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sábado, 25 de abril de 2026

OTRO BREVE ENCUENTRO

 Historieta escrita hace unos años TIPICA HISTORIA y que, una vez más, le pido a la IA que me la convierta en un guion ilustrado.


EXT. JARDÍN CASA LUZ-SAINT SAUVEUR - DÍA (PASADO, AÑOS 80)

Detalle de hierba alta y descuidada. El sol de los Pirineos es blanco, cegador. Oímos risas infantiles a lo lejos y el sonido de una manguera.

INT. CASA - PLANTA BAJA - DÍA

ARISTIDE (35) entra en la casa. Está sudado, con la respiración pesada tras una caminata. Se detiene frente a la puerta del baño de la planta baja. Oye el agua correr dentro.

La voz de su ESPOSA (O.S.) resuena desde el piso superior.

ESPOSA (O.S.)

¡Aristide! Estoy arriba. Las niñas se están duchando, usa el baño de la primera planta, que el nuestro está ocupado para rato.

Aristide sube las escaleras. El sonido de sus botas sobre la madera cruje en el silencio de la tarde.

INT. BAÑO PRIMER PISO - CONTINUO

Aristide abre la puerta. El vapor de agua sale como una exhalación, envolviéndolo. A través de la niebla del espejo, vemos el reflejo de CATHÉRINE (16). Está de espaldas, desnuda. Su piel es un mapa de contrastes: la espalda blanca, los brazos y el cuello bronceados por el sol de montaña. Aristide se queda petrificado. 

CATHÉRINE

(Sin darse la vuelta, secándose la cara)

¿Quieres ducharte? Ya he acabado.

Ella se aparta el pelo. Sus nalgas, de un blanco purísimo, brillan bajo la luz mortecina del baño.

CATHÉRINE (CONT'D)

La fregona está detrás de la puerta. He dejado todo encharcado.

Ella se enrolla la toalla al cuerpo. Se gira y camina hacia él. Aristide retrocede, pegándose al marco de la puerta.

CATHÉRINE (CONT'D)

¿Me dejas pasar? Me voy a secar en mi cuarto.

Ella pasa a su lado. El roce de la toalla húmeda contra el brazo de Aristide.

EXT. CEMENTERIO PIRINEOS - DÍA (PRESENTE, 30 AÑOS DESPUÉS)

Blanco absoluto. La nieve cae de forma mansa, silenciosa. Un grupo de paraguas negros se aleja hacia el atrio de la iglesia. Aristide (ahora de 65 años) se queda atrás. Su aliento forma nubes de vapor. Una mano enguantada le toca el hombro.

CATHÉRINE (V.O.)

No has cambiado nada, Aristide.

Aristide se gira. Frente a él, una MUJER (50). Se besan en las mejillas. El sonido del beso es húmedo en medio del silencio gélido.

ARISTIDE

(En shock)

¡Cathérine! ¡Eres Cathérine!

CATHÉRINE

(Sonriendo)

Me has reconocido. Pues yo sí he cambiado, encerrada en este poblacho del fin del mundo. ¿Cómo está tu mujer? ¿Y las niñas? Tendrás nietos ya, supongo.

Caminan por la nieve. A lo lejos, el ataúd baja a la tierra. Ellos hablan en susurros, como cómplices en un lugar donde no deberían estar.

INT. CASA DE CATHÉRINE - NOCHE

Una casa acogedora pero cargada de sombras. El crepitar de la chimenea es el único ritmo. Ambos sostienen vasos de whisky. Aristide mira las manos de ella.

CATHÉRINE

Mi último marido se murió siendo dueño de todas las riquezas del valle. Me dejó esto... confort en medio de ninguna parte, una jaula de oro con vistas a los pinos.

ARISTIDE

(Tras un silencio, mirando el fuego)

Aquel verano... en Luz-Saint Sauveur. Entré en el baño. Estabas tú. El espejo estaba empañado.

Aristide lo dice como quien confiesa un pecado.

CATHÉRINE

¿En el baño?

ARISTIDE

Estabas desnuda. No te reconocí al principio. Parecías una estatua de sal en medio del vapor. No he podido olvidar esa imagen en treinta años.

Cathérine suelta una risa corta. Se levanta y le tiende la mano.

CATHÉRINE

No me acuerdo de nada de eso, Aristide. Yo era una niña y tú eras más viejo que mi padre. Para mí, estar desnuda frente a ti era como estarlo frente a él. No significaba nada.

Ella lo ayuda a levantarse. Sus rostros están muy cerca. La luz de la chimenea baila en sus pupilas.

CATHÉRINE (CONT'D)

Pero nos hemos olvidado de preparar la cama de invitados. Tendrás que acostarte conmigo.

Aristide intenta decir algo, pero ella le pone un dedo en los labios.

CATHÉRINE (CONT'D)

Ahora ni yo soy una niña, ni tú un viejo. ¿Qué son veinte o treinta años en esta oscuridad?

Cathérine camina hacia el dormitorio. Aristide la sigue. En la chimenea, un tronco se rompe y las chispas saltan.

FADE OUT.

jueves, 5 de marzo de 2026

EL CULO DE LA PINTORA

 Hace unos años escribí un post EL CULO DE LA PINTORA ES OTRA HISTORIA , pequeño homenaje a una persona admirada. El algoritmo lo ha resucitado y lo he revisitado, haciendo una versión en "stand up" o un soliloquio.

Nano Banana lo ha ilustrado.

El escenario improvisado en el pub de Gros está a oscuras. Se enciende un foco. Celia aparece en el centro, junto con un caballete y un lienzo a medio pintar. Deja un pincel sobre una mesita y mira al público.

- Gabon denoi!

Soy Celia. Ex-telefonista del 112. Un aplauso para la peña que curramos en emergencias, ¿eh? Que entras con 20 años y sales con 40, ojeras de mapache y un tic en el ojo que parece que estás ligando con el de la ambulancia, pero no, es el estrés post-traumático de que una señora de Éibar te llame a las tres de la mañana porque su gato no baja del castaño.

Total, que me cogí la baja. "¿Qué te pasa, Celia?", me decían. Pues que veo muertos, Borja, ¡qué me va a pasar! Así que me puse a pintar. Al principio mis cuadros eran... bueno, como un lunes de lluvia en el muelle de Donostia: todo negro, marrón, burdeos ennegrecido... Parecían manchas de chapapote. Mi marido, Roberto, conocido por Rober, —que es un santo, o un optimista patológico, no lo tengo claro—, me compraba óleos carísimos de Windsor & Newton pensando que así vería yo la luz.

"¡Cariño, vete al monte!", me dijo. Y me mandó al Baztán. A la casa de Txema R. Oinetakogilea, el maestro, el pintor vasco vivo más importante...

Txema. Sesenta años, una cabeza que no le entran las boinas y unas orejas... ¡Redios! Parecían dos alcachofas después de una melé contra el Biarritz Olympique. Fue talonador en el Hernani, así que imaginaos el panorama. Yo llegué allí con mis ojos de bruja y mi pelo negro y aquello fue... bueno, fue una "explosión creativa".

Pasé de ir un día a la semana a quedarme a dormir. Y Roberto, el pobre, encantado de la vida. Venía los fines de semana con botellas de vino de las buenas, nos sentábamos a la mesa con Amaia —la mujer de Txema— y brindábamos por el arte.

Y de repente, ¡clac! Mis cuadros cambian. Adiós al chapapote, hola a la luz. Empecé a pintar desnudos. Específicamente, mi propio culo.

"Celia, hija, qué perspectiva, qué volúmenes", me decía Roberto mientras se convertía en mi marchante. El tío iba por ahí fardando en las sobremesas: El culo de mi mujer está llegando a las mejores colecciones del Estado.

A ver, Roberto, cariño... que lo decía con un orgullo que ni que yo fuera la ganadora de la Bandera de la Concha.

La cosa es que Txema también empezó a evolucionar. En sus cuadros de caseros y pelotaris, de repente, siempre aparecía un culo femenino al fondo. Como un « Easter Egg », pero con celulitis de la buena.

Y llegó el día. La exposición en el Kursaal al Kubo. Amaia, que es una bendición de mujer, entró en el taller sin avisar para decirnos que ya teníamos fecha. Y claro, se encontró con la "colaboración artística" en vivo.

Dice que parecíamos dos galgos en el suelo. Txema encima de mí como una prensa neumática. Yo ahí, con mis nalgas famosas en pleno proceso de inspiración divina. ¿Y qué hizo Amaia? ¿Montar un cristo? ¿Sacar el hacha de cortar troncos?

¡Qué va! Es vasca. Es práctica. Hizo la maleta, se fue a Donostia y le presentó un *Business Plan* a mi marido.

Al final, oye, todos contentos. Roberto se lo pensó cinco minutos. Miró el mercado, miró sus cuentas y dijo:

Mira, yo no quiero ver el culo de mi mujer... a no ser que sea en pintura.

Así que aquí sigo. Yo pinto, Txema empuja, Amaia gestiona y Roberto vende. Tenemos el monopolio de las nalgas en el mercado del arte contemporáneo vasco.

¿Inmoral? Puede. Pero escuchadme bien: después de diez años cogiendo llamadas de gente infartada, si me tengo que ganar la vida con el culo en pompa en un valle del Baztán, ¡ni tan mal, oye! ¡Ni tan mal!

¡Eskerrik asko!


Pequeño homenaje personal a Otto Mueller para terminar.

jueves, 1 de enero de 2026

BASAJAUN DANDO VUELTAS EN REDONDO

A veces lo que dice el Basajaun recuerda a las cosas que nos cuenta Dolores Redondo para que los niños vascos nos podamos dormir. 

Este es un pequeño homenaje a Dolores Redondo que la IA y yo, sin ánimo de continuidad, hacemos.

 

Este 22 de octubre se anunciaba como un buen día de pesca. Gustavo Garraus miraba el río Bidasoa desde la pedregosa orilla, el río bajaba caudaloso como casi siempre. El Bidasoa le encantaba. La corta distancia entre su nacimiento montañoso en Errazu y su desembocadura fronteriza entre Hondarribi y Hendaye junto con el húmedo clima del Valle del Baztán hacían constante el nivel de las aguas, las innumerables regatas de ambas orillas propiciaban que las truchas sobrevivieran en bastante cantidad, a diferencia del salmón que estaba extinguiéndose víctima de la polución tanto industrial como de los pueblos y villas de sus orillas. Había dejado el coche, como de costumbre, a la entrada de Lesaka y ahora se proponía meterse, provisto de sus largas botas con tirantes, en el agua. Y entonces vió el cadáver, como luego contaría a la Policía Foral, el cadáver estaba sujeto a unas ramas de árbol que lo sostenían contra la ribera derecha, cadáver desnudo de una mujer… volvió a subir a la carretera, se tuvo que desprender de chaqueta y tirantes para coger la bolsa impermeable en que tenía el teléfono, por fin, pudo avisar. Una mujer de Lesaka se acercaba curiosa al haber visto la extraña conducta del pescador de truchas, ella avisó al alguacil de Lesaka. El alguacil municipal llegó a la media hora, la patrulla de la Policía Foral pasada una hora y, por fin, los bomberos que subieron el cuerpo tres horas más tarde hasta una ambulancia. Luego Gustavo Garraus tuvo que esperar, sin saber por qué, hasta que llegara el secretario del Juzgado de Instrucción de Guardia desde Pamplona junto al agente que representaba al Juez y, por fin, a las 5 de la tarde le dejaron ir a comer algo, lo que llevaba reclamando desde hacía más de cuatro horas. Gustavo Garraus, setenta y cuatro años de edad, jubilado empresario donostiarra que había tenido la concesión más importante de automóviles franceses de la ciudad costera, pudo comerse una tortilla de patatas magnífica en una mesa de la cocina del restaurante.

Allí, en Casino Jatetxea, fue donde Amaia Salazar, inspectora de la Policía Foral, le encontró. Salazar no sabía la identidad del cadáver, Garraus sí pero el anciano, la artrosis de los dedos era evidente,  mantenía los ojos fijos en el plato de loza, como si en el dibujo de la cerámica pudiera encontrar una tregua al espanto. Amaia observó sus manos: temblaban con una sutileza que solo el miedo, y no la edad, es capaz de provocar. El ambiente estaba cargado de olores a buena cocina y a esa humedad persistente que el Bidasoa exhalaba como un aliento antiguo.

—La conocía, ¿verdad, Gustavo? —insistió Amaia con esa voz suave que no admitía réplicas, la misma que utilizaba cuando hablaba con un sospechoso tomando café en la comisaría.

Garraus tragó saliva. El nombre de Asunción Pardo pesaba en su boca como el plomo. Recordó su rostro, no bajo la luz gris de la ribera donde la acababa de ver, sino bajo los focos cegadores del estudio de Ricardo Gaztelu. Recordó el brillo de los objetivos, el silencio cómplice tras el cristal desde donde él, oculto con uno de sus íntimos amigos, observaba lo prohibido.

—Era la novia de mi hijo, inspectora —susurró por fin, y el secreto cayó sobre la mesa como una sentencia—. Pero no debería estar aquí. Tenía que verse con una mujer en Elizondo, una tal Idoia Estornés. Se alojaba en casa de Carasa, en Errazu.

Amaia sintió una punzada de frío que no tenía nada que ver con el clima del Baztán. Los nombres empezaron a tejer una red invisible y pegajosa. Xavier Carasa, el ex-ertzaina, primo hermano de aquel depredador llamado Gaztelu que, según sabía por los informes de la central, ahora disfrutaba  de un permiso de tercer grado entre las sombras de Oronoz, provisto de una tobillera electrónica.

La inspectora se acercó a la ventana. Fuera, la niebla comenzaba a lamer los aleros de las casas de piedra, ocultando los senderos que conectaban caseríos, casas, barrios y pueblos de un lado y otro de la cercana frontera. Sabía que el cuerpo desnudo de Asunción, depositado por el río como una ofrenda macabra, era solo la superficie de algo mucho más profundo y turbio. Pensó en los padres de la chica y en la ambición desmedida de personajes como Pelayo Covadonga, que ya estarían afilando sus garras legales para convertir la tragedia en un espectáculo.

—¿Sabe algo más? —preguntó Amaia, volviéndose hacia el viejo empresario.

Garraus negó con la cabeza, pero sus ojos evitaron los de la inspectora. Ocultaba las sesiones de sexo en vivo, y ocultaba el terror de saber que el pasado de Donostia había venido a morir a las aguas sagradas del Bidasoa.

Amaia Salazar salió al frío de la tarde. El valle parecía observar, mudo y cómplice. Sintió la presencia de algo ancestral, una maldad que no entendía de leyes ni de fronteras, y que se movía con la misma soltura por las casas solariegas como la de Idoia Estornés que por los despachos de tantas personas que, viviendo y trabajando en las capitales, Iruña, Donostia…, tenían segunda residencia en estos valles.

La investigación acababa de empezar, y el río, siempre hambriento, ya había reclamado su primera pieza. Amaia ajustó su chaqueta, sintiendo el peso de su arma y el de una premonición que la golpeó con la fuerza de una riada: esta vez, la sangre no solo mancharía las manos de un asesino, sino los cimientos mismos de todo el Baztán.


sábado, 15 de noviembre de 2025

BORRADOR DE HISTORIA 38

Imagen generada por IA
Esta estampa vasca pertenece a un relato basado en un guion de film no rodado y que comienza en un Capítulo primero


¿Cómo se acaba una relación clandestina, adúltera? En el duermevela del amanecer, cuando las neuronas hacen conexiones  curiosas, mientras Miren dormía a su lado con una respiración profunda y acompasada, Aitor daba vueltas a su cada vez más peligrosa relación con Paulina. Tenía claro cómo romper con Miren, “un día cojo la puerta y no vuelvo” pero le parecía más complicado dejar a Paulina, tenía la esperanza de que ella le dejara, sería un disgusto pero estaba acostumbrado a que las mujeres casadas le dejaran, que un día dejaran de responder a sus llamadas o mensajes, que le indicaran más o menos diplomáticamente que la aventura había terminado… él nunca había tomado la iniciativa, además era la primera vez en que él tenía a su vez una relación, sino matrimonial, estable ya que compartía techo y lecho con Miren. Sabía que tenía que cortar vínculos, todos los vínculos, con Hernani ¿Cómo sería vivir en París? ¿Emma le acogería? 

- Mira, Aitor.

Paulina empezaba siempre sus divagaciones con esas palabras « Mira, Aitor ». Después de hacer el amor por primera vez de la mañana, de la tarde o del día que iban a pasar juntos, mientras descansaban relajadamente desnudos en la cama de la habitación, Paulina formulaba el introito de su monólogo « Mira, Aitor », Aitor no miraba, escuchaba y, a veces, se dormía un poco, si esto pasaba, Paulina le despertaba inmediatamente con una patada, un codazo o una bofetada, dependiendo de la posición en que ella se encontrase. Si la habitación era de un hotel, reservada por Aitor siempre, ella no fumaba pero si la habitación era de una casa rural, reservada por Paulina, ella encendía uno de esos cigarrillos largos y delgados que dejaba consumirse en la mano, dando unas pocas caladas entre las frases de su disertación. Hoy estaban en una de esas habitaciones de caserío vasco que Paulina tenía en su lista de « zulos », aunque en la entrada del camino contaba con la señalización oficial de « Casa Rural » era una excepción, normalmente Paulina gustaba de comportarse como un explorador indígena y llevarle a Aitor por las pistas y caminos imposibles del profundo sur guipuzcoano o vizcaíno, alguna vez tardaban tanto en localizar el abrigo que hicieron el amor bajo la lluvia sobre una de esas mesas fijadas en áreas de recreo habilitadas por los pequeños ayuntamientos vascos para que los caminantes, peregrinos o turistas puedan disfrutar del paisaje, Paulina y Aitor se empaparon y llegaron al caserío, que no estaba tan lejos, para secarse y continuar su encuentro sexual. Pero hoy, la habitación confortable y luminosa, las ventanas abiertas en un día otoñal de viento sur, de un caserío fotogénico les había acogido apenas un cuarto de hora antes y ya habían finalizado el primer round, « primer polvo para entrar en materia » otra de las frases que Paulina empleaba con frecuencia. Como otras veces, ella solo se había desnudado de cintura para abajo, una breve falda y un tanga invisible, sin descalzarse, taconazos de aguja, y Aitor apenas se había bajado los pantalones con los calzoncillos hasta las rodillas y sentado en la silla, mientras se besaban y acariciaban, ella encima de él mientras hacía los movimientos de pistón precisos se podía ver en el espejo del gran armario ropero, Paulina se veía guapa en la imagen reflejada, en la expresión de sus ojos que buscaban el orgasmo en su interior, Aitor seguía su ritmo a la vez que la desnudaba del todo, arrojando la ropa por el suelo y desnudándose él del todo. Había sido un orgasmo notable pero no llegaba a sobresaliente en la escala de ella, en la de él, como todos, se puso un 10 sobre 10, luego Paulina sacó el paquete de tabaco y el mechero del bolso y se habían tumbado sin cubrirse, sudaban pero la temperatura ambiente no parecía propicia a resfriarse.

- Mira, Aitor, hay dos tipos de amor en la pareja, el amor de hogar y el amor de hotel. El amor de hogar es el que yo tengo con mi marido y tú tienes con la tuya, con Miren, que no es tu esposa pero como si lo fuera, ese amor de las pequeñas cosas entre semana, las comidas juntos, las salidas por el pueblo juntos, las broncas de pareja, los niños y sus deberes juntos, el sábado si el marido no se ha emborrachado mucho pues el polvete al regresar a casa que no está mal y, si no, el de la mañana del domingo que suele ser como más flojo, en todo caso antes, durante y después, una debe hacerse los deberes para no perder las ganas de repetir, ese es un amor limpio, honesto, burgués y que da muchas satisfacciones, además de algún disgusto y mucho aburrimiento. El amor de hotel, es el clandestino, en el que verdaderamente solo cuenta el sexo, encontrarse con el otro para follar, un « aquí te pillo, aquí te mato », un amor físico, un amor químico si es necesario, un amor que nunca se sabe si se podrá repetir – estamos teniendo suerte porque ya llevamos más de un año jugando esta liga -, un amor en el que vale todo, un amor hecho de todas las posiciones, de “sesentaynueves”, de “noventaynueves”, de sodomías, de “kamasutras”, de “mesasutras”, de “cochesutras”… pero en el que no hay, no debe haber, otra cosa que sexo. Are you ready ?

Al acabar su descripción de la vida matrimonial Paulina había dejado la colilla apagada en un cenicero que había sobre la mesilla y, mientras se refería al adulterio sistemático que ella practicaba desde bastante antes de encontrar a Aitor, se había dedicado a deslizar los dedos de su mano derecha sobre el glande púrpura del abogado donostiarra que era evidente que se podía considerar preparado.

- ¿Sodomía ? ¿Has dicho sodomía ? ¡Qué idea ! Para eso hace falta prepararse, flaca.

- Una sale de casa con los deberes ya hechos y en el bolso tengo unas taladrinas estupendas para el orificio y lo que haga falta.

Por las ventanas se oía el cacareo de las gallinas, algún cencerro de ganado, una motosierra desagradable en la lejanía, el motor de un avión que buscaba hacia el mar la buena orientación para tomar tierra en Hondarribia o en Loiu, cualquier opción era posible.

Nunca hubo sodomía. No era la primera vez que una flaca le decía a Aitor que tenía la fantasía de recibir amor por el esfinter anal ¿Era una idea común a las delgadas? El caso es que Aitor y Paulina no volvieron a hacer unas risas juntos en la intimidad más íntima.

Aprovechando el decalaje horario entre Francia y España, Aitor mantenía conversaciones telefónicas con Emma todos los días, bien al mediodía francés, las doce, bien a la noche francesa, las ocho de la tarde. Emma era culta y leída, en París hacía una vida de teatros y conciertos, sus crónicas críticas de lo que estaba viviendo eran bebidas por Aitor que, por primera vez en su vida, tenía que oír más que decir en sus conversaciones.

(Continúa y ya queda menos para que acabe felizmente en siguiente estampa)


viernes, 7 de noviembre de 2025

BORRADOR DE HISTORIA 35

I

Imagen generada por IA

Esta larga secuencia forma parte de la versión literaria de una crónica de Hernani, guion cinematográfico que no ha sido rodado.

La historia comienza en un capítulo primero POR AQUÍ

Una vez al año, por noviembre, la cuadrilla de amigos de Hernani de Miren a la que se ha incorporado Aitor acostumbra a hacer una marcha montañera por las laderas del macizo del Ontzi y del Adarra, promontorios que se alcanzan fácilmente desde Hernani, estas excursiones acaban en uno de los pueblos navarros de la cuenca del Urumea como Areso, Goizueta... en torno a una alubiada y el regreso lo hacen en taxis a la noche o a la mañana siguiente. A veces se añade kilometraje a la excursión  y se van a otros pueblos navarros como Leitza, Lekumberri… a los que la llegada es de noche. Los organizadores reservan restaurante y, en su caso, albergue o refugio donde pueda dormir el grupo por un precio aceptable para la mayoría. La cuadrilla se amplía para esta actividad a personas que solo se unen por sanjuanes, las fiestas del pueblo, o para funerales y bodas o precisamente para estas marchas.

A las 17 horas de un sábado, quizá de noviembre porque la luz diurna va desapareciendo, por un, sendero de entrada a un pueblo, Miren y Maddi caminan hacia las primeras casas, casas solariegas de grandes piedras con algún escudo tallado en la fachada, ambas van vestidas de montaña, Maddi con una mochila ligera prácticamente vacía porque por el camino han almorzado todos juntos de forma abundante en un punto en que las rocas del macizo o quizá los pastores del neolítico han formado una especie de tabla corrida de comedor y unos asientos de piedra. Las dos amigas van sin prisa, Miren cojea un poco pero se esfuerza en no quedarse atrás.

- Ya falta poco ¿Cómo lo llevas?

- Me molesta un poco la rodilla pero se puede aguantar… ¡Estos hijos de puta no han esperado nada!

- No iban a llevarte en parihuelas monte abajo, te hubieran despeñado, y no estás como para llamar al 112.

- Un poco de apoyo moral, al menos pero... ¿Qué se puede esperar de los hombres?

- El tuyo quería llamar al 112 y le has dicho que no, que no te pasaba nada.

- Y no me pasa nada, un golpe, un roto en el pantalón y un corte pequeño pero él no se ha quedado a hacerme compañía.

- Ya estábamos nosotras que andamos más tranquilas, ellos así han podido hacer cumbre y bajar y ya estarán en el albergue preparando la merienda-cena para cuando lleguemos.

Caminan un rato en silencio, al fondo se ve el refugio-albergue. Paulina y otras mujeres están llegando delante de ellas, Aitor, Lánder, Bernat, Dunixi y otros rostros familiares están delante de la puerta con cervezas y sidra y se alegran con su llegada. Maddi al ver a los hombres comenta a Miren.

- Aitor está en plena forma pero es un poco raro, es un poeta. Mira que traer barritas energéticas y gaseosas a una excursión ¿A quién se le ocurre? Y luego casi se mata por hacer una foto al borde del precipicio…

- Pero, en cuanto ha visto una vaca que le miraba, ha dado un rodeo de 500 metros para no pasar cerca.

- Cantando “Ese toro enamorado de la luna”, y de una forma que solo la he reconocido por la letra ¡Qué mal canta, el tío!

- ¡Hostias! Parece que lo hace queriendo y que se cree gracioso y luego empieza con sus poesías ¡Hasta el gorro me tiene con sus poesías!

Miren baja un poco la voz, muy poco para decir:

- Nunca he soportado lo de su poesía ¡Menos mal que tiene otras cosas que me gustan! Pero lo de la poesía es que nunca, nunca, lo he soportado… no se lo digo, no sé por qué, debe estar en el pacto tácito para que me aguante.

Las dos ya están uniéndose al numeroso grupo que está en la plazoleta que da entrada al caserón. Y Aitor pasa una lata de cerveza a Miren, mientras él tiene otra en la mano y declama:

- Llevo conmigo las heridas de todas las batallas que he evitado. Mi cuerpo muscular está molido del esfuerzo que no he pensado en hacer. Empañado, mudo, nulo… El cielo alto es el de un verano muerto, imperfecto. Lo miro como si no estuviese allí…

Miren, sin oírle, habla superponiendo su voz a la de Aitor desde “evitado” y pasa la lata a Maddi

- Cariño, prefiero sidra ¿Alguno de estos simpáticos me puede pasar un vaso de sidra? ¡Coño! Un vaso de sidra, no es tan difícil. Gracias Bernat.

- Lo que mandes cariño – Bernat le ha pasado la sidra y una mochila -. Tus deseos son órdenes para mi. La cena está preparada y si quiere ducharse la señora Marquesa antes, con permiso del Señor Marqués, ya le enjabono también.

- No tengo ganas ni de ducharme, además con el olor a chotuno que habrá en el dormitorio después, prefiero ducharme mañana la primera.

Bernat que se ha encargado de la reserva sigue fingiendo ser un criado o mayordomo de Miren y Aitor ante la sonrisa de éste y el desprecio de ella.

- Por cierto, ya está hecho el sorteo de literas en el dormitorio, con una excepción: a los señores marqueses y tortolitos se les ha reservado la litera del último rincón por si tienen una necesidad erótica inaplazable en medio de la noche, que nunca se sabe y de noche todas las gatas son pardas.

- ¡Que te den! - Responde Miren y entra en el edificio con la mochila y el vaso vacío.

Poco más tarde, en el comedor del albergue, el grupo cenó en cantidad, de una forma desmesurada y bebió también, la marcha montañera previa justificaba el exceso. Las alubias, los chorizos, los tocinos, las morcillas, las costillas, las berzas, las ensaladas, las tartas, los pasteles… fueron dejando su rastro sobre la mesa corrida sin mantel. Se habla en voz alta, se habla más que se escucha, sólo los y las que ya están muy cargados de alcohol parecen atender, una mano apoyada en la barbilla o en la mejilla, a quienes lanzan sus discursos más o menos coherentes. Cafés, infusiones, copas sobre la mesa, la patrona del albergue va retirando platos, tazas, cubiertos y botellas vacías y dejando botellas nuevas de cava y patxarán. 

Aitor, Bernat, Lánder, Dunixi, Javier, Zigor, Márkel, Miren, Maddi, Paulina y otro par de mujeres jóvenes que son vagamente conocidas del resto están sentados y, como es lo habitual, los hombres se han ido agrupando de un lado y las mujeres de otro, estos desplazamientos se han ido produciendo durante la merienda-cena, involuntariamente. Aitor, Bernat y Dunixi están juntos en un extremo, los demás hombres sentados junto a ellos, las mujeres ocupan la otra parte de la mesa.

Las paredes blancas pero ahumandas están llenas de aperos viejos de labranza, algunas fotos de tipos vascos tradicionales o de escenas del caserío, el escudo de euskal herria zazpiak bat en resina de poliéster imitando madera en el centro de la pared más corta, sobre la cabecera de la mesa que ocupan, hay otro par de mesas pero están vacías.

- ...eso de que alguien sea jefe de estado por haber nacido medio tarado de vete tú a saber qué leche que le dio sangre azul y de la camisa vieja de fascista asesino con la que hizo la primera comunión…

La voz de Bernat es de bajo de coro parroquial y hay que hacer un esfuerzo para entenderle, la copa que tiene en la mano y las que lleva en la sangre no son de ayuda para que su discurso sea inteligible a la primera pero Aitor parece tomarlo como un pie de diálogo teatral y se levanta, como si estuviera en la sala de un tribunal para las conclusiones finales de una vista penal,

- Yo he pedido la abolición de la pena de muerte en la Asamblea y os pareció a todos una herejía. No pedisteis clemencia para pequeños delincuentes y ahora la pedís para el mayor de todos los criminales ¿Pedís que se libre el único que puede justificarla? Sí, la pena de muerte es un crimen por lo general y solo se puede justificar cuando sea necesaria para salvar a los individuos y a la sociedad, ni el exilio ni la prisión pueden ser lo mismo para el bienestar público. Es la existencia del rey la que provoca la guerra y la muerte. La excepción cruel a la justicia se basa en la naturaleza de sus crímenes, por eso el rey debe morir para que la patria viva.

La voz del abogado y su vehemencia han provocado un cierto silencio en toda la mesa hasta que el rotundo “el rey debe morir para que la patria viva” provoca la respuesta inmediata de Miren desde el otro extremo de la mesa.

- Cállate Robespierre, cállate, que los tiempos no están para guillotinas.

Aitor se sienta y bebe una copa de cava mientras las voces retornan al volumen anterior en toda la mesa.

- Es lo que hay – dice Bernat acercando la botella de patxarán a Dunixi que la ha pedido con la barbilla -,  todos somos pacifistas hasta que nos tocan los cojones pero los cojones de cada uno, cuando es una tocada de huevos general, los cojones del pueblo, el pueblo no tiene cojones para levantarse.

- Porque el pueblo tiene exceso de colesterol – Dunixi habla como si estuviera dando una clase a 35 alumnos preadolescentes en la ikastola -, el pueblo se ha estado tanto tiempo comiéndose los huevos, que ahora tiene exceso de colesterol. Y habíamos dicho que no íbamos a hablar de política, que hablar de política acaba jodiendo el ambiente, así que vamos a hablar de fútbol ¿Qué os parece lo que está haciendo el PNV con el fútbol escolar en Gipuzkoa?

En su lado de la mesa, las chicas empiezan a cantar, bien y afinadas, “Xalbadoren heriotza” de X. Lete y todos se unen poco a poco, excepto Aitor que vocaliza sin emitir sonido, en un playback que no engaña a nadie. Miren se acerca por detrás, acabando las estrofas de la canción, le rodea con sus brazos, lleva una copa de patxarán en una mano, y pone su cara junto a la suya, Aitor sigue moviendo los labios hasta el final de la canción y Miren le dice al oído:

- Así me gusta, cariño ¿Ves que cuando te empeñas puedes cantar bien?

Miren, ojos acuosos, besa en la boca a Aitor, se besan los dos, los demás siguen cantando e inician Maite II de Hertzainak. Aitor comenta a Miren algo así como:

- Eros, tanatos, tanatos, eros

- Vamos al catre los primeros, antes de que estos se acuesten – Miren le coge de la mano a Aitor y salen del comedor, los hombres cantan, Paulina observa a los que se van y le pega con el codo a Maddi que se ríe.

La patrona apaga y enciende las luces de la sala, se apuran las últimas copas pero sin prisas. La patrona apaga las luces y deja toda la casa a oscuras, aparecen linternas de todos los modelos en las manos de los excursionistas o en sus frentes, algún rezagado bebe un último trago.

Más tarde en el pasillo del albergue sin luces, Bernat y Paulina salen de los baños comunes en que hay una luz tímida sobre el espejo corrido que la apagan ya que Bernat lleva una lámpara frontal puesta, los dos van en paños menores, muy menores, ella un tanga y él un slip con los colores blanquiazules de la Real Sociedad, su ropa y unos neceseres en la mano. Paulina cuchichea a su marido:

- Pues tengo que tomar paracetamol ahora porque si no no voy a dormir.

- ¿De dónde hostias quieres que saque ahora un paracetamol? - Bernat tampoco levanta la voz pero su volumen dobla el de Paulina -. Se los he dado antes a Aitor en el monte, para que le diera a la otra pelma.

- Mira si está despierto y se lo pides.

Los dos entran en el gran dormitorio colectivo, hay literas, se oye roncar, por el suelo hay mochilas tiradas. Paulina se sube a la parte de arriba de la primera litera más cercana a la puerta y Bernat avanza por el pasillo entre las literas con la frontal encendida, se ilumina por donde avanza, pero la penumbra deja ver que quienes duermen abajo están ya dormidos. Bernat llega a la última del fondo a la derecha, al iluminar, Aitor está encima de Miren penetrándole rítmicamente en silencio, Miren mira a Bernat con enfado y le interroga con las cejas, él responde susurrando despacio y vocalizando, Aitor no para en sus movimientos mecánicos bajo la manta que les cubre desde las caderas más o menos, Miren ni siente ni disfruta aparentemente.

- ¿Que si tienes algo para el dolor de cabeza? Que Paulina tiene dolor de cerebro y le he dado a Aitor las pastillas de paracetamol para ti.

- Dile a esa idiota – Miren habla imitando a Bernat al principio para acabar entrecortando las palabras y arrastrando las sílabas -, que el dolor de cabeza se pasa follando.

Y boquea como en un orgasmo de película muda o de película sonora a la que los padres han silenciado en la televisión para que los niños, que se supone que están dormidos, no lo oígan desde sus dormitorios. Aitor, volviendo la cara hacia Bernat, sigue moviéndose, y le habla entrecortadamente.

- Por una vez que ésta y yo podemos hablar a solas… Está la caja en el bolsillo superior de mi mochila, en la litera de arriba.

- Tú sigue, tonto, no pares, no pares, que se me pasa la… la…  la…. jaqueca - Jaqueca lo dice como si fuera el culmen del acto amatorio -.

Bernat ha encontrado el medicamento arriba pero se agacha para decir a Miren que está besando y metiendo la lengua en la oreja a Aitor.

- Vale, gracias por todo

(Continúa AQUÍ El SIGUIENTE)

domingo, 29 de junio de 2025

VÍBORAS

 

Imagen generada por IA

El pequeño zorro de piel dorada, casi albina, sale corriendo con una salchicha en la boca, un cocinero que tiene pinta de boliviano se ríe en la puerta de la cocina del Hotel de Llanos del Hospital. Jon y Coro, los Galtzagorri, se desperezan mientras se ajustan las botas en el amanecer, el sol está oculto en las cimas del este, hay rocío más que escarcha en los matojos, están llegando coches y algún autobús al aparcamiento pero la pareja ya está cruzando el arroyo buscando el sendero que remonta hacia el oeste por la cara sur de la colina, a sus espaldas las Maladetas y el padre Aneto aún no asoman, las estribaciones del macizo que empiezan a iluminarse los ocultan, se prevé un día soleado y caluroso.

La senda está bien marcada y se adentra en el Barranco de Literola, no hay remontes, los michelines y las posaderas se notan más que las mochilas « de ataque » que ambos llevan, al atravesar el bosque ya están sudando, el sonido del agua invita a mear y a beber con frecuencia. Los jóvenes acelerados de una excursión les saludan en euskera mientras les adelantan pero enseguida se los encuentran reposando un instante junto a unas rocas, dos de las chicas de la excursión han desaparecido para satisfacer una íntima necesidad y los demás les esperan charlando en castellano. Aunque saben que a escasos minutos les adelantarán, Coro prefiere seguir valle arriba sin detenerse, siguiendo el río, el sendero es claro y los hitos de piedra los « caïrns » abundan, parecen cagadas petrificadas de algún animal jurásico, la pendiente se vuelve cada vez más pronunciada y el sol no tiene piedad de los montañeros, los insectos tampoco, el sudor, las cremas, los rododendros… ponen el ambiente olfativo, las marmotas silban y un par de rapaces parecen responderles desde su planeo en el cielo azul. Jon Galtzagorri que miraba en el bosque donde ponía los pies por no pisar alguna víbora distraída, ahora observa las rocas con detenimiento por si acaso hay alguna víbora bronceándose. Coro lee en su mirada lo que está pensando.

Pasan una cabaña, del Forcallo dice el mapa, y continúan subiendo, apenas son las 10 de la mañana y parece que caminan por encima de grandes palomitas de maíz buscando con la mirada el hito siguiente, hay alguna marca de pintura roja también, los tipos que las hicieron y los que las repasan de vez en cuando son admirables aunque lo hagan por adicción, no lo pueden evitar. El barranco señala el rumbo y llegan a un charco, el Ibonet de Literola según el mapa, la pendiente obliga a los dos montañeros a convertirse a la tracción a cuatro extremidades, los bastones percuten en las rocas, lo que seguro que aleja a las víboras, se tranquiliza Jon,  pero llegan a un lago más grande, llamado por el dibujante Ibón Blanco de Literola, el circo que lo rodea invita a quedarse disfrutando de la panorámica pero todos los excursionistas, medio centenar o más, que les han sobrepasado, ya serpentean por el canchal que baja desde la cima. Coro recuerda en voz alta que la guía dice que aquí comienza « el tramo más exigente y empinado de la ascensión ». Ya no va a haber agua, hay que cargar con las cantimploras llenas para subir y bajar.

El camino es evidente, los precedentes lo han dejado señalado y además provocan inevitablemente que algunas piedras rueden ladera abajo hacia ellos, la grava, las piedras sueltas y el cansancio acumulado hacen la pendiente más fuerte y el terreno más incómodo, se intuye que la cima está cerca, como siempre en montaña es un espejismo porque, incluso cuando se llega a la cresta cimera y se ve la vertiente norte vertiginosa a los pies, hay que trepar una joroba, "falsa cima"  dice la guía, antes de alcanzar la cumbre principal donde no hay sitio apenas entre los bloques de granito; la feria de ikurriñas, autorretratos e irrintzis parece inacabable a estas alturas, 3.222 metros sobre el nivel del mar Mediterráneo y más de 6 horas desde el primer paso de la ruta.

La vista de 360 grados de los Pirineos, el Macizo de las Maladetas con el Aneto hacia el sudeste, el Macizo de Posets hacia el sudoeste, el Valle de Estós a nuestros pies por el sur, el Circo de Lliterola aquí al lado como quien dice y un sinfín de valles, lagos, y cumbres al norte hacia la estribaciones francesas de la cadena por donde el Tour pasará uno de estos días – Francia existe para hacer bonito en las retransmisiones ciclistas mientras dormimos la siesta -.

Al parecer el grueso de los montañeros opta por el descenso desde el Pico Perdiguero hacia el Refugio del Portillon d'Oo en el « autre côté » y la cumbre se va quedando vacía, aunque no parece que pueda estallar tormenta, más vale ir bajando tranquilamente, haciendo algunas fotos y respetando las rodillas con la ayuda de los bastones, sin embargo, la bajada se hace en la mitad de tiempo, dejar los trastos en el coche, quitarse las botas, una primera cerveza en el bar del hotel y una segunda mientras Coro comenta la jornada :

- No hemos visto ninguna víbora en todo el día, deben estar todas en Madrid preparándose para los programas de la semana...


jueves, 5 de junio de 2025

RECUPERAR EL YETI



Me llamaban Antontxo, todo el mundo me llamaba Antontxo y yo respondía por ese nombre – mis dos hermanos mayores me llamaban Antoine pero eran la excepción -, nombre que me diferenciaba de mi padrino el tío Antonio, Antxón entre sus hermanos, hermano pequeño de mi madre. 

El padre Labaca era profesor de Historia del Arte en el colegio de los jesuitas y un día de mi adolescencia, tendría yo 14 años o así, me dijo algo así « Un tipo como tú, con toda la barba ya, no puede seguirse llamando « antoñito » ¿Qué es eso de Antontxo ? O te llamas Antonio o Antxón, si prefieres pero ya no eres un niño y, si te dejas seguir llamando Antontxo en este país, vas a tener 70 años y te seguirán llamando Antontxo ». Así que empecé a identificarme a mí mismo como Antxón.

Por la misma época de juventud iba los veranos al campamento del Colegio en el Valle de Oza y en el Valle de Belabarce, donde me hice amigo de los hermanos Fernando y Enrique Martínez Stinus, muy montañeros, con los cuales iba alguna vez a otras excursiones durante el curso, pequeñas cimas guipuzcoanas y grutas de los alrededores. Enrique comentó un día que los compañeros de curso nos llamaban los yetis a nuestras espaldas.


Un día me lo dijeron a la cara en el vestuario del colegio después de gimnasia o de algún entrenamiento – jugaba en el equipo de hockey-sala del colegio -, alguien exclamó, al verme desnudo, « Pareces el yeti ». Me pareció bien, el yeti era un personaje simpático, se asomaba los veranos en los periódicos junto al monstruo del lago Ness para rellenar las páginas carentes de noticias, aparecía a menudo en las historietas dibujadas como un personaje secundario, incluso había un tebeo inglés, difícil pero no imposible de comprar en Donostia, donde protagonizaba sus propias aventuras… me puse a escribir cuentos con el yeti de protagonista. Mis compañeros de la sección de letras del colegio me llamaban el yeti y no me molestaba, el apodo se extendió a la cuadrilla con la que perseguíamos a las primeras chicas los domingos después del fútbol, los festivos y las vacaciones, era un apodo cariñoso, íntimo, no se me llamaba así en público. También me siguió en el equipo de hockey sobre hierba. Incluso mi madre me decía « Dejas la ducha llena de pelos, como un yeti ».


Luego vinieron la universidad, el rugby, el teatro, las chicas… a éstas, cuando me decían que parecía un oso de peluche, les tenía que corregir « un oso no, el yeti ». La vasca aprovechaba para hablarme del basajaun, personaje con el que siempre he tenido una buena conexión.



Sé que, junto a otros motes, mis alumnos también me han llamado el yeti durante mi carrera de profesor universitario. Y alguno de mis socios abogados, cuando he reaccionado de una forma inesperada ante alguna conducta de él, me ha espetado « Ya está el yeti, el solitario de la montaña salvaje ».



Mi paso por el hospital ha recuperado al yeti que hay en mi. Ponerme electrodos y arrancarlos, los esparadrapos, las perfusiones… me arrancan pelos y alaridos, las sanitarias – el sanitario sigue siendo excepción-,  me volvían a comparar con el oso y yo volvía a hablarles del yeti durante esas sesiones de sufrimiento necesario en las habitaciones hospitalarias.  He tenido que pasar la máquina de afeitar a fondo por la zona de la operación y alrededores antes de pasar por el quirófano la semana pasada. Unos días después, el yeti va recuperando su pelaje. 

Y además la IA produce unas imágenes del yeti que me gustan, como ésta del yeti en Gipuzkoa:




miércoles, 10 de enero de 2024

HA MUERTO CESARITO



César Alierta, el primo César de Isabel mi mujer era el tío Gilito de la familia pero en buen carácter, al menos conmigo. Creo que nos apreciábamos, yo era su primo comunista -así me presentaba a sus colegas en los saraos y cenas -, el único de la familia que le había llamado para amenazarle con darle un par de hostias si seguía mandando un giro mensual a mi mujer Isabel, me explicó que ayudaba a unos 60 de la familia y que una más no le importaba. Un buen tipo, a pesar de que tenía amistades peligrosas con el Papa, Javier de la Rosa o el cretino de bigote que nos lió con la guerra de Irak… lo de darle palique al Santo Padre me hacía gracia pero lo que más me gustaba era cuando decía que nos envidiaba a mi amigo Javier (Otra ausencia) y a mi cuando nos veía trepando por esos picos de los Pirineos desde su helicóptero – se alquilaba un helicóptero para el veraneo en Villanúa e incluso nos paseó en él a mi hijo mayor, su mujer y mis nietas -.

Supongo que ahora saldrán las necrológicas necrófagas de tantos plumillas que han vivido del dinero con el que César les ha untado, sobre todo cuando tuvo problemas con la justicia – en ningún momento dudé de que iba a ser absuelto -, pero, para mi, se ha muerto un amigo, un amigo más que un primo, alguien que me animó en la muerte de Isabel « Rezaré yo por ella, ya que tú, cacho ateo no lo harás, hein  », alguien que me dio buenos consejos « No inviertas en Bolsa, en Bolsa siempre ganamos los mismos y siempre perdéis los mismos » , alguien que me hizo llorar hablando de Ana su mujer fallecida antes, que me hizo reír con sus desayunos en el Vaticano o con sus cocidas en sanfermines « He comprado que me abran el aeropuerto para despegar cuando se me acabe el buen rollo, hein ¿?».

Un abrazo César y « no, no bebo whisky a estas horas, no insistas »

Te echaré de menos, la muerte, la nada, la inexistencia es lo que tiene.  


jueves, 12 de octubre de 2023

LAS FOTOS

Galtzagorri está escribiendo la oposición a un recurso, quizá una apelación, en el pequeño despacho que se ha habilitado en lo que fue la habitación de los niños – aún se utiliza como dormitorio de nietos a veces -, ya que la exagerada renta del alquiler de un hueco en un local habilitado para despachos de los que abundan en Donostia le ha acabado obligando a retornar a sus principios profesionales, cuando vivienda y trabajo se superponían en el mismo espacio. El Aranzadi ya no amenaza con hundir el suelo del piso, la informática ha reducido el mínimo vital necesario para el ejercicio individual de la abogacía, apenas una conexión a Internet y un ordenador decente son los útiles imprescindibles aquí y ahora.

Coro, su mujer, se está jubilando también poco a poco de la notaría y, a veces, dice que solo va al trabajo « por molestar » y a la salida, a veces, compra algo para merendar con Jon en la mesa de la cocina. El clima reinante invita a compartir un helado, quizá de pasas con ron, pero las heladerías de nuestra juventud se han ido extinguiendo, los turistas aprecian más la gastronomía industrial que se camufla en decorados típicos que los sabores elaborados artesanalmente, así que la ecuación ingresos menos gastos ha llevado a la extinción o casi de estas especies como de otras.

- He traído un poco de helado – proclama Coro entrando en el piso -, acaba eso y vente a la cocina.

Jon Galtzagorri entra en la cocina con el teléfono móvil en la mano y se lo pasa a su mujer.

- Mira qué fotos me ha seleccionado Google como recuerdos de hoy.

- ¡ Cuántas excursiones hacías con Murray ! Y hace años que se murió ¡Qué recuerdos ! ¿Te acuerdas de aquella caída en el glaciar de la norte del Perdido , después de esta foto en la cumbre con la bandera de la República? ¡Le salvaste la vida !

-   Los recuerdos pueden ser falsos y la línea entre la memoria y la imaginación se vuelve borrosa. Al ver la foto me he acordado de aquello y no hay percepción que no esté imbuida de recuerdos. Este verano recordaba perfectamente que aquel incidente había pasado en el Posets, al ver el nevero del Posets me vino el recuerdo vivido de su cara de susto. Sin embargo, tienes razón, aquello pasó en el Perdido y muchos años antes.

- Como abogado, sabes que en la memoria la reactivación nunca se produce dos veces de la misma manera, el haz de neuronas no es el mismo. Aquellas en que se grabó el recuerdo se han muerto y ahora son otras células, otras conexiones… nuestros recuerdos están en constante evolución dentro de nosotros, cada reactivación los hace variar. Quizá tampoco fue en Perdido, quizá fue en el Aneto. Pero al final el maldito cáncer se lo llevó ¿Echas de menos sus perogrulladas que tanto te cabreaban ? 

- Sigo oyéndolas cuando las necesito. No creo en la mística pero sigo conviviendo con mis muertos, mi padre, mis amigos... ahora me relajo, cierro los ojos, ahí mismo en el despacho y charlo con uno u otro... Imagino lo que habría dicho cada uno sobre el tema que me inquieta,  de esta manera tengo una relación con el difunto, hablamos, discutimos. Y mis muertos y yo decidimos juntos.

- ¿Quieres un poco de chantilly sobre la crema ?



martes, 22 de agosto de 2023

TOROS BRAVOS

 


- ¿Ahora se come el pulpo a la gallega con cuchara ? - El Barón de la Florida pregunta a Coro, señora de Galtzagorri, al entrar en el aromático figón gallego de la calle Zabaleta -. No había visto las dos férulas que llevas ¡Perdona !

Galtzagorri invita a acercarse a los dos amigos, es imposible sentarse en la mesa, todos los asientos están ocupados en la hora de comer en el bar. Con ayuda de tenedor y cuchara la donostiarra va acabado la ración, mientras su marido corta el lacón en menudos pedazos.

- ¿Cuándo habéis vuelto de los Pirineos, pareja ? - Prosigue el hernaniarra, que se ha conseguido un par de vasos para servir albariño a su mujer y a sí mismo -. Creía que aguantaríais hasta fin de mes por allí, lejos del overbooking veraniego que estamos padeciendo.

- Llegamos ayer a la noche, después de un paso por urgencias en el hospital de Barbastro, y hoy estamos de radiografías y escáneres y demás – Coro explica, dejando de comer un momento -.

- Veo que la montaña es más peligrosa que los conciertos de Sagüés.

- La montaña no, correr en el encierro monte a través, perseguidos por una manada de toros bravos es lo que tiene peligro de verdad… - Precisa Coro exhibiendo las muñequeras ortopédicas -. Y he tenido suerte de que Jon me hizo un quite a pecho descubierto que si no me quedo empitonada en Llanos del Hospital.

- Mi cuñada, que había quedado en acompañarnos una semanita de excursiones a ibones y tal, se presentó con el perro en Benasque. Ya le dije que en el Parque Natural ni perro atado ni nada pero…

- Después de haberse hecho 400 kilómetros no le iba dejar sola a mi hermana, así que salimos a dar una vuelta, nosotras por delante, con el perro sujeto por la correa...

- La correa adecuada para pasear por el Paseo de Francia una tarde domingo – Precisa Galtzagorri -. Ya sabes « Mi perro está muy bien educado, no ladra, es muy tranquilo, es muy obediente » y otras majaderías que dicen estas socias de la sociedad protectora de chuchos chumineros y mininos castrados y desuñados, que si amasen los animales de verdad los dejarían libres en la naturaleza y no los caparían y tendrían encerrados en pisos de clima artificial y en ciudades en que solo pueden respirar polución..

- El caso es que íbamos por delante ella con el perro y yo, éste venía detrás refunfuñando, a un kilómetro de distancia.

- Cien metros escasos, que si no, estaríais muertas las dos.

- Había un rebaño de vacas con sus terneros a un lado de la senda y, en un instante, el perro se lanzó a jugar con ellos, que eran de su mismo tamaño, todo lo que la correa dio de sí.

- Y en un instante las vacas percibieron que un gran lobo atacaba sus retoños, acompañado de dos monas feroces que lanzaban alaridos, y reaccionaron, como todos los bovinos, en defensa de la especie taurina. Ahí me ves corriendo con los bastones, golpeando las rocas, silbando como un pastor, cogiendo a ésta por donde pude, haciéndole subir entre rocas sueltas, que es terreno incómodo para el ganado, hasta una roca, un bloque de escalada, que nos sirvió de burladero.

- Creo que batí todos los récords de escalada boulder, sin parabolts claro, aunque me casqué las dos muñecas en el intento. Al cabo de hora y media o así los novillos y las vacas se alejaron un poco y pudimos ir al coche.

- ¿Y la dueña del perro ? -La Baronesa inquiere después de ayudar a acabar la ración de lacón sin que nadie se lo pidiera -.

- Se lanzó arroyo abajo por el cauce arrastrada por el perro hasta que se rompió la correa, nos dijo luego en el hospital, porque unos madrileños se la encontraron gimiendo en el monte y la bajaron empapada con ellos hasta el aparcamiento, llamaron a los socorristas, se hicieron cargo del perro hasta que llegamos nosotros...ha tenido suerte con que le reparen la rodilla, una clavícula y un par de dientes, quedará como nueva.

- ¿Y el perro ?

- Muy bien, el chucho, como se lo ha ganado - precisa Galtzagorri pagando la cuenta -, está alojado en una suite con vistas a la bahía en el nuevo hotel que han inaugurado o similar, lo digo por el precio que va a pagar su dueña cuando salga del hospital.

jueves, 10 de agosto de 2023

LAS PERSEIDAS VEINTE AÑOS MÁS TARDE



La mochila de ataque con los crampones, piolet, saco de dormir, ropa por si acaso, botiquín… objetivamente pesa menos porque la comida ha sido consumida pero después de los 18 kilómetros de paseo, los 1889 metros de desnivel y las 14 horas transcurridas desde que abandonaron el vivac hasta que ahora llegan de vuelta, Galtzagorri está sintiendo todos y cada uno de sus kilos sobre su espalda. Coro ha ido  haciendo ramos de flores y hojas que cuelgan también de su mochila y camina ligera cuesta abajo pero procurando no distanciar a Jon fatigado y temeroso desde hace unas horas de que les coja la tormenta.

- Se oyen truenos hacia el Monte Perdido o Pineta, me parece – Jon se ha parado una vez más para mear en un lado del sendero -, espero que esta noche nos libremos de tenerla encima.

- No ha sido un trueno, para mi ha sido una avalancha de rocas en el pedregal ahí atrás por Eriste o así – Coro es una optimista meteoróloga en la montaña que confunde una granizada dolorosa con un ligero sirimiri -, cada vez hay más desprendimientos…

- No hay engrudo natural que sujete los cantos, ha desaparecido y es muy fácil que se echen a rodar pero eso ha sido un segundo trueno y me parece más cercano – Jon Galtzagorri pasa delante y acelera el paso durante unos metros -.

- No corras que es peor y ya casi hemos llegado al campamento…

- Como estalle, recogemos los bártulos y bajamos al refugio y, si no hay sitio, hasta el coche…

- ¡Vaya himalayista estás hecho, muchacho! - Coro ha llegado a donde dejaron la tienda y las mochilas y se ha desnudado por completo antes de que Jon haya podido descansar sus hombros de la mochila -.

- ¿Qué haces? ¡Te van a acribillar los tábanos!

Coro baila una especie de danza africana mientras se rocía con un pulverizador por todo el cuerpo, el espectáculo se realiza para un solo espectador humano, 14 marmotas y  2 sarrios.

- El aire de la montaña me vivifica – dice Coro enrollándose un pareo balinés rojo por debajo de los pechos que quedan así subrayados -, y espero que este circuito por el Posets no te impida hacerme ver las Perseidas de nuevo, esta noche.

Jon Galtzagorri se sienta en una piedra y se pregunta por qué no habrá metido las pastillas azules en el botiquín, al fin y al cabo, no se iba a notar su peso.

 

martes, 28 de junio de 2022

2002 CONJUGUE

 Buscando una cosa en archivos de antes de 2005, he encontrado este texto del 7 de octubre de 2002:




- Q`un juge sôit con est inevitable, q`un con soit juge est une catastrophe. 

La conocida frase del Letrado Raoul Damrémont me daba vueltas en la cabeza: Que un juez sea gilipollas es inevitable que un gilipollas sea juez es una catastrofe.

Yo estaba en el funeral de un juez. Me había puesto con otros abogados a un lado de la capilla, sólo el decano se había sentado con los Magistrados en el centro. Mientras estaba vivo, yo pensé que era un gilipollas, un gilipollas con el infinito  poder que tiene un juez. Ahora estaba muerto.

Su cuerpo había aparecido el sábado cerca del Aspe. Él iba al Aspe muchas veces al año. En verano pasaba dos semanas en Jaca y lo subía tres veces por lo menos. Un profesor universitario de Zaragoza oyó caer unas piedras y le pareció que un cuerpo caía entre las rocas. El profesor llamó por su teléfono móvil pidiendo socorro pero ya avisó que estaba muerto. Cuando llegó el helicóptero de la Guardia Civil, el caniche del profesor chupaba la sangre del cuerpo pero como nadie iba a ir a levantar oficialmente el cadáver en aquel sitio lo bajaron al parking de Candanchú.

La autopsia se hizo más tarde, en Jaca. Todo como yo había pensado, nadie advirtió el golpe de bastón en la frente. De todas maneras  el bastón lo había dejado entre dos docenas más de idénticos en la tienda de recuerdos del Pirineo de Hecho.

Ahora que estaba muerto, yo empezaba a pensar que no se merecía que le asesinara. En realidad él me provocó para que lo hiciera. Hasta que no me explicó aquella manía de ir al Aspe no había tenido la más mínima intención de cargármelo. Yo pensaba que era un corrupto pero uno se acostumbra a convivir con los corruptos de la judicatura.

martes, 19 de abril de 2022

EL ÚLTIMO MONÁRQUICO

- Pero ¿Conocéis a alguien monárquico? - Plantea el Barón de la Florida, llegando de bajada a Larraitz mientras se quita la pequeña mochila -. Yo no conozco a nadie ni aquí ni en España.

- Mi primo Jaime, como era el tío, es monárquico – suelta Manu Majors que se ha sentado en el borde de cofre del coche para quitarse las botas de montaña -, siempre que puede defiende la institución de la monarquía, tiene foto dedicada de los reyes encima del piano…

- Tu primo no cuenta, es inglés -espeta el Marqués de Altamira a su lado y realizando la misma operación de cambio de calzado -, y tiene más la cabeza en Londres que en Bilbao.

- Él no es inglés, su mujer es inglesa – corrige Majors haciendo estiramientos entre los coches -.

- Pero llamándose Bond, James Bond, es imposible que no sea monárquico – el Marques de Altamira se acaba su segunda botella de Insalus para recuperar lo que ha sudado en las cuestas del Txindoki -, siempre va a estar al servicio de su majestad.

- Para los ingleses “el rey reina pero no incordia”, aunque tampoco hay ingleses que de puertas para adentro sean monárquicos militantes, que yo conozca – Majors espera que los rezagados terminen de prepararse e ir a comer al merendero más cercano -, cara al extranjero suelen aparentarlo para diferenciarse, pero ten en cuenta que el pueblo inglés ya cortó la cabeza del rey oportunamente, antes que los franceses lo hicieran.

- Es que en España nunca ha triunfado una revolución – Galtzagorri acaba de recuperar el aliento, la excursión mañanera ha debido de producirle meteorismo en el aparato digestivo porque había soltado un par de salvas nada más llegar al aparcamiento -, en España la represión se ha impuesto siempre y los poderes fácticos, los amos del cotarro, han impuesto sus instituciones y la herencia del poder es una institución muy arraigada en esas familias.

- ¿Crees que los putos amos del país son monárquicos? - Insiste el Barón que ya encabeza el grupo que se dirige hacia la venta -.

- Claro que lo son, todos lo son – Galtzagorri vocea, el último de la fila, mientras se golpea con la mano en la tripa, como queriendo expulsar el resto de la tamborrada interior -. La familia real es una de las suyas, de los que tienen el país porque sí, porque es suyo. Lo he dicho mil veces, la corrupción para ellos no existe, cuando se apropian de los fondos públicos no roban, simplemente recuperan lo que es suyo, lo que vosotros los rojos socialistas les habéis, les habíais, quitado con los impuestos.

- También roban donde gobiernan sus lacayos  ¡No me jodas, “cuñao”! - El Marqués dice al llegar a la mesa reservada, esquivando uno de esos niños educados para correr incordiando por los restaurantes -.

- Es que los impuestos son para ellos siempre un atraco de bandoleros que roban a los ricos de familia bien y educados en colegio de pago para dárselo a los pobres de la escuela pública, que sus abuelos les otorgaron equivocadamente, y que se lo gastan en cualquier cosa que les venden los ricos de familia bien y educados en un máster de pago… - Galtzagorri aparta la botella de sidra que estaba en la mesa frente a su plato y sonríe a la muchacha que parece dispuesta a atenderles -. Zer errioxa daukazu, mesedez?



martes, 29 de marzo de 2022

PAREIDOLIAS



- Esa roca de ahí arriba parece un busto de mujer pechugona – dice el Marqués de Altamira parado en la empinada senda mientras saca una foto con el móvil -, y la roca de más abajo parece la cabeza de un niño que tiene hambre.

- El agotamiento te hace ver espejismos, gordo – le contesta de más arriba Jon Galtzagorri que también se ha detenido y ha clavado su bastón en un pequeño nevero que resiste en el roquedal -, yo estaba viendo un montón de rocas en equilibrio inestable y que van a acabar ahí abajo, junto al ibón congelado.

- Si os detenéis a cada rato, vamos a llegar al collado cuando toca bajar – protesta el Barón de la Florida, todavía más arriba, poniéndose las raquetas -, ya haréis fotos allí mientras almorzamos.

Los pirineos muestran su inmensidad encima de los tres excursionistas sudorosos, todos los matices marrones y verdosos de la roca luchan por desprenderse de la secuencia de blancos que ha cubierto totalmente el pequeño circo hasta hace unos días, una brecha entre cumbres parece ser el objetivo de los veteranos domingueros, el sol sin nubes pasará factura en cremas reparadoras más tarde…

- ¿Quién dijo que esto era una salida mañanera para hacer apetito y poder comer un “cassoulet” mientras veíamos el partido a la tarde? - El Marqués de Altamira parece protestar, sin mucha convicción al llegar a la zona donde sus amigos se han puesto las raquetas para cubrir el último repecho -.  Me parece que el rugby era menos duro que esta vida tan sana que ahora hacemos, además en el tercer tiempo había menos riesgo de lesiones que en estos paisajes… y que conste que me gustan mucho, que si el cielo azul, que si la nieve, que si los grajos sobre la nieve, que si los silbidos de los sarrios… todo muy bonito, precioso, no me cabe duda alguna. Pero lo han puesto a 3.000 metros de altura.

- La semana que viene vamos al Hernio, tranquilo – el Barón de la Florida tiene tracción a las cuatro ruedas y ya casi toca el lomo que separa la vertiente francesa, por la que suben, de la española -, y después unas “babarrunak” con todo para recuperar fuerzas.

- ¿Ves esa roca en forma de bisonte que parece pastar en la nieve? Allí paramos, hacemos las fotos, el hamaiketako y para abajo – señala Jon Galtzagorri hacia el corte en el circo rocoso-.

El Marqués se quita el sombrero stetson que protege su incipiente calvicie y escruta la tierra prometida.

- Yo le estaba viendo cara de pilier inglés a esa piedra.


lunes, 17 de enero de 2022

LA VIUDA DE LENIN EN EL DENTISTA

- Me he encontrado con la viuda de Lenin en la sala de espera del dentista el otro día -dice Aristide Labarthe mientras retira trozos de silicona vieja en el plato de la ducha de la casa que Imanol Hiruntchiverry  tiene en Arette -, parece anoréxica como una Cruella Devil.

- ¡Qué casualidad! Estaba pensando en Yannick Arósteguy en este momento – le responde Hiruntchiverry entrando desde la sala -, a pesar de que le llamábamos Lenin y que era un jugador muy malo técnicamente hablando, fue mi capitán en uno de los mejores periodos del equipo.

- Acabaste muy mal con él ¿No? A mi me parecía una especie de gilipollas difícil de tratar.


Labarthe es un “manitas” y aprovechando que hay huelga en la enseñanza ha subido con su amigo a repararle unas fugas de agua que el hijo de la actual mujer de Hiruntchiverry, el único que va de vez en cuando a esquiar en la Pierre Saint Martín y usa los fines de semana esta destartalada segunda residencia, que ya solo da gastos a su propietario.

- Sí, era un tipo muy especial – responde Hiruntchiverry pasando el tubo virgen de silicona a su amigo agachado en el cuarto de baño entre el bidet y el plato -, que estuvo años sin hablarme y un día, hará tres o cuatro años, me pidió, después de citarme en un bar por teléfono, que, por favor, le guardase unas cosas en el trastero de mi garaje.

- ¿Y le hiciste el favor?

- Eran papeles bancarios, unas fotos, unas diapositivas, un cuaderno y cartas, postales… en varias cajas de zapatos. Supongo que no quería que alguien las encontrase en su casa o en su trabajo y lo metí todo junto en una caja de cartón en la estantería más alta.

- Pues una vez muerto, quizá deberías dárselas a la viuda ¿No?

- No creo que fuera su voluntad. Al cabo de un tiempo, un año o más, me preguntó en la calle si seguía teniendo la chimeneta en esta casa y si podía quemar todo lo que me había dado, así que cogí las cajas de la estantería y un día que vine a Arette, que hacía frío como hoy, metí todo al fuego.

- Pues fin de la historia.

- No, antepenúltimo capítulo, porque casi un año más tarde me para de nuevo en la calle y me preguntó si había quemado lo que me había dado y le dije que claro que sí, que yo siempre hago lo que me piden los “amigos”.

- ¿Qué pasó a continuación? Porque algo pasó seguro, esa sonrisa irónica tuya…

- Que puso una cara larga hasta el suelo, como si le hubiera dado el disgusto de su vida y a los tres días, el infarto fulminante y se muere.

-  Era raro el señor.

- Por eso me acordaba de él, ayer al buscar las herramientas me encontré la caja con todos papeles y fotos de Lenin caída en un el rincón del trastero ¿Qué habría quemado yo entonces?

- Tendrás que hacer algo con esa caja.

- Ya lo he hecho, por eso tenemos buena temperatura ahora ¿Qué crees que esta ardiendo en la chimeneta que he encendido esta mañana cuando hemos llegado para calentar esta casa?


   

miércoles, 29 de diciembre de 2021

HEFESTO, VULCANO Y LA CIENCIA

 En un rincón del refugio, debajo de la lámpara Imanol Hiruntchiverry está leyendo un librito, apenas un folleto.

- Leyendo este libro del 2000, regalo de estas navidades en una reedición (1), me encuentro con esta perla de Edgar Morin, hablando de los efectos inesperados de sucesos banales: “He visto recientemente a mi amigo Labeyrie, geólogo volcanólogo, (2) que me hablaba de la hipótesis siguiente: el monzón en Viet Nam provoca las erupciones volcánicas en Italia, -  las lluvias más abundantes de la tierra son las que caen en el Sudeste asiático, hay un metro de erosión cada 100 años-, a largo plazo, porque los continentes flotan, Asia del Este tiene a levantarse y Turquía a descender, el subsuelo empuja hacia Grecia e Italia del Sur”

- Nunca he acabado de comprender por qué, si la tierra pierde calor por todas las costuras volcánicas que tiene, no se enfría – Jon Galtzagorri responde mientras aparta la tableta en que ha repasado el Boletín Oficial del Estado -, y lo de ese volcán, como otros, me causa un efecto hipnótico, esperaba a que fuera de noche para seguirlo en directo por Youtube, no he visto una explicación suficiente a ese fenómeno…

Aristide Labarthe está jugando al ajedrez con y contra una consola pero sigue la conversación, sumido en el sopor de la fatiga por la travesía en raquetas alrededor del Pic du Midi d’Ossau.

- Un furúnculo que explota es siempre un síntoma de enfermedad. Hubo alguien que ligó la erupción con el calentamiento climático y que casi le linchan en Twitter por ello ¿No? Quizá los vulcanólogos actuales no se atreven a decir que Gaia está enferma y que, como tiene fiebre, compensa el calor atmosférico con el enfriamiento telúrico.

- Creo que los científicos actuales saben poco más que Plinio “El viejo” y son más vulcanólatras que vulcanólogos – dice Hiruntchiverry cerrando el libro y poniéndose de pie -, pueden describir lo que ha pasado pero no pueden evitar lo que pasará impulsado por fuerzas que no controlan.

Galtzagorri se ha puesto en pie también y se dirige hacia el dormitorio, aunque a modo de despedida   dice:

- Los que sabían cómo funcionaba esto eran los griegos de tiempos de Homero, en realidad Hefesto es quien controla el núcleo del mecanismo de la tierra, ahora le llamamos  protón que queda mejor, pero es el viejo y jodido Hefesto de toda la vida que cuando se enfada por los cuernos que le pone su mujer Afrodita vomita su bilis ardiente…





 1.-  Boris Cyroulnik & Edgar Morin, “Dialogue sur notre nature humaine”, Ed. Marabout 2021



2.- Jacques Labeyrie ha muerto en 2011 sin conocer la erupción de la Isla de La Palma.

lunes, 13 de julio de 2020

VALLE DE LÁGRIMAS DE AMOR (2)

Capítulo anterior
Burdeos es como Bilbao en cierta forma y hace tiempo que ambas ciudades llevan, quizá voluntariamente, una vida urbana paralela. El actor vasco Imanol Hiruntchiverry gusta de pasearse en solitario por la orilla del Garona y también por la del Nervión pero a Burdeos suele ir por trabajo y a Bilbao no, a Bilbao va en visitas de ocio. Una mañana de salida del confinamiento se encontró con horas vacías de contenido en Burdeos y provisto de mascarilla y frasco de desinfectante dejó que sus pasos le llevaran por el paseo aguas abajo, dejando atrás el Espejo de agua y la Plaza de la Bolsa pensando, inevitablemente, en Isabelle. “Quand Isabelle dort plus rien ne bouge…” cantaba Jacques Brel a su hija, pero Imanol recordaba haber entonado la canción al despertarse junto a Isabelle la última vez que durmieron juntos después de una noche de amor, de pasión, y que él creyó por un momento que iba a ser la primera de su vida definitiva con Isabelle.
Habían pasado 15 años sin Isabelle y, cerrando los ojos o sin cerrarlos como ahora frente a las aguas oscuras del río, veía su rostro dormido, oía su respiración rítmica y tranquila, el olor fresco de su cuerpo mezclado con los ácidos de sus encuentros de la noche en las sábanas… Había prometido que le llamaría para subir con ella a hacer el Posets en septiembre, era aún julio, y él no lo hizo, al volver a su vida de Biarritz, una vez más le pilló su abulia, su incapacidad de romper relaciones que nunca hubieran debido comenzar y se encontró viviendo con una amante, quizá esposa, dotada de un trastorno límite de personalidad que le condujo por una senda  llena de charcos de pastis, arroyos de vino y ríos de destilados durante unos años, cuando su metabolismo le sacó del caos mental de aquel vínculo no se atrevió a llamar a Isabelle y ahora tenía miedo de encontrarla en las calles de Burdeos, de no saber explicar qué había pasado para no haber subido al Posets con ella y haber construido los 15 años de amor que ella merecía.
Porque Imanol estaba casado de nuevo, felizmente casado por cuarta vez, no por quinta vez como sus amigos decían, aunque si abría el armario del rincón de su cuarto de trabajo, al fondo del pasillo, se caía siempre el álbum de fotos, y de él, con la magia de las cosas, saltaba a sus manos una foto de Isabelle, una foto de ella fumando un cigarro en un bistró elegante de Burdeos, la foto que le hizo en su último encuentro. Se pasaba un rato mirando esos ojos sonrientes y pícaros, de niña traviesa, fijados hasta que la química se descomponga en la fotografía.
Cuando Imanol estudiaba en Burdeos su último curso, vivía en un piso compartido con una banda de compañeros de diversos orígenes, hace 50 años eran tiempos de revoluciones, vinos y pieles femeninas. Un encuentro en un garito universitario al que las chicas de liceo se asomaban investigando hasta dónde les podía llevar el estallido de sus hormonas, metió a Isabelle en la cama de sábanas grises, no las lavaba con la frecuencia necesaria, de Imanol para dejar en ella,a modo de muesca, su virginidad de adolescente. Y cuando la vida universitaria se acabó, la relación, como otras, pasó al archivo de la memoria de lo que nunca volverá.
El destino es cabrón. Una mañana de recados familiares por navidad llevó a Imanol de vuelta a Burdeos un par de años más tarde y, como la familia prescindió de sus servicios por la rue Sainte Catherine hasta la hora del regreso, desde el teléfono de un bar, no había otras opciones femeninas en Burdeos, llamó a Isabelle. Estuvieron los dos paseando, hablando y tomando aperitivos hasta que acabaron en una cama prestada de otro piso de estudiantes. Un mes más tarde ella estaba embarazada y le llamó para avisarle, Hiruntchiverry se quedó aterrado, su novia local Ane le había dicho la víspera lo mismo. Con 24 años hay situaciones de comedia que se convierten en dramas, e Imanol se encontró protagonista de una serie de mentiras, estratagemas, viajes clandestinos entre Biarritz y Burdeos y lágrimas a de una y otra hasta que Isabelle interrumpió voluntariamente su embarazo mientras que Ane, previo paso por la alcaldía, por el pasillo formado por los compañeros del equipo de rugby y por urgencias del Hospital de Bayona, dio a luz una Ane Hirunchiverry que actualmente se vuelve a hablar con su padre después de unos decenios ignorando su existencia.
El matrimonio no le sentaba bien a Imanol y su salud sentimental era mala, así que cuando una formación profesional -  el título de derecho colgado en la pared y el rugby le habían facilitado un empleo en una entidad financiera -, le llevó soltero por unos días a Burdeos, se interesó telefónicamente por Isabelle y ésta acabó por pasar todas las noches en el hotel a gastos pagados.
Imanol volvió a Biarritz con la idea de romper su matrimonio, retornar a Burdeos y darse una oportunidad a sus 30 años de edad con Isabelle pero no.
Imanol vivió un hijo más o así con Ane, hasta que ésta tuvo el detalle de dejarle por un monitor de gimnasia de origen argelino al que se parece enormemente ese hijo. Ya eran tiempos en que Imanol había ascendido en su trabajo financiero, trasladado de Bayona a Dax o a Mont de Marsan, a responsable de formación de reclutas para lo cual se desplazaba los veranos en una sucursal bancaria sobre ruedas en compañía de un becario a atender los clientes por localidades aisladas, campings, casas rurales… Así, hacia la cuarentena, conoció el coño que le iba a retener durante un tiempo, porque lo primero que vio de ella fue el matojo de caracolillos de pelo negro que conformaban en su pubis una cabeza de flecha hacia abajo. Habían aparcado la autocaravana bancaria en el camping naturista de Arnaoutchot, los dos empleados de banca perfectamente vestidos con camisa y corbata en su interior, la clientela perfectamente desnuda con sus bolsos y billeteros en la mano hacía cola en el exterior y según entraban Hiruntchiverry veía sus genitales, luego procuraba concentrarse en sus ojos, los de Carmen delataban su sangre española, por lo demás estaba delgada, muy delgada y se movía con agilidad felina.
Cuando un par de meses más tarde la vio de nuevo, en la sucursal de Mont de Marsan en la que él trabajaba, no la reconoció vestida. Sin embargo, al identificarle por su nombre y apellido pudo iniciar una conversación que luego continuó en una cafetería. Carmen era periodista y había sido enviada a dirigir la emisora local de una cadena radiofónica, a los pocos días ya supo que estaba separada, más de hecho que de derecho, de un marido que andaba de corresponsal por Buenos Aires, algunas semanas más tarde Imanol ya se encontraba sacando el perro de Carmen y un par de hijos, que iban con ella en el lote, a pasear mientras ésta cerraba las emisiones. De ahí a que una noche ella le preguntara cuándo iban a empezar a follar y a hacerlo por vez primera en un coqueto hotel de un valle pirenaico las cosas fueron rodadas con la lógica de la ley de la gravedad. Imanol descubrió la dureza de aquellos caracolillos, verdaderos alambres de acero, que, sin embargo, le provocaban unas eyaculaciones precoces desesperantes para ambos amantes. Enseguida Carmen, la fidelidad no era una de sus virtudes, descubrió por su parte los atractivos de los pilotos de la base aérea de Mont de Marsan, así que la relación duró hasta que un piloto y Carmen encontraron un destino común cerca de París. Poco después Imanol volvió a la costa vasca con un nuevo ascenso y una depresión paranoica.
Sumido en estos recuerdos, el paseo le estaba conduciendo hacia el Cours de Medoc, algunos barcos de recreo estaban acostados a los muelles, brillantes bajo el sol, sus pabellones ondeando con la brisa. Y recordó cómo la depresión había puesto en su camino una nueva amante que le iba a conducir a Burdeos en vez de llevarle directamente a Burdeos para ahorrarle un via crucis de servir de paño de las lágrimas provocadas por un marido maltratador, una especie de inteligente sádico, personaje escapado de una película sobre campos de concentración siberianos, y pasar sin darse cuenta a sustituir al marido, muy ausente, en el tálamo de Solange.
Alguien del banco le habló de un siquiatra de Burdeos, no entendió por qué se lo decía hasta que se encontró desnudo en las escaleras del edificio de su amante, la cual borracha perdida abroncaba dentro de la vivienda al marido por haber vuelto repentinamente sin avisar, consiguió vestirse a medias y desprenderse de su propia borrachera a medias, todo ello lo suficiente para decidir tomar una cita con el siquiatra recomendado.
Lo de que el destino es muy cabrón era un pensamiento recurrente de Hiruntchiverry. Empezó las visitas al siquiatra en Burdeos y la consulta estaba situada en el barrio en que vivía Isabelle, cerca de la Catedral de St. André. Las pocas probabilidades que había de volverse a encontrar con ella se dieron, cuando los dos se dieron de bruces en la puerta de una cafetería, se sentaron a hablar, se contaron sus vidas de los años, lustros, decenios y siglos transcurridos tan lejos y tan cerca, se despidieron el primer día tan amigos. Imanol no pudo evitar llamarle cuando le tocó su siguiente visita al siquiatra. Isabelle no pudo evitar llevar a Imanol a su cama, había acabado una larga relación por aburrimiento. Imanol no contó nada al siquiatra pero éste le iba encontrando cada vez más mejorado y fue espaciando las consultas.
En el banco Imanol se ofrecía voluntario para todas las gestiones que hubiera que hacer en Burdeos pero a la vez seguía sosteniendo el alma en trozos de Solange tanto por los bares del Petit y del Grand Bayonne como por las escaleras que conducían al frío lecho conyugal.
Una vez más se vio volviendo de Burdeos hacia el sur para romper definitivamente aquella maldita cadena, marchar a escalar el Posets y quedarse a dormir definitivamente con Isabelle hasta que ésta, y no otra, le cerrase los ojos a su cadáver cuando su alma de zíngaro abandonase su cuerpo machacado de rugby y cervezas. Y una vez más había cerrado la puerta a aquel sueño para disfrutar de una pesadilla durante los siguientes años hasta que un día salió a hacer un recado y no volvió.
Tampoco tuvo el valor de volver a Isabelle, se merecía el castigo eterno de privarse de ella por su cobardía.
Las gaviotas perseguían las mascarillas que el viento empujaba hacia el agua pero no podían evitar que cayesen y se alejaran flotando asquerosas en las corrientes contrarias del Garona. Ahora Imanol había encontrado la mujer destinada a cerrar sus ojos, esta vez de verdad, él estaba feliz y reposado en un matrimonio sin otros sobresaltos más que los que el amor al otro provocan, muchas veces por nimiedades. Echó de menos a su mujer, le hubiera gustado estrechar su mano durante este paseo sin objetivo. Ahora tenía que darse la vuelta, coger un tranvía y acercarse al sitio del rodaje - estaba en Burdeos para intervenir brevemente en una escena de una serie policíaca -, pero un yate matriculado en Bilbao estaba amarrado a su altura, la bandera del Reino de España y una bandera vasca formaban pareja en su popa, el nombre del barco “Maixabel” relucía en la amura de proa. Algunos de sus ocupantes se disponían a descender a tierra. Imanol observaba sin ser observado a la mujer que saltó la primera al muelle.

(Continuará)


martes, 24 de diciembre de 2019

CULOS NEGROS

 Este folletín por entregas irregulares comienza en

La mañana ventosa y la lluvia que el viento metía en todas partes hacía que las calles de Bilbao fueran difíciles de transitar para las miles de personas que iniciaban su jornada laboral por las oficinas y despachos del centro de la ciudad. Al llegar a sus centros de trabajo tenían que sacudirse de encima el mal humor y la desagradable humedad que les envolvía.
Jon Galtzagorri con una taza de café en la mano observaba el espectáculo de peatones corriendo y resbalando por las aceras, del atasco inacabable de coches y autobuses por la calzada, las ráfagas de viento que golpeaban las vidrieras del despacho de Manu Majors invitaban a no salir a la calle. El abogado bilbaíno había conectado un ordenador portátil a un proyector que iluminaba una pared de la que había descolgado un paisaje nevado de Juan Luis Goenaga para que el muro hiciera de pantalla, el cuadro apoyado contra la biblioteca invitaba desde el suelo enmoquetado a viajar a un inexistente país de blanco algodón y de árboles humanizados. Además del laptop, sobre la mesa se ordenaban miles de folios en montones de diferentes alturas.
- En resumen, la única diferencia entre lo que estaba en la caja fuerte de aquí y lo que la Guardia Civil encontró en Mallorca – Majors hablaba hacia la espalda de Galtzagorri que permanecía desde hacía un rato con la frente apoyada contra el cristal del mirador y la taza vacía en la mano -, es un resumen que Iñigo había hecho de toda la promoción inmobiliaria para concluir en su decisión de salirse de la sociedad, de “Ipurbeltz etxebizitza, S.A.”, de forma inmediata.
- Puso por escrito lo que debió haber dicho a sus socios con anterioridad – Galtzagorri se volvió y cogió unos folios grapados de la mesa -, el Guardia Civil coincide con nosotros en que esto convierte en sospechosos a todos los nombres que aparecen relacionados aquí ¿Quién de ellos dio el paso de cargárselo? ¿Has llamado a su hijo para contárselo?
- Creo que no es aún el momento, decirle a la familia que personas que conocen de toda la vida, que han llorado con ellos estos meses, que les tratan todos los días… son posiblemente los beneficiados directamente por la muerte de su padre y, por tanto, quienes han desencadenado su asesinato, me parece que no va a ser útil y que puede servir para que se creen confusiones y nunca se averigüe la verdad. Sin embargo, hay que dejar que la Guardia Civil haga su trabajo y el asunto ya nos supera los aficionados.
- Si no fuera por mi sobrino hacker, habría pasado mucho tiempo y ni nosotros ni la Guardia Civil hubiéramos sabido que el arquitecto Roberto Fernández de Lerchundi, posiblemente uno de sus compañeros de la logia masónica, le avisó sin quererlo de que la adquisición de los terrenos industriales de “Aceros vizcaínos de Amenábar, SA” en el concurso de acreedores era extraña.
- El precio que pagó Ipurbeltz era menos de la mitad del valor que el arquitecto había establecido para el Juzgado Mercantil en el informe que realizó, bueno, en uno de los informes que realizó, porque hizo tres informes con valoraciones muy diferentes y todos con la misma apariencia de racionabilidad y solo el de valor más inferior estaba en el expediente judicial del concurso ¿Los hizo “motu propio” o se le pagó por ellos?
- Se le pagó por ese trabajo, claro. Y lo que pagó “Ipurbeltz etxebizitza, S.A.” viene a corresponderse con la valoración intermedia, pero a la cuenta del Juzgado solo llegó la cuantía mínima, mientras que la diferencia se abonó a “Adams & sons, PLC” un conglomerado británico de arquitectos por su innecesaria intermediación en la operación. Supongo que este “pase” causó el cabreo de Lerchundi y que se le fuese la lengua con Arriluze.
- Además “Adams & sons” es una mera herramienta, como descubrió el difunto, de una compañía basada en la Isla de Man y conocida por “First pioneer limited” cuyo contacto en España es un despacho de abogados catalán, casualmente también, “Figueruelas y asociados”.
- Y casualmente, por cierto, el abogado que lleva el concurso de acreedores de “Aceros vizcaínos de Amenazar” es miembro de la sucursal bilbaína de los “figueruelos” y más casualidad, el auditor que es el administrador concursal y liquidador de la concursada es un profesional de reconocida experiencia y de gran prestigio en la industria financiera de nuestra villa, Antton Mendoza, que colabora frecuentemente con el Sr. Martínez de Gurruchaga, con quien incluso comparte vacaciones, las escasas ocasiones que el trabajo de ambos les permite tomarse un descanso en sus adictivas actividades.
- Todo muy bonito y muy nuestro: socios del mismo txoko, compañeros de palco en San Mamés, comensales de la misma mesas en el batzoki del barrio, pareja en el campeonato de mus y asociados en los transparentes negocios que les permiten un pasar por este valle de lágrimas…
- Y eso sin contar con la pasta que se pueda obtener de la operación inmobiliaria, prácticamente 5.000 viviendas, el 50% de VPO y el 50% libres que no está nada mal en estos tiempos de crisis del ladrillo.
- Además si le pides al comprador un poco de dinero en B a cambio de perdonarle algo de IVA seguro que se saca, por lo menos, 10.000 euros en negro por vivienda o sea 50.000.000 de euros que siempre es un problema para blanquear.
- Pero la mitad son VPO.
- A ésos, esta buena gente les sacará 20.000 bajo mesa, que se van a llevar el habitáculo a un precio de saldo. Y además, como se controlan tanto los billetes de 500 euros, el dinero de color ahora parece de reportaje sobre traficantes de droga.
- En resumen, es una gran operación urbanística que hace crecer la ciudad a la vez que genera riqueza y empleo porque la de autónomos, contratas, subcontratas, concejales y burócratas que van a nutrirse de ello, sin olvidar los impuestos de nuestra Ogasuna y las cotizaciones de la Seguridad Social.
- ¡E Iñigo Arriluze queriendo saltar del tren en marcha por pruritos de honradez que no están de moda!
- Leyendo sus conclusiones me recordaba de cuando vas por el monte y hay una carroña, lo descubres porque ves a los buitres volando en círculos pero normalmente el olor insoportable te impide acercarte y ver toda la vida que hay sobre el cadáver, no sólo cuervos, sobre todo insectos que bullen arracimados sobre los despojos… yo una vez tuve que acercarme, lo que parecía una oveja era un pobre tipo que había desaparecido unas semanas antes. Arriluze da nombre y apellidos de los cuervos, de los buitres, de los escarabajos necrófagos, las moscas…
- Y concluye con la mujer de Martínez de Gurruchaga que tiene una galería de arte para convertir la cadaverina en caviar.