Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de junio de 2026

EL DIARIO

 EL DIARIO

De adolescente llevé un diario, un tiempo, un año quizá. No me acuerdo el motivo, había leído que era algo que se hacía en la juventud y que servía para meditar sobre el sentido de la vida. La verdad es que el sentido de la vida era una cuestión que me daba vueltas en la cabeza antes de dormir desde muy niño. El diario se convirtió en un relato de mis amores, entre la atracción y el pecado, me gustaba una chica y mi amor hacia ella dejaba de ser platónico inmediatamente lo cual me abocaba al infierno eterno… no encontré el sentido de aquella vida cuyo único objetivo era librarse del castigo eterno para alcanzar un paraíso extraterrestre donde no había chicas sino ángeles y los ángeles tenían un aire amariconado evidente en mi imaginación, dejé de escribir el diario.

Esta semana pasada, he tenido tentaciones de iniciar un diario, un diario serio y formal, a mis 77 años, he dejado de preocuparme por el sentido de la vida, no tiene. El absurdo existencial es lo que es, estamos aquí y ahora, monos con chaqueta, por azares de la materia y de la evolución y no estarnos dentro de un tiempo más o menos breve, no estaremos ninguno.

La Côte des Basques, foto mía.

Lo del diario actual venía provocado por las dos camisetas de la trainera de Ondárroa. Me explico, mi mujer el otro día en Castro Urdiales se encaprichó con la camiseta del Club de Remo de Ondárroa, una camiseta a rayas horizontales rojas y negras, como el maillot clásico del Stade Toulousain pero en más veraniego, atuendo que llevaban los aficionados de Ondárroa que habían venido a apoyar a las tripulaciones que competían en el Campeonato de España de trainerillas, lo de competir es un eufemismo porque Ondárroa vio pasar a las otras embarcaciones a una cierta distancia. Los ondarroartarras que estaban en la cafetería ignoraban si se podían comprar o no fuera del local social del pueblo así que me dirigí a otro grupo que tenía más pinta de dirigentes deportivos y que estaban sentados en un banco del exterior. Muy amables me atendieron y uno de ellos se comprometió a llevarme las prendas a Donostia donde podíamos coincidir los dos.

Y el pasado lunes el simpático vizcaíno apareció en Donostia y mi mujer y yo estamos ya provistos de las camisetas necesarias para animar a la trainera de Ondárroa en septiembre en la Concha, solo falta que se clasifiquen, así que, por si acaso, iremos a animarles a la regata clasificatoria.

Una semana que empieza así da por un diario en el que contar la visita al masajista por una lesión en el tendón de hombro, trabajos de abogacía inevitables, las mejoras en la práctica del golf, preparación de una demanda personal por un impago, la visita de unos amigos de Laval en su peregrinación a Santiago de Compostela, los ensayos con el grupo de teatro,  las clases del curso de pintura donde estoy intentando hacer unos desnudos femeninos, el gimnasio para mantener la forma, el espectáculo del torneo de golf la Coupe des Capitains, la comedia teatral de la cuñada con su grupo, nuestro turno para representar la nuestra como fin de curso -la primera vez que un curso de teatro se me hace largo – y el aperitivo del domingo… pero tengo pereza de escribir ese diario.


domingo, 7 de junio de 2026

CUALQUIER LUNES

 Eran las 9,17 de la mañana del lunes, el escarabajo, un notiobia cupripennis, apenas pudo esquivar la pisada firme de Zulema Agorría. La magistrada salió de su domicilio taconeando marcialmente, aquel lunes tenía mucho y desagradable trabajo en el despacho – el noventa y cinco por ciento de la justicia es despacho -. Los expedientes que había resuelto el domingo por la tarde pesaban en la bolsa de « el corte inglés » así que el escarabajo de tierra hubiera tenido nulas probabilidades de sobrevivir si le hubiera pasado por encima, de hecho sobrevivió unos segundos más, una gaviota que pasaba por allí no vio otra cosas más a mano para completar en proteínas su desayuno.

Africain, escultura de mi mujer, inacabada por ahora.


Mohamed estaba sentado en el banco en que había pasado la noche, un banco recién pintado de blanco en la plazuela – Mohamed le había llamado square en sus pensamientos, Mohamed pensaba en francés desde que había llegado a Europa, antes pensaba en peul, y los franceses utilizan un anglicismo para las plazuelas poligonales -. Mohamed observó a Zulema Agorría acercarse a su posición con su ritmo de comando paracaidista en desfile de la victoria, Mohamed estaba sentado, conservando aun la erección inevitable de la noche dentro de sus pantalones bombachos que había obtenido en el zoco de Orán unos meses antes. 

Zulema Agorría cambió de hombro el bolso bandolera de imitación de Louis Vuitton, que había adquirido en el puerto de Getaria un domingo por la mañana al llegar a la altura del banco enfrente del salón de bingo, en el banco había un vagabundo de color, posiblemente un migrante sin papeles, y pasó la bolsa de los expedientes a la otra mano. En el bolso llevaba cartera, cigarrillo electrónico, teléfono, llaveros con muchas llaves, perfume, desodorante, peine, crema hidratante, maquillajes varios, una pequeña agenda, pluma estilográfica y otros elementos necesarios para pasar el día en el trabajo.

Mohamed evaluó que aquella mujer blanca, color gachas de mijo, debía estar más cerca de los sesenta que de los cincuenta años de edad, que pesaba demasiado poco para su altura, un metro setenta, como él, y que, con cara de que le había picado esa noche alguna ladilla – phtirus pubis de nombre científico -, iba a pasar a escasa distancia de él, ya olía el Chanel n.º 5 que la rodeaba.

Entonces se rompió el bolso bandolera, el enganche plástico tenía menos resistencia que el asa de una bolsa de “el corte inglés”, y cayó abriéndose por sus costuras a los pies, calzados con unas “new balance” obtenidas en el mismo zoco de Orán, de Mohamed que se puso de pie inmediatamente para ayudar. 

Zulema, como luego contaría a la Letrada de la Administración de Justicia, se agachó a la vez y entre ambos recogieron el contenido del bolso bandolera y los metieron en la bolsa, encima de los expedientes judiciales. Agradecida le dio un billete de 5 euros que Mohamed le devolvió una primera vez, luego se lo guardó en el bolsillo del pantalón, cuya apertura se sostenía eficazmente en su enhiesta verga. Luego se volvió a sentar pensando en la cita que tenía al mediodía en la estación de autobuses con el tipo que le iba dar el billete para Baiona.

- No me lo podía creer, Canela, estos senegaleses en cuanto te acercas a ellos se excitan, menos mal que eran las nueve de la mañana, si me llega a pasar de noche, seguro que viola a esta servidora, no te digo.

La Letrada de la Administración de Justicia asintió sin palabras.

jueves, 30 de abril de 2026

LE PETIT CADEAU

Otra excelente pieza literaria escrita hace tiempo PETIT CADEAU y ahora trabajada con la IA para convertirla en monólogo "stand up" con ilustración, un poco pacata, de Nano Banana


¡Buenas, panda de animales! ¿Me estáis preguntando por mi cara? ¿En serio? Peores caras he visto yo en la primera línea de una melé un domingo de resaca y nadie decía nada. 

Pero vale, lo reconozco: tengo la cara de un hombre que ha sobrevivido a un safari... pero sin salir de Burdeos.

Ya sabéis cómo son estos torneos de veteranos. El cuerpo te dice "retírate", pero el espíritu te dice "pide otra jarra". El caso es que el tercer tiempo se nos fue de las manos. Para cuando llegamos al quinto tiempo, nuestro guía —un francés que se nos pegó como una lapa— nos llevó al único sitio abierto: una discoteca de esas que huelen a desesperación y a desinfectante barato. 

Allí estaban todos nuestros compañeros, haciendo el gorila en la pista. Literalmente. Parecía un documental de National Geographic pero con tíos de 100 kilos en calzoncillos. 

Y de repente, la veo. Una chica en la barra. Imaginaos a Naomi Campbell, pero en pequeñito, formato viaje. Yo, que iba con el "combustible" a tope, me puse en modo galán culto. Le solté lo único que me queda del colegio: el monólogo del Cid de Corneille. En francés, con un par.

Ella me dijo que se llamaba Paqui. O eso entendí yo, porque con los graves del bafle podía llamarse Paqui o podía ser el nombre de un medicamento. La saqué a bailar y, oye... bailo mejor que Ryan Gosling. Bueno, al menos con el mismo nivel de laca y mucho más peligro de luxación de cadera.

En esto que me dice: Tu veux venir chez moi ? Esto es "¿Quieres venir a mi apartamento?"

¡A mí! ¡Que no me pasaba eso desde que las pesetas tenían la cara de Franco! Fuimos para allá. El "apartamento" era una habitación que parecía una sucursal del Zoo:

* Tenía una cotorra.

* Tenía un camaleón en una pecera.

* Y tenía una cama. Suficiente.

Nos pusimos "a jugar el partido", tomando posiciones en el lecho, y aquello era de locos. La cotorra empezó a retransmitir la jugada en cinco idiomas. Parecía una peli porno grabada en el Instituto de Idiomas. ¡Qué escándalo, tú! Casi reventamos el colchón, os lo juro.

Me quedo frito y, de repente, suena mi alarma interna: "¡El autobús a Donostia!". Me ducho rápido para quitarme el "aroma a pecado" y, cuando estoy a punto de salir por la puerta, Paqui se levanta de la cama... tal cual Dios la trajo al mundo. 

Se me acerca, me abraza, yo noto su calor —mi "Priapo" a punto de reventar la bragueta otra vez— y me susurra al oído:

"Et mon p’tit cadeau?"

¿Mi regalito? ¿Qué regalito? Y la cotorra, la muy maldita, despatarrada de la risa gritando: "¡MON PETIT CADEAU! ¡MON PETIT CADEAU!". El camaleón me miraba con una cara de sádico que no os podéis ni imaginar.

Resultado: 200 euros menos en la cartera. Salí corriendo por aquellas avenidas que parecían Nairobi al amanecer. Menos mal que los taxis en Burdeos aceptan tarjeta, porque me quedé más tieso que el palo de la bandera.

Llegué al bus por los pelos, me hice el dormido todo el viaje para que no me preguntarais, y lo primero que he hecho al bajar es ir a la farmacia. 

"Quiero el test ese de los anticuerpos", le digo al boticario. 

Y el tío me mira con una cara... y me dice que tengo "mala cara". ¡Mala cara la tuya, boticario de las narices! Que entre la cotorra, el camaleón y la Paqui, ¡bastante tengo con estar hoy aquí de pie! 

¡A vuestra salud, cabrones!

sábado, 25 de abril de 2026

OTRO BREVE ENCUENTRO

 Historieta escrita hace unos años TIPICA HISTORIA y que, una vez más, le pido a la IA que me la convierta en un guion ilustrado.


EXT. JARDÍN CASA LUZ-SAINT SAUVEUR - DÍA (PASADO, AÑOS 80)

Detalle de hierba alta y descuidada. El sol de los Pirineos es blanco, cegador. Oímos risas infantiles a lo lejos y el sonido de una manguera.

INT. CASA - PLANTA BAJA - DÍA

ARISTIDE (35) entra en la casa. Está sudado, con la respiración pesada tras una caminata. Se detiene frente a la puerta del baño de la planta baja. Oye el agua correr dentro.

La voz de su ESPOSA (O.S.) resuena desde el piso superior.

ESPOSA (O.S.)

¡Aristide! Estoy arriba. Las niñas se están duchando, usa el baño de la primera planta, que el nuestro está ocupado para rato.

Aristide sube las escaleras. El sonido de sus botas sobre la madera cruje en el silencio de la tarde.

INT. BAÑO PRIMER PISO - CONTINUO

Aristide abre la puerta. El vapor de agua sale como una exhalación, envolviéndolo. A través de la niebla del espejo, vemos el reflejo de CATHÉRINE (16). Está de espaldas, desnuda. Su piel es un mapa de contrastes: la espalda blanca, los brazos y el cuello bronceados por el sol de montaña. Aristide se queda petrificado. 

CATHÉRINE

(Sin darse la vuelta, secándose la cara)

¿Quieres ducharte? Ya he acabado.

Ella se aparta el pelo. Sus nalgas, de un blanco purísimo, brillan bajo la luz mortecina del baño.

CATHÉRINE (CONT'D)

La fregona está detrás de la puerta. He dejado todo encharcado.

Ella se enrolla la toalla al cuerpo. Se gira y camina hacia él. Aristide retrocede, pegándose al marco de la puerta.

CATHÉRINE (CONT'D)

¿Me dejas pasar? Me voy a secar en mi cuarto.

Ella pasa a su lado. El roce de la toalla húmeda contra el brazo de Aristide.

EXT. CEMENTERIO PIRINEOS - DÍA (PRESENTE, 30 AÑOS DESPUÉS)

Blanco absoluto. La nieve cae de forma mansa, silenciosa. Un grupo de paraguas negros se aleja hacia el atrio de la iglesia. Aristide (ahora de 65 años) se queda atrás. Su aliento forma nubes de vapor. Una mano enguantada le toca el hombro.

CATHÉRINE (V.O.)

No has cambiado nada, Aristide.

Aristide se gira. Frente a él, una MUJER (50). Se besan en las mejillas. El sonido del beso es húmedo en medio del silencio gélido.

ARISTIDE

(En shock)

¡Cathérine! ¡Eres Cathérine!

CATHÉRINE

(Sonriendo)

Me has reconocido. Pues yo sí he cambiado, encerrada en este poblacho del fin del mundo. ¿Cómo está tu mujer? ¿Y las niñas? Tendrás nietos ya, supongo.

Caminan por la nieve. A lo lejos, el ataúd baja a la tierra. Ellos hablan en susurros, como cómplices en un lugar donde no deberían estar.

INT. CASA DE CATHÉRINE - NOCHE

Una casa acogedora pero cargada de sombras. El crepitar de la chimenea es el único ritmo. Ambos sostienen vasos de whisky. Aristide mira las manos de ella.

CATHÉRINE

Mi último marido se murió siendo dueño de todas las riquezas del valle. Me dejó esto... confort en medio de ninguna parte, una jaula de oro con vistas a los pinos.

ARISTIDE

(Tras un silencio, mirando el fuego)

Aquel verano... en Luz-Saint Sauveur. Entré en el baño. Estabas tú. El espejo estaba empañado.

Aristide lo dice como quien confiesa un pecado.

CATHÉRINE

¿En el baño?

ARISTIDE

Estabas desnuda. No te reconocí al principio. Parecías una estatua de sal en medio del vapor. No he podido olvidar esa imagen en treinta años.

Cathérine suelta una risa corta. Se levanta y le tiende la mano.

CATHÉRINE

No me acuerdo de nada de eso, Aristide. Yo era una niña y tú eras más viejo que mi padre. Para mí, estar desnuda frente a ti era como estarlo frente a él. No significaba nada.

Ella lo ayuda a levantarse. Sus rostros están muy cerca. La luz de la chimenea baila en sus pupilas.

CATHÉRINE (CONT'D)

Pero nos hemos olvidado de preparar la cama de invitados. Tendrás que acostarte conmigo.

Aristide intenta decir algo, pero ella le pone un dedo en los labios.

CATHÉRINE (CONT'D)

Ahora ni yo soy una niña, ni tú un viejo. ¿Qué son veinte o treinta años en esta oscuridad?

Cathérine camina hacia el dormitorio. Aristide la sigue. En la chimenea, un tronco se rompe y las chispas saltan.

FADE OUT.

jueves, 16 de abril de 2026

BILBAINITA

Una historia muy personal y que me pesa del pasado, no sé por qué escribí un texto  BILBAINITA y he pedido a la IA que lo convierta en guion y lo ilustre.

INT. HABITACIÓN DE HOTEL - NOCHE

La luz es cálida, filtrada por una lámpara de mesa con pantalla de tela. Fuera, se escucha el rumor lejano de la autopista y la lluvia golpeando suavemente el cristal. Una maleta a medio abrir, dos copas de vino vacías sobre la cómoda, la ropa de ZULEMA (40) y MIKEL (50) entrelazada en el suelo.

ZULEMA sale del baño. Está desnuda. Su piel brilla ligeramente por la humedad del vapor.  MIKEL está en la cama, apoyado contra el cabecero, con las sábanas a la altura de la cadera. La observa.

ZULEMA (Con una sonrisa)

¿Sigues enamorado de la bilbainita?

Mikel suelta una risa corta, sacudiendo la cabeza. Estira la mano hacia ella.

MIKEL

No seas tonta... Estoy enamorado de ti. Te lo he demostrado hace un rato y, en cuanto te metas aquí, te lo vuelvo a certificar.

Zulema se sienta en el borde de la cama, fuera del alcance de su mano. Le mira a los ojos.

ZULEMA

Los hombres tenéis una fe ciega en la mecánica. Creéis que un "te quiero" susurrado entre gemidos es un contrato de exclusividad. Pero lo que sientes ahora es la urgencia de la piel, la victoria de haberme tenido... no es amor, Mikel. Es el triunfo de la memoria sobre el deseo.

Ella se desliza bajo las sábanas. hay roce de sus muslos, contraste de sus pieles. Mikel la abraza. Sus manos comienzan a recorrer la espalda de Zulema con ritmo lento. Ella cierra los ojos.

ZULEMA

Está bien parar en estos hoteles para quitarnos el polvo del camino, como dice tu colega... Pero ayer, cuando Sebastián mencionó que había quedado con "tu bilbainita"... se te paró el pulso. Fue un instante, pero vi tu biografía sentimental entera pasar por delante de mis ojos.

Mikel detiene el movimiento de sus manos.

MIKEL

Confundes la acidez del bacalao con los celos, de verdad. Esa mujer es la herida de Sebastián, no la mía.

Mikel se incorpora un poco. Sus ojos están ahora empañados.

MIKEL (CONT.)

La conoció cuando ella llevaba uniforme de colegio y él ya se creía un hombre. La usó, la dejó, volvió para dejarla embarazada y desapareció otra vez para casarse con otra. Un ciclo de crueldad infinita. Me la encontré hace años en Bilbao, bajo un paraguas roto, y me lo contó todo. Me dejó el alma helada. Y ayer, ese tipo nos cuenta que va a volver a jugar con ella mientras su prometida actual le espera en Barcelona... Es la desfachatez lo que me dolió, Zulema. No ella.

Zulema le observa en silencio. Ve la humedad en sus ojos. Baja su mano por el abdomen de Mikel.

La mano de Zulema acaricia a Mikel. Su erección ha desaparecido.

ZULEMA

Eres demasiado bueno para este mundo, cariño.

Zulema se acerca al máximo y le besa el cuello, subiendo hacia la oreja. Susurrando.

ZULEMA (CONT.)

Tú escuchas las historias ajenas con avidez de novelista, pero te equivocas. Hay amores que solo funcionan así: de forma intermitente. Se aman porque solo se encuentran cuando la marea sube. Si tuvieran que compartir el mismo rollo de papel higiénico y la rutina del desayuno, se odiarían en una semana. Su amor es el privilegio de los que no tienen que convivir.

Zulema lo mira. Empieza a besarlo de nuevo. Mikel cierra los ojos.

ZULEMA (CONT.)

Ahora, deja de arreglar el mundo... y vuelve a este hotel.

Sus cuerpos vuelven a sincronizarse.

FADE OUT.

jueves, 5 de marzo de 2026

EL CULO DE LA PINTORA

 Hace unos años escribí un post EL CULO DE LA PINTORA ES OTRA HISTORIA , pequeño homenaje a una persona admirada. El algoritmo lo ha resucitado y lo he revisitado, haciendo una versión en "stand up" o un soliloquio.

Nano Banana lo ha ilustrado.

El escenario improvisado en el pub de Gros está a oscuras. Se enciende un foco. Celia aparece en el centro, junto con un caballete y un lienzo a medio pintar. Deja un pincel sobre una mesita y mira al público.

- Gabon denoi!

Soy Celia. Ex-telefonista del 112. Un aplauso para la peña que curramos en emergencias, ¿eh? Que entras con 20 años y sales con 40, ojeras de mapache y un tic en el ojo que parece que estás ligando con el de la ambulancia, pero no, es el estrés post-traumático de que una señora de Éibar te llame a las tres de la mañana porque su gato no baja del castaño.

Total, que me cogí la baja. "¿Qué te pasa, Celia?", me decían. Pues que veo muertos, Borja, ¡qué me va a pasar! Así que me puse a pintar. Al principio mis cuadros eran... bueno, como un lunes de lluvia en el muelle de Donostia: todo negro, marrón, burdeos ennegrecido... Parecían manchas de chapapote. Mi marido, Roberto, conocido por Rober, —que es un santo, o un optimista patológico, no lo tengo claro—, me compraba óleos carísimos de Windsor & Newton pensando que así vería yo la luz.

"¡Cariño, vete al monte!", me dijo. Y me mandó al Baztán. A la casa de Txema R. Oinetakogilea, el maestro, el pintor vasco vivo más importante...

Txema. Sesenta años, una cabeza que no le entran las boinas y unas orejas... ¡Redios! Parecían dos alcachofas después de una melé contra el Biarritz Olympique. Fue talonador en el Hernani, así que imaginaos el panorama. Yo llegué allí con mis ojos de bruja y mi pelo negro y aquello fue... bueno, fue una "explosión creativa".

Pasé de ir un día a la semana a quedarme a dormir. Y Roberto, el pobre, encantado de la vida. Venía los fines de semana con botellas de vino de las buenas, nos sentábamos a la mesa con Amaia —la mujer de Txema— y brindábamos por el arte.

Y de repente, ¡clac! Mis cuadros cambian. Adiós al chapapote, hola a la luz. Empecé a pintar desnudos. Específicamente, mi propio culo.

"Celia, hija, qué perspectiva, qué volúmenes", me decía Roberto mientras se convertía en mi marchante. El tío iba por ahí fardando en las sobremesas: El culo de mi mujer está llegando a las mejores colecciones del Estado.

A ver, Roberto, cariño... que lo decía con un orgullo que ni que yo fuera la ganadora de la Bandera de la Concha.

La cosa es que Txema también empezó a evolucionar. En sus cuadros de caseros y pelotaris, de repente, siempre aparecía un culo femenino al fondo. Como un « Easter Egg », pero con celulitis de la buena.

Y llegó el día. La exposición en el Kursaal al Kubo. Amaia, que es una bendición de mujer, entró en el taller sin avisar para decirnos que ya teníamos fecha. Y claro, se encontró con la "colaboración artística" en vivo.

Dice que parecíamos dos galgos en el suelo. Txema encima de mí como una prensa neumática. Yo ahí, con mis nalgas famosas en pleno proceso de inspiración divina. ¿Y qué hizo Amaia? ¿Montar un cristo? ¿Sacar el hacha de cortar troncos?

¡Qué va! Es vasca. Es práctica. Hizo la maleta, se fue a Donostia y le presentó un *Business Plan* a mi marido.

Al final, oye, todos contentos. Roberto se lo pensó cinco minutos. Miró el mercado, miró sus cuentas y dijo:

Mira, yo no quiero ver el culo de mi mujer... a no ser que sea en pintura.

Así que aquí sigo. Yo pinto, Txema empuja, Amaia gestiona y Roberto vende. Tenemos el monopolio de las nalgas en el mercado del arte contemporáneo vasco.

¿Inmoral? Puede. Pero escuchadme bien: después de diez años cogiendo llamadas de gente infartada, si me tengo que ganar la vida con el culo en pompa en un valle del Baztán, ¡ni tan mal, oye! ¡Ni tan mal!

¡Eskerrik asko!


Pequeño homenaje personal a Otto Mueller para terminar.

sábado, 14 de febrero de 2026

AZNAR EN LOS PAPELES DE EPSTEIN PERO NO EN LOS DE CABEZUDO

Nano Banana puso esta imagen, inspirada en el primer viernes de mayo, fiesta en Jaca.

La ventisca arrecia en la silla de La Raca. El viento silba entre los cables congelados y el remonte lleva parado diez minutos. Manu Majors, impecable en su traje de esquí de Bogner, se sacude la nieve de los guantes con elegancia. A su lado, Jon Galtzagorri intenta proteger con la mano un habano que se resiste a morir, mientras exhala un vaho que huele a malta y a viejo pesimismo. Dos cornejas planean contra el viento.

- ¿Sabes, Jon? Estar aquí colgados me hace pensar en la posteridad - se ajusta las gafas protectoras y hace chocar los dynastar para quitarse la nieve -, al final, todos somos solo nombres en los papeles de otros, agendas, correos, alguna foto comprometida en un cajón... Estamos a merced de la memoria ajena.

- La posteridad es un invento para los que no tienen nada mejor que hacer que heredar, Manu. A mí me importa un bledo en qué carpeta me tenga un fiscal o un bedel. Si alguien guarda mi contacto, es su problema; si lo borra, su alivio. Y si el tipo es un delincuente, - chupada forzada en lo que resta del puro -, pues oye, conocer a un mangante no te hace cómplice, solo te hace un hombre de mundo o un abogado, que para el caso es lo mismo.

- Siempre tan pragmático. Me ha encantado la reacción del Director General de Hermès con lo de los papeles de Epstein, el hombre ha estado soberbio, elegancia pura. Ha dicho que conocer a indeseables va con el cargo, pero ha dejado caer que "ya tenía mala fama y no me apetecía tratar con él". Et voilà,  asunto zanjado.

- ¡Ja! Hermès... seda y cinismo. "Va con el cargo", dice. Lo que va con el cargo es el sueldo para pagar a los que limpian las manchas pero,  claro, luego tienes al otro, al de la "pajita" en el bigote.

- ¡Ah, nuestro expresidente! El mediocre que puso activos de España al servicio de una potencia extranjera de tradicional... enemistad hacia nosotros ¡Qué tipo tan ridículo, Jon! Su precio por la traición fue que lo invitaran a ese club de élite mundial para codearse con fantoches.

- Un fantoche entre fantoches. - dando un trago a una peteca de whisky que le ha aparecido en la mano -. Epstein tomó nota de que Aznar existía porque, supongo que hasta la mediocridad puede ser útil. Quizá el pedófilo también pensó que "conocer indeseables iba con el cargo", aunque ya no pueda confirmarlo desde el otro barrio.

- Apuesto mi abono de temporada a que Aznar borró a Epstein de su agenda... pero sospecho que lo hizo después de que el tipo apareciera muerto, no antes. Es una corazonada, claro. No un hecho probado.

- Hechos... ¿Quién quiere hechos? En este país solo importan los papeles según quién salga en ellos. Por cierto, Manu, ya que nos hemos puesto tan "internacionales" con los papeles de Epstein... ¿qué me dices de los papeles de "gure" Cabezudo?

-  ¿Los de San Sebastián? Bien, gracias. Durmiendo el sueño de los justos en algún sótano, supongo.

- Lo de siempre. Unos papeles arden en el Caribe y otros se hunden en el Cantábrico. ¡A ver si arranca este trasto de una vez, que se me está congelando el orgullo gay!

Los dioses de la montaña se apiadan de los congelados esquiadores y la telesilla se pone en marcha para dejarlos en el inicio de la pista, no se paran un instante y se lanzan entre ráfagas de ventisca hacia el refugio de la atiborrada cafetería, donde inteligentes las mujeres de los dos abogados toman chocolate, hoy se ha acabado el esquí.

sábado, 7 de febrero de 2026

LA LUJURIA DEL BIDASOA 1

 Sigo vaciando de trastos la habitación del fondo con la idea de ordenar un poco el piso y sigo encontrando cosas que creía quemadas en la chimeneta de Villanúa.     El 17 de octubre de 1997 acabé de escribir una novelita nunca publicada y hoy, sin buscar, encuentro un capítulo. Lo publico tal cual, sin corregir (dejo a mis dos lectores la ardua tarea de señalarme las pifias, muchas gracias). Le pongo a la IA como ilustrador. 

   Los lehendakaris, como todo el mundo sabe, deben cenar cocina vasca sólo. Ya sea la tradicional ya sea la nueva, pero cocina vasca por los ocho costados. Sin embargo, a este lehendakari se le ocurrió ir a cenar en un restaurante chino. Era el cumpleaños de su quinceañero chaval que insistió en ello. Y allí, en el chino, tomándole la comanda, estaba sonriente, impecable, el japonés. 

   Un lehendakari no tiene por qué distinguir a un chino de un japonés. Pero apenas una semana antes, el lehendakari había inaugurado La Lujuria del Bidassoa, S.A., una fábrica de sucedáneo japonés de angulas bidasotarras. Con subvenciones millonarias de las comunidades autónomas afectadas y ayudas financieras de las diputaciones forales, se había instalado una fábrica espectacular en plena zona industrial, en el declive entre la carretera y el río fronterizo. En ella, metiendo pescados poco apreciados en una especie de picadora electrónica, se producían fideos bicolores que iban a sustituir a las angulas, esas angulas que algunos abuelos aún se empeñan en pescar junto a la Isla de los Faisanes. 

    El lehendakari, vestido como un donostiarra la víspera de su fiesta patronal pero sin el barril, había recorrido las inmaculadas instalaciones -tan inmaculadas como su cocineril atuendo-, en unión de quien le habían presentado como el ingeniero japonés responsable del knowhow, del intérprete y de los dos industriales promotores de la idea. El lehendakari intentó hablar en vascuence con el ingeniero japonés, porque un tío suyo jesuita, hablando despacio euskera, se había misionado aquellas lejanas tierras años ha. Pero el japonés sólo le sonreía y le daba la mano con una inclinación reverencial. Al día siguiente, la prensa afecta había recogido la foto del presidente autonómico y del ingeniero japonés en uno de aquellos apretones con un explicativo pie de foto, suscitando el enfado de los otros cargos políticos vascos que llevaban algún tiempo sin poderse retratar con un alemán, un ruso o cualquier otro foráneo que pareciese confiar mínimamente en nuestro pais. 

El lazo azul que el lehendakari llevaba en la solapa tanto en la visita a la fábrica como en la cena es el símbolo de los que piden inútilmente a Eta que libere a alguno de sus secuestrados sucesivos. El lazo azul destacaba tambien en las fotos que recogieron la inauguración.

   El mosqueo del lehendakari con el servicial oriental fue tremendo. No pudo comer ni un rollo de primavera. El camarero, aterrado por las furibundas miradas que el lehendakari le echaba, se refugió en la cocina y no salió hasta que el escolta armado con un Deia, doblado por la foto de la inauguración, le hizo salir al comedor.

   Identificado el ingeniero japonés como un camarero chino, nuestro lehendakari ordenó una investigación que alcanzó desde la siberiana llanada alavesa -donde se implantó en su día el aparato administrativo de la autonomía vasca-, hasta la cocina de la irunesa sociedad gastronómica donde se había iniciado un año antes el plan estratégico para obtener los fondos públicos. 

   El lehendakari ordenó al Consejero de Industria que presentase una querella criminal contra los responsables de la burla. El consejero, sin encomendarse a nadie, la presentó por la burla y por haber indicios de falsedad en algunos de los documentos en japonés obrantes en el expediente. 

   Y un día de otoño los dos promotores principales de la Lujuria del Bidassoa, S.A. tenían que declarar en el correspondiente juzgado de Irún. 

martes, 27 de enero de 2026

La capital de mi país es Tolosa

El 11 de diciembre del año 2000, yo vivía en el reino de la Zurriola, allí escribí esta cosa, impulsado por la resaca hormonal, cosa que ha sobrevivido a la gran quema, escondida en un remoto rincón. Le pongo ilustración erótica por IA.



La capital de mi país es Tolosa

A este lado de los Pirineos y de la historia

Porque ella está allí

Asomándose sobre el Oria


La capital de mi país es Tolosa

Dibujen los mapas lo que sea

Digan los libros lo que digan

Y ella crea lo que crea

   

Por su cuello del domingo

Mi vista no vuela, navega

No hay llanura sino profundo valle

Y espero, más profunda, su vega.


-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Más que de Tolosa, la musa parece de la Ribera del Duero como el buen vino.

domingo, 18 de enero de 2026

OASIS VASCO



8 de julio, el rastro de la pólvora todavía flotaba en el aire, aunque la batalla se hubiera librado entre legajos, libros de actas y balances de sumas y saldos. Jon Galtzagorri, el togado, regresaba a San Sebastián con el sabor amargo de quien ha ganado una guerra para descubrir que el terreno conquistado estaba minado de antemano.
Todo había empezado un par de meses atrás. Un pleito mercantil de los que quitan el sueño, de esos donde la cuantía tiene demasiados ceros y el honor de las partes se mide en dividendos. Galtzagorri, perro viejo en estas lides, se había echado el asunto a la espalda junto a sus colaboradores. La apelación fue una carga de caballería en toda regla: un tema árido, seco como el esparto, donde explicar la realidad de una empresa a tres magistrados es como intentar describirle el color de la mar a un ciego de nacimiento. Galtzagorri, que tiene lecturas y memoria, siempre recordaba las sombras de la cueva de Platón al entrar en sala; allí dentro, la vida real es solo un reflejo confuso que los jueces vislumbran entre bostezos y formalismos.
Salió de la vista exhausto, con la boca pastosa y la sensación de haber vaciado el cargador. Pero lo hizo con la íntima satisfacción del que ha dado en el blanco: el letrado contrario se había quedado balbuceando, desarbolado por la lógica de Galtzagorri.
La noticia llegó un mes después, pero no por los cauces que manda la decencia. Le llamó el cliente desde Madrid – sus negocios le habían llevado a vivir en la villa y corte -.
—Ha salido la sentencia, Jon. Ganamos. Todo a favor.
Ni un «gracias», ni un «buen trabajo». Galtzagorri, que es vasco y hombre de modales antiguos, tragó saliva ante la descortesía, pero el verdadero zarpazo llegó cuando sacó la cuenta de los honorarios en la conversación. Al otro lado de la línea, la voz del cliente sonó con una naturalidad que helaba la sangre:
—Oye, ¿y de esa minuta tengo que descontar lo que ya le solté al Magistrado Presidente?
Ahí se acabó la elegancia. El Presidente de la Sección era un tipo peculiar, de esos que en la sociedades gastronómicas o, lo que es lo mismo, en los mentideros de San Sebastián despiertan sospechas o risas, según el día. Unos decían que era un tonto de remate; otros, con más colmillo, que era un corrupto de los de sobre y mano extendida. Galtzagorri, que prefiere la estupidez a la maldad por pura higiene mental, se inclinaba por lo primero, a pesar de que el tren de vida del juez —viviendas, viajes y lujos que no se pagan con un sueldo del Estado— gritaba lo contrario a los cuatro vientos.
Se citaron, al día siguiente,  en Casa Ojeda, en Burgos, porque esas cosas no se hablan por teléfono ni en despachos con paredes de cristal. Entre el aroma del cordero asado y el vino de la tierra, el cliente soltó la lengua. La historia era vieja como el mundo. Un economista, de esos que siempre orbitan como buitres en las suspensiones de pagos y que Galtzagorri conocía de algún expediente turbio, se había pasado por casa del cliente en una urbanización cerrada. Diez millones de pesetas sobre la mesa para asegurar el tiro. El intermediario sabía hasta el último punto y coma del caso, información de primera mano servida por el propio juez.
—Me dijo el fallo exacto y la fecha en que se publicaría —confesó el cliente, limpiándose los labios con la servilleta—. Me pidió que no te dijera nada hasta entonces.
Ese era el último clavo. Galtzagorri recordó que, cuando el cliente le dio la noticia, llamó al procurador y la sentencia no aparecía. Incluso allí mismo, en Burgos, mientras comían, volvió a preguntar. Nada. Un fallo informático en la Audiencia había retrasado la notificación oficial unos días.
Jon Galtzagorri miró el fondo de su copa de vino. Había ganado el caso, sí. Su estrategia había sido brillante y su exposición impecable. Pero en aquel tablero de sombras, su talento solo había sido el decorado para que otros hicieran caja. San Sebastián se perfilaba en el horizonte, fría y lluviosa para variar, mientras Galtzagorri comprendía que, a veces, la justicia no es ciega, sino que simplemente está esperando a que alguien le pague el precio adecuado.
La noche era una boca de lobo - ¿dónde estaban las estrellas? -, a lomos de la nacional, de esas que en España huelen a gasoil, a soledad y a cuenta pendiente. Galtzagorri detuvo el coche, entre un par de camiones de un transportista conocido de Zaisa,  frente a un neón que parpadeaba con una desgana casi humana: “El Oasis”. Un nombre optimista para un garito de carretera donde la esperanza se pudre antes de que cierren la barra.
Entró con los hombros cargados, todavía sintiendo en el paladar el regusto graso del cordero de Burgos y la bilis de la traición. Se sentó en un taburete de escay rajado, pidiendo un whisky de marca conocida para no tentar a la suerte más de lo estrictamente necesario. Detrás de la barra, un sosías de Arturo Pérez Reverte actuaba de barman, como un secundario de comedia española.
A su lado, apoyada en la barra con la indolencia de quien ha visto naufragar a muchos hombres, había una chica. Joven, de rasgos suaves y ese acento dulce, musical, que llega del otro lado del Atlántico para decir verdades amargas. Colombiana, apostó Jon.
—Tiene cara de haber perdido un hijo, caballero —dijo ella, sin mirarlo, observando su propio reflejo en el espejo turbio de las botellas.
Gaktzagorri soltó una risa seca, que sonó a cristales rotos.
—Peor, hija. He descubierto que he ganado una batalla que ya estaba comprada.
Ella se giró despacio. Tenía unos ojos oscuros, inteligentes, que habían aprendido a leer a los tipos como él en las distancias cortas.
—Eso duele en el orgullo, ¿verdad? —sonrió ella con una tristeza antigua—. En mi tierra decimos que el que paga para ganar, nunca sabe si es bueno en lo suyo. Pero el dinero es un lenguaje que todos entienden, desde Medellín hasta aquí ¿Me invitas a lo mismo?
Galtzagorri asintió con la nariz y dio un trago largo. El alcohol le quemó la garganta, pero no pudo apagar el incendio del pensamiento. Diez millones, se dijo. Diez kilos entregados a un intermediario con olor a despacho barato y a café recalentado. Recordó al magistrado, ese tipo pintoresco que jugaba a ser juez mientras se llenaba los bolsillos. En este país de pícaros y de hidalgos de vía estrecha, la justicia no era una balanza, sino una subasta de pescado al mejor postor.
Había pasado semanas puliendo la apelación, buscando la palabra exacta, el argumento jurídico que hiciera luz en la caverna de esos jueces de provincias. Y todo para nada. Su retórica, su conocimiento del derecho mercantil, su pasión en sala… todo papel mojado. Mientras él citaba a Mucius Scévola, un economista de medio pelo contaba billetes en un salón de estar.
—Lo peor —murmuró Galtzagorri, más para sí mismo que para la chica— es que la sentencia es perfecta. Si el juez fuera honesto, habría firmado lo mismo. Pero ahora ese papel no vale ni el sello que llevará. Está manchado.
La chica apoyó una mano pequeña, de uñas pintadas de un rojo violento, sobre la manga de su chaqueta.
—No sea usted tan romántico, patrón. En este mundo, el que tiene el oro hace la ley. Usted hizo su trabajo. El resto… el resto es el negocio de la vida. ¿O es que a sus años todavía cree en los finales limpios?
Galtzagorri la miró. Bajo la luz amarillenta del local, comprendió que aquella mujer y él, a pesar de los abismos que los separaban, estaban en el mismo bando: el de los que saben que el mundo es un lugar sucio, donde la dignidad es un lujo que se paga demasiado caro.
—No —respondió Galtzagorri, dejando unos billetes sobre la barra que cubrían de sobra la consumición—. A mls años ya solo creo en el silencio y en que mañana lloverá en San Sebastián.
Salió al calorcillo de la noche, dejando atrás el neón y la música barata. Al arrancar el motor, pensó que el verdadero problema no era que el juez fuera un corrupto o un tonto. El problema era que, a partir de ahora, cada vez que ganara un caso, se preguntaría cuánto le habría costado al cliente el favor de su señoría. Y esa duda, como el óxido, acaba por devorarlo todo.
Cuando el papel llegó por fin al despacho, la sentencia era un calco, palabra por palabra, de lo que el intermediario había vendido por diez millones de pesetas.

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Cuando el 30 de junio de 2005 cerré una etapa de mi vida profesional me encontré en mi casa una montaña de carpetas, folios, discos compactos, primitivos discos duros… montaña inclasificable y que me siguió unos años en los que tuve hasta tres locales como depósito de recuerdos varios. Todo prescribe, llegó un día en que los datos allí contenidos eran una molestia y hacer una selección una tarea ingrata. El fuego me echó una mano. He creido hasta hace poco que nada de antes del 30 de junio de 2005 quedaba en mi poder. 
Por razones de falta de espacio en mi actual vivienda, estoy destruyendo otros veinte años de “papeles” y ¡cosas de la vida! me encuentro cosas que no tenían que estar en este mundo, sobre todo, cosas literarias. Me apetece publicarlas. Procuro respetar el original pero hay actualizaciones inevitables a realizar. Confío las actualizaciones a la Inteligencia Artificial, herramienta que no existía cuando nacieron de mi imaginación, porque todo, absolutamente todo lo que consta en ese cuaderno es fruto de mi imaginación, solo puede ser fruto de mi imaginación, estas cosas no pasan en Euskadi.   






 

jueves, 15 de enero de 2026

GAVIOTAS

 El 13 de julio de 1998 me pegué un empacho de Luis García Montero, estaba mal. Me había traído el viento un golpe de nostalgia de un paréntesis estúpido de mi vida, en que creí estar enamorado de verdad, un espejismo absurdo, un puro espejismo - también lo he pensado con t -. Escribí unas líneas poco después que hoy ilustro y completo con Nano Banana y Gemini... lo de la IA y Donostia es una chapuza evidente.

A LO LEJOS…

En el pais de los vascos, para el día de la virgen marinera del Carmen y no estás. La calzada empedrada de tu espalda la caminan otros dedos. Las colillas de tus pechos las apuran otros labios... Yo me apoyo en el atractivo vacío, mientras las gaviotas silenciosas planean en el viento. Punta Monpás tiene un mostacho blanco, No hay cuerpos desnudos en la arena -alguna vez en un espejismo me pareció verte pero nunca eras tú en los catalejos-, sólo negros adolescentes en sus tablas como animales marinos otean en espera de la mejor ola que tampoco llega nunca. Y ahora, el sonido de la resaca apenas tapa la música que pongo repetidamente -estos franceses de toda mi vida que ponen sus palabras como siquiatras alcohólicos a mi servicio-. Un velero entre las rompientes se escora con peligro. Cojo los catalejos una vez más: se llama "Zigor". Las gaviotas ya no están mudas, quizá se rían de mí, porque parece que te llamen…

El eco de la traición tiene un sabor a salitre y a tinta de periódico viejo. En la  Zurriola, el aire pesa como una confesión que nadie se atreve a pronunciar en voz alta. Las gaviotas gritan tu nombre con esa crueldad de quien conoce de memoria mis derrotas. Ya no me sirve el refugio de los cantautores franceses; sus voces son ahora ceniza en el mismo cenicero donde tú olvidabas las horas. Me pregunto en qué redacción estarás dictando ahora la verdad, tú, que has convertido nuestra historia en una noticia de última hora, en un titular de sucesos que ya no me pertenece.

Miro el Zigor luchar contra el oleaje. Es un barco pequeño, obstinado, casi ridículo en su empeño de no hundirse. Me parezco a él: un casco golpeado por la desidia y una vela que todavía guarda el rastro de un viento que ya no sopla. Pero incluso el mar más amargo termina por devolver lo que no le pertenece a la orilla.

Bajo los catalejos. El metal frío me deja una marca circular en el pómulo, como una medalla al mérito por haber mirado demasiado tiempo hacia el lugar equivocado. Punta Monpás sigue allí, indiferente a mi naufragio personal, y los surfistas siguen esperando esa ola perfecta que, ahora lo entiendo, no es la que llega, sino la que uno decide surfear a pesar de todo.

Ya no quiero ser el espectador de tu ausencia. Me aparto de la barandilla y el vacío deja de ser atractivo para volverse, simplemente, aire. Entro en el salón, apago la música de esos alcohólicos franceses y dejo que el silencio del apartamento sea el primer folio en blanco de una crónica distinta.

Me pongo la chaqueta de lino, la que tanto te gustaba y que ahora solo me gusta a mí. Bajo las escaleras sin mirar atrás, con el paso decidido de quien sabe que la ciudad, a pesar de todo, sigue viva más allá de tu espalda. Cruzo hacia la calle San Francisco. Quizá en algún bar de Gros, alguien esté pidiendo un vino con la misma soledad que yo, esperando que un desconocido le pregunte por el nombre de un barco o por el sentido de una canción. Voy a buscar unos ojos que no sepan quién eres, una risa que no tenga el ritmo de tus exclusivas. Mañana será otro día de la Virgen del Carmen, pero hoy, por fin, ha dejado de llover en mi memoria.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Otro de los papeles, he encontrado una tonelada, que no ardieron en la chimeneta de Villanúa. La arruga es bella, se decía en aquellos años de chaquetas de lino de Adolfo Domínguez, pero ella no las consideraba bellas porque las masacró con cirugía que no resultó nada estética. Cosas de la vida, de la vida de Gros. Ahora celebro más la Magdalena, la santa pecadora, que la Carmen, la santa pescadora. 
"Zigor" = castigo

lunes, 5 de enero de 2026

EN LA SALA DE ESPERA

A veces el algoritmo incomprensible me trae textos desde el túnel del tiempo, éste es del 15 de noviembre de 2001. Le he pedido a la IA que lo ilustre y que me lo traduzca al francés:


Français:

Elle se sentait terriblement déprimée en entrant dans le cabinet de l'avocat. La réceptionniste était habillée comme une de ces femmes qui traînaient devant le club de strip-tease du coin de sa rue. Elle se sentait encore plus déprimée, mais il lui fallait trouver une solution, et une amie lui avait recommandé cet avocat hors de prix. Cette pute – elle n'en doutait plus – lui a fait atteindre cinq bonnes minutes avant de lui prêter attention. Debout là, elle a dû supporter ses rires étouffés et ses commentaires au téléphone sur son week-end, jusqu'à ce qu'elle lui dise enfin de s'asseoir dans une salle d'attente climatisée. Elle a senti le bout de son nez geler et a réprimé un éternuement tandis que la traînée répétait sans cesse ses rires, ses commentaires, ses week-ends, ses détails insignifiants… à d'innombrables auditeurs à l'autre bout du fil. Elle s'imaginait que sa vie passerait entre ces mains aux faux ongles, que ses papiers seraient examinés par ces yeux maquillés au rouleau, et que peut-être ses données les plus intimes seraient pressées contre ces seins débordant d'une structure de soutien évidente… L'angoisse lui montait à la tête et commençait à lui couler par le nez, sous forme de morve qui ne gelait pas grâce au sel de ses larmes. Plus de dix minutes s'étaient écoulées depuis l'heure convenue, et le souteneur – elle était sûre que l'avocat était le souteneur de la prostituée – ne daigna pas la recevoir. Heureusement qu'elle avait emporté ce couteau de cuisine bien aiguisé dans son sac, au cas où.

Español:

Se sentía muy deprimida cuando entró en el despacho del abogado. La recepcionista estaba vestida como una de las que se asomaban a la puerta del puticlub de la esquina de su casa. Se sintió más deprimida pero tenía que encontrar una solución a su problema y una buena amiga le había recomendado aquel abogado carísimo. La puta –ya no dudaba que fuera una puta-, tardó cinco minutos de reloj en hacerle caso. De pie tuvo que escuchar sus risitas y comentarios al teléfono sobre el fin de semana pasado, hasta que le mandó sentarse en una sala de espera con aire acondicionado. Notaba congelarse la punta de la nariz y reprimía sus ganas de estornudar mientras que la golfa repetía una y otra vez risitas, comentarios, fines de semana, detalles estúpidos… a innumerables oyentes del otro lado de la línea. Pensó que su vida iba a pasar por aquellas manos de uñas artificiales, sus documentos iban a ser examinados por aquellos ojos pintados a rodillo y posiblemente sus intimidades se apoyarían contra aquellas tetas que desbordaban por encima de un andamiaje evidente… La angustia estaba ocupando su  cabeza y se empezaba a escapar por su nariz en forma de mocos que no se helaban porque la sal de sus lágrimas lo impedían. Habían pasado más de diez minutos de la hora concertada y el chulo –estaba segura que el abogado era el chulo de la zorrona-, no se dignaba recibirle. Menos mal que, por si acaso, había traído en el bolso aquel cuchillo de cocina tan afilado.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

NOCHEBUENA EN EL DIARIO DE UN BASAJAUN

 El basajaun, nuestro yeti vasco, no es una especie en peligro de extinción, sigue vivo en nuestros bosques, incluso en los bosques artificiales de pino de papelera - yo me lo he encontrado estudiando las pinturas de Ibarrola por un bosque del Urdaibai -. El basajaun ha escrito sus memorias de la época en que ejerció de abogado y yo me he limitado a escribir algún guion de telenovela a partir de lo que me ha dictado en encuentros posteriores, usando de la ayuda de la IA sin escrúpulos, como en la imagen.


ESCENA 3: DESPACHO DEL DECANO - COLEGIO DE LA ABOGACÍA (DÍA)

CONTEXTO: Un despacho imponente, con paredes forradas de libros jurídicos antiguos, los “aranzadis” y olor a madera cara. El DECANO (65, sobrio, cansado) termina de leer la carta enviada por Nekane. El VICEDECANO (50, más pragmático, con una tablet en la mano) espera de pie frente a él.

DECANO (Deja la carta sobre el escritorio del despacho con un suspiro) Es de la secretaria de Anttón. Bueno... de su "mano derecha". Es una denuncia formal contra Pelayo Covadonga. 

VICEDECANO (Se acerca) ¿Por lo de la reunión? ¿El secreto profesional y el documental de las plataformas? 

DECANO Exacto. Anttón asegura que Covadonga falseó sus notas y que usó su imagen judicial sin permiso para atacar a personas. Jurídicamente... es un misil. El secreto profesional ha sido pisoteado. 

VICEDECANO (Mira su tablet) Decano, antes de que decidas nada, echa un vistazo a esto. Pelayo Covadonga acaba de subir un vídeo. Tiene muchos seguidores. En los comentarios lo llaman "el azote de los corruptos".

DECANO (Se quita las gafas, frotándose el puente de la nariz) Es un *influencer*, un *youtuber*... más que un abogado. Pero tiene el altavoz más grande que el nuestro, ya lo sé, sus seguidores son conspiracionistas de la extrema derecha hispana… están en la cresta de la ola ahora, amparados por la fachosfera y muchos idiotas juveniles que no han leído un libro en su vida.

VICEDECANO Si abrimos un expediente disciplinario ahora, mañana tendremos a mil personas en la puerta gritando que el Colegio protege a violadores y a sus socios. Covadonga nos presentará como "la vieja guardia" que quiere callarlo. 

DECANO Anttón tiene setenta y cinco años. Está en el hospital, Nekane dice que sus días están contados. Alguno de los ofendidos ya no está en esta vida para defenderse. Si procedemos contra Covadonga... ¿qué ganamos? 

VICEDECANO Ganamos integridad, quizá. Pero perdemos la paz social del Colegio. Y Covadonga se alimentará de nuestro ataque para producir tres capítulos más de su serie con el Baltasar Frechilla de las narices.

DECANO (Mira la carta de Nekane y luego una pila de otras quejas similares sobre la mesa) La abogacía era un oficio de silencios, de caballeros. Ahora es un espectáculo de “likes”. 

DECANO (Toma la carta de Nekane y las otras quejas. Se levanta y camina hacia la destructora de papel en la esquina del despacho) 

VICEDECANO ¿Estás seguro? 

DECANO Anttón es un buen hombre. Un gran togado. Pero su tiempo ha pasado. Y el nuestro se está acabando. No voy a convertir este Colegio en el decorado de un vídeo de YouTube. 

SONIDO (El zumbido monótono de la destructora de papel llena la habitación mientras la carta de Nekane desaparece en tiras finas) |

DECANO (Volviéndose, con voz gélida) Díle a la Sra. Nekane, si vuelve a preguntar, que la carta "nunca llegó por los cauces oficiales". Que se pierda en el archivo... o en el olvido. |

CÁMARA 1: Plano corto del rostro impasible del Decano.

CÁMARA 2:Plano general del despacho, los dos hombres en silencio mientras la máquina termina su trabajo.

FUNDIDO A NEGRO.


Jai zoriontsuak guztioi!!!

martes, 23 de diciembre de 2025

MÁS DE LAS MEMORIAS DE UN BASAJAUN

 El basajaun, nuestro yeti vasco, no es una especie en peligro de extinción, sigue vivo en nuestros bosques, incluso en los bosques artificiales de pino de papelera - yo me lo he encontrado estudiando las pinturas de Ibarrola por un bosque del Urdaibai -. El basajaun ha escrito sus memorias de la época en que ejerció de abogado y yo me he limitado a escribir algún guion de telenovela a partir de lo que me ha dictado en encuentros posteriores, usando de la ayuda de la IA sin escrúpulos, como en la imagen.


INT. HABITACIÓN  NOCHE

El sonido del monitor cardíaco de PANTXO marca un ritmo lento pero constante: Beep... beep... beep… Edu y Ane están a ambos lados de la cama. Pantxo tiene los ojos entreabiertos, desenfocados. Sus manos  parecen de papel gris y arrugado.

PANTXO  (Voz de lija, apenas un hilo)

¿Está... está ella fuera?

EDU (Con frialdad)

Si te refieres a  la amá, sí. Está tomando café. Si te refieres a Elisa... olvídate de ella, coño.

PANTXO (Cierra los ojos, una lágrima se pierde en la arruga de su mejilla)

Tengo... tengo que decirles... el dinero… la cadena… el laberinto… el hilo que hay que seguir...

ANE

Ya no importa el dinero. Basajaun acaba de caerse redondo en el hall. Parece que a tu abogado también le ha dado un ataque.

Pantxo abre los ojos de golpe. El pánico cruza su rostro. Intenta incorporarse, pero los cables lo retienen.

PANTXO

¿Antton? No... si él muere... los papeles... la fiscalía... el hijoputa no se me puede morir sin mi permiso ¡Hostias! ¡Tenéis que recuperar su maletín! ¡Edu! ¡Hijo! ¡Id abajo! ¡Si ese maletín cae en manos de la ertzaintza, todos a la cárcel!

Edu y Ane se miran. Por primera vez en años, no hay reproches entre ellos, sino una oscura complicidad. Miran a su padre, no con amor, sino como se mira a los monos, desesperados en su encierro del zoo.

EDU

Tranquilo, Pantxito. Descansa. Ahora somos nosotros los que vamos a gestionar "la empresa".

Edu se da la vuelta y sale de la habitación con paso decidido hacia el hall del hospital.

FADE OUT.


lunes, 22 de diciembre de 2025

BASOZABAL NO ES LA MECA DEL GOLF



Escribir guiones sobre temas diversos. Repescar cosas escritas y darles nuevas formas. Jugar con la IA que te da ideas e ilustraciones como ésta:



EL CÓDICE DEL DESIERTO

ESCENA 1. 

CAMPO DE GOLF - DÍA

SINOPSIS DE IMAGEN:

Planos cortos de una bola de golf sobre el *tee*. Al fondo, las colinas verdes de Donostia - San Sebastián. JON GALTZAGORRI (67 años, complexión fuerte, mirada escéptica) se prepara para el swing. MANU MAJORS (65 años, elegante, con un aire de profesor de Oxford) observa apoyado en su carrito eléctrico para la bolsa de palos.

SONIDO: El impacto seco del palo contra la bola.

JON (Siguiendo la bola con la mirada)

¡A la derecha! Como todas tus teorías, Manu. Te lo digo yo: la Torah, la Biblia, el Corán... Da igual el nombre. Son manuales de instrucciones escritos por la élite para que el pueblo no se desmande. El "opio" en formato bolsillo.

MANU (Sonríe, camina hacia el fairway)

Siempre tan sutil, Jon. Eres como cuando jugábamos: entras a la melé sin mirar quién tiene el balón. Pero el Corán no es "un libro" que alguien se sentó a escribir en un despacho para controlar a las masas. Su origen es... mucho más caótico. Más humano.

JON

¿Humano? Si los conversos, por desgracia yo conozco alguno,  dicen que se lo dictó un ángel a un tipo en una cueva. Eso es puro marketing, socio. Un relato para darle autoridad a un caudillo.

MANU

Ahí te equivocas en la cronología. Mahoma era analfabeto, Jon. No sabía leer ni escribir. Imagínatelo: un hombre que no puede firmar un contrato, recibiendo ráfagas de poesía compleja, rítmica, durante veintitrés años. Desde el 610 hasta su muerte. No hubo un "escritor". Hubo una voz.

ESCENA 2. EL GREEN DEL HOYO 4 - CONTINUACIÓN

SINOPSIS DE IMAGEN:

Caminan por el césped. Manu gesticula con las manos, trazando mapas en el aire.

MANU

Piensa en el proceso jurídico, que es lo nuestro. No hay un acta notarial única. El Arcángel Gabriel le "recitaba" a Mahoma, y él, como un transmisor, lo soltaba a sus seguidores. Eran fragmentos. Píldoras de revelación que caían mientras él caminaba por el pedregal.

JON

Vale, compro que el tipo fuera analfabeto. Pero alguien lo puso por escrito. Y ahí es donde entra la manipulación. Alguien decidió qué se quedaba y qué se borraba.

MANU

Es que ese es el punto. Durante su vida, el Corán vivía en la cabeza de los *hafiz*, los memorizadores, que seguían al profeta mientras predicaba. Gente que, como los árbitros con el reglamento del Rugby, se sabía cada coma de memoria. Pero también se escribía en lo que tenían a mano. ¿Sabes dónde se registraron los primeros versículos?

JON (Irónico)

¿En pergamino de alta calidad foliado y timbrado con póliza del Estado, aún no islámico?

MANU (Se detiene y lo mira fijamente)

En omóplatos de camello, en piedras planas, en hojas de palmera... Era un libro grabado por los pocos que sabían hacerlo en lo que sacaban del desierto. Mahoma no tenía una visión global del mundo, Jon. Para él, la Tierra era una gran alfombra extendida bajo el cielo. Su cosmogonía terminaba donde alcanzaba su vista en la comarca. Él no escribía para la posteridad de una biblioteca; él hablaba para la supervivencia de su tribu.

ESCENA 3. JUNTO AL BÚNKER DE ARENA - CONTINUACIÓN

SINOPSIS DE IMAGEN:

Jon está en el búnker. Intenta sacar la bola. La arena salta.


JON (Saliendo del búnker)

Y entonces el tipo se muere. Se queda un vacío de poder. El líder se va y no deja un manual de instrucciones encuadernado. ¡Eso es una receta para la guerra civil!

MANU

Exacto. Y ahí es donde tu teoría del "poder" tiene un hueco. Al morir Mahoma, el mensaje estaba en peligro. Los memorizadores supervivientes empezaron a morir en las batallas entre facciones. Si moría el hombre que recordaba el verso, el verso desaparecía para siempre. No hubo un plan maestro de control, hubo un ataque de pánico entre los descendientes, las viudas, los jefes de cada partido...

JON (Limpia su palo de golf)

Entonces, me estás diciendo que el Corán que conocemos es una labor de arqueología de urgencia.

MANU

Exacto. Una transición del relato oral fragmentado a un texto canónico para evitar que el mensaje se disolviera como el humo. El Corán es el resultado de una comunidad intentando no olvidar su identidad cuando su única fuente directa de "conexión con lo divino" se había ido a la tumba.

JON (Camina hacia el siguiente hoyo, pensativo)

Sigo pensando que los que unificaron esos trozos de hueso y palmera sabían muy bien lo que hacían para consolidar el Califato... Pero reconozco que la imagen de un libro escrito en huesos de animal tiene más épica que mi teoría del "comité de sabios".

MANU (Le da una palmada en la espalda)

Es que la historia, como el rugby, es más sucia y real de lo que dicen los libros de texto, Jon. Salgo yo.

JON

Venga. Pero esta vez, intenta que tu golpe no sea tan "metafísico" y se quede en la hierba.


domingo, 21 de diciembre de 2025

MEMORIAS DE UN BASAJAUN

 El basajaun, nuestro yeti vasco, no es una especie en peligro de extinción, sigue vivo en nuestros bosques, incluso en los bosques artificiales de pino de papelera - yo me lo he encontrado estudiando las pinturas de Ibarrola por un bosque del Urdaibai -. El basajaun ha escrito sus memorias de la época en que ejerció de abogado y yo me he limitado a escribir algún guion de telenovela a partir de lo que me ha dictado en encuentros posteriores, usando de la ayuda de la IA sin escrúpulos, como en la imagen.


 EL INFARTO DE NAVIDAD

(Borradores para un largometraje vasco)

INT. COCINA – DÍA

La cocina fue de un diseño minimalista, fría, con acero inoxidable pero el paso del tiempo la ha envejecido lo suficiente para que hoy sea un espacio amarillento ahumado y  confortable para moverse en ella. Los ventanales dan a unas montañas vascas fácilmente reconocibles, ahora cubiertas por la bruma. PANTXO (75) pica cebolla con precisión quirúrgica. Viste un delantal caro sobre una camisa de marca. Tiene un vaso de vino tinto a medio terminar  a su lado. Sobre la encimera, destaca un sobre abierto con el membrete de BASAJAUN & ASOCIADOS ABOGADOS. El texto en negrita reza: ÚLTIMO AVISO DE PAGO.  Pantxo deja el cuchillo. Se masajea la sien.

PANTXO (Entre dientes)

Antton, cabrón... No te atreverás ¡Hostia! Treinta años tapándote los vicios para que ahora me vengas con amenazas de ética profesional ¡Me cago en todo!

Mira por el ventanal. En el exterior, vemos a AMAIA (72) de espaldas, arrodillada en la huerta, moviendo la tierra con parsimonia. Pantxo suspira y da un trago largo al rioja crianza. El teléfono móvil vibra violentamente sobre el granito. En pantalla: ELISA. Pantxo duda. Se limpia las manos en el delantal y descuelga.

PANTXO (Voz baja, tensa)

Te dije que no me llamaras cuando estoy en casa, Elisa¡Hostias benditas! Los chicos están al llegar de un momento a otro.

ELISA (Voz Off) (A través del teléfono, con tono afilado)

¿Y qué quieres, Pantxo? ¿Que me quede aquí mirando las musarañas mientras tú juegas a la familia feliz en tu caserío de diseño? Estoy sola. Y estoy harta.

PANTXO

Mañana es Nochebuena. Sabes que es imposible, mecagüen...

ELISA (V.O.)

Imposible es que yo siga figurando como titular de tus cuentas mientras tú no tienes ni el detalle de invitarme a cenar. No soy solo tu puta en Aragón, Pantxo. Soy la que te guarda los cadáveres en el armario.

PANTXO (Tratando de calmarse)

Cariño, entiende... Mis hijos están sensibles. Los negocios no han ido bien y...

ELISA (V.O.)

¡Tus hijos me importan un bledo! Inventa algo. Di que soy una socia que se ha quedado tirada por el temporal. Si no estoy ahí mañana por la noche, el día 26 voy a fiscalía aquí – que he conocido a un fiscal que es un cielo de tío -, y les explico de quién es realmente el dinero de mi empresa de logística.

Pantxo siente un pinchazo agudo en la base del cuello. Se afloja el botón superior de la camisa.

PANTXO

Elisa, no me presiones... me estoy encontrando mal.

ELISA (V.O.)

No me vengas con cuentos chinos de salud. O me envías un coche a buscarme, o ardes con Basajaun y con tus hijos. ¡Tú eliges!

Elisa cuelga. El silencio de la cocina se vuelve ensordecedor.


---

domingo, 14 de diciembre de 2025

EL ARCÁNGEL CABERNET SAUVIGNON

El lujoso y silencioso automóvil del Marqués de Altamira, un vehículo que bien podría haber salido de una película de ciencia ficción pero había salido de Tesla -antes de que Elion se mostrara tan gilipollas -, devoraba kilómetros en la autopista francesa, dejando muy atrás el atasco camionero de Biriatou. Dentro, dos figuras imponentes, dos viejos amigos con las cicatrices de muchas melés compartidas: el Marqués de Altamira y el Barón de la Florida. El destino era en los alrededores de Burdeos, Le Barp, una comida de antiguos rugbiers en un restaurante entre pinos y resinas. La conversación había derivado a una historia que se refería por el barrio de Hernani donde vive el Barón sobre la aparición de un arcángel en un bajo convertido en vivienda a la mujer de la limpieza del bar que lo utiliza de almacén.

- Te lo digo, Barón, esta carretera me recuerda a la vida: tú te fijas en las nubes y los mensajes celestiales, y yo me concentro en el GPS y la velocidad media. Me has dejado pensando con lo de la existencia de seres sobrenaturales que comentan por tu barrio junto a la Cuesta del Infierno ¿Pedro Botero, Lucifer?. ¿Ángeles y arcángeles? De verdad, no entiendo cómo en pleno siglo XXI la gente sigue creyendo esas historias de apariciones, sea la que sea la religión.

- Y yo te diré, Marqués, que a veces el GPS solo te muestra el camino que ya está hecho, mientras que las historias, aunque te parezcan ficciones, apuntan a una dimensión profunda de la experiencia humana. No se trata solo de "creer", sino de comprender por qué estos relatos de encuentros angélicos son pilares en las grandes tradiciones espirituales. Tienen una función religiosa y social innegable.

El Barón miró el Adour hinchado por la marea alta y las lluvias de estos días y ajustó su postura, preparándose para el repaso histórico, como si estuviera dando una clase magistral. El Marqués agradeció haberse tomado el café solo por la mañana, porque la monotonía de las Landas y la brasa que le iba a dar el copiloto, acumuladas, eran un peligro para la conducción segura.

- Miremos los ejemplos. Hablamos de la intervención de mensajeros divinos en momentos fundacionales o de crisis vital. El Arcángel Gabriel se aparece a la Virgen María para anunciarle que concebirá a Jesús, el Hijo de Dios con un mensaje clave: La revelación de un plan divino supremo, la encarnación. También, en el Antiguo Testamento, ángeles advierten a Lot sobre la destrucción de Sodoma. El mensaje es de juicio y salvación. Se cree que el Arcángel Yibril (Gabriel) se apareció al Profeta Mahoma en la cueva de Hira y le dictó, o le transmitió, el texto del Corán, la palabra de Dios (Alá). Mensaje: La entrega de la Ley y la última revelación. Es la fuente directa de la fe islámica. El joven Joseph Smith fue guiado por el ángel Moroni, quien le reveló la ubicación de unas planchas de oro que contenían la historia del pueblo nefita en América. Smith tradujo estas planchas, dando origen al Libro de Mormón. Mensaje Clave: La restauración de la Iglesia de Cristo de los Santos en los últimos días y la provisión de una nueva escritura sagrada que se difunde por unos chicos muy bien educados y muy pesados que te visitan en casa a la hora en que te viene mal recibir a un par de pelmas...

-  ¡Es una lista estupenda de pacientes de psiquiatría! Una mujer joven embarazada de no sabe quién que tiene una alucinación hipnagógica, un hombre en una cueva que experimenta una psicosis religiosa, y otro que encuentra planchas de oro que solo él puede ver. En todos los casos, el "mensaje" es una justificación para fundar una religión o darle un giro radical a una existente. Es el mecanismo perfecto para que una persona se erija como profeta, santo o gurú.

- Es justo ahí donde la filosofía y la ciencia deben entrar. Estás atacando la forma, no la función. Permite que yo pueda presentar el otro lado.

El Marqués activó el control de crucero a 137 kilómetro por hora, aprovechando que había menos camiones portugueses que de costumbre. La línea recta de la autopista era el reflejo de su mente. Hay situaciones que prefiere evitar pero la amistad tiene un precio a pagar.

- La ciencia, Barón de los huevos cuadrados, ofrece explicaciones inmanentes que están dentro de la experiencia y la materia, no trascendentes, que vienen de fuera. La aparición de una figura luminosa o una voz que da instrucciones claras es el libro de texto de las alucinaciones auditivas y visuales. Estas pueden ser provocadas por: Trastornos Psicóticos, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, donde el individuo pierde el contacto con la realidad consensuada. Por estados de privación, como largos períodos de ayuno, meditación extrema o privación del sueño que pueden alterar la química cerebral y llevar a estados alterados de conciencia que se interpretan culturalmente como encuentros divinos. Por  “Experiencias Cercanas a la Muerte”  de personas que han sufrido un trauma o un paro cardíaco, y que a menudo reportan encuentros con "seres de luz". El consenso médico apunta a una respuesta bioquímica del cerebro ante la falta de oxígeno, como la liberación de dimetiltriptamina (DMT). Y yo me estoy meando y además hay que cargarle las pilas a este juguete.

La parada en el área de descanso, desbordada de camiones de todas las matrículas europeas y de niños haciendo candidatura a ser olvidados allí mismo por sus padres concentrados sobre los últimos videos idiotas de Tiktok, esa parada fue lo bastante larga para permitir al Marqués concluir sus consideraciones.

- Delirio místico o síndrome de Jerusalén de esta gente que refiere haber tenido una aparición: Un fenómeno psiquiátrico donde personas, a menudo en lugares de gran carga religiosa, desarrollan ideas obsesivas de ser profetas o recibir mensajes divinos. La mente humana, cuando se somete a un estrés emocional o se carga de significado cultural, puede proyectar esos significados como una realidad externa. Además hay muchas veces una necesidad psicológica: Psicológicamente, la aparición de un ángel resuelve la necesidad humana de orden, propósito y consuelo. Un ángel es la personificación de la ayuda, la guía y el significado divino en un mundo caótico en el que Putín y su muñeco americano se empeñan en establecer su negocio caprichoso para divertirse,ar de psicópatas.

- Excelentes puntos, ilustre Marqués. El cerebro es un órgano y es falible. Pero no es falible en todos los casos.

El Barón de la Florida, con la vista fija en los pinos alineados por los campos de Las Landas, alternando con los desolados de maíz y los negros de la preparación de terrenos para los próximos espárragos, que se abrían ante ellos, cogió carrerilla para su perorata.

- Tu explicación es reduccionista: reduce una experiencia que cambia el mundo a un fallo químico en el cerebro. Aquí es donde entra la filosofía de la religión: Si la experiencia fuera solo una alucinación, ¿Cómo es que estas "alucinaciones" han dado origen a sistemas éticos y culturales que han durado miles de años y han estructurado la vida de miles de millones de personas? La prueba no es si el evento ocurrió tal como se describe, sino si el resultado fue una guía moral y espiritual superior. El mensaje es más grande que el mensajero.

Filósofos como Mircea Eliade hablan de la ”hierofanía”, la manifestación de lo sagrado. La mente humana está diseñada para buscar un significado trascendente. El ángel puede verse no como un ser físico, sino como un “símbolo arquetípico”, como diría Jung, de la intervención divina, la irrupción de lo totalmente “Otro” en nuestro mundo ordinario.

El método científico solo puede medir y explicar el mundo material. Si existe una dimensión no material o trascendente, la ciencia, por definición, no puede detectarla ni negarla. Negar la posibilidad de la intervención angélica basándose en la ciencia es, en sí mismo, un acto de fe. Es creer que la materia es la única realidad.

- ¿Hay otra? Muy bien traído. Sigo pensando que es más probable que un cerebro estresado tenga un 'error de software' que que un ser alado baje del cielo para dar instrucciones sobre una mata ardiendo a un pastor solitario que se la casca en el desierto.

-  Puede ser, Altamira de Ordizia. Pero yo te preguntaría: ¿y si el universo es mucho más que el código binario y los circuitos integrados que tanto te apasionan? La experiencia humana de lo divino, mediada por estas figuras angélicas, es una constante histórica universal. Nos obliga a preguntarnos si la realidad se limita a lo que podemos medir con nuestros instrumentos.

El coche enfiló la salida de Belin-Beliet, siempre parece que el rotulista olvidó poner las “r” de este nombre de pueblo de la Gironda. La garbure, las accras de bacalao, el foie-gras, las gambas flambeadas, el lenguado, los magrets, los macarons… la degustación de los productos derivados de la sabia fermentación del Merlot y del Cabernet-Sauvignon fueron una experiencia trascendental, culminada con la espiritualidad de las historias de los terceros tiempos tan llenas de escatológicas situaciones.


 


 


martes, 25 de noviembre de 2025

BORRADOR DE HISTORIA 42

Imagedn generada por IA
Este es el último capítulo de la crónica vasca que antes fue guion pero no se rodó.
La historia comienza AQUÍ


El cuarto de baño de Miren era su santuario de mármol y vapor. Era el único lugar en su apartamento donde el mundo exterior y sus responsabilidades se disolvían en un olvido temporal, sustituidos por un placer auto-indulgente y fugaz. Esa noche, el agua estaba caliente, perfumada con aceites exóticos, y la luz tenue de las velas reflejaba el color rubí del vino en la copa de cristal que sostenía. Miren se había entregado a la soledad y a la búsqueda de un consuelo físico que hacía tiempo no encontraba en una conexión genuina. Aitor llevaba un mes sin aparecer, No respondía a sus llamadas ni a sus mensajes. En su despacho le contestaban que no estaba en Donostia pero tenía noticias de que se había puesto en teletrabajo y seguía llevando asuntos, visitando a sus clientes en fábrica en vez de recibirles en el despacho y acudiendo a juicios con normalidad. 

El baño de Miren era un ritual privado de desconexión, sus dedos acariciaban su punto sensible desde hacía un momento y justo cuando el placer prometía alcanzar su cúspide, la atmósfera de la habitación cambió.

No fue un sonido, sino una presencia. El aire pesado y húmedo se volvió fresco y limpio, y un resplandor que superaba la intensidad de las velas se filtró en el baño. No era un brillo agresivo, sino una luz plateada, líquida, que se arremolinaba sobre el suelo de azulejos. 

Miren se inmovilizó, con el corazón golpeándole en el pecho, su cuerpo a medio camino entre el asombro y el terror.  De esa luz, tan pura que parecía absorber toda sombra, emergió una figura alta. Sus alas, invisibles un instante, se desplegaron con la forma de plumas de cristal; su rostro era de serena autoridad, y sus ojos, dos pozos de sabiduría inmutable.

- Miren, hija de Dios, - resonó la voz de Gabriel Arcángel, no con trueno, sino con la quietud de un río profundo. No había ira en su tono, sino una inmensa tristeza. - El Padre me envía para hablarte sobre el templo que te ha sido confiado-.

Miren se cubrió, su cuarto de baño no era una playa nudista y la irrupción le hizo ser consciente de su desnudez. La copa de vino cayó de sus dedos entumecidos y se hizo añicos en el suelo. Salió del agua y se envolvió rápidamente en el albornoz.

- Una ya no puedo ni cascarse una pajilla tranquilamente en su bañera ¡Qué pelma !

- La desesperanza te ha llevado a buscar el consuelo en la soledad y en el olvido alcohólico, - continuó Gabriel, sus palabras penetrando más profundamente que cualquier reproche -. Cuidas tu cuerpo con ungüentos y aromas, pero lo usas para adormecer el alma. El vino es para la alegría compartida, no para la huida en el placer solitario. El cuerpo es una vasija sagrada, no un juguete para el vacío -.

Miren, temblando, logró balbucear:

- Alucinaciones sicóticas persistentes… tengo que recuperar el equilibrio mental.

El Arcángel inclinó su cabeza, y la luz que emanaba de él pareció envolver a Miren con calor. 

- El camino está en el equilibrio. Debes honrar tu cuerpo con el descanso adecuado, con el alimento que nutre, y con la pureza de la mente. Tu alma anhela la conexión con el propósito que te fue dado, no la evasión en la oscuridad-.

Gabriel se detuvo, permitiendo que sus palabras hicieran su efecto. 

- Aléjate de esta agua estancada. Viste tu cuerpo con dignidad. Deja atrás los placeres que te dejan más vacía de lo que te encuentran. Tu vida de pecado y de auto-negligencia termina esta noche. Cuida tu cuerpo como el hogar de tu espíritu, y tu espíritu te guiará. Busca la luz en el día y el propósito en la acción, y no busques más el olvido en la noche. Ve, y vive con intención y honor -.

La luz se concentró sobre Gabriel por un último instante, como una estrella que se apaga, y luego desapareció por completo. El baño volvió a ser solo vapor, mármol y las velas moribundas. El frío del suelo mojado de vino y agua  devolvió a Miren a la realidad.

No sintió vergüenza, sino una profunda y dolorosa claridad. Recogió los cristales con cuidado, vació el resto del vino en el desagüe y, por primera vez en mucho tiempo, se miró en el espejo, viendo más allá del reflejo, hacia el alma que brillaba en sus ojos. La vida de placeres solitarios había terminado; una vida de intención y cuidado estaba por comenzar.

Así que bien envuelta en el albornoz se tumbó de lado  en la cama y se introdujo suavemente el dedo índice con el apoyo del dedo corazón hasta alcanzar el borde de clítoris y lo movió hasta que el placer le vino relajadamente a sacudir como una descarga agradable por todo el sistema nervioso.

Luego, buscó el teléfono de la sicóloga de la que había oído hablar en la peluquería. Desde la primera consulta, se abstuvo de volver a beber alcohol. Un par de meses más tarde vendió el piso de Hernani y se compró una casa en Denia (Alicante). 

Allí empezó a escribir, escribir sobre su vida, a mezclar realidad e imaginación.

Aitor desapareció para siempre, como desapreció el arcángel, el arcángel sintomático que dijo la sicóloga,  Ahora vive con un anciano alemán que le va a dejar heredera de una fortuna cuando se muera, suceso que no puede tardar mucho.


FIN

domingo, 23 de noviembre de 2025

BORRADOR DE HISTORIA 41

Primer final

Imagen generada por IA
Este es el final en el guion pero en esta versión - gracias espontáneos colaboradores -, hay una secuencia más que es el capítulo siguiente y éltimo.
La historia comenzó a escribirse en una SECUENCIA INICIAL


Más tarde ese mismo día, deben ser las 22 horas pasadas, en la estación de tren de Donostia, Julián, el amigo de la adolescencia de Aitor, está en el andén observando las vías en dirección Madrid cuando Aitor llega, vestido como antes, ahora sin corbata.

- Se te ha escapado el cercanías de Hernani hace más de 5 minutos.

- No se me ha escapado. Voy a coger el sudexpreso para París aquí, en vez de en Hendaya, no me apetece dejar abandonado un coche allí, en el aparcamiento.

- ¿Y el equipaje?

Aitor se toca el bolsillo del pantalón donde hay un bulto inconfundible.

- No hay mejor equipaje que un buen billetero.

(Continuará)

jueves, 20 de noviembre de 2025

BORRADOR DE HISTORIA 40

Imagen generada por IA
Esta es una secuencia literalizada de un guion de una película.
La historia empieza en el primer capítulo


Unos días más tarde, mientras en una ciudad china de cuyo nombre no quiero acordarme pero que es fácil de encontrar en Internet, alguien decidió hacerse una sopa de murciélago para cenar, ignorando que el animalico que había comprado en el mercado era portador de un virus, en Hernani el viento sur había dejado una tarde calurosa y soleada, debían ser las 3 de la tarde cuando Aitor salía por el portal de la casa de Miren sin tomar café y vestido como de costumbre para ir a trabajar.

Cuando abre la puerta a la calle, Aitor oye la voz de Miren en el portero automático.

- Cariño, cariño, perdona lo de mariconazo, nena y quejica, perdona, perdona, por favor.

Aitor no se detiene, oye perfecta y claramente las palabras que se repiten.

- Cariño, cariño, perdona lo de mariconazo, nena y quejica, perdona, perdona, por favor.

Aitor se dirige sin prisas, sin detenerse, a una cafetería de barrio., Hay una liebre disecada por un taxidermista torpe encima del horno micoondas del aparador, detrás de la barra donde una mujer rubia, más cerca de los cuarenta que de los treinta, le pone un café sin que se lo pida y se pone otro para ella. No hay clientes, dentro de la barra pero en una esquina, hay un hombre, debe ser el marido de la rubia que está ojeando viejas revistas de caza con la esperanza de encontrar algo que no haya leído. La televisión encendida da el aburrido informativo diario que incita a la siesta de todos los ciudadanos españoles.

-  Aquí tienes, mi niño, cortado con leche fría ¿Tienes tiempo para echarme una ojeada a la opción de compra que te dije?

La mijer le pone también delante una carpeta de agencia inmobiliaria con contrato, fotos...

-  Contigo el tiempo es el que tu reloj marca, vida mía – en un juego de parodia de relación conyugal o amorosa, el abogado examina los papeles y fotos -. O sea que compráis una caravana sin ruedas y un trozo del desierto de las Bardenas ¿Hay agua, al menos? Habrá perdices, codornices, conejos... ¿No? Porque tu Tartarín de Tarascón  no querrá ir a plantar alcachofas contigo los días de fiesta...

- Con los ahorros que tenemos, es lo que nos podemos permitir, algo donde refugiarnos cuando no trabajamos en este puto bar.

- Os sale más rentable gastaros el dinero en el Hotel Maria Cristina y pasar el cierre semanal en Donostia, pero eso puede ser la antesala del divorcio porque no creo que a éste le dejen pegar tiros a las gaviotas del río desde el balcón de la suite. Por lo demás, el contrato está claro y cristalino como agua de pozo que vais a beber…

- Y las codornices ya las criaremos nosotros para que éste las mate. Cuando quieras, cariño, puedes venir a visitarme, a ser posible, cuando éste ande con sus amigotes en la Mancha para lo de cazar palomas.

- No creo que vaya, a éste no le iba a hacer gracia, además éste tiene buena puntería.

El marido le apunta con el índice y simula un infantil disparo desde la distancia.

- ¡Que se me escapa el tren! - Aitor saca un billete de cinco euros pero ella le impide pagar con un gesto -.

- ¡Hasta mañana!

Al oír esta despedida, Aitor se vuelve para decir, a modo de adiós.

- O no,

(continuación capítulo penúltimo)