, el perfil gris del río Adour. Él cierra los ojos y vuelve a quedarse dormido

INT. HALL DEL BALNEARIO – DÍA

José y Mikel están en albornoz, relajados tras el spa. Las Idoias aparecen radiantes con folletos turísticos y bolsas de zapatos.

IDOIA I

¡Mira las fotos de la cripta y la plaza de toros!

En las fotos solo salen ellas. Ni rastro de los hombres. Mikel hace una señal a Idoia Junior y suben a la suite.

INT. SALÓN DE LA SUITE - DÍA

José e Idoia Senior entran y se frenan en seco. En el sofá, Mikel e Idoia II están entregados a un sexo oral mutuo, frenético, ignorando por completo a los recién llegados. 

JOSE (V.O.)

Aquella visión me causó un efecto inmediato bajo el albornoz. No era envidia, era una urgencia biológica, un último asalto antes de volver al río de la rutina.

Él agarra a Idoia I del brazo con una firmeza nueva. Ella lo mira y sonríe.

INT. DORMITORIO DE LA SUITE - SEGUNDOS DESPUÉS

Entran atropelladamente. Él no pierde el tiempo en quitarle la ropa. Ella lleva una chaqueta de piel sobre la blusa que le queda de película. Él le baja los pantalones y las bragas con un tirón seco. Ella se inclina sobre la cama, de espaldas a él, apoyando los codos en el edredrón.

JOSE (V.O.)

No caí en la tentación de buscar caminos nuevos. No había tiempo para preparativos. En recepción nos esperaban, la vida esperaba. Entré por la vía convencional.

José se pone el condón con una mano, sin que ella lo pida. Ella arquea la espalda.

IDOIA I (Con un jadeo casi melódico)

¡Ahí... así!

JOSE (V.O.)

Le hice el favor de ponerme el condón sin que me lo pidiera y ella me hizo el favor de simular un pequeño orgasmo sin que se lo pidiera. Al fin y al cabo, no habíamos venido hasta Dax para hacer arqueología.

ESCENA: INT. TABERNA (GROS) - TARDE

Un plato con restos de comida y dos copas de vino tinto a medio terminar. El ambiente es ruidoso, mundano. San Sebastián un día cualquiera. Mikel tiene la mirada clavada en el mantel. José lo observa, masticando despacio.

JOSE

¿Qué te pasa? Llevas desde la vuelta de Dax como si hubieras atropellado a alguien.

Mikel levanta la vista.

MIKEL (En un susurro)

¡Que era virgen, hostias! ¡Que era virgen!

JOSE (Casi se atraganta con el vino)

¿Quién? ¿Idoia II?

MIKEL

¡No me jodas! Nunca había follado con una virgen. ¿Sabes lo peligroso que es eso? Se quedan colgadas de uno, se creen que eres su salvador... no me va a dejar en paz en la vida. ¡Estoy jodido!

José lo mira. Bebe un sorbo largo de vino.

JOSE (V.O.)

Su preocupación se disolvió con el tiempo. Yo me dejé el libro de Mintzberg en la mesilla de Dax. Nunca lo eché de menos.

EXT. CALLE DE SAN SEBASTIÁN - TARDE

José caminando solo hacia su portal. Es un hombre más entre la multitud. Su paso es monótono, rítmico.

JOSE (V.O.)

Cuando se anda en torno al medio siglo de edad, la rutina diaria es un río que te lleva por la vida sin necesidad de tomar continuamente decisiones.

José  entra en el portal. La puerta se cierra tras él.

 FIN

sábado, 28 de febrero de 2026

Ate gorri itxietan

El 26 de julio de 2019 publiqué un relato en otro blog ATEGORRIETAK ITXI y ahora le he pedido

 a la  IA de hacer una versión audiovisual.

Le pongo un dibujo mío como ilustración.




ESCENA 1

. CALLE CENTRO - DONOSTIA - DÍA

Julio, mediados. El calor es una losa de hormigón. GALTZAGORRI espera en una esquina sombreada, frente a un local.

Mira su reloj. Sudor en la sien.

Un coche de alta gama se detiene brevemente en la esquina de la calle peatonal. MARTA baja. Camina con seguridad. Galtzagorri se endereza.

MARTA

(Sin detenerse, con una sonrisa felina)

Espero que no hayas pedido mesa todavía, Galtza.

Se saludan con dos besos.

GALTZAGORRI

Desde que me dejaron plantado en Horcher, espero fuera cuando me invitan. Especialmente si es aquí. El patrón sigue sin tener carta, ¿no?

MARTA

(Entrando al local)

El patrón pone lo que yo diga. Vamos.

INT. RESTAURANTE - CONTINUACIÓN

Una bodega angosta, ruidoso, con mesas incómodas. El PATRÓN recibe a Marta con una mezcla de respeto y temor. Los sienta en el rincón más discreto.

CORTE A:

MINUTOS DESPUÉS

Sobre la mesa: platos de calidad suprema (kokotxas, ventresca) y botellas de Rioja Alavesa. 

Marta bebe agua con gas mientras observa a Galtzagorri, sus ojos se desvían inevitablemente hacia el escote de ella.

MARTA

Son las mismas, Galtza.

Él se atraganta con el vino. Ella sonríe.

MARTA (CONT.)

Las mismas que acariciabas hace treinta años. Retocadas para que la gravedad no gane la batalla, pero las mismas. No me las quemes con tus rayos X.

GALTZAGORRI

La memoria es más peligrosa que la vista, Marta. Me alegro de que seas la... ¿PDG? del grupo ahora.

MARTA

(Saca una tarjeta de visita: diseño minimalista, relieve en oro)

Consejera Delegada. Y se lo debo al "colega" que tú y yo conocemos.

Marta apoya la tarjeta en la mesa y se inclina hacia adelante. 

MARTA (CONT.)

Escúchame bien. Yo le di mi sexo y él me dio mi carrera. Así de simple y así de asqueroso. Por eso, sería muy conveniente que no se hablase de ciertas personas... ni de ciertas cosas que pasaron hace mucho tiempo.

Galtzagorri deja la copa. 

GALTZAGORRI

¿Quién habla? Yo solo sabía que saliste con él un par de veces...

MARTA

(Corta)

Dos polvos de conejo, Galtza. No más de dos minutos y medio cada uno. Nada que ver contigo, que te creías Neruda. Pero lo suyo fue una inversión.

GALTZAGORRI

Marta, no sé a qué viene esto...

MARTA

Viene a que hay blogs, hay redes, hay gente revolviendo la mierda. Y la mierda, cuanto más se mueve, peor huele.

Marta golpea la mesa con el dedo, marcando el ritmo de sus palabras.

MARTA (CONT.)

El cast de esta película se reduce a uno: el que ya está en la cárcel. Nadie más. Al que está pagando, ya lo mandarán a una residencia en Málaga a dar clases de fotografía hasta que salga a pasear por playas nudistas. Punto final.

Marta saca un fajo de billetes, deja una cantidad sobre la mesa sin mirar la cuenta. Se levanta.

MARTA (CONT.) Espero que a nadie se le ocurra contar esta charla de "amigos". Agur, Galtza.

Le da un beso fugaz  y sale del local.

EXT. AVENIDA DE LA LIBERTAD - DÍA

Galtzagorri camina por la sombra de los árboles. Saca su teléfono. Marca un número.

GALTZAGORRI

(Al teléfono, voz baja, ininteligible, sólo se oye lo siguiente)

¿Eres consciente de todas las puertas de Donostia que se te han cerrado ? Me ha dicho...

Galtzagorri sigue caminando mientras el Tour de Francia suena de fondo en la radio de un taxi cercano.

FADE OUT.


sábado, 21 de febrero de 2026

ARIMEN KRESALA

PROYECTO: ARIMEN KRESALA

Género: Comedia Negra / Sátira Social. Formato: Cortometraje (15-20 min) / Posible Piloto de Miniserie

1. LOGLINE:  Un respetado abogado de San Sebastián ve cómo su vida —basada en la rutina, el prestigio y el silencio— salta por los aires cuando una joven modelo revela en un programa de *prime time* que perdió la virginidad con un abogado donostiarra cuando ella era menor.

2. SINOPSIS CORTA (STORYLINE): El protagonista es un hombre de 50 años que vive en "piloto automático", convencido de que su aventura clandestina  fue un crimen perfecto de discreción. Sin embargo, la rutina se rompe cuando una joven se sienta en el plató de un polémico *late show* nacional. Ante las preguntas impertinentes del presentador, ella narra con total naturalidad su "primera vez" con un "Sugar Daddy" guipuzcoano, un intelectual que leía a Mintzberg mientras ella le engañaba con su edad. Aunque no da nombres, los detalles son tan específicos —el deportivo rojo del socio, el hotel, las citas literarias— que la sociedad donostiarra no tarda en ponerle cara. El escándalo no solo amenaza su matrimonio y su carrera, sino que lo obliga a enfrentarse a la patética realidad de su propia decadencia.

Basada en un relato de hace más de 20 años, publicado hace tiempo en otro blog con el título de "becarias"

Ilustración de Nano Bananas

INT. SALÓN - DÍA

La luz de la tarde entra por las persianas a medio bajar. El televisor emite el murmullo monótono de un concurso. José (50) duerme en el sofá con la boca abierta. 

Unas llaves tintinean. Su esposa (40) entra en cuadro y le deja caer una bolsa de viaje sobre las piernas. Él se sobresalta.

ESPOSA

Esta noche no duermes aquí. Ha llamado "el gerente".

JOSE (Aturdido)

¿Qué?

ESPOSA

Cámara de Comercio en Pau. Cena y reunión mañana. Toma el libro que estás leyendo en la cama.

Ella le entrega el libro: "El Proceso Estratégico" de Henry Mintzberg. José lo mira como quien mira un objeto sagrado pero inútil.

EXT. CALLE - DÍA

Un taxi espera con el motor en marcha. Mikel (50) asoma la cabeza por la ventanilla, impaciente. José  sube.

INT. TAXI - MOVIMIENTO - DÍA

MIKEL

Ignacio se ha rajado. Se le ha muerto el suegro. Pero lo tengo todo pagado.

 Mikel le mete una caja de condones en el bolsillo de la chaqueta a José.

JOSE

¿Y tu coche?

MIKEL (Sonrisa de tiburón)

Lo trae el relevo.

EXT. HOTEL AIETE - DÍA

El taxi se detiene. Un deportivo rojo chillón frena en seco frente a ellos. De él bajan dos chicas espectaculares: Idoia I e Idoia II.

MIKEL (Presentando)

Idoia e Idoia. Para que no te líes: Senior y Junior.

INT. COCHE DEPORTIVO - MOVIMIENTO - TARDE

El espacio atrás es claustrofóbico. José está pegado a Idoia I.. Mikel conduce como un loco mientras ríe a carcajadas contando una anécdota exagerada. Idoia II (18?) ríe también.

IDOIA I (25) (Al oído del José)

Me recuerdas a mi profesor de Derecho del Trabajo.

Ella le despeina el flequillo. Él sonríe.

JOSE (V.O.)

Le conté la vida de mi primo Jorge. Es más interesante que la mía y, además, nunca le cuento la verdad a desconocidas.

INT. HOTEL "LE SPLENDIDE" (DAX) - TARDE

Un hotel Art Déco, elegante y decadente. Los cuatro entran en una suite de techos altos con vistas al río Adour.

 José se acerca a Idoia I por la espalda en la terraza. Sus manos buscan sus pechos. Ella le detiene con un golpe juguetón en los dedos.

IDOIA I

Ahora toca shopping, no fucking. Las tiendas cierran pronto.

.../....


Otra ilustración de Nano Bananas.

Esto sigue y acaba, por el momento, en otro post Kresala ipurdian ere bai

jueves, 19 de febrero de 2026

KRESALA 3

Estas secuencias son de un guion que no se rodó y que trataba de:
En una capital vasca gris y deudora de sus propias jerarquías, el "prestigio" es el mejor escondite para la depravación. Una joven modelo rompe el silencio contra el fotógrafo de la élite, un hombre cuyos hilos alcanzan los palcos del poder local. Lo que comienza como una denuncia por abuso se transforma en un thriller judicial y psicológico sobre la "omertá" de una sociedad que prefiere la estética a la ética. Ella no es la "víctima perfecta": carga con la herencia de una familia rota y una adicción que el sistema usará para desmantelarla. Su única alianza es otro fotógrafo que recupera su piel de abogado para librar una guerra perdida. En una ciudad donde la niebla lo confunde todo, la verdad no es el destino, sino el primer sacrificio.
Illustración de Nano Banana

SECUENCIA 3

INT. WHISKERÍA - NOCHE

Música de hace un tiempo, éxitos de La Oreja de Van Gogh, Duncan Dhu... a un volumen que impide pensar. Vanesa baila, entregada. Asunción se mueve con ella, pero sus ojos están en otra parte. Se ríen con dos tipos de cincuenta años que las miran desde la barra. El barman observa la escena mientras sirve gintonics. Es una coreografía ensayada: las chicas ríen, los hombres pagan. Cuando el camarero toca la campana de cierre, uno de los hombres deja un billete de cincuenta sobre la barra sin mirar la cuenta. Las mujeres no tocan el bolso.

SECUENCIA 4

EXT. WHISKERÍA - NOCHE

El aire frío de la noche les pega en la cara. Los hombres intentan retenerlas, una mano en el hombro, una broma al oído. Asunción se zafa con una sonrisa. Un taxi para. Las chicas suben rápido. Al arrancar, vemos por la luneta trasera a los dos hombres discutiendo en la acera. Lo que era camaradería se convierte en empujones en un segundo.

-------------------

sábado, 7 de febrero de 2026

LA LUJURIA DEL BIDASOA 1

 Sigo vaciando de trastos la habitación del fondo con la idea de ordenar un poco el piso y sigo encontrando cosas que creía quemadas en la chimeneta de Villanúa.     El 17 de octubre de 1997 acabé de escribir una novelita nunca publicada y hoy, sin buscar, encuentro un capítulo. Lo publico tal cual, sin corregir (dejo a mis dos lectores la ardua tarea de señalarme las pifias, muchas gracias). Le pongo a la IA como ilustrador. 

   Los lehendakaris, como todo el mundo sabe, deben cenar cocina vasca sólo. Ya sea la tradicional ya sea la nueva, pero cocina vasca por los ocho costados. Sin embargo, a este lehendakari se le ocurrió ir a cenar en un restaurante chino. Era el cumpleaños de su quinceañero chaval que insistió en ello. Y allí, en el chino, tomándole la comanda, estaba sonriente, impecable, el japonés. 

   Un lehendakari no tiene por qué distinguir a un chino de un japonés. Pero apenas una semana antes, el lehendakari había inaugurado La Lujuria del Bidassoa, S.A., una fábrica de sucedáneo japonés de angulas bidasotarras. Con subvenciones millonarias de las comunidades autónomas afectadas y ayudas financieras de las diputaciones forales, se había instalado una fábrica espectacular en plena zona industrial, en el declive entre la carretera y el río fronterizo. En ella, metiendo pescados poco apreciados en una especie de picadora electrónica, se producían fideos bicolores que iban a sustituir a las angulas, esas angulas que algunos abuelos aún se empeñan en pescar junto a la Isla de los Faisanes. 

    El lehendakari, vestido como un donostiarra la víspera de su fiesta patronal pero sin el barril, había recorrido las inmaculadas instalaciones -tan inmaculadas como su cocineril atuendo-, en unión de quien le habían presentado como el ingeniero japonés responsable del knowhow, del intérprete y de los dos industriales promotores de la idea. El lehendakari intentó hablar en vascuence con el ingeniero japonés, porque un tío suyo jesuita, hablando despacio euskera, se había misionado aquellas lejanas tierras años ha. Pero el japonés sólo le sonreía y le daba la mano con una inclinación reverencial. Al día siguiente, la prensa afecta había recogido la foto del presidente autonómico y del ingeniero japonés en uno de aquellos apretones con un explicativo pie de foto, suscitando el enfado de los otros cargos políticos vascos que llevaban algún tiempo sin poderse retratar con un alemán, un ruso o cualquier otro foráneo que pareciese confiar mínimamente en nuestro pais. 

El lazo azul que el lehendakari llevaba en la solapa tanto en la visita a la fábrica como en la cena es el símbolo de los que piden inútilmente a Eta que libere a alguno de sus secuestrados sucesivos. El lazo azul destacaba tambien en las fotos que recogieron la inauguración.

   El mosqueo del lehendakari con el servicial oriental fue tremendo. No pudo comer ni un rollo de primavera. El camarero, aterrado por las furibundas miradas que el lehendakari le echaba, se refugió en la cocina y no salió hasta que el escolta armado con un Deia, doblado por la foto de la inauguración, le hizo salir al comedor.

   Identificado el ingeniero japonés como un camarero chino, nuestro lehendakari ordenó una investigación que alcanzó desde la siberiana llanada alavesa -donde se implantó en su día el aparato administrativo de la autonomía vasca-, hasta la cocina de la irunesa sociedad gastronómica donde se había iniciado un año antes el plan estratégico para obtener los fondos públicos. 

   El lehendakari ordenó al Consejero de Industria que presentase una querella criminal contra los responsables de la burla. El consejero, sin encomendarse a nadie, la presentó por la burla y por haber indicios de falsedad en algunos de los documentos en japonés obrantes en el expediente. 

   Y un día de otoño los dos promotores principales de la Lujuria del Bidassoa, S.A. tenían que declarar en el correspondiente juzgado de Irún. 

domingo, 1 de febrero de 2026

KRESALA 1

En una capital vasca gris y deudora de sus propias jerarquías, el "prestigio" es el mejor escondite para la depravación. Una joven modelo rompe el silencio contra el fotógrafo de la élite, un hombre cuyos hilos alcanzan los palcos del poder local. Lo que comienza como una denuncia por abuso se transforma en un thriller judicial y psicológico sobre la "omertá" de una sociedad que prefiere la estética a la ética. Ella no es la "víctima perfecta": carga con la herencia de una familia rota y una adicción que el sistema usará para desmantelarla. Su única alianza es otro fotógrafo que recupera su piel de abogado para librar una guerra perdida. En una ciudad donde la niebla lo confunde todo, la verdad no es el destino, sino el primer sacrificio.

SECUENCIA 1

INT. ACADEMIA DE MODELOS - NOCHE

Una sala amplia, blanca. Espejos del suelo al techo que duplican la ansiedad de las alumnas, docena y media de jóvenes chicas y un par de chicos, belleza y juventud adolescente, sentados en sillas plegables. ASIER (50) de pie frente a los pequeños grupos contra una de las paredes.

ASIER (Sin gritar)

El book no es un álbum de fotos. Es vuestro contrato. Es la diferencia entre ser una imagen o ser ruido. Y para eso, Ricardo Gaztelu es el mejor. Es caro, sí. Pero con vosotras hace una excepción. Lo hace por la academia.

En una de las sillas, ASUNCIÓN (20) no toma apuntes. Garabatea en el margen de un cuaderno una figura pequeña, casi infantil, frente a una sombra gigante. En la carpeta, una tarjeta de visita sujeta con un clip, de "Gaztelu – Fotografía" brilla bajo el fluorescente.

ASIER (CONT'D)

Mañana, cara lavada. Nada de maquillaje. Quiero ver qué hay debajo. Hasta mañana.

Las chicas recogen con prisa. El roce de las sillas sobre la madera chirría. Asunción se limpia la nariz con un pañuelo. Está resfriada o cansada. Al salir, pasa junto a una papelera: dentro hay varias tarjetas de Ricardo, arrugadas como colillas. Asunción guarda la suya en el bolsillo del abrigo.

- continuará -

martes, 27 de enero de 2026

La capital de mi país es Tolosa

El 11 de diciembre del año 2000, yo vivía en el reino de la Zurriola, allí escribí esta cosa, impulsado por la resaca hormonal, cosa que ha sobrevivido a la gran quema, escondida en un remoto rincón. Le pongo ilustración erótica por IA.



La capital de mi país es Tolosa

A este lado de los Pirineos y de la historia

Porque ella está allí

Asomándose sobre el Oria


La capital de mi país es Tolosa

Dibujen los mapas lo que sea

Digan los libros lo que digan

Y ella crea lo que crea

   

Por su cuello del domingo

Mi vista no vuela, navega

No hay llanura sino profundo valle

Y espero, más profunda, su vega.


-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Más que de Tolosa, la musa parece de la Ribera del Duero como el buen vino.

domingo, 18 de enero de 2026

OASIS VASCO



8 de julio, el rastro de la pólvora todavía flotaba en el aire, aunque la batalla se hubiera librado entre legajos, libros de actas y balances de sumas y saldos. Jon Galtzagorri, el togado, regresaba a San Sebastián con el sabor amargo de quien ha ganado una guerra para descubrir que el terreno conquistado estaba minado de antemano.
Todo había empezado un par de meses atrás. Un pleito mercantil de los que quitan el sueño, de esos donde la cuantía tiene demasiados ceros y el honor de las partes se mide en dividendos. Galtzagorri, perro viejo en estas lides, se había echado el asunto a la espalda junto a sus colaboradores. La apelación fue una carga de caballería en toda regla: un tema árido, seco como el esparto, donde explicar la realidad de una empresa a tres magistrados es como intentar describirle el color de la mar a un ciego de nacimiento. Galtzagorri, que tiene lecturas y memoria, siempre recordaba las sombras de la cueva de Platón al entrar en sala; allí dentro, la vida real es solo un reflejo confuso que los jueces vislumbran entre bostezos y formalismos.
Salió de la vista exhausto, con la boca pastosa y la sensación de haber vaciado el cargador. Pero lo hizo con la íntima satisfacción del que ha dado en el blanco: el letrado contrario se había quedado balbuceando, desarbolado por la lógica de Galtzagorri.
La noticia llegó un mes después, pero no por los cauces que manda la decencia. Le llamó el cliente desde Madrid – sus negocios le habían llevado a vivir en la villa y corte -.
—Ha salido la sentencia, Jon. Ganamos. Todo a favor.
Ni un «gracias», ni un «buen trabajo». Galtzagorri, que es vasco y hombre de modales antiguos, tragó saliva ante la descortesía, pero el verdadero zarpazo llegó cuando sacó la cuenta de los honorarios en la conversación. Al otro lado de la línea, la voz del cliente sonó con una naturalidad que helaba la sangre:
—Oye, ¿y de esa minuta tengo que descontar lo que ya le solté al Magistrado Presidente?
Ahí se acabó la elegancia. El Presidente de la Sección era un tipo peculiar, de esos que en la sociedades gastronómicas o, lo que es lo mismo, en los mentideros de San Sebastián despiertan sospechas o risas, según el día. Unos decían que era un tonto de remate; otros, con más colmillo, que era un corrupto de los de sobre y mano extendida. Galtzagorri, que prefiere la estupidez a la maldad por pura higiene mental, se inclinaba por lo primero, a pesar de que el tren de vida del juez —viviendas, viajes y lujos que no se pagan con un sueldo del Estado— gritaba lo contrario a los cuatro vientos.
Se citaron, al día siguiente,  en Casa Ojeda, en Burgos, porque esas cosas no se hablan por teléfono ni en despachos con paredes de cristal. Entre el aroma del cordero asado y el vino de la tierra, el cliente soltó la lengua. La historia era vieja como el mundo. Un economista, de esos que siempre orbitan como buitres en las suspensiones de pagos y que Galtzagorri conocía de algún expediente turbio, se había pasado por casa del cliente en una urbanización cerrada. Diez millones de pesetas sobre la mesa para asegurar el tiro. El intermediario sabía hasta el último punto y coma del caso, información de primera mano servida por el propio juez.
—Me dijo el fallo exacto y la fecha en que se publicaría —confesó el cliente, limpiándose los labios con la servilleta—. Me pidió que no te dijera nada hasta entonces.
Ese era el último clavo. Galtzagorri recordó que, cuando el cliente le dio la noticia, llamó al procurador y la sentencia no aparecía. Incluso allí mismo, en Burgos, mientras comían, volvió a preguntar. Nada. Un fallo informático en la Audiencia había retrasado la notificación oficial unos días.
Jon Galtzagorri miró el fondo de su copa de vino. Había ganado el caso, sí. Su estrategia había sido brillante y su exposición impecable. Pero en aquel tablero de sombras, su talento solo había sido el decorado para que otros hicieran caja. San Sebastián se perfilaba en el horizonte, fría y lluviosa para variar, mientras Galtzagorri comprendía que, a veces, la justicia no es ciega, sino que simplemente está esperando a que alguien le pague el precio adecuado.
La noche era una boca de lobo - ¿dónde estaban las estrellas? -, a lomos de la nacional, de esas que en España huelen a gasoil, a soledad y a cuenta pendiente. Galtzagorri detuvo el coche, entre un par de camiones de un transportista conocido de Zaisa,  frente a un neón que parpadeaba con una desgana casi humana: “El Oasis”. Un nombre optimista para un garito de carretera donde la esperanza se pudre antes de que cierren la barra.
Entró con los hombros cargados, todavía sintiendo en el paladar el regusto graso del cordero de Burgos y la bilis de la traición. Se sentó en un taburete de escay rajado, pidiendo un whisky de marca conocida para no tentar a la suerte más de lo estrictamente necesario. Detrás de la barra, un sosías de Arturo Pérez Reverte actuaba de barman, como un secundario de comedia española.
A su lado, apoyada en la barra con la indolencia de quien ha visto naufragar a muchos hombres, había una chica. Joven, de rasgos suaves y ese acento dulce, musical, que llega del otro lado del Atlántico para decir verdades amargas. Colombiana, apostó Jon.
—Tiene cara de haber perdido un hijo, caballero —dijo ella, sin mirarlo, observando su propio reflejo en el espejo turbio de las botellas.
Gaktzagorri soltó una risa seca, que sonó a cristales rotos.
—Peor, hija. He descubierto que he ganado una batalla que ya estaba comprada.
Ella se giró despacio. Tenía unos ojos oscuros, inteligentes, que habían aprendido a leer a los tipos como él en las distancias cortas.
—Eso duele en el orgullo, ¿verdad? —sonrió ella con una tristeza antigua—. En mi tierra decimos que el que paga para ganar, nunca sabe si es bueno en lo suyo. Pero el dinero es un lenguaje que todos entienden, desde Medellín hasta aquí ¿Me invitas a lo mismo?
Galtzagorri asintió con la nariz y dio un trago largo. El alcohol le quemó la garganta, pero no pudo apagar el incendio del pensamiento. Diez millones, se dijo. Diez kilos entregados a un intermediario con olor a despacho barato y a café recalentado. Recordó al magistrado, ese tipo pintoresco que jugaba a ser juez mientras se llenaba los bolsillos. En este país de pícaros y de hidalgos de vía estrecha, la justicia no era una balanza, sino una subasta de pescado al mejor postor.
Había pasado semanas puliendo la apelación, buscando la palabra exacta, el argumento jurídico que hiciera luz en la caverna de esos jueces de provincias. Y todo para nada. Su retórica, su conocimiento del derecho mercantil, su pasión en sala… todo papel mojado. Mientras él citaba a Mucius Scévola, un economista de medio pelo contaba billetes en un salón de estar.
—Lo peor —murmuró Galtzagorri, más para sí mismo que para la chica— es que la sentencia es perfecta. Si el juez fuera honesto, habría firmado lo mismo. Pero ahora ese papel no vale ni el sello que llevará. Está manchado.
La chica apoyó una mano pequeña, de uñas pintadas de un rojo violento, sobre la manga de su chaqueta.
—No sea usted tan romántico, patrón. En este mundo, el que tiene el oro hace la ley. Usted hizo su trabajo. El resto… el resto es el negocio de la vida. ¿O es que a sus años todavía cree en los finales limpios?
Galtzagorri la miró. Bajo la luz amarillenta del local, comprendió que aquella mujer y él, a pesar de los abismos que los separaban, estaban en el mismo bando: el de los que saben que el mundo es un lugar sucio, donde la dignidad es un lujo que se paga demasiado caro.
—No —respondió Galtzagorri, dejando unos billetes sobre la barra que cubrían de sobra la consumición—. A mls años ya solo creo en el silencio y en que mañana lloverá en San Sebastián.
Salió al calorcillo de la noche, dejando atrás el neón y la música barata. Al arrancar el motor, pensó que el verdadero problema no era que el juez fuera un corrupto o un tonto. El problema era que, a partir de ahora, cada vez que ganara un caso, se preguntaría cuánto le habría costado al cliente el favor de su señoría. Y esa duda, como el óxido, acaba por devorarlo todo.
Cuando el papel llegó por fin al despacho, la sentencia era un calco, palabra por palabra, de lo que el intermediario había vendido por diez millones de pesetas.

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Cuando el 30 de junio de 2005 cerré una etapa de mi vida profesional me encontré en mi casa una montaña de carpetas, folios, discos compactos, primitivos discos duros… montaña inclasificable y que me siguió unos años en los que tuve hasta tres locales como depósito de recuerdos varios. Todo prescribe, llegó un día en que los datos allí contenidos eran una molestia y hacer una selección una tarea ingrata. El fuego me echó una mano. He creido hasta hace poco que nada de antes del 30 de junio de 2005 quedaba en mi poder. 
Por razones de falta de espacio en mi actual vivienda, estoy destruyendo otros veinte años de “papeles” y ¡cosas de la vida! me encuentro cosas que no tenían que estar en este mundo, sobre todo, cosas literarias. Me apetece publicarlas. Procuro respetar el original pero hay actualizaciones inevitables a realizar. Confío las actualizaciones a la Inteligencia Artificial, herramienta que no existía cuando nacieron de mi imaginación, porque todo, absolutamente todo lo que consta en ese cuaderno es fruto de mi imaginación, solo puede ser fruto de mi imaginación, estas cosas no pasan en Euskadi.   






 

jueves, 15 de enero de 2026

GAVIOTAS

 El 13 de julio de 1998 me pegué un empacho de Luis García Montero, estaba mal. Me había traído el viento un golpe de nostalgia de un paréntesis estúpido de mi vida, en que creí estar enamorado de verdad, un espejismo absurdo, un puro espejismo - también lo he pensado con t -. Escribí unas líneas poco después que hoy ilustro y completo con Nano Banana y Gemini... lo de la IA y Donostia es una chapuza evidente.

A LO LEJOS…

En el pais de los vascos, para el día de la virgen marinera del Carmen y no estás. La calzada empedrada de tu espalda la caminan otros dedos. Las colillas de tus pechos las apuran otros labios... Yo me apoyo en el atractivo vacío, mientras las gaviotas silenciosas planean en el viento. Punta Monpás tiene un mostacho blanco, No hay cuerpos desnudos en la arena -alguna vez en un espejismo me pareció verte pero nunca eras tú en los catalejos-, sólo negros adolescentes en sus tablas como animales marinos otean en espera de la mejor ola que tampoco llega nunca. Y ahora, el sonido de la resaca apenas tapa la música que pongo repetidamente -estos franceses de toda mi vida que ponen sus palabras como siquiatras alcohólicos a mi servicio-. Un velero entre las rompientes se escora con peligro. Cojo los catalejos una vez más: se llama "Zigor". Las gaviotas ya no están mudas, quizá se rían de mí, porque parece que te llamen…

El eco de la traición tiene un sabor a salitre y a tinta de periódico viejo. En la  Zurriola, el aire pesa como una confesión que nadie se atreve a pronunciar en voz alta. Las gaviotas gritan tu nombre con esa crueldad de quien conoce de memoria mis derrotas. Ya no me sirve el refugio de los cantautores franceses; sus voces son ahora ceniza en el mismo cenicero donde tú olvidabas las horas. Me pregunto en qué redacción estarás dictando ahora la verdad, tú, que has convertido nuestra historia en una noticia de última hora, en un titular de sucesos que ya no me pertenece.

Miro el Zigor luchar contra el oleaje. Es un barco pequeño, obstinado, casi ridículo en su empeño de no hundirse. Me parezco a él: un casco golpeado por la desidia y una vela que todavía guarda el rastro de un viento que ya no sopla. Pero incluso el mar más amargo termina por devolver lo que no le pertenece a la orilla.

Bajo los catalejos. El metal frío me deja una marca circular en el pómulo, como una medalla al mérito por haber mirado demasiado tiempo hacia el lugar equivocado. Punta Monpás sigue allí, indiferente a mi naufragio personal, y los surfistas siguen esperando esa ola perfecta que, ahora lo entiendo, no es la que llega, sino la que uno decide surfear a pesar de todo.

Ya no quiero ser el espectador de tu ausencia. Me aparto de la barandilla y el vacío deja de ser atractivo para volverse, simplemente, aire. Entro en el salón, apago la música de esos alcohólicos franceses y dejo que el silencio del apartamento sea el primer folio en blanco de una crónica distinta.

Me pongo la chaqueta de lino, la que tanto te gustaba y que ahora solo me gusta a mí. Bajo las escaleras sin mirar atrás, con el paso decidido de quien sabe que la ciudad, a pesar de todo, sigue viva más allá de tu espalda. Cruzo hacia la calle San Francisco. Quizá en algún bar de Gros, alguien esté pidiendo un vino con la misma soledad que yo, esperando que un desconocido le pregunte por el nombre de un barco o por el sentido de una canción. Voy a buscar unos ojos que no sepan quién eres, una risa que no tenga el ritmo de tus exclusivas. Mañana será otro día de la Virgen del Carmen, pero hoy, por fin, ha dejado de llover en mi memoria.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Otro de los papeles, he encontrado una tonelada, que no ardieron en la chimeneta de Villanúa. La arruga es bella, se decía en aquellos años de chaquetas de lino de Adolfo Domínguez, pero ella no las consideraba bellas porque las masacró con cirugía que no resultó nada estética. Cosas de la vida, de la vida de Gros. Ahora celebro más la Magdalena, la santa pecadora, que la Carmen, la santa pescadora. 
"Zigor" = castigo

sábado, 10 de enero de 2026

IRÚN, CIUDAD Y FRONTERA

 El 30 de diciembre de 1997 empecé a escribir una novelita judicial que nunca acabé. Este párrafo era el inicio. Me he encontrado unos archivos informáticos viejos esta mañana... textos que sobrevivieron al gran incendio en la chimeneta de Villanúa de 2010 o de 2011, cuando quemé mis recuerdos de un despacho de abogados de mi pasado. No hay nada como tirar cosas para ordenar, es lo primero que hay que hacer, y el fuego es un gran destructor de recuerdos, aunque estén en registros digitales.

 He tenido que cambiar un par de palabras antes de colgarlo y añadir una ilustración de Nano Banana.


   Aquel 30 de diciembre había amanecido soleado. Patricia vio la hora en el despertador. Las 9,15 parpadeaban intermitentes sobre la mesilla. Saltó a la ducha arrancando sábanas y mantas y le espetó a su compañero: 

   - ¡¡Levántate y anda, Lázaro!! 

    Pero Cristóbal no se levantó y anduvo, siguió en la misma posición. Cuando Patricia salió de la ducha, secándose con una toalla de hotel, recuerdo del último congreso judicial al que había asistido, Cristóbal estaba rígido y desnudo, un condón culebreaba pegado desde un descolorido glande sobre la entrepierna. 

   - ¡Merde! ¡Hostia! 

   Desnuda tambien, contemplaba el cadáver del periodista, una mano agarfiada sostenía el cenicero que derramaba su contenido. 

   - ¡Hostias Cristóbal, qué día más malo has escogido para dejar de fumar! -Le riñó al muerto. 

   Llamó al Juzgado de Guardia y pidió que viniera el Forense. Se vistió rápidamente, incluso se arregló. Echó las sábanas por encima del cuerpo, previamente le quitó el preservativo y lo puso con el otro que estaba en el suelo, trajo papel del retrete y recogió, metió los sobres rotos tambien y arrojó todo por la taza del inodoro. Se lavó las manos, mientras que los condones reflotaban dando vueltas en el agua. De allí los recogió el oficial del Juzgado una hora más tarde. 

lunes, 5 de enero de 2026

EN LA SALA DE ESPERA

A veces el algoritmo incomprensible me trae textos desde el túnel del tiempo, éste es del 15 de noviembre de 2001. Le he pedido a la IA que lo ilustre y que me lo traduzca al francés:


Français:

Elle se sentait terriblement déprimée en entrant dans le cabinet de l'avocat. La réceptionniste était habillée comme une de ces femmes qui traînaient devant le club de strip-tease du coin de sa rue. Elle se sentait encore plus déprimée, mais il lui fallait trouver une solution, et une amie lui avait recommandé cet avocat hors de prix. Cette pute – elle n'en doutait plus – lui a fait atteindre cinq bonnes minutes avant de lui prêter attention. Debout là, elle a dû supporter ses rires étouffés et ses commentaires au téléphone sur son week-end, jusqu'à ce qu'elle lui dise enfin de s'asseoir dans une salle d'attente climatisée. Elle a senti le bout de son nez geler et a réprimé un éternuement tandis que la traînée répétait sans cesse ses rires, ses commentaires, ses week-ends, ses détails insignifiants… à d'innombrables auditeurs à l'autre bout du fil. Elle s'imaginait que sa vie passerait entre ces mains aux faux ongles, que ses papiers seraient examinés par ces yeux maquillés au rouleau, et que peut-être ses données les plus intimes seraient pressées contre ces seins débordant d'une structure de soutien évidente… L'angoisse lui montait à la tête et commençait à lui couler par le nez, sous forme de morve qui ne gelait pas grâce au sel de ses larmes. Plus de dix minutes s'étaient écoulées depuis l'heure convenue, et le souteneur – elle était sûre que l'avocat était le souteneur de la prostituée – ne daigna pas la recevoir. Heureusement qu'elle avait emporté ce couteau de cuisine bien aiguisé dans son sac, au cas où.

Español:

Se sentía muy deprimida cuando entró en el despacho del abogado. La recepcionista estaba vestida como una de las que se asomaban a la puerta del puticlub de la esquina de su casa. Se sintió más deprimida pero tenía que encontrar una solución a su problema y una buena amiga le había recomendado aquel abogado carísimo. La puta –ya no dudaba que fuera una puta-, tardó cinco minutos de reloj en hacerle caso. De pie tuvo que escuchar sus risitas y comentarios al teléfono sobre el fin de semana pasado, hasta que le mandó sentarse en una sala de espera con aire acondicionado. Notaba congelarse la punta de la nariz y reprimía sus ganas de estornudar mientras que la golfa repetía una y otra vez risitas, comentarios, fines de semana, detalles estúpidos… a innumerables oyentes del otro lado de la línea. Pensó que su vida iba a pasar por aquellas manos de uñas artificiales, sus documentos iban a ser examinados por aquellos ojos pintados a rodillo y posiblemente sus intimidades se apoyarían contra aquellas tetas que desbordaban por encima de un andamiaje evidente… La angustia estaba ocupando su  cabeza y se empezaba a escapar por su nariz en forma de mocos que no se helaban porque la sal de sus lágrimas lo impedían. Habían pasado más de diez minutos de la hora concertada y el chulo –estaba segura que el abogado era el chulo de la zorrona-, no se dignaba recibirle. Menos mal que, por si acaso, había traído en el bolso aquel cuchillo de cocina tan afilado.

jueves, 1 de enero de 2026

BASAJAUN DANDO VUELTAS EN REDONDO

A veces lo que dice el Basajaun recuerda a las cosas que nos cuenta Dolores Redondo para que los niños vascos nos podamos dormir. 

Este es un pequeño homenaje a Dolores Redondo que la IA y yo, sin ánimo de continuidad, hacemos.

 

Este 22 de octubre se anunciaba como un buen día de pesca. Gustavo Garraus miraba el río Bidasoa desde la pedregosa orilla, el río bajaba caudaloso como casi siempre. El Bidasoa le encantaba. La corta distancia entre su nacimiento montañoso en Errazu y su desembocadura fronteriza entre Hondarribi y Hendaye junto con el húmedo clima del Valle del Baztán hacían constante el nivel de las aguas, las innumerables regatas de ambas orillas propiciaban que las truchas sobrevivieran en bastante cantidad, a diferencia del salmón que estaba extinguiéndose víctima de la polución tanto industrial como de los pueblos y villas de sus orillas. Había dejado el coche, como de costumbre, a la entrada de Lesaka y ahora se proponía meterse, provisto de sus largas botas con tirantes, en el agua. Y entonces vió el cadáver, como luego contaría a la Policía Foral, el cadáver estaba sujeto a unas ramas de árbol que lo sostenían contra la ribera derecha, cadáver desnudo de una mujer… volvió a subir a la carretera, se tuvo que desprender de chaqueta y tirantes para coger la bolsa impermeable en que tenía el teléfono, por fin, pudo avisar. Una mujer de Lesaka se acercaba curiosa al haber visto la extraña conducta del pescador de truchas, ella avisó al alguacil de Lesaka. El alguacil municipal llegó a la media hora, la patrulla de la Policía Foral pasada una hora y, por fin, los bomberos que subieron el cuerpo tres horas más tarde hasta una ambulancia. Luego Gustavo Garraus tuvo que esperar, sin saber por qué, hasta que llegara el secretario del Juzgado de Instrucción de Guardia desde Pamplona junto al agente que representaba al Juez y, por fin, a las 5 de la tarde le dejaron ir a comer algo, lo que llevaba reclamando desde hacía más de cuatro horas. Gustavo Garraus, setenta y cuatro años de edad, jubilado empresario donostiarra que había tenido la concesión más importante de automóviles franceses de la ciudad costera, pudo comerse una tortilla de patatas magnífica en una mesa de la cocina del restaurante.

Allí, en Casino Jatetxea, fue donde Amaia Salazar, inspectora de la Policía Foral, le encontró. Salazar no sabía la identidad del cadáver, Garraus sí pero el anciano, la artrosis de los dedos era evidente,  mantenía los ojos fijos en el plato de loza, como si en el dibujo de la cerámica pudiera encontrar una tregua al espanto. Amaia observó sus manos: temblaban con una sutileza que solo el miedo, y no la edad, es capaz de provocar. El ambiente estaba cargado de olores a buena cocina y a esa humedad persistente que el Bidasoa exhalaba como un aliento antiguo.

—La conocía, ¿verdad, Gustavo? —insistió Amaia con esa voz suave que no admitía réplicas, la misma que utilizaba cuando hablaba con un sospechoso tomando café en la comisaría.

Garraus tragó saliva. El nombre de Asunción Pardo pesaba en su boca como el plomo. Recordó su rostro, no bajo la luz gris de la ribera donde la acababa de ver, sino bajo los focos cegadores del estudio de Ricardo Gaztelu. Recordó el brillo de los objetivos, el silencio cómplice tras el cristal desde donde él, oculto con uno de sus íntimos amigos, observaba lo prohibido.

—Era la novia de mi hijo, inspectora —susurró por fin, y el secreto cayó sobre la mesa como una sentencia—. Pero no debería estar aquí. Tenía que verse con una mujer en Elizondo, una tal Idoia Estornés. Se alojaba en casa de Carasa, en Errazu.

Amaia sintió una punzada de frío que no tenía nada que ver con el clima del Baztán. Los nombres empezaron a tejer una red invisible y pegajosa. Xavier Carasa, el ex-ertzaina, primo hermano de aquel depredador llamado Gaztelu que, según sabía por los informes de la central, ahora disfrutaba  de un permiso de tercer grado entre las sombras de Oronoz, provisto de una tobillera electrónica.

La inspectora se acercó a la ventana. Fuera, la niebla comenzaba a lamer los aleros de las casas de piedra, ocultando los senderos que conectaban caseríos, casas, barrios y pueblos de un lado y otro de la cercana frontera. Sabía que el cuerpo desnudo de Asunción, depositado por el río como una ofrenda macabra, era solo la superficie de algo mucho más profundo y turbio. Pensó en los padres de la chica y en la ambición desmedida de personajes como Pelayo Covadonga, que ya estarían afilando sus garras legales para convertir la tragedia en un espectáculo.

—¿Sabe algo más? —preguntó Amaia, volviéndose hacia el viejo empresario.

Garraus negó con la cabeza, pero sus ojos evitaron los de la inspectora. Ocultaba las sesiones de sexo en vivo, y ocultaba el terror de saber que el pasado de Donostia había venido a morir a las aguas sagradas del Bidasoa.

Amaia Salazar salió al frío de la tarde. El valle parecía observar, mudo y cómplice. Sintió la presencia de algo ancestral, una maldad que no entendía de leyes ni de fronteras, y que se movía con la misma soltura por las casas solariegas como la de Idoia Estornés que por los despachos de tantas personas que, viviendo y trabajando en las capitales, Iruña, Donostia…, tenían segunda residencia en estos valles.

La investigación acababa de empezar, y el río, siempre hambriento, ya había reclamado su primera pieza. Amaia ajustó su chaqueta, sintiendo el peso de su arma y el de una premonición que la golpeó con la fuerza de una riada: esta vez, la sangre no solo mancharía las manos de un asesino, sino los cimientos mismos de todo el Baztán.