miércoles, 1 de abril de 2026

SILENCIO CLAMOROSO; HA PASADO TIEMPO

 Hace ocho años,  en el otro blog, planteaba una preocupación que el tiempo, lejos de mitigar, ha convertido en una urgencia democrática. EL SILENCIO CLAMOROSO

Y una amiga periodista me pasa un clip de video con una entrevista al maestro Jorge Fernández que recuerda su paso por Diario 16 y por El Mundo. Lo que me ha llevado a aquel texto ingenuo.

Cuadro de Usandivaras

Releer aquel texto hoy produce una mezcla de melancolía y alarma. La erosión de la independencia mediática ha pasado de ser una amenaza latente a un fenómeno estructural que socava los cimientos de nuestra convivencia.

El periodismo, si aspira a ser algo más que una simple extensión del departamento de marketing de los poderes fácticos, debe recuperar su esencia: la servidumbre exclusiva hacia el ciudadano. Sin embargo, observamos con estupor cómo el silencio se ha convertido en una moneda de cambio habitual. Un silencio que no es neutral, sino profundamente violento.

En las facultades de Comunicación se solía – creo recordar -,  enseñar que la omisión es una forma de mentira. Callar una verdad incómoda para proteger una inversión publicitaria, una alianza política o un interés de grupo no es "prudencia editorial"; es una claudicación ética.El periodismo independiente no se mide por lo que publica cuando todos gritan, sino por lo que se atreve a denunciar cuando el poder exige silencio.

Cuando los medios deciden mirar hacia otro lado ante la injusticia, las primeras víctimas no son las audiencias, sino los propios afectados por los abusos de poder. La falta de ética de quien calla es doblemente grave porque revictimiza a quien ya sufre. Una víctima sin voz en los medios es una víctima invisible para el sistema judicial y social. El silencio mediático otorga impunidad al verdugo y soledad al vulnerable.

Para que el periodismo vuelva a ser ese "contrapoder" necesario, debemos incidir en tres conocidos ejes fundamentales:

    1. Independencia Financiera y Editorial: Un periodista que teme por su salario al escribir una verdad incómoda es un periodista maniatado. Necesitamos estructuras que blinden la redacción de las presiones de los consejos de administración.

    2. La Verdad sobre la Objetividad: La objetividad no es dar el mismo peso a la víctima y al opresor. La ética nos obliga a tomar partido por los hechos comprobables y por la dignidad humana. Ser "neutral" ante la vulneración de derechos es, de facto, colaborar con la injusticia.

    3. Responsabilidad Social: El derecho a la información no pertenece a los editores, sino a los ciudadanos. El periodista es solo un custodio temporal de ese derecho.

No podemos permitir como sociedad democrática que el periodismo se convierta en un eco de consignas predigeridas. La libertad de prensa no es un privilegio de los periodistas, sino un seguro de vida para la democracia.

Si hace ocho años ironizaba sobre la transparencia, hoy -me incluyo en el cupo de los que carecemos de título -, los plumillas debemos exigir valentía. Porque en el balance final de la historia, no solo seremos todos juzgados por las palabras que escribimos, sino —especialmente— por aquellas que, por miedo o conveniencia, decidimos callar. Es hora de romper el letargo y recordar que nuestra única lealtad se debe a la verdad, especialmente cuando esa verdad es el último refugio de quienes han sido despojados de todo.