Desayunando en Castro Urdiales, el sábado pasado, una cafetería tradicional y reputada por su bizcocho, en la mesa de al lado gente del remo, familiares de competidores, directivos de un club de remo de un pueblo pesquero vasco, se disputa el Campeonato de España de trainerillas el fin de semana… la conversación entre ellos es en euskera. A pesar de mi deficiente euskera, entablamos diálogo sobre la competición, sobre su pueblo, sobre esos conocidos comunes que en un pequeño pueblo se pueden enumerar pronto en la conversación. Me acuerdo de un nombre y lo suelto.
- Vive en Bilbao, a veces se asoma por el pueblo pero poco.
- Somos zapato pequeño para un pie tan grande.
- Si hay un concurso de mascarones de proa, lo gana él…
Me congratula compartir opiniones sobre el personaje, eso que desconfío siempre de la sabiduría popular, me deja sabor amargo, sin embargo, pasamos a otro nombre.
- Majo, muy majo.
- Siempre echa una mano.
- Puede que viva en Donostia pero lleva al pueblo con él.
A veces un pueblo pequeño es un infierno grande, a veces no. La gente de Getaria se va a sus obligaciones deportivas, nosotros nos vamos hacia la final de la Copa de Europa de rugby en San Mamés.
Me acuerdo de un viejo texto RATÓN DE GETARIA¿Dónde estarán las escenas grabadas? ¿Las habrán devorado los ratones?

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