lunes, 22 de junio de 2026

ZP Y MI DELITO

Llevarse bien con la gente es importante, abre puertas. Conocer a autoridades y que reciban a las personas que necesitan ser oídas por quien puede resolver alguno de sus problemas – casi siempre tienen más problemas que soluciones -, es una de las herramientas que los abogados utilizamos. No se nos paga por llevarnos bien con jueces y fiscales en sala o en las diligencias judiciales, momentos y lugares que requieren enfrentarse a su autoridad. Pero estos enfrentamientos pueden provocar un “tercer tiempo” en el que basar una buena relación. Aunque después de más de 50 años de ejercicio profesional es inevitable que también se cosechen odiadores y odiadoras dentro del sistema judicial, como es mi caso con media docena de operadores jurídicos, quizá solo sean cinco… 

(Ilustración de Nano Banana 2)

En las distintas administraciones que tenemos, estatales, autonómicas, provinciales, municipales y asimiladas, también creo que he conseguido que se me abren puertas con una sonrisa y así abrírselas a mis clientes. Haber pasado 36 años en la ESTE (Universidad de Deusto, campus donostiarra) con más de 4.000 alumnos míos que se han ido incrustando en los engranajes del poder, no solo en las empresas, pues me ha dado impulsos positivos en muchos asuntos, algunos francamente complejos.

Y he cobrado honorarios por usar mi agenda de contactos, directa o indirectamente he cobrado por usar y quizás abusar de las relaciones con autoridades, funcionarios, políticos, dirigentes, empresarios y un largo etcétera.

En el despacho profesional de abogados que fundé se fueron incorporando miembros cuyo mérito jurídico principal o único era ser “hacedores de lluvia”, facilitadores con su directorio de contactos de que se nos regara con asuntos desde diferentes ámbitos. En algún caso, sin mi aprobación e, incluso con mi inútil oposición. En su momento tuve la sensación de que estas incorporaciones, sumadas a algunos contactos francamente al margen de toda ética que se fomentaron por quienes se hicieron con el poder de la firma, yo no las podía soportar en mi relación con aquel grupo. Los valores son los valores y el nivel de porquería puede alcanzar límites insoportables de altura. Pero yo debía estar equivocado porque el despacho ha sobrevivido 20 años desde mi salida y, hasta su fusión por absorción con otra entidad, nadie ha ido al infierno, al contrario, algunos disfrutan de un cielo azul y blanco o txuriurdiñ, como se dice por aquí.

O sea que, no estando libre ni liebre de pecado, no puedo echar piedra alguna a la zapatera prodigiosa, ZP para los tribuletes, por haber abierto puertas y haber recibido retribución a cambio pero no veo en su conducta delito alguno. Creo que un expresidente de gobierno tiene menos influencia sobre un actual funcionario ministerial, aunque le conozca de toda la vida, que un abogado ejerciente pero magistrado en excedencia, siempre temporal, sobre un antiguo colaborador o subordinado (el 90% de la justicia no es función de los jueces) , así que esto debiera quedarse en aguas sucias de borrajas fétidas.

lunes, 15 de junio de 2026

EL DIARIO

 EL DIARIO

De adolescente llevé un diario, un tiempo, un año quizá. No me acuerdo el motivo, había leído que era algo que se hacía en la juventud y que servía para meditar sobre el sentido de la vida. La verdad es que el sentido de la vida era una cuestión que me daba vueltas en la cabeza antes de dormir desde muy niño. El diario se convirtió en un relato de mis amores, entre la atracción y el pecado, me gustaba una chica y mi amor hacia ella dejaba de ser platónico inmediatamente lo cual me abocaba al infierno eterno… no encontré el sentido de aquella vida cuyo único objetivo era librarse del castigo eterno para alcanzar un paraíso extraterrestre donde no había chicas sino ángeles y los ángeles tenían un aire amariconado evidente en mi imaginación, dejé de escribir el diario.

Esta semana pasada, he tenido tentaciones de iniciar un diario, un diario serio y formal, a mis 77 años, he dejado de preocuparme por el sentido de la vida, no tiene. El absurdo existencial es lo que es, estamos aquí y ahora, monos con chaqueta, por azares de la materia y de la evolución y no estarnos dentro de un tiempo más o menos breve, no estaremos ninguno.

La Côte des Basques, foto mía.

Lo del diario actual venía provocado por las dos camisetas de la trainera de Ondárroa. Me explico, mi mujer el otro día en Castro Urdiales se encaprichó con la camiseta del Club de Remo de Ondárroa, una camiseta a rayas horizontales rojas y negras, como el maillot clásico del Stade Toulousain pero en más veraniego, atuendo que llevaban los aficionados de Ondárroa que habían venido a apoyar a las tripulaciones que competían en el Campeonato de España de trainerillas, lo de competir es un eufemismo porque Ondárroa vio pasar a las otras embarcaciones a una cierta distancia. Los ondarroartarras que estaban en la cafetería ignoraban si se podían comprar o no fuera del local social del pueblo así que me dirigí a otro grupo que tenía más pinta de dirigentes deportivos y que estaban sentados en un banco del exterior. Muy amables me atendieron y uno de ellos se comprometió a llevarme las prendas a Donostia donde podíamos coincidir los dos.

Y el pasado lunes el simpático vizcaíno apareció en Donostia y mi mujer y yo estamos ya provistos de las camisetas necesarias para animar a la trainera de Ondárroa en septiembre en la Concha, solo falta que se clasifiquen, así que, por si acaso, iremos a animarles a la regata clasificatoria.

Una semana que empieza así da por un diario en el que contar la visita al masajista por una lesión en el tendón de hombro, trabajos de abogacía inevitables, las mejoras en la práctica del golf, preparación de una demanda personal por un impago, la visita de unos amigos de Laval en su peregrinación a Santiago de Compostela, los ensayos con el grupo de teatro,  las clases del curso de pintura donde estoy intentando hacer unos desnudos femeninos, el gimnasio para mantener la forma, el espectáculo del torneo de golf la Coupe des Capitains, la comedia teatral de la cuñada con su grupo, nuestro turno para representar la nuestra como fin de curso -la primera vez que un curso de teatro se me hace largo – y el aperitivo del domingo… pero tengo pereza de escribir ese diario.


domingo, 7 de junio de 2026

CUALQUIER LUNES

 Eran las 9,17 de la mañana del lunes, el escarabajo, un notiobia cupripennis, apenas pudo esquivar la pisada firme de Zulema Agorría. La magistrada salió de su domicilio taconeando marcialmente, aquel lunes tenía mucho y desagradable trabajo en el despacho – el noventa y cinco por ciento de la justicia es despacho -. Los expedientes que había resuelto el domingo por la tarde pesaban en la bolsa de « el corte inglés » así que el escarabajo de tierra hubiera tenido nulas probabilidades de sobrevivir si le hubiera pasado por encima, de hecho sobrevivió unos segundos más, una gaviota que pasaba por allí no vio otra cosas más a mano para completar en proteínas su desayuno.

Africain, escultura de mi mujer, inacabada por ahora.


Mohamed estaba sentado en el banco en que había pasado la noche, un banco recién pintado de blanco en la plazuela – Mohamed le había llamado square en sus pensamientos, Mohamed pensaba en francés desde que había llegado a Europa, antes pensaba en peul, y los franceses utilizan un anglicismo para las plazuelas poligonales -. Mohamed observó a Zulema Agorría acercarse a su posición con su ritmo de comando paracaidista en desfile de la victoria, Mohamed estaba sentado, conservando aun la erección inevitable de la noche dentro de sus pantalones bombachos que había obtenido en el zoco de Orán unos meses antes. 

Zulema Agorría cambió de hombro el bolso bandolera de imitación de Louis Vuitton, que había adquirido en el puerto de Getaria un domingo por la mañana al llegar a la altura del banco enfrente del salón de bingo, en el banco había un vagabundo de color, posiblemente un migrante sin papeles, y pasó la bolsa de los expedientes a la otra mano. En el bolso llevaba cartera, cigarrillo electrónico, teléfono, llaveros con muchas llaves, perfume, desodorante, peine, crema hidratante, maquillajes varios, una pequeña agenda, pluma estilográfica y otros elementos necesarios para pasar el día en el trabajo.

Mohamed evaluó que aquella mujer blanca, color gachas de mijo, debía estar más cerca de los sesenta que de los cincuenta años de edad, que pesaba demasiado poco para su altura, un metro setenta, como él, y que, con cara de que le había picado esa noche alguna ladilla – phtirus pubis de nombre científico -, iba a pasar a escasa distancia de él, ya olía el Chanel n.º 5 que la rodeaba.

Entonces se rompió el bolso bandolera, el enganche plástico tenía menos resistencia que el asa de una bolsa de “el corte inglés”, y cayó abriéndose por sus costuras a los pies, calzados con unas “new balance” obtenidas en el mismo zoco de Orán, de Mohamed que se puso de pie inmediatamente para ayudar. 

Zulema, como luego contaría a la Letrada de la Administración de Justicia, se agachó a la vez y entre ambos recogieron el contenido del bolso bandolera y los metieron en la bolsa, encima de los expedientes judiciales. Agradecida le dio un billete de 5 euros que Mohamed le devolvió una primera vez, luego se lo guardó en el bolsillo del pantalón, cuya apertura se sostenía eficazmente en su enhiesta verga. Luego se volvió a sentar pensando en la cita que tenía al mediodía en la estación de autobuses con el tipo que le iba dar el billete para Baiona.

- No me lo podía creer, Canela, estos senegaleses en cuanto te acercas a ellos se excitan, menos mal que eran las nueve de la mañana, si me llega a pasar de noche, seguro que viola a esta servidora, no te digo.

La Letrada de la Administración de Justicia asintió sin palabras.

martes, 2 de junio de 2026

DIARIOS VASCOS O ASÍ

 - Mierda –.

Jon Galtzagorri lo dijo a las 14,13 del lunes, leyendo el diario donostiarra. No lo dijo expresivamente, lo dijo como dando una evidencia de lo que era un objeto. Pero no se refería a una cosa material sino a un titular de una noticia en el periódico.

- Es lo que, jurídicamente hablando, solo se puede calificar de mierda – se dijo a sí mismo -.

La prensa donostiarra es diversa, se compone de un diario del grupo Vocento y de un diario del grupo « fontaneros del PNV ». No se diferencian en mucho ni en el fondo ni en la forma. La edición de papel de ambos es un muerto mal enterrado que se lee en bares y poco más. El de Vocento tiene esquelas y Real Sociedad, el otro también pero en menos cantidad. El tradicional mercado guipuzcoano ofrece objetivamente una mayor distribución al más antiguo de los dos, el del mismo grupo que el bilbaíno Correo o el ABC de la corte madrileña, esto es, El Diario Vasco.

Por razones diversas, Galtzagorri lee la edición telemática de ambos diariamente, busca las opiniones de los Albertos Moyano y Surio, de Begoña del Teso o de Mitxel Ezquiaga y poco más por un lado y la de Juanma Molinero y nada más por el otro lado. La edición de papel solo en bares, siempre le ha interesado la maquetación de la prensa, esa selección de emplazamientos que tanta importancia tuvo en el pasado pero que la informática, incluso antes de la inteligencia artificial, se ha cargado como ciencia.

- La maquetación es una mierda – Galtzagorri dice al gato de la cafetería que le mira desde debajo de una silla -.

Ambos periódicos son sectarios, la derecha española de toda la vida controla férreamente el grupo Vocento y su obsesión morbosa con el timorato partido socialista ha puesto a este periódico local en unos niveles ínfimos de periodismo, si es que alguna vez ha existido el periodismo en nuestras españas, dando lugar a titulares pavorosos y a redacciones de artículos que provocan enfermedades oculares a los amantes de la literatura, la gramática, la ortografía y la filología, como le pasa a Galtzagorri.

- Una mierda de titular para una redacción de noticia de mierda – Galtzagorri dice a la gaviota que se asoma al umbral de la puerta persiguiendo una pelota de servilleta de papel empapada en ketchup -.

El obtuso, difuso y confuso partido vizcaíno debe estar orgulloso de mantener vivo a la otra agonía de diario y los demás zombis que son sus hermanos por los otros territorios forales pero, aparte de Galtzagorri, no creo que nadie lo lea, siquiera en los bares, y Jon Galtzagorri es más un personaje de ficción que otra cosa.

- Salir en las esquelas, eso sí que es una mierda.

(Foto mía, volviendo del Antxoa Egune de Ondárroa)

Galtzagorri pliega los periódicos, uno encima del otro, y sorbe la lágrima que se le ha caído del ojo derecho a la comisura del labio.

- Una verdadera mierda.