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jueves, 5 de junio de 2025

RECUPERAR EL YETI



Me llamaban Antontxo, todo el mundo me llamaba Antontxo y yo respondía por ese nombre – mis dos hermanos mayores me llamaban Antoine pero eran la excepción -, nombre que me diferenciaba de mi padrino el tío Antonio, Antxón entre sus hermanos, hermano pequeño de mi madre. 

El padre Labaca era profesor de Historia del Arte en el colegio de los jesuitas y un día de mi adolescencia, tendría yo 14 años o así, me dijo algo así « Un tipo como tú, con toda la barba ya, no puede seguirse llamando « antoñito » ¿Qué es eso de Antontxo ? O te llamas Antonio o Antxón, si prefieres pero ya no eres un niño y, si te dejas seguir llamando Antontxo en este país, vas a tener 70 años y te seguirán llamando Antontxo ». Así que empecé a identificarme a mí mismo como Antxón.

Por la misma época de juventud iba los veranos al campamento del Colegio en el Valle de Oza y en el Valle de Belabarce, donde me hice amigo de los hermanos Fernando y Enrique Martínez Stinus, muy montañeros, con los cuales iba alguna vez a otras excursiones durante el curso, pequeñas cimas guipuzcoanas y grutas de los alrededores. Enrique comentó un día que los compañeros de curso nos llamaban los yetis a nuestras espaldas.


Un día me lo dijeron a la cara en el vestuario del colegio después de gimnasia o de algún entrenamiento – jugaba en el equipo de hockey-sala del colegio -, alguien exclamó, al verme desnudo, « Pareces el yeti ». Me pareció bien, el yeti era un personaje simpático, se asomaba los veranos en los periódicos junto al monstruo del lago Ness para rellenar las páginas carentes de noticias, aparecía a menudo en las historietas dibujadas como un personaje secundario, incluso había un tebeo inglés, difícil pero no imposible de comprar en Donostia, donde protagonizaba sus propias aventuras… me puse a escribir cuentos con el yeti de protagonista. Mis compañeros de la sección de letras del colegio me llamaban el yeti y no me molestaba, el apodo se extendió a la cuadrilla con la que perseguíamos a las primeras chicas los domingos después del fútbol, los festivos y las vacaciones, era un apodo cariñoso, íntimo, no se me llamaba así en público. También me siguió en el equipo de hockey sobre hierba. Incluso mi madre me decía « Dejas la ducha llena de pelos, como un yeti ».


Luego vinieron la universidad, el rugby, el teatro, las chicas… a éstas, cuando me decían que parecía un oso de peluche, les tenía que corregir « un oso no, el yeti ». La vasca aprovechaba para hablarme del basajaun, personaje con el que siempre he tenido una buena conexión.



Sé que, junto a otros motes, mis alumnos también me han llamado el yeti durante mi carrera de profesor universitario. Y alguno de mis socios abogados, cuando he reaccionado de una forma inesperada ante alguna conducta de él, me ha espetado « Ya está el yeti, el solitario de la montaña salvaje ».



Mi paso por el hospital ha recuperado al yeti que hay en mi. Ponerme electrodos y arrancarlos, los esparadrapos, las perfusiones… me arrancan pelos y alaridos, las sanitarias – el sanitario sigue siendo excepción-,  me volvían a comparar con el oso y yo volvía a hablarles del yeti durante esas sesiones de sufrimiento necesario en las habitaciones hospitalarias.  He tenido que pasar la máquina de afeitar a fondo por la zona de la operación y alrededores antes de pasar por el quirófano la semana pasada. Unos días después, el yeti va recuperando su pelaje. 

Y además la IA produce unas imágenes del yeti que me gustan, como ésta del yeti en Gipuzkoa:




lunes, 20 de enero de 2020

1981 RECUERDOS DE UN PADRE ROJO

1981. Tengo que inscribir a mi primer hijo en la enseñanza. Su madre y yo no tenemos dudas : escuela pública. Las abuelas, sobre todo mi madre, no lo entienden, « teniendo los jesuitas enfrente de casa ». Reúno los papeles necesarios, hago la cola, inscribo al niño y regreso hacia mi casa.
- ¡Antxón ! ¡¡¡Antxón !!! -Me aborda por detrás un amigo « abertzale », familia con presos etc -. He visto que estabas en la cola de la escuela ¿Matriculando a algún hijo ?
Le confirmo su perspicaz deducción y él me informa que es profesor en la escuela en que acabo de inscribir a mi primer vástago, así que le invito a tomar un café en el bar más próximo. Y allí me da una charla distendida, llena de complicidades, sobre lo que él y los miembros del claustro escolar hacen y van a hacer para educar a nuestros infantes y convertirlos en los “vascos del futuro”, yo le tiro de la lengua y me entero de las ideologías existentes en los enseñantes de la escuela, la ficha individual de cada uno y sobre todo la del director, desafecto al movimiento de liberación nacional de Euskadi y que pone trabas a las propuestas de la “asamblea popular” de “irakasleak”. Nos despedimos con un abrazo porque el tiene que regresar a la escuela. En cuanto se aleja lo suficiente, desde el teléfono del bar – no había móviles en 1981 -, llamo a mi mujer:
- ¡Corre a los jesuitas con mi madre que tiene enchufe y matricula al niño como sea! ¡Luego te lo explico! ¡Pero hazme caso, por favor!
Y así mi primer hijo y los sucesivos han estudiado  en el Colegio de San Ignacio de Loyola como su padre lo hizo y ¡Tan normales!
Mi amigo estuvo unos años sin saludarme pero últimamente, 40 años más tarde, me para de vez en cuando por la calle y me da la misma chapa nacionalista de toda la vida.

lunes, 2 de septiembre de 2019

BILBAO, CENTRO DE UNA GALAXIA MUY CERCANA

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Jon Galtzagorri Alcorta llegó de Donostia a Zumaia puntualmente. Manu Majors Echezarreta y su mujer Lin Chi-Ling le esperaban en el Marina Berri, un restaurante del puerto deportivo desde hacía menos de un minuto, posiblemente habían llegado a la vez pero uno encontró sitio para aparcar antes que el otro. No era un domingo de esos en que el viento norte-noroeste llena de nubes el cielo hasta parecer que va a llover pero el día aguanta fresco, o fresquito como se dice por el pequeño país del norte, para regocijo de los autóctonos y temor de los visitantes que prefieren achicharrarse con el cielo azul preparado por el viento sur, el viento que vuelve un poco locos a los vascos, era un domingo en que predominaba el viento sur-sudeste y la luz brillante de las dos de la tarde se reflejaba en los manteles blancos con rayas azules hasta no dejar ver por tener que cerrar los ojos a pesar de las gafas de sol.
Tuvieron que sentarse además en la zona más luminosa del comedor, así que Majors fue a buscar unas gorras de golf al coche y los tres comieron con visera protectora, no eran los únicos, en una mesa había una cuadrilla de abuelos con boinas del tamaño de las bandejas del restaurante.
El abogado bilbaino hizo un cuadro nada preciso de la situación, de la noticia de la muerte de Iñigo “Harry” Arriluze que, aunque había sido jugador de hockey, también había jugado a rugby durante un curso universitario, de las sospechas policiales de que había sido un asesinato, idea que también era compartida por el hijo del difunto, del mismo nombre que su padre y que solo había jugado a hockey sobre hierba, de la noticia reciente sobre la detención de dos sospechosos y de su ingreso en prisión por el Juzgado de Instrucción y del encargo recibido de hacer una investigación más allá de la que pudiera hacer la guardia civil con la excusa de ejercer la acusación privada en las diligencias judiciales ya que, aunque en un primer momento la viuda había designado al despacho de abogados de Figueruelas y Asociados para hacerlo, la familia, convencida por Iñigo Jr., se había puesto de acuerdo en que se ejerciese por el abogado que llevaba los asuntos penales del fallecido.
En las mesas de alrededor nadie atendía la conversación y si alguien hubiera prestado oreja a lo que Majors contaba tampoco habría entendido nada porque se hablaba del tema como se habla de una película que uno de los comensales ha visto y que quiere recomendar a los otros sin descubrir el final. Con los cafés Galtzagorri sacó un folio y un lápiz de una especie de saco que había traído y que había dejado en el suelo, el saco tenía el escudo de la selección francesa de rugby ya deslavazado por los años. Mientras hacía preguntas a Majors sobre todos los componentes de la lista de personajes de la intriga que iba describiendo, Galtzagorri iba dibujando una especie de mapa galáctico en el que en la posición del sol estaba Harry y en torno a él giraban los nombres de su esposa, hijos, parientes varios como nuera, consuegros y primos, socios, empleados, colaboradores… que Majors recordaba y otros que quedaban imprecisos o con interrogantes para responder.
- Me gusta hacer un diagrama de las relaciones entre las personas implicadas en cada asunto, diagramas de fluidos paranoicos les llamo, es más o menos lo que está de moda reproducir en las películas policíacas como fórmula de trabajo del protagonista investigador, se pone la foto del cadáver en el centro y las fotos de los sospechosos alrededor, luego se van eliminando sospechosos conforme el guion los va asesinando en el camino del guionista hacia el fin, el final insospechado. Yo lo hago en los asuntos civiles, laborales y también en los penales, combinado con una base de datos sobre cada una de las personas que tienen el más mínimo papel en la intriga, esto me permite establecer los flujos que van de uno a otro y hacerme una idea de lo que ha pasado, idea que puede estar equivocada o ser pura paranoia mía o, raras veces, ser la verdad. Yo empezaría por ir a ver al auditor que comparte despacho con el muerto, luego le pegaba un toque al carlista, en tercer lugar habrá que ver los implicados en los negocios de construcción qué pinta tienen, también convendría estudiar los negocios de los hijos que yo supongo que los seguiría tele-dirigiendo en cierta forma, toda la familia, sobre todo aquellos a los que haya hecho favores, no devolver un favor es un buen motivo para cargarte a un tío, y el resto habrá que ir improvisando. Como tendrás que ir a Mallorca para sentar que eres el abogado que se encarga, nos vamos juntos, tú hablas con la justicia y la guardia civil y yo me voy de putas – la cara de Lin reflejó cierto estupor -, es un decir, yo me voy a dar una vuelta por esos ambientes en los que se puede contratar a alguien por unos euros para que se carguen a quien señales, no parece lógico haber contratado esbirros en Bilbao y pagar las dietas de desplazamiento cuando es posible hacerlo “in situ”. Aquí tienes los teléfonos de confianza para el cliente y para ti. Y dadas las fechas, con todo este lío, otro año que no vamos a sanfermines.
Galtzagorri le pasó los teléfonos que sacó del mismo bolso y quedaron en que se verían en Bilbao para ir a visitar la oficina a la que Iñigo de Arriluze y Saint Lon les Mines, Harry para los amigos, no iba a volver nunca, en cuanto Majors quedase con Pedro Apoita Sopeña.
El lunes a primera hora, Majors llamó a Figueruelas y Asociados, quería pedir la venia para no dejar resquemores en un despacho de abogados tan cercano al poder, esto es, a Sabin Etxea. El propio José Martínez de Gurruchaga le atendió con una fría amabilidad que parecía más glacial que de costumbre, no puso inconveniente y ordenó, lo que así se hizo, que le facilitasen por correo electrónico copia de las actuaciones facilitadas por el despacho de Palma, así como los nombres y teléfonos de contacto del abogado o abogada que llevaba el tema y del procurador o procuradora que estaba personado en la causa, por si quería seguir utilizando sus servicios.
Al colgar el teléfono, Majors pensó que en el diagrama paranoico de flujos de Galtzagorri, o lo que fuera, faltaba un nombre quizá, pero lo borró de su pensamiento inmediatamente. Luego se puso en marcha, llamó a Apoita, llamó a Mallorca, llamó al jefe carlista Moreno  Oriol y se hizo una agenda ocupada de la semana. Habló con Iñigo Arriluze hijo para pedirle la relación de las empresas de construcción en que estaba su padre y éste le remitió a la base de datos del Registro Mercantil y a la documentación que pudiera tener su padre en Mallorca, porque dijo ignorar casi todo.
También tuvo que dedicar tiempo a trabajar en los asuntos de su agenda, a atender clientes, a cumplir plazos y a bordear el infarto cada vez que una resolución judicial le llegaba directamente a su ordenador de forma inesperada.
A media tarde recibió por correo electrónico un mensaje de Galtzagorri con un enlace a un montón de archivos en la nube y un archivo adjunto de poco peso, el mensaje decía que había colgado en la nube toda la información existente sobre personas y empresas vinculadas al tema de los Arriluze y que le remitía un diagrama actualizado. Majors abrió el archivo y el diagrama era ya como una serie de galaxias interrelacionadas por órbitas demenciales y, entre los innumerables planetas y estrellas, había un agujero negro con el nombre de José Martínez de Gurruchaga.

lunes, 29 de julio de 2019

VIDA DE FAMILIA EN NEGURI

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Por lo que sabe Manu Majors, esta rama de la familia Arriluze llegó a la costa, Neguri, desde el interior, Arrigorriaga, en los años 40 del siglo XX. El padre de Iñigo era apenas un adolescente barbilampiño al acabar la guerra en 1939, de una buena familia de ésas con escudo heráldico de piedra en la casa familiar, una pequeña fortaleza junto a la carretera, ahora calle principal, del pueblo. Dejando a un lado los estudios de Derecho, a los que la tradición familiar le conducía, supo colocarse en el mundo de la compraventa de chatarra en aquellos de autarquía y se fue metiendo en la industrialización de Vizcaya, haciéndose una agenda de contactos entre funcionarios del régimen que le permitió ascender socialmente, lo que ratificó con una casa-villa en el barrio aristocrático. Para cuando las fronteras económicas saltaron ya se había colocado en la energía y en las fianzas, siempre llevado por una inteligencia que le permitía adelantarse a otros en el mundo de los negocios y en los felices sesenta también estaba en el mundo inmobiliario, así que la familia Arriluze hizo su transición del régimen dictatorial al régimen admisible en Europa montada en la ola y actualmente es Iñigo quien, fallecidos sus padres en torno al cambio de siglo, gestiona la buena posición alcanzada en la red del capitalismo español.
La madre de Iñigo era la hija de un educado francés que se refugió en Bilbao al caer la Francia de Petain en manos de los vencedores de la II Guerra Mundial, al parecer no era bueno para su salud permanecer en territorio francés. La familia Saint Lon les Mines se hizo tan bilbaina que la madre de Iñigo, que llegó siendo una niña, nunca tuvo acento francés alguno. El matrimonio solo tuvo un hijo, Iñigo, al que se formó en Ingeniería Industrial pero al que su padre lo tuvo completando estudios de contenido financiero y haciendo prácticas por Zurich, Londres y Luxemburgo, donde también había ido estableciendo una extensa red de contactos, así que Harry Arriluze ha seguido la estela de su padre y ha podido ir mejorando sus posiciones pero siempre con discreción, nunca aceptando puestos de relumbrón en directivas de Clubs y de Sociedades a las que tan aficionados son otros financieros bilbainos, incluso de menos fuste que él.
La delicada salud de la madre no le impidió dedicarse a la adquisición de obras de arte, sobre todo buenos cuadros de reducido formato, conformando un pequeño museo por las casas de Neguri y Arrigorriaga, la colección perdió la presencia de sus piezas más valiosas cuando el padre, siempre previsor, tuvo la intuición de que la muerte de Franco iba a traer tiempos de zozobra al país, intuición posiblemente la sola fallida en su vida económica, porque esa intuición le había llevado a ser de los primeros en invertir en Baqueira Beret o en Marbella, por ejemplo, para combinar el ocio y el negocio.
La primera esposa de Iñigo fue Begoña Ibarra Bergareche, también de una buena familia de Neguri, tuvieron dos hijos Iñigo y Begoña que actualmente deben andar entre los cuarenta y los cincuenta años de edad. Poco después de la muerte de los padres de Harry, a Begoña se le descubrió un cáncer que, a pesar de ser tratado en los mejores centros médicos de Bilbao, Pamplona, Madrid y Houston, acabó con su vida.
La esposa actual es Begoña Bergareche Ibarra, sin ninguna relación de parentesco con la anterior, pero también de Bilbao de toda la vida. Aunque Iñigo anduvo unos años un poco perdido, entonces es cuando cogió el hábito de aislarse durante unas semanas al año, hacia el mes de junio, en una chabola de Mallorca sita en un terreno rústico que había recibido en una dación en pago de un crédito incobrable para una de sus sociedades, se tropezó en un ascensor con aquella chica, tendría los años de su hija o incluso menos, que empezaba aquel día a trabajar en un despacho de abogados sito encima de sus propias oficinas, y pronto se descubrió intentando coincidir con ella a la entrada o salida del trabajo o subiendo a la firma de abogados para hacer personalmente gestiones que nunca hacía. Fue fácil empezar a intimar con ella, aunque vestía con la discreta elegancia de muchas abogadas bilbainas y era más bien pequeña, tenía una agilidad mental y un sentido del humor que cambiaron la vida del viudo. Enseguida además le dejó las cosas claras, ella no iba a ser su amante o nada parecido, así que matrimonio en perspectiva o cada uno por su lado. La boda fue en la intimidad de una Iglesia de Algorta, la Parroquia de San Ignacio de Loyola en vez de en la Basílica de Begoña, y al banquete en los Tamarises solo asistieron poco más de 200 invitados, incluso sus dos hijos, que aceptaron resignados la boda previo soborno generoso de su padre y firma de protocolo familiar en el que se expresaba con claridad el devenir de la fortuna familiar. Y después del matrimonio, al contrario de lo que sucede muchas veces, Iñigo descubrió que su nueva esposa gozaba verdaderamente con el sexo, la nueva señora Arriluze era apasionada de día y de noche, abierta a todo tipo de experiencias que ella misma buscaba en Internet, no hacía remilgos a ninguna práctica propuesta e incluso las perfeccionaba con su práctica diaria, incluso cuando se quedó embarazada e inmediatamente de poder volver a ello, después de la maternidad, la pareja siguió teniendo sexo prácticamente a diario. Solo durante la semana que Iñigo pasaba a solas en la chabola de Mallorca se puede decir que cesaban las lides amatorias entre ambos, pero en cuanto ella llegaba a la isla, habiendo dejado al niño con los abuelos, empezaban los “días hippyes”. La chabola era un galpón para aperos en el que había una cocina y una habitación para el resto de actividades como todas dependencias, el retrete y la ducha estaban en un cobertizo para animales anexo al mínimo edificio, disimulado detrás de unas palmeras chatas, que se encontraba en medio de campos poco trabajados y al que se accedía por una pequeña pista de doscientos metros que nacía de otra pista un poco más ancha y que por un tejido de pistas cada vez más amplias acababa en una carretera que conducía desde las proximidades de Campos a la playa de Ses Covetes. Así que ambos dos estaban muchas horas desnudos o con algún pareo, había siempre varios por el suelo o los muebles para cuando venía el cartero o algún recadista con bebidas y alimentación, y copulaban como dicen los científicos que hacen los bonobobos en la selva y solo abandonaban aquel jardín del Edén para ir a la playa o salir en el velero que Iñigo alquilaba en Colonia Sant Jordi para recibir alguna vista de amigos de Bilbao, aunque Begoña prefería que alquilase uno pequeño, sin tripulación, para perderse los dos solos y libres por alguna cala aislada de las islas.
El día en que la muerte de Iñigo acabó con el paraíso, Begoña había cogido el vuelo en Bilbao a la misma hora en que su marido salió a hacer un poco de “running” - Iñigo corría tres veces a la semana con el fresco del amanecer estuviera donde estuviera -, oyendo música clásica en los auriculares. Iñigo no vio ni oyó venir el todo terreno que le embistió por detrás y le lanzó, ya muerto posiblemente, mucho más allá del muro de piedras apiladas que bordeaba la pista.

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sábado, 27 de julio de 2019

VIRGEN DE PADURA

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Iñigo de Arriluze y Saint Lon les Mines es conocido socialmente por ser vocal de varios importantes consejos de administración, además de rico, es un hombre culto y cordial. De joven, cuando jugaba a hockey en el equipo de Jolaseta, era conocido por “Harry el marqués” y en su familia y círculo de amistades le sigue llamando Harry, durante su breve paso por el rugby universitario, también era llamado Harry. Arriluze es una bronceada cara habitual en los pantalanes del Real Club Marítimo y en los anchos links del Golf de Neguri pero aquella noche, sobre las 10 de la noche, en la capilla de la casa-torre familiar, sita en el centro del pueblo de Arrigorriaga, más parecía un deshonesto anticuario a punto de hacerse gratuitamente con una pieza a traficar que un financiero bilbaino respetado en el botxo, vestido de ropa oscura y con la pobre iluminación del recinto. Sacó la imagen de la maleta con manos enguantadas, apartando las bragas y sostenes que envolvían y protegían la virgen y el niño, todo ello con exquisito cuidado. Manu Majors, con el cheque de sus honorarios en el bolsillo de la chaqueta, asistía a aquella especie de ceremonia de entronización, desarrollada en silencio.
Iñigo dejó la imagen que le había traído el abogado sobre el altar, sacó un mando a distancia del bolsillo de su chaqueta y fue desconectando alarmas y sensores que protegían la idéntica figura, la misma hierática virgen María, el mismo niño Jesús con el balón, los mismos colores viejos del paso del tiempo… que presidía el retablo dorado. Luego con la agilidad de sus cincuenta deportivos años se alzó sobre la mesa de celebraciones religiosas y con una mano cogió la que ya se encontraba en el sitio de privilegio y se la lanzó a Majors, sorprendido por su falta de peso.
- Resina de poliéster – le informó su cliente mientras completaba la maniobra de poner una en el sitio que había ocupado la otra -, una réplica exacta, se utilizó la original para hacer el molde, luego te cuento.
Después de dejar la auténtica virgen de Padura en su sitio y de activar de nuevo las medidas de seguridad, ambos se dirigieron de nuevo a la vivienda habilitada en la planta noble de la pequeña fortaleza. Las dos mujeres les habían preparado un “picoteo” de jamón, lomo, chorizo y vinos de la Ribera del Duero y los cuatro se sentaron en lo que era una especie de despacho con biblioteca y dotado de un rincón confortable con sofás y la mesita en la que estaba dispuesto el juego de platos y de bebidas, allí Arriluze y Saint Lon les Mines les habló a los tres.
- El aitá hizo mucho dinero en tiempos de Franco pero nunca creyó que el régimen fuera eterno, así que siempre iba poniendo parte de los huevos en una huevera suiza pero a comienzos de los años setenta empezó también a poner a salvo algunas piezas de arte, cuadros sobre todo. La virgen de Padura era un problema, al ser una talla con mil años de historia, ligada al nacimiento del Señorío de Vizcaya, con fama de milagrosa y visitada anualmente por el Obispo, a veces acompañado de Cardenales y Arzobispos su “exportación” era un problema, además la Comunión Tradicionalista, que ahora es una secta reducida pero en aquellos años aún tenía cierto peso, celebraba sus ceremonias y ritos religiosos en la capilla desde tiempos de Zumalacarregui. Así que mi padre, que quería conservarla como un seguro para la familia y alejada de los tiempos turbulentos que él creía que se avecinaban con la muerte del Caudillo, pensó en que había que hacerle una réplica para no llamar la atención pero no encontraba manera. Y Franco se murió, con lo que estaba de los nervios... entonces apareció un amigo suyo, un aristócrata catalán, Ignacio Coll, creo, un caradura que solía visitarle en su despacho de la Gran Vía para sablearle unas pesetas y sacarle una comida en La Bilbaina, el cual le regaló un enorme escudo del Zazpiak Bat. A mi padre casi lo mata con el regalo, él que se dio de baja en el censo de Arrigorriaga cuando legalizaron la ikurriña y la pusieron en el balcón del ayuntamiento y se domicilió en Estella... pero el escudo aquel parecía de madera y era de plástico, de resina de poliéster, y los fabricaba un amigo de Coll en Donosty. A partir de ahí, te lo imaginas, el aitá localizó al artista, éste vino a Arrigorriaga y con toda discreción hizo un molde de silicona de la virgen, en el molde vertió una mezcla de resinas y allí se les apareció la virgen. Luego con paciencia infinita el artista la pintó y terminó y así mi padre pudo enviar a lugar seguro esta joya única del arte románico que, como sabes, nos sirvió de prenda en garantía cuando hubo que sacudirle dinero a la banda para que nos dejara en paz y tuvimos que pedir un préstamo en Luxemburgo al conde Drácula.
- ¿Y por qué la has recuperado ahora si ninguno nos habíamos enterado del cambiazo?
- Resulta que en el mundillo del tráfico internacional de arte hasta los secretos más secretos tienen un precio y mientras que por un lado se me estaban haciendo ofertas irresistibles para adquirir la de madera desde círculos parisinos que cuentan con vínculos en la masónica administración de la República Francesa, por otro lado la Consejería Cultural de este batzoki de país que tenemos está empeñada en que un equipo de estudios de su confianza la analice  y valore para que nuestra familia haga con ella una generosa donación al patrimonio de todos los vascos de bien. Así que he tenido que saldar algunas deudas con ciertos caballeros que no me las exigían pero que no me las perdonaban y por eso he contado con tus servicios, eficaces servicios, por cierto.
- ¿Que hacemos con la copia de plástico?
Majors había puesto la figura en el suelo al lado de la mesita y, sin perder hilo del relato, de vez en cuando jugaba a dejar una copa de vino en equilibrio sobre la cabeza.
- Pues te la regalo, la puedes poner en el despacho, al fin y al cabo es tan milagrosa como el original, la hermana del obispo vino hace un par de años a pedirle desesperadamente quedarse embarazada en su santo matrimonio con un Carvajal de ésos, porque hasta en la Clínica del Opus de Pamplona le habían dicho que era imposible, y ayer vino el propio obispo a agradecerle a la virgen de resina de poliéster que su hermana ha dado a luz mellizos, al parecer un poco negros, tan negros como un exiliado venezolano que anda por Bilbao, pero mellizos, un verdadero milagro ¿No?

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sábado, 22 de octubre de 2016

YO ME DOPING, TU TE DOPING, ÉL SE DOPING…


El ambulatorio de Gros, al que, como su nombre indica, se puede ir andando y está en en el barrio donostiarra que fue un arenal propiedad privada de aquella familia de origen francés, es un funcional edificio -no sé si catalogado en alguna de esas listas de monumentos arquitectónicos que nos sorprenden de vez en cuando rellenando los huecos que quedan en las maquetas de los periódicos-, que provoca un flujo de encuentros en sus alrededores.
- ¿Tú también al taller? -Pregunta Galtzagorri a Murray, al tropezarse ambos en la puerta- ¿Ya has pasado la ITV?
- No es por mí, es por el chaval -El adolescente ensimismado en su libro electrónico apenas, desde sus dos metros de altura de prometedor segunda línea, dirige una mirada que quiere ser un cordial saludo al amigo de su padre-, que anda a vueltas con su asma de nuevo.
- ¡Pues nada, a cuidar ese asma que así podrás ganar el Tour un año de éstos!
Murray visiblemente enfadado se lleva a un lado a su interlocutor lejos del ávido lector y susurra.
- No fastidies, que lo pasa mal y solo a base de tratamiento puede seguir entrenando y jugando.
- Pero si se cura del todo luego no podrá ser un deportista de élite, hay que tener por lo menos una enfermedad crónica para poder justificar las “pociones mágicas” en los controles.
- Si mi hijo se tiene que drogar para jugar al rugby, espero que deje de jugar. Lo hemos educado para algo -Galtzagorri tiene ganas de tragarse sus palabras y resiste mal la mirada de Murray-, y el profesionalismo a ese precio creo que ya sabe que no es su futuro.
- Perdona, perdón de todo corazón, confío en que mis hijos también tengan las ideas claras, aunque los jóvenes no evalúan los riesgos que corren con la reflexión necesaria. Pero cuando te quieren hacer creer todos los días que los positivos de algunos son consecuencia de tratamientos médicos de situaciones que provocarían una incapacidad laboral hasta en un trabajador autónomo pues piensas, con mentalidad de abogado, que llevar en el bolsillo un certificado médico de enfermo es una baza para mejorar tu ficha.
Un par de aperitivos más tarde por las cercanías del ambulatorio, Murray y Galtzagorri se habían olvidado de la tensión, el chaval seguía leyendo aventuras de espadas, brujerías y dragones.




viernes, 30 de octubre de 2009

HOY EN EL DIARIO VASCO

Simpática reseña de Joti Diaz sobre los actos de la sección de Hockey de la Real Sociedad como motivo de los 100 años del Club. Aunque no pude jugar, al menos pude cenar.

www.diariovasco.com/20091030/san-sebastian/cien-anos-hockey-hierba-20091030.html