lunes, 15 de junio de 2026

EL DIARIO

 EL DIARIO

De adolescente llevé un diario, un tiempo, un año quizá. No me acuerdo el motivo, había leído que era algo que se hacía en la juventud y que servía para meditar sobre el sentido de la vida. La verdad es que el sentido de la vida era una cuestión que me daba vueltas en la cabeza antes de dormir desde muy niño. El diario se convirtió en un relato de mis amores, entre la atracción y el pecado, me gustaba una chica y mi amor hacia ella dejaba de ser platónico inmediatamente lo cual me abocaba al infierno eterno… no encontré el sentido de aquella vida cuyo único objetivo era librarse del castigo eterno para alcanzar un paraíso extraterrestre donde no había chicas sino ángeles y los ángeles tenían un aire amariconado evidente en mi imaginación, dejé de escribir el diario.

Esta semana pasada, he tenido tentaciones de iniciar un diario, un diario serio y formal, a mis 77 años, he dejado de preocuparme por el sentido de la vida, no tiene. El absurdo existencial es lo que es, estamos aquí y ahora, monos con chaqueta, por azares de la materia y de la evolución y no estarnos dentro de un tiempo más o menos breve, no estaremos ninguno.

La Côte des Basques, foto mía.

Lo del diario actual venía provocado por las dos camisetas de la trainera de Ondárroa. Me explico, mi mujer el otro día en Castro Urdiales se encaprichó con la camiseta del Club de Remo de Ondárroa, una camiseta a rayas horizontales rojas y negras, como el maillot clásico del Stade Toulousain pero en más veraniego, atuendo que llevaban los aficionados de Ondárroa que habían venido a apoyar a las tripulaciones que competían en el Campeonato de España de trainerillas, lo de competir es un eufemismo porque Ondárroa vio pasar a las otras embarcaciones a una cierta distancia. Los ondarroartarras que estaban en la cafetería ignoraban si se podían comprar o no fuera del local social del pueblo así que me dirigí a otro grupo que tenía más pinta de dirigentes deportivos y que estaban sentados en un banco del exterior. Muy amables me atendieron y uno de ellos se comprometió a llevarme las prendas a Donostia donde podíamos coincidir los dos.

Y el pasado lunes el simpático vizcaíno apareció en Donostia y mi mujer y yo estamos ya provistos de las camisetas necesarias para animar a la trainera de Ondárroa en septiembre en la Concha, solo falta que se clasifiquen, así que, por si acaso, iremos a animarles a la regata clasificatoria.

Una semana que empieza así da por un diario en el que contar la visita al masajista por una lesión en el tendón de hombro, trabajos de abogacía inevitables, las mejoras en la práctica del golf, preparación de una demanda personal por un impago, la visita de unos amigos de Laval en su peregrinación a Santiago de Compostela, los ensayos con el grupo de teatro,  las clases del curso de pintura donde estoy intentando hacer unos desnudos femeninos, el gimnasio para mantener la forma, el espectáculo del torneo de golf la Coupe des Capitains, la comedia teatral de la cuñada con su grupo, nuestro turno para representar la nuestra como fin de curso -la primera vez que un curso de teatro se me hace largo – y el aperitivo del domingo… pero tengo pereza de escribir ese diario.


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