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jueves, 1 de enero de 2026

BASAJAUN DANDO VUELTAS EN REDONDO

A veces lo que dice el Basajaun recuerda a las cosas que nos cuenta Dolores Redondo para que los niños vascos nos podamos dormir. 

Este es un pequeño homenaje a Dolores Redondo que la IA y yo, sin ánimo de continuidad, hacemos.

 

Este 22 de octubre se anunciaba como un buen día de pesca. Gustavo Garraus miraba el río Bidasoa desde la pedregosa orilla, el río bajaba caudaloso como casi siempre. El Bidasoa le encantaba. La corta distancia entre su nacimiento montañoso en Errazu y su desembocadura fronteriza entre Hondarribi y Hendaye junto con el húmedo clima del Valle del Baztán hacían constante el nivel de las aguas, las innumerables regatas de ambas orillas propiciaban que las truchas sobrevivieran en bastante cantidad, a diferencia del salmón que estaba extinguiéndose víctima de la polución tanto industrial como de los pueblos y villas de sus orillas. Había dejado el coche, como de costumbre, a la entrada de Lesaka y ahora se proponía meterse, provisto de sus largas botas con tirantes, en el agua. Y entonces vió el cadáver, como luego contaría a la Policía Foral, el cadáver estaba sujeto a unas ramas de árbol que lo sostenían contra la ribera derecha, cadáver desnudo de una mujer… volvió a subir a la carretera, se tuvo que desprender de chaqueta y tirantes para coger la bolsa impermeable en que tenía el teléfono, por fin, pudo avisar. Una mujer de Lesaka se acercaba curiosa al haber visto la extraña conducta del pescador de truchas, ella avisó al alguacil de Lesaka. El alguacil municipal llegó a la media hora, la patrulla de la Policía Foral pasada una hora y, por fin, los bomberos que subieron el cuerpo tres horas más tarde hasta una ambulancia. Luego Gustavo Garraus tuvo que esperar, sin saber por qué, hasta que llegara el secretario del Juzgado de Instrucción de Guardia desde Pamplona junto al agente que representaba al Juez y, por fin, a las 5 de la tarde le dejaron ir a comer algo, lo que llevaba reclamando desde hacía más de cuatro horas. Gustavo Garraus, setenta y cuatro años de edad, jubilado empresario donostiarra que había tenido la concesión más importante de automóviles franceses de la ciudad costera, pudo comerse una tortilla de patatas magnífica en una mesa de la cocina del restaurante.

Allí, en Casino Jatetxea, fue donde Amaia Salazar, inspectora de la Policía Foral, le encontró. Salazar no sabía la identidad del cadáver, Garraus sí pero el anciano, la artrosis de los dedos era evidente,  mantenía los ojos fijos en el plato de loza, como si en el dibujo de la cerámica pudiera encontrar una tregua al espanto. Amaia observó sus manos: temblaban con una sutileza que solo el miedo, y no la edad, es capaz de provocar. El ambiente estaba cargado de olores a buena cocina y a esa humedad persistente que el Bidasoa exhalaba como un aliento antiguo.

—La conocía, ¿verdad, Gustavo? —insistió Amaia con esa voz suave que no admitía réplicas, la misma que utilizaba cuando hablaba con un sospechoso tomando café en la comisaría.

Garraus tragó saliva. El nombre de Asunción Pardo pesaba en su boca como el plomo. Recordó su rostro, no bajo la luz gris de la ribera donde la acababa de ver, sino bajo los focos cegadores del estudio de Ricardo Gaztelu. Recordó el brillo de los objetivos, el silencio cómplice tras el cristal desde donde él, oculto con uno de sus íntimos amigos, observaba lo prohibido.

—Era la novia de mi hijo, inspectora —susurró por fin, y el secreto cayó sobre la mesa como una sentencia—. Pero no debería estar aquí. Tenía que verse con una mujer en Elizondo, una tal Idoia Estornés. Se alojaba en casa de Carasa, en Errazu.

Amaia sintió una punzada de frío que no tenía nada que ver con el clima del Baztán. Los nombres empezaron a tejer una red invisible y pegajosa. Xavier Carasa, el ex-ertzaina, primo hermano de aquel depredador llamado Gaztelu que, según sabía por los informes de la central, ahora disfrutaba  de un permiso de tercer grado entre las sombras de Oronoz, provisto de una tobillera electrónica.

La inspectora se acercó a la ventana. Fuera, la niebla comenzaba a lamer los aleros de las casas de piedra, ocultando los senderos que conectaban caseríos, casas, barrios y pueblos de un lado y otro de la cercana frontera. Sabía que el cuerpo desnudo de Asunción, depositado por el río como una ofrenda macabra, era solo la superficie de algo mucho más profundo y turbio. Pensó en los padres de la chica y en la ambición desmedida de personajes como Pelayo Covadonga, que ya estarían afilando sus garras legales para convertir la tragedia en un espectáculo.

—¿Sabe algo más? —preguntó Amaia, volviéndose hacia el viejo empresario.

Garraus negó con la cabeza, pero sus ojos evitaron los de la inspectora. Ocultaba las sesiones de sexo en vivo, y ocultaba el terror de saber que el pasado de Donostia había venido a morir a las aguas sagradas del Bidasoa.

Amaia Salazar salió al frío de la tarde. El valle parecía observar, mudo y cómplice. Sintió la presencia de algo ancestral, una maldad que no entendía de leyes ni de fronteras, y que se movía con la misma soltura por las casas solariegas como la de Idoia Estornés que por los despachos de tantas personas que, viviendo y trabajando en las capitales, Iruña, Donostia…, tenían segunda residencia en estos valles.

La investigación acababa de empezar, y el río, siempre hambriento, ya había reclamado su primera pieza. Amaia ajustó su chaqueta, sintiendo el peso de su arma y el de una premonición que la golpeó con la fuerza de una riada: esta vez, la sangre no solo mancharía las manos de un asesino, sino los cimientos mismos de todo el Baztán.


lunes, 10 de noviembre de 2025

BORRADOR DE HISTORIA 36

Imagen generada por IA

Este texto forma parte de una crónica de Hernani que fue antes un guion que no ha sido rodado.

La historia comienza antes, INICIO

La vieja Iruña, Pamplona, existe antes y después de los sanfermines, incluso en invierno. El Camino de Santiago, el Opus Dei, la fiscalidad foral y otros atractivos hacen que aquella Pamplona vacía de nuestra infancia sea ahora un pequeño centro turístico con hoteles y alojamientos confortables, restaurantes excelentes y todo a precios abordables, lo que hace que turistas y viajeros acudan a congresos, seminarios y formaciones que, fuera del bullicio de la semana que comienza el 6 de julio de cada año, se dan continuamente en aquellas instalaciones.

El Hotel 3 Coronas es un edificio que quizá no ha envejecido muy bien pero sigue siendo elegante, aíslado junto a un parque, en el centro de la ciudad, cerca de las viejas murallas y, por tanto de la típica parte vieja.

Una mañana temprano en el hall del hotel, un cartel avisa, “Presentación de la franquicia de joyería Banús International en el salón Urbasa, planta de subsuelo” cuando Paulina entra por la puerta principal con la peluca y las gafas de sol que se supone le camuflan en caso de encontrarse inopinadamente a alguien conocido, saluda al conserje en recepción que apenas levanta la cabeza, atendiendo a los clientes que están abandonando el establecimiento y se dirige a uno de los dos ascensores, entra y las puertas se cierran justo para impedirle ver que Miren entra en ese momento en el hall, vestida en ejecutivo, mira el aviso, pregunta al conserje que le indica los ascensores y sigue ocupado en el mostrador, ella entra en un ascensor y las puertas se cierran. Paulina se ha dirigido hacia arriba y Miren ha descendido.

En una habitación del hotel, ya son casi las 12 del mediodía en el reloj del televisor apagado, en la cama desnudo está Aitor, recostada contra él está desnuda Paulina, jugando con los pelos del pecho de él mientras habla, la luz natural se filtra por las cortinas haciendo que los estragos de la edad tengan relieve en sus cuerpos sin que le importe a ninguno de los dos.

- Es curioso pero Bernat está celoso de ti – dice Paulina cogiendo con sus dedos la barbilla de Aitor como queriendo enmarcar con la mano su cara que desborda lógicamente -.

- Pero ¿Sabe algo de lo nuestro? ¡No jodas!

- No, hombre, no. Está celoso porque te estabas follando a Miren cuando la excursión y a ella le gustaba. Si no me ha contado diez veces que os cogió en pleno cachondeo en la litera aquella, no me lo ha contado ninguna.

-  ¿No estarás tú celosa y me lo dices por eso?

- ¿Celosa yo? … ahora que lo dices. Ojalá fuera verdad. Pero no, no estoy nada de celosa. Estaría preocupada si me pudieras contagiar algo, porque tú eres un tipo limpio pero esa chica puede tener un descuido… pero eso estoy convencida de que no.

Ella sigue paseando sus dedos por la cara de Aitor, no son caricias, son contactos de un ciego que explora una escultura en un museo y permace un momento en silencio.

- Es más, me parece que ese cohete que os echasteis en el albergue es el cohete de fin de fiestas.

- Habló la Sibila

- No me contestes, porque sé la respuesta y no quiero oírla ¿Cuántos meses llevabais sin…? Piénsalo y no me digas ¿Cuántos? ¿Te crees que no se te nota?

Le ha puesto la mano en la boca y él la mordisquea, luego empieza a jugar con sus pechos, a besarlos... Y toman la posición del misionero. Paulina le detiene sin dejarle penetrar.

- Solo tengo una duda ¿Cuándo te irás de Hernani para siempre?

Sin reflexionar un segundo, Aitor suelta:

- Cuando pase el tren de largo recorrido adecuado.

- Pues no dejes pasar ese tren cuando llegue, que puede ser el último… el último...

Paulina le hace entrar y durante el tiempo que hacen el amor ambos se miran desafiantes a los ojos, como rivales que juegan a que el adversario tenga el orgasmo antes y cuando éste llega les coge besándose con furia, imposible de saber quién ha sucumbido primero.

Más tarde, pasadas las 12 sobradamente en el hall del hotel, cuando Paulina con gafas de sol y peluca puesta sale de un ascensor, delante de la recepción hay un grupo de mujeres hablando,casi a gritos, llevan carpetas en la mano, entre ellas está Miren, de espaldas al ascensor. Paulina la ve inmediatamente, se vuelve y coge el ascensor de nuevo mientras saca el teléfono del bolso. Del otro ascensor sale Aitor mirando su teléfono mientras avanza hacia la recepción, pide paso a una mujer, que es Miren.

-  ¿Qué haces aquí?

Aitor sigue con el teléfono en la mano y le besa de pico en los labios, luego con una sonrisa le dice:

- ¿Qué tal ha sido la presentación de las franquicias? ¿Ha estado bien? - Aitor está natural, con el rostro afable de quien ha encontrado a un amigo al que ha ido a buscar para tomar el aperitivo -. Te invito a comer en Las Pocholas.

- ¿Qué susto me has dado? No sabía que estuvieras hoy en Pamplona, cariño. 

- Una reunión de despacho pero yo me he quedado un poco más, ya he acabado... ¿Vienes a comer conmigo o les alcanzo a los clientes para comer con ellos?

- Vete a comer con ellos o con ella o con quien sea – el tono es sardónico, Miren quiere darle a entender que todo le parece raro -, que yo me voy a comer con estas chicas joyeras, que creo que vamos a montar un negocio todas juntas ¿Qué te crees? Tonta del todo, no soy.

- Ya me enseñarás la propuesta del franquiciador.

Paulina al fondo vuelve a salir del ascensor, ve la escena  y vuelve a entrar en el ascensor. Ni Aitor ni Miren le han visto.  Miren se dirige a las otras colegas, tres o cuatro cuarentañeras vestidas como para la boda de unos marqueses.

- Os presento a mi novio, que es abogado y que nos puede asesorar gratis en el contrato.

Aitor saluda al grupo una por una, Miren le besa en la boca y sale con las otras mujeres, que se vuelven de vez en cuando para examinar a Aitor. Aitor se dirige a recepción y paga al conserje en dinero, coge la factura y la guarda en el portafolios que lleva, Paulina pasa por el fondo, peluca y gafas, saluda al conserje y sale a la calle, Aitor se pone a hablar por el teléfono antes de pasar la puerta. 

- En 10 minutos estoy en la oficina del notario. Estoy aquí al lado, llegando ¿Has reservado mesa en Las Pocholas? Bien, estupendo, Ernesto. ¡Hasta ahora!

(Esto sigue aquí)


viernes, 25 de julio de 2025

BORRADOR DE HISTORIA 4

Esta historia es una especie de novelización de un guión cinematográfico jamás rodado
Imagen generada por IA a partir de una sencilla canción: Bagare.

 A comienzos de los años 80, se escindió la sección de rugby del Atlético de San Sebastián, que era el club deportivo más importante de la provincia de Gipuzkoa después de la Real Sociedad de Fútbol. El nuevo club, Bera Bera, pasó a ser el referente del rugby en Gipuzkoa, mientras que los esfuerzos del viejo club para mantener una sección de rugby rozaban la inutilidad, así que en los 90 el Atlético de San Sebastián tenía campo de rugby en la avenida de Bera Bera por cierto y un equipo de rugby que sufría en categorías inferiores siempre buscando jugadores. Aitor había jugado a rugby en el equipo universitario de la Facultad de Derecho, anteriormente jugaba a pelota mano en un club del barrio de Intxaurrondo sin destacar en forma alguna. En el verano de 1990, había aprobado la última asignatura de la carrera en julio, alguien le dijo de apuntarse al equipo de rugby del Atlético para poder seguir disfrutando del buen ambiente de los partidos universitarios y así lo hizo. Una de las cosas que tenía el Atlético es que se iba al lado francés de los Pirineos a jugar con equipos del otro lado, se decía que el contacto con un rugby superior mejoraba a los equipos del sur pero esto nunca se ha demostrado que sea cierto.

Debió ser en uno de estos viajes deportivos al otro lado, a Iparralde en el lenguaje habitual del club, cuando encontró por primera vez a Miren. Había un festival en el que participaban equipos de diversas regiones y de diversas categorías, también había una participación de Hernani. Era un pueblo de los que salen poco en el mapa, quizá Navarrenx, quizá una aldea próxima. Los encuentros habían empezado al amanecer prácticamente y cuando acabaron, la organización había montado un fin de fiesta, el tercer tiempo, para todos los participantes en un frontón francés sin pared izquierda, un poco apartado del núcleo del pueblo, había mesas con comidas y bebidas, unas pancartas anunciaban algo del “tournoi amicale rugby, un pequeño escenario estaba ocupado por un grupo de cuatro que cantaban canciones populares en vasco, acompañándose de guitarra, acordeón y pandereta. Los asistentes, jóvenes de ambos sexos pero muchos más chicos que chicas comían, bebían, cantaban… Aitor y los del Atlético estaban eufóricos, habían perdido el partido disputado pero con un resultado digno y el entrenador les había felicitado, así que se lanzaron sobre la sangría o sucedáneo de sangría que habían preparado los voluntarios de la localidad como si hubieran atravesado un desierto sin bebida, Aitor había acabado enfrente del escenario con un vaso de vino en la mano y cantando, es una manera de decirlo porque Aitor es incapaz de dar una nota en su sitio en cualquier canción, por muy popular que sea. Pero el alcohol en vena le había quitado el pudor que, casi siempre, le hacía estar en un último plano cuando los demás cantaban, así que gritaba, siguiendo apenas la música.

- Araban bagare, Gipuzkun bagera, Xiberun bagire, Ta Bizkaian bagara… Araban bagare, Gipuzkun bagera, Xiberun bagire, Ta Bizkaian bagara… Baita ere, Lapurdi, ta Nafarran.

Esta sencilla canción ensalza la unión de los vascos, a pesar de todas las variantes del idioma vasco, entre cinco e incontables, que se siguen hablando conviviendo con la unificación alcanzada al final de los años 60 del siglo XX en el “euskara batua”, por ello se puede decir que un idioma milenario apenas tiene 50 años. El grupo labortano de cantantes, acostumbrado a actuar en botellones multitudinarios, no reparaba en los desafinados gritos de Aitor y otros.

El relato continúa


jueves, 2 de mayo de 2024

MERECE LA PENA O NO

El sol es cegador pero en la terraza del Tribuna Norte se soporta sin gafas oscuras. La televisión del interior recoge el monólogo triste del primer ministro de las españas delante de la casa señorial de la Moncloa, entre la Casa de Campo y las casas de la Universidad, a pesar de que ha tardado casi una semana en preparar su « stand up », parece que no es lo que el público de la barra esperaba, ni risas ni aplausos. Manu Majors que ha estado atento al espectáculo sale de nuevo y se sienta en la mesa con Galtzagorri, que está rellenando un crucigrama en uno de esos cuadernos de pasatiempos que venden en las librerías de las estaciones.



-  ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? Como le dijo Ignacio de Loyola a Xavier de Navarra – comenta el abogado bilbaíno a su amigo que ha levantado la mirada  al notar su llegada -.


- En vez de un camino cómodo y fácil, lleno de placeres, que acaba en el infierno, hay otro sendero, tan estrecho y empinado, que no es posible recorrerlo a lomo de caballería – replica el picapleitos donostiarra con tono de predicador  -. Todos los que lo emprenden, adelantan por su propio pie, quizá en zigzag, con rostro sereno, pisando abrojos y sorteando peñascos. En determinados puntos, dejan a jirones sus vestidos, y aun su carne. Pero al final, les espera un vergel, la felicidad para siempre, el Cielo… Como decía el Marqués de Peralta  mientras se bebía lo mejor de la cosecha del Somontano para acompañar un foiegras de las Landas que se le enviaba refrigerado a domicilio.


- Te queria decir que a mi lo de Sánchez me ha recordado la frase del evangelio que los jesuitas nos contaban que sirvió para que el atleta navarro dejara de ganar medallas en los juegos universitarios de París y se liara con el tipo de Azpeitia para llevar la pelota vasca al sudeste asiático.


- Yo bebí en las fuentes de los hombres del cilicio y de las mujeres de bragas de hierro que obraban en la obra de dios y de su poderoso imperio en este reino terrenal… la vida se inicia a lo tonto y es un viaje a la muerte, si te lo trabajas pues te prometen que acabarás en el cielo, un poco más soso que el de los moros pero es lo que hay, no podemos mejorar su oferta, pero si tú te apuntas al paraíso en esta vida y no tienes buenas recomendaciones para la otra, te espera la eternidad con Aznar, Feijoo y Pedro J.


- ¿Otro negroni para recuperar la moral ?


- Más tarde, ahora tengo que saludar a aquella señoría tan simpática, cuya capacidad jurídica es tan profunda como el mar y tan alta como las montañas…



jueves, 25 de abril de 2024

MARAVILLAS

Maravillas Lamberto avait 14 ans, une jeune fille navarraise de 14 ans, c'était août 1936. En Navarre le coup d'État des droites catholiques, monarchistes, financiers et militaires avait triomphé le 18 juillet. Il n’y avait pas eu de résistance, le mouvement carliste était enraciné en Navarre et les carlistes étaient contre la République. Quand même plus de 3.000 assassinés en la Navarre tombée aussitôt en zone « nacional ».

Cette nuit-là d’été, 2 gardes civils et 2 hommes de la même ville, Larraga, à 40 kilomètres de Pampelune, se sont présentés a la maison de la famille et ont crié pour qu'on ouvre la porte. Ils sont venus chercher son père, agriculteur possédant quelques terres, membre du syndicat socialiste UGT. Maravillas était l'aînée de trois filles et a demandé à pouvoir accompagner son père. Ils ont ri et ont chargé le père et la fille dans une camionnette. Ils les ont emmenés à la Mairie, où ils ont laissé le père attaché dans un coin pendant que tous les quatre violaient la fille, ses cris pouvaient être entendus dans la chaude nuit d'août de cette petite ville navarraise. Qui pouvait dormir ?

A l'aube, ils les ont remontés dans le camion et, après quelques kilomètres, ils les ont fait descendre au milieu de nulle part, là ils l'ont déshabillée à nouveau et l'ont violée une fois plus par terre, puis ils l'ont exécutée ainsi que son père. Ils ont laissé leurs cadavres là où ils étaient tombés, dans un champ sans cultives. Les chiens et les corbeaux ont mangé une partie de ses membres, certains voisins qui les ont découverts quelques jours plus tard n'ont pas pu les enterrer car ils étaient démembrés et décomposés, ils ont donc brûlé ses restes avec de l'essence.

C'était le 15 août 1936, fête de la Vierge Marie, les assassins de Maravillas se rendirent à la grand-messe dans l'église de la ville.

Josefina Lamberto, sœur de Maravillas, avait sept ans lorsque la mort est arrivée chez elle et ce texte est une transcription de ses souvenirs.

(Cristóbal Osinalde)

 

Fermin Balentzia, un chanteur navarrais, a écrit une chanson, comme je chante très mal, je récite ses paroles en français:

(Comme vous savez, les fascistes espagnols s’habillaient en bleu, aujourd’hui pas toujours)


La nuit les a vu entrer

C'étaient des hommes sans lumière

Ils sont venus en criant

ils étaient la mort bleue


L'escalier a craqué

quand tu es sorti

avec ton père pour partir

ta jeunesse de fille


Maravillas, Maravillas

fleurette de Larraga

coquelicot du chemin

Je te suivrai partout où tu iras


  À Monreal, à Otsoportillo,

à Sartaguda à Santacara,

pour planter les fossés

de fleurs républicaines

Nous marcherons dans les rues

les lavoirs et les places

nous libérerons les pigeons,

ceux aux ailes rasées


La mort n'a pas pu

enterrer ton lendemain.

L’oubli ne peut pas peindre 

non plus l'aquarelle de ton âme


Maravilas, Maravillas

fleurette de Larraga

coquelicot du chemin

Je te suivrai partout où tu iras



Maravillas Lamberto tenía 14 años, una niña navarra de 14 años, era agosto de 1936, en Navarra el golpe de estado de las derechas católicas, monárquica,s financieras y militares había triunfado. El carlismo estaba enracinado en Navarra y los carlistas estaban contra la República. Sin embargo, más de 3.000 asesinados en aquella Navarra caída tan rápido en zona “nacional”.

Aquella noche de verano,  2 guardias civiles y 2 hombres del mismo pueblo, Larraga, a 40 kilómetros de Pamplona, se presentaron en su casa y exigieron a gritos que se les abriera la puerta. Venían a buscar a su padre, un campesino con unas pocas tierras, miembro del sindicato socialista UGT. Maravillas era la mayor de 3 hijas y pidió que le dejaran acompañar a su padre. Ellos se rieron y  montaron a padre e hija en una camioneta. Les llevaron al Ayuntamiento, donde dejaron atado al padre en un rincón mientras los cuatro violaban a la niña, sus gritos se oían en la noche de agosto de aquel pueblo navarro ¿Quié podía dormir en el pueblo?

l amanecer les montaron de nuevo en la camioneta y a unos kilómetros les hicieron bajar, en medio de ninguna parte, allí la desnudaron nuevamente y la volvieron a violar contra el suelo, luego la ejecutaron y también a su padre. Dejaron sus cuerpos muertos donde habían caído, en un campo sin cultivos. Los perros y los cuervos comieron parte de sus restos, unos vecinos que los descubrieron unos días más tarde no pudieron enterrarlos porque estaban descuartizados y descompuestos, así que quemaron sus restos con gasolina.

Era el 15 de agosto de 1936, fiesta de la Virgen María, los asesinos de Maravillas fueron a la misa mayor en la iglesia del pueblo.

Josefina Lamberto, hermana de Maravillas, tenía siete años cuando la muerte llegó a su casa y este texto es una transcripción de sus recuerdos.

(Cristóbal Osinalde)


Un cantante navarro, Fermín Balentzia, escribió una canción, como yo canto muy mal, recito su letra :


La noche los vio entrar

eran hombres sin luz

venían a todo gritar

eran la muerte azul


La escalera crujió

cuando salías tú

con tu padre a dejar

tu niña juventud


Maravillas, Maravillas

florecica de Larraga

amapola del camino

te seguiré donde vayas


 A Monreal, a Otsoportillo,

a Sartaguda a Santacara,

para sembrar las cunetas

de flores republicanas

Pasearemos las calles

los lavaderos y plazas

liberaremos palomas,

las de las alas rapadas


La muerte no fue capaz

de sepultar tu mañana

ni podrá pintar de olvido

la acuarela de tu alma


Maravillas, Maravillas

florecica de Larraga

amapola del camino

te seguiré donde vayas


(Fermin Balentzia)

MARAVILLAS CHANSON


Notes pour ma participation à l’acte “Les enfants victimes des guerres”