miércoles, 23 de marzo de 2022

EN LA MUERTE DE MIKEL CORCUERA


 Foto: Mikel Corcuera con corbata verde a la izquierda junto al también recientemente fallecido Josetxo Viyella en la inauguración de las instalaciones de Asesoría Jurídica Lan en la calle Miracruz, 5 de Donostia en... 1982 ¿?


El Barón de la Florida se acomoda en la mesa de la terraza del restaurante sidrería, ha dejado su coche en el párking próximo del edificio que fue hasta hace unos días sede de uno de los periódicos locales, trae ambos en la mano y los deja al alcance de Galtzagorri que está ya sentado, una copa de vino blanco delante.


- ¿Has leído lo de Mikel?


El Barón saluda y abre una carpeta vieja de documentos, saca una especie de fanzine de los años 80, unos folios mecanografiados y grapados en un ángulo, busca un párrafo y lee en voz alta.


- ...En 1977 las dos facciones de Comisiones Obreras pactan integrarse y ordenan al resto de abogados comunistas de Guipúzcoa que se incorporen a LAN para integrar un solo servicio jurídico. Procedentes del Partido Comunista de España se incorporan Miguel Ángel Corcuera y Antonio Massé, dirigentes locales del comunismo más ortodoxo,  además de Francisco Javier Hernáez  también de este partido y Enrique Gorriño de la Liga Comunista y que ejerce en Mondragón.  Los nuevos socios ponen su despacho en el Garaje Massé de Gros para que se establezca  en él todo el servicio jurídico de Comisiones Obreras unificadas…


Galtzagorri pone su sonrisa triste de viejo aristócrata recordando tiempos mejores. El Barón de la Florida busca otro párrafo y prosigue.


- En 1992 LAN necesita nuevos aires y se despide a Corcuera quizá por homosexual y se le sustituye por Ángel Oyarzun, hombre como Bravo del círculo peneuvista de Joseba Eguibar, además se ficha a otros nacionalistas Emilio López Achurra, Martin Auzmendi, Inés Soroeta y Juan Porres, todos ellos con vínculos en el PNV o en su escisión Eusko Alkartasuna.  Y LAN crea una filial en la Avenida bajo el nombre de Sunion…


Jon Galtzagorri pone, sin echarles una ojeada, los periódicos en la silla libre a su derecha, cierra delicadamente la carpeta a su amigo y, sin decir palabra, le indica que la guarde. Igualmente por señas llama al camarero que acude con una botella a llenarle la copa que ha vaciado pero la copa se vacía al instante y él mira sin mirar al horizonte, por fin dice algo, su voz es casi inaudible:


- No creo que vaya al tanatorio, no puedo ir, además Mikel no está allí.


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