lunes, 13 de julio de 2020

VALLE DE LÁGRIMAS DE AMOR (2)

Capítulo anterior
Burdeos es como Bilbao en cierta forma y hace tiempo que ambas ciudades llevan, quizá voluntariamente, una vida urbana paralela. El actor vasco Imanol Hiruntchiverry gusta de pasearse en solitario por la orilla del Garona y también por la del Nervión pero a Burdeos suele ir por trabajo y a Bilbao no, a Bilbao va en visitas de ocio. Una mañana de salida del confinamiento se encontró con horas vacías de contenido en Burdeos y provisto de mascarilla y frasco de desinfectante dejó que sus pasos le llevaran por el paseo aguas abajo, dejando atrás el Espejo de agua y la Plaza de la Bolsa pensando, inevitablemente, en Isabelle. “Quand Isabelle dort plus rien ne bouge…” cantaba Jacques Brel a su hija, pero Imanol recordaba haber entonado la canción al despertarse junto a Isabelle la última vez que durmieron juntos después de una noche de amor, de pasión, y que él creyó por un momento que iba a ser la primera de su vida definitiva con Isabelle.
Habían pasado 15 años sin Isabelle y, cerrando los ojos o sin cerrarlos como ahora frente a las aguas oscuras del río, veía su rostro dormido, oía su respiración rítmica y tranquila, el olor fresco de su cuerpo mezclado con los ácidos de sus encuentros de la noche en las sábanas… Había prometido que le llamaría para subir con ella a hacer el Posets en septiembre, era aún julio, y él no lo hizo, al volver a su vida de Biarritz, una vez más le pilló su abulia, su incapacidad de romper relaciones que nunca hubieran debido comenzar y se encontró viviendo con una amante, quizá esposa, dotada de un trastorno límite de personalidad que le condujo por una senda  llena de charcos de pastis, arroyos de vino y ríos de destilados durante unos años, cuando su metabolismo le sacó del caos mental de aquel vínculo no se atrevió a llamar a Isabelle y ahora tenía miedo de encontrarla en las calles de Burdeos, de no saber explicar qué había pasado para no haber subido al Posets con ella y haber construido los 15 años de amor que ella merecía.
Porque Imanol estaba casado de nuevo, felizmente casado por cuarta vez, no por quinta vez como sus amigos decían, aunque si abría el armario del rincón de su cuarto de trabajo, al fondo del pasillo, se caía siempre el álbum de fotos, y de él, con la magia de las cosas, saltaba a sus manos una foto de Isabelle, una foto de ella fumando un cigarro en un bistró elegante de Burdeos, la foto que le hizo en su último encuentro. Se pasaba un rato mirando esos ojos sonrientes y pícaros, de niña traviesa, fijados hasta que la química se descomponga en la fotografía.
Cuando Imanol estudiaba en Burdeos su último curso, vivía en un piso compartido con una banda de compañeros de diversos orígenes, hace 50 años eran tiempos de revoluciones, vinos y pieles femeninas. Un encuentro en un garito universitario al que las chicas de liceo se asomaban investigando hasta dónde les podía llevar el estallido de sus hormonas, metió a Isabelle en la cama de sábanas grises, no las lavaba con la frecuencia necesaria, de Imanol para dejar en ella,a modo de muesca, su virginidad de adolescente. Y cuando la vida universitaria se acabó, la relación, como otras, pasó al archivo de la memoria de lo que nunca volverá.
El destino es cabrón. Una mañana de recados familiares por navidad llevó a Imanol de vuelta a Burdeos un par de años más tarde y, como la familia prescindió de sus servicios por la rue Sainte Catherine hasta la hora del regreso, desde el teléfono de un bar, no había otras opciones femeninas en Burdeos, llamó a Isabelle. Estuvieron los dos paseando, hablando y tomando aperitivos hasta que acabaron en una cama prestada de otro piso de estudiantes. Un mes más tarde ella estaba embarazada y le llamó para avisarle, Hiruntchiverry se quedó aterrado, su novia local Ane le había dicho la víspera lo mismo. Con 24 años hay situaciones de comedia que se convierten en dramas, e Imanol se encontró protagonista de una serie de mentiras, estratagemas, viajes clandestinos entre Biarritz y Burdeos y lágrimas a de una y otra hasta que Isabelle interrumpió voluntariamente su embarazo mientras que Ane, previo paso por la alcaldía, por el pasillo formado por los compañeros del equipo de rugby y por urgencias del Hospital de Bayona, dio a luz una Ane Hirunchiverry que actualmente se vuelve a hablar con su padre después de unos decenios ignorando su existencia.
El matrimonio no le sentaba bien a Imanol y su salud sentimental era mala, así que cuando una formación profesional -  el título de derecho colgado en la pared y el rugby le habían facilitado un empleo en una entidad financiera -, le llevó soltero por unos días a Burdeos, se interesó telefónicamente por Isabelle y ésta acabó por pasar todas las noches en el hotel a gastos pagados.
Imanol volvió a Biarritz con la idea de romper su matrimonio, retornar a Burdeos y darse una oportunidad a sus 30 años de edad con Isabelle pero no.
Imanol vivió un hijo más o así con Ane, hasta que ésta tuvo el detalle de dejarle por un monitor de gimnasia de origen argelino al que se parece enormemente ese hijo. Ya eran tiempos en que Imanol había ascendido en su trabajo financiero, trasladado de Bayona a Dax o a Mont de Marsan, a responsable de formación de reclutas para lo cual se desplazaba los veranos en una sucursal bancaria sobre ruedas en compañía de un becario a atender los clientes por localidades aisladas, campings, casas rurales… Así, hacia la cuarentena, conoció el coño que le iba a retener durante un tiempo, porque lo primero que vio de ella fue el matojo de caracolillos de pelo negro que conformaban en su pubis una cabeza de flecha hacia abajo. Habían aparcado la autocaravana bancaria en el camping naturista de Arnaoutchot, los dos empleados de banca perfectamente vestidos con camisa y corbata en su interior, la clientela perfectamente desnuda con sus bolsos y billeteros en la mano hacía cola en el exterior y según entraban Hiruntchiverry veía sus genitales, luego procuraba concentrarse en sus ojos, los de Carmen delataban su sangre española, por lo demás estaba delgada, muy delgada y se movía con agilidad felina.
Cuando un par de meses más tarde la vio de nuevo, en la sucursal de Mont de Marsan en la que él trabajaba, no la reconoció vestida. Sin embargo, al identificarle por su nombre y apellido pudo iniciar una conversación que luego continuó en una cafetería. Carmen era periodista y había sido enviada a dirigir la emisora local de una cadena radiofónica, a los pocos días ya supo que estaba separada, más de hecho que de derecho, de un marido que andaba de corresponsal por Buenos Aires, algunas semanas más tarde Imanol ya se encontraba sacando el perro de Carmen y un par de hijos, que iban con ella en el lote, a pasear mientras ésta cerraba las emisiones. De ahí a que una noche ella le preguntara cuándo iban a empezar a follar y a hacerlo por vez primera en un coqueto hotel de un valle pirenaico las cosas fueron rodadas con la lógica de la ley de la gravedad. Imanol descubrió la dureza de aquellos caracolillos, verdaderos alambres de acero, que, sin embargo, le provocaban unas eyaculaciones precoces desesperantes para ambos amantes. Enseguida Carmen, la fidelidad no era una de sus virtudes, descubrió por su parte los atractivos de los pilotos de la base aérea de Mont de Marsan, así que la relación duró hasta que un piloto y Carmen encontraron un destino común cerca de París. Poco después Imanol volvió a la costa vasca con un nuevo ascenso y una depresión paranoica.
Sumido en estos recuerdos, el paseo le estaba conduciendo hacia el Cours de Medoc, algunos barcos de recreo estaban acostados a los muelles, brillantes bajo el sol, sus pabellones ondeando con la brisa. Y recordó cómo la depresión había puesto en su camino una nueva amante que le iba a conducir a Burdeos en vez de llevarle directamente a Burdeos para ahorrarle un via crucis de servir de paño de las lágrimas provocadas por un marido maltratador, una especie de inteligente sádico, personaje escapado de una película sobre campos de concentración siberianos, y pasar sin darse cuenta a sustituir al marido, muy ausente, en el tálamo de Solange.
Alguien del banco le habló de un siquiatra de Burdeos, no entendió por qué se lo decía hasta que se encontró desnudo en las escaleras del edificio de su amante, la cual borracha perdida abroncaba dentro de la vivienda al marido por haber vuelto repentinamente sin avisar, consiguió vestirse a medias y desprenderse de su propia borrachera a medias, todo ello lo suficiente para decidir tomar una cita con el siquiatra recomendado.
Lo de que el destino es muy cabrón era un pensamiento recurrente de Hiruntchiverry. Empezó las visitas al siquiatra en Burdeos y la consulta estaba situada en el barrio en que vivía Isabelle, cerca de la Catedral de St. André. Las pocas probabilidades que había de volverse a encontrar con ella se dieron, cuando los dos se dieron de bruces en la puerta de una cafetería, se sentaron a hablar, se contaron sus vidas de los años, lustros, decenios y siglos transcurridos tan lejos y tan cerca, se despidieron el primer día tan amigos. Imanol no pudo evitar llamarle cuando le tocó su siguiente visita al siquiatra. Isabelle no pudo evitar llevar a Imanol a su cama, había acabado una larga relación por aburrimiento. Imanol no contó nada al siquiatra pero éste le iba encontrando cada vez más mejorado y fue espaciando las consultas.
En el banco Imanol se ofrecía voluntario para todas las gestiones que hubiera que hacer en Burdeos pero a la vez seguía sosteniendo el alma en trozos de Solange tanto por los bares del Petit y del Grand Bayonne como por las escaleras que conducían al frío lecho conyugal.
Una vez más se vio volviendo de Burdeos hacia el sur para romper definitivamente aquella maldita cadena, marchar a escalar el Posets y quedarse a dormir definitivamente con Isabelle hasta que ésta, y no otra, le cerrase los ojos a su cadáver cuando su alma de zíngaro abandonase su cuerpo machacado de rugby y cervezas. Y una vez más había cerrado la puerta a aquel sueño para disfrutar de una pesadilla durante los siguientes años hasta que un día salió a hacer un recado y no volvió.
Tampoco tuvo el valor de volver a Isabelle, se merecía el castigo eterno de privarse de ella por su cobardía.
Las gaviotas perseguían las mascarillas que el viento empujaba hacia el agua pero no podían evitar que cayesen y se alejaran flotando asquerosas en las corrientes contrarias del Garona. Ahora Imanol había encontrado la mujer destinada a cerrar sus ojos, esta vez de verdad, él estaba feliz y reposado en un matrimonio sin otros sobresaltos más que los que el amor al otro provocan, muchas veces por nimiedades. Echó de menos a su mujer, le hubiera gustado estrechar su mano durante este paseo sin objetivo. Ahora tenía que darse la vuelta, coger un tranvía y acercarse al sitio del rodaje - estaba en Burdeos para intervenir brevemente en una escena de una serie policíaca -, pero un yate matriculado en Bilbao estaba amarrado a su altura, la bandera del Reino de España y una bandera vasca formaban pareja en su popa, el nombre del barco “Maixabel” relucía en la amura de proa. Algunos de sus ocupantes se disponían a descender a tierra. Imanol observaba sin ser observado a la mujer que saltó la primera al muelle.

(Continuará)


domingo, 12 de julio de 2020

PACO IDIÁQUEZ

La muerte ha cogido a Paco Idiáquez y cincuenta años de vínculos se han deshecho. Le conocí en el despacho de los hermanos Recalde, José Ramón y José Manuel, enseguida conocí a su madre y a su círculo de amigos y camaradas, yo estaba acabando mis estudios de derecho en Bilbao y él se peleaba ya con la legislación laboral en defensa del clandestino sindicato de Comisiones Obreras. Condenado a más de 4 años de cárcel por el TOP, se afeitó la barba para no ser reconocido y me ordenó hacerme cargo de la defensa del sindicato en su sustitución. La agonía del franquismo, la amnistía, la vuelta del exilio, las redadas y detenciones, las torturas absurdas a nuestros amigos, las legalizaciones de sindicatos y partidos, referéndums y primeras elecciones nos hicieron trabajar juntos tanto política como jurídicamente, enfrentarnos muchas veces hasta límites lejanos de los que había que volver a base de cenas y alcohol hasta que amanecía sobre nuestras cabezas y, al final, la separación política definitiva cuando nuestras concepciones de lo que había que hacer para mejorar el mundo se hicieron incompatibles pero siempre quedaron los encuentros y reencuentros, el intercambio de ayudas en litigios, los préstamos de libros no devueltos, los aniversarios, las bodas, los nacimientos, los entierros y los funerales, las comidas porque sí o porque hacía un tiempo que no sabía nada de ti, las separaciones y divorcios, las cenas en la casa de Galicia…
Un día alguien llama para decir que Paco está mal, muy mal y que tiene que plegar su cerebro porque se está apagando poco a poco, sin embargo, le encuentro y me reconoce, hasta cuenta una historieta que yo hubiera preferido olvidar pero su mirada no es su mirada, los esporádicos encuentros son escalones en bajada hasta hace unos meses en que nos vemos en el supermercado, él con una bolsa de compra en la mano, pido permiso a su acompañante para hablarle y me anima a hacerlo, Paco dice que me reconoce pero que le diga mi nombre, se lo digo y él me señala y se lo dice en voz alta a quien le aguarda junto a la caja, luego nos abrazamos.

VALLE DE LÁGRIMAS DE AMOR

Aunque no fuma, Imanol Hiruntchiverry cogió la moto para acercarse a Donostia desde Biarritz  y comprar unos cartones de tabaco en cuanto la frontera se abrió. Había quedado con Jon Galtzagorri a la hora del aperitivo en una terraza de la calle Santa Catalina a la sombra del Hotel María Cristina. Aparcar una moto Yamaha de 1300 cm³ en San Sebastián es más difícil que tomar todas las curvas del Tourmalet desde Luz-Saint Sauveur hasta Sainte Marie de Campan sin dejarse el borde de las gomas en el paseo pero Imanol consiguió dejarla por la calle Oquendo, el coronavirus quizá disminuía aún el trasiego en el centro de la ciudad.
Una hermosa mujer, una “chica” de su edad, se estaba despidiendo de Galtzagorri cuando Imanol llegó a la mesa.
- ¡Qué bien te sienta la jubilación! - ella dijo al irse, dejando en el aire el brillo de sus ojos y un aroma de número 5 de Chanel-.
Lógicamente la donostiarra no había reconocido en el recién llegado al patoso francés que 50 años antes había intentado pegarse a ella en la obscuridad de una discoteca de Zarauz, a pesar de que ninguno llevaba mascarilla puesta, pero Imanol revivió aquella vieja escena inmediatamente. “Está más guapa que cuando tenía 15 años”, le comentó a su amigo mientras pedía una cerveza por señas a la camarera.
- Hay amores que nunca se borran -le contestó Jon amagando un brindis a un metro y medio de distancia desde el otro lado de la mesa -, a pesar de que tú hayas batido varias veces el récord de Julio Iglesias.
- Sabes que no estoy nada orgulloso de mi pasado promiscuo – Imanol ponía una voz de bajo ruso cuando la nostalgia invadía su cabeza y sus frases empezaron a sonar como un recitativo de Verdi -, aquella fue una etapa de catarsis de la madurez y la juventud, como la de ella quedó lejos, todavía más lejos.
- Esperemos eso y que a la quinta vaya la vencida y que la actual te dure.
Los dos amigos estuvieron un rato hablando de virus, confinamientos y rugby, compartiendo cervezas y menú del día en la terraza, hasta que se levantaron para pasar por el estanco de la plaza de Reina Regente y hacer las compras para los vicios de la familia Hiruntchiverry. Al salir del establecimiento, mientras se quitaban las mascarillas protectoras y se despedían, pasó la estilizada silueta con su aura de Chanel.
- Me he quedado pensando antes ¿Tú no eras un francés que jugaba al rugby y andaba hace años por los garitos de Zarauz?
Imanol sintió que las glándulas del orgullo le mandaban un mensaje interno a la altura de sus genitales y Galtzagorri se dio cuenta.
- No te rías, no te rías -le dijo Imanol a su amigo donostiarra, cuando, después de un breve intercambio de frases tópicas, ella se alejó apresuradamente hacia el Boulevard -, y no comentes nada que acabas en el río.

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viernes, 10 de julio de 2020

SUGAR DADDY

- ¿El « daddy » con cuantas « des » en la segunda ?  Siempre pongo dos pero a veces me salen tres y no me parece mal – decía Idoia mientras tecleaba rápidamente en su smartphone, sentada en topless sobre una toalla enorme decorada con un coronavirus verdoso -, lo escriba como lo escriba, supongo que lo van a entender.
- No fastidies ¿En serio que vas a poner “el anuncio”? -  desde otra toalla enorme de color gris perla y con una separación de un metro le respondió Nekane, también en topless, más preocupada por los pelillos que le habían quedado en la axila al afeitarse por la mañana -. ¿Tan desesperada estás?
- No es desesperación, es que estoy hasta las mismas – Idoia alzó sus pechos con ambas manos, en la derecha el teléfono -, hasta las tetas de novios gorrones, sin un euro, que se creen los reyes del mambo. Y tú, déjate de enredarte el sobaco que te están mirando hasta los socorristas de la torre de aquí al lado y se van a caer de la torre. Además no es “el anuncio”, es una descripción en mi perfil de tinder, como otras que hay.
- Pero poner eso de “sugar baby” quiere encontrar su “sugar daddy” que dices ¿No te parece un poco…? No sé, un poco de…
- Puta, puedes decirlo, de puta, pe, u, te, a. Pues no. No me lo parece. Es sinceridad. No encuentro el amor, no tengo problemas para ligar, no tengo problemas para follar, no tengo problemas para lo que sea. Y estoy harta.
- Tenemos trabajo las dos, tenemos un buen salario ¿Para qué quieres una relación estable, noviazgos, bodas, hijos… todo ese rollo? Haz como yo, carpe diem, yo pienso tirar así otros 30 años, hasta los 60 o así y a ti te quedan casi 10 años más.
- Debe ser el reloj biológico ése, que el mío no es rólex como el tuyo… además yo no quiero pasar de la fase 1, la relación estable, el madurito que me mime en mis ratos libres hasta que su muerte nos separe y luego, si me deja heredera, bien, y si no, después de llorarle un poco, ya veremos...
- ¡Qué hostia se ha pegado el socorrista desde la torre!
- ¡Y qué bronca le está echando la colega por subnormal, por poner la oreja en nuestra conversación!


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viernes, 26 de junio de 2020

CONFINAMIENTO ON LINE



"Le self tape s'agit pour les acteurs de filmer leurs propres auditions et les envoyer aux recruteurs.  Actors are being asked to “self-tape” their auditions and e-mail them directly to the casting office or production team…"
Delante del ordenador, una mañana de confinamiento, vestido correctamente de cintura para arriba, pantalón pijama y pantuflas de cintura para abajo. Navegando por no se sabe qué mares de la inmensa tela de araña, después de empezar a ver y abandonar aburrido videos de formación en acting, vídeos de coaching actoral, clips con los 10 tips imprescindibles para el actor, Imanol Hiruntchiverry acabó en una clase on line sobre el arte de grabarse a sí mismo con el teléfono móvil y seducir rápidamente a la directora o al director de casting correspondiente, la introducción empezaba con una explicación bilingüe de lo que era el self tape.

Hay dos tipos de clases on line – pensaba Imanol -,  las pensadas para ser seguidas por alguien y las que se hacen porque alguien cree que ponerse a hablar delante de una cámara web de un tema que conoce bien o mal es una clase on line. Esta era de las segundas, de las aburridas e inútiles, una pareja o dos individuos, en todo caso de dos sexos diferentes, hablaban mirando a cámara, interrumpiéndose con frecuencia, y hablaban sobre la necesidad de tener un buen smartphone, una buena luz ambiente, un buen texto que decir, una « chuleta » preparada y demás cosas necesarias que cualquiera pensando un poco puede hacer. Imanol también abandonó la clase on line, pero la clase on line no le abandonó a él.
Un mensaje con una encuesta de calidad le llegó inmediatamente, sólo contestó a la primera pregunta con un « aburrimiento » y siguió su navegación matutina – hasta la hora del aperitivo no se duchaba y vestía -. El segundo mensaje era conminatorio, se le exigía una explicación, como se había enganchado a un viejo telefilm de los años 60 en streaming, Imanol dió un click sobre el aspa que cerraba la ventana abierta con el texto y siguió viendo las aventuras de un perro lobo en territorio kiowa.

El tercer mensaje le llegó con la siesta, con la siesta prácticamente terminada pero en pleno sueño sobre el canapé de la sala, con el cojín sobre la tripa y además le llegó por whatsapp, se sobresaltó, alguien se había tomado la molestia de buscar su teléfono para enviarle un mensaje grabado por whatsapp con una bronca: “¿Por qué había despreciado el trabajo de unos compañeros que habían dado tanto a la profesión y les había ofendido después de que dedicaban su tiempo a formar a inútiles sin talento?”

Era una provocación de las que merecen una respuesta contundente al remitente. No respondió. En su lugar, se preparó un gintónic. No hubo más mensajes. Ahora Imanol dice que hay tres tipos de clases on line.



miércoles, 24 de junio de 2020

DEVOLVER UN PREMIO

...second rôle, Meilleur actrice dans un second rôle, Meilleure photographie, Meilleur film international, Meilleur film documentaire… - la voz monótona del presentador le iba adormeciendo en la butaca de la sala del festival-,  tandis que l'acteur nominé dans la catégorie Meilleur second rôle pour…
Se ajustó el nudo de la pajarita, una cámara de una televisión le estaba enfocando.Intentó prestar atención a lo que pasaba en el escenario, Ahora hablaba la presentadora que sobre la alfombra roja había desfilado, destacada entre las demás estrellas, luciendo un vestido que enseñaba más que lo que vestía y todos sabían que, como  nominada a mejor actriz de reparto,  ella tenía el premio asegurado.
- Mejor actor principal, Mejor actriz principal, Mejor actor de reparto, Mejor actriz de reparto, Mejor cinematografía, Mejor película internacional… - la voz femenina tampoco le espabilaba, necesitaba tomar un café doble por lo menos, la resaca de las copas después de la comida le estaba pasando factura.
Después de enumerar los premios en los dos idiomas oficiales del Festival, parecía que la ceremonia protocolaria iba a comenzar. Se volvió a ajustar el nudo de la pajarita, la cámara de la televisión parecía centrada en su cara, él no miraba pero sentía que el objetivo le escrutaba, la pequeña luz roja parpadeante encima del aparato se encendía repetidamente y cada vez durante más rato, miró a los que estaban en el eje de la cámara detrás suyo en una diagonal izquierda, eran invitados del balneario costero en el que se celebraba el evento, ya estaba seguro de que la cámara se interesaba en él solo pero la torsión realizada le había producido un vértigo, una náusea de whisky le remontó por el esófago, cerró los ojos y se concentró en disimular su malestar. Cuando abrió los ojos la luz roja seguía parpadeando fuera de su visión directa pero podía percibirla. Se sintió agonizar. No tenía que haber hecho caso al distribuidor y debía de haber parado en el segundo whisky, después de los vinos de la comida, el tercero había sido demasiado. De un momento a otro iban a decir su nombre, iba a sorprenderse delante de aquella cámara que no dejaba de esperar para captar ese momento, luego tendría que levantarse, avanzar hacia el escenario, sonriendo y saludando, besar a la odiosa actriz roba planos que le iba a dar el ridículo trofeo de alpaca, saludar al cretino del periodista local que le daría el diploma, volverse al público, agacharse ante el micrófono y decir sus palabras de agradecimiento y, estaba cada vez más seguro, vomitar, iba a vomitar las cigalas mal digeridas, el vino, el whisky y todas sus posibilidades de volver a rodar una película en su vida. Rezó en su interior para que no dijeran su nombre, para que a última hora el jurado no hubiera hecho caso a lo pactado entre el director del festival y el distribuidor y, con un mínimo de dignidad, hubiera dado el premio de mierda a cualquier otro. Inútil, después de una pausa de suspense, los presentadores leyeron al unísono la papeleta que ella había sacado del sobre.
- Et le prix du meilleur acteur dans un second rôle récompense Imanol Hiruntchiverry comme le meilleur acteur secondaire de la compétition. El premio del mejor actor en un papel secundario recompensa a Imanol Hiruntchiverry como el mejor actor secundario del certamen...
Aplausos muchos y silbidos pocos en el auditorio, vértigos muchos y nauseas pocas en Imanol, de pie. Se tropezó un poco consigo mismo antes de avanzar por el pasillo hacia los escalones, se tropezó con el primer escalón pero consiguió no caer, siguió sonriendo y saludando, besó a la odiosa actriz roba planos que tenía el ridículo trofeo de alpaca en la mano, saludó al cretino del periodista local que abanicaba a la actriz con el diploma, los recogió sin que se le cayeran, se volvió al público, se agachó ante el micrófono y dijo algo que podían ser  palabras de agradecimiento e inició su marcha hacia los bastidores para esfumarse antes de que las cigalas mal digeridas con su salsa alcohólica abandonaran su cuerpo repentinamente. No había contado con la maldad del periodista local, un regordete mofletudo con unas gafas que parecían parte de un disfraz de Groucho, que se le puso delante con una botella de champagne y tres copas, diciendo:
- Notre sponsor vous invite à fêter ce prix avec son meilleur produit. Nuestro patrocinador brinda con su mejor producto por este premio.
Imanol aferró el trofeo en la mano derecha y el diploma en la izquierda, esquivó al obstáculo humano con una finta deportiva, musitando un “pas possible, no puedo” y corrió hacia el primer water que encontró.
Siempre ha pensado que su actuación aquella noche mereció verdaderamente un premio.







domingo, 14 de junio de 2020

GAS DE PELÍCULA

Imanol Hiruntchiverry, actor vasco, se montó en el TGV en la estación de Montparnasse, había llegado con antelación y se sentó en su asiento, leyendo el Midi Olympique extendido sobre la mesa que separaba su asiento de los de enfrente. Más pasajeros fueron llegando pero el vagón, lunes a la tarde, no se llenó del todo. A su lado, contra la ventana, quedó un asiento vacío, enfrente una mujer enfrascada en su smartphone con los auriculares embutidos en los oídos y un hombre, un secundario habitual de muchas producciones pero cuyo nombre no le venía a la cabeza, que leía la última novela de Pérez-Reverte traducida al francés, aunque habían llegado juntos no se hablaban nada y los dos respondieron guturalmente al saludo que Imanol les dirigió al llegar.
Bastante antes de llegar a Burdeos, Hiruntchiverry había acabado su lectura del periódico deportivo y paseaba su mirada por los pasajeros de enfrente, ella, de una edad indefinida, tenía unos ojos almendrados detrás de unas gafas de marca, pero su rostro, masacrado por una evidente y repetida cirugía, era como el de un muñequito de lego al que se le hubiera pegado la nariz de una bruja de cuento, mientras que él, unos setenta años, tenía ojillos, con bolsas debajo, como de haber castigado su hígado con constancia. Con un gesto le pidió el periódico a Imanol, éste se lo pasó y levantó para ir al vagón del bar, que era el contiguo, el tren salía ya de la estación de Burdeos y el compartimento se había quedado bastante vacío.
Imanol estaba acabando el sándwich y la cerveza cuando el secundario entró al bar, pidió un aguardiente y se le acercó, informándole que le había dejado el periódico en el asiento. Al oír su característica voz, le salió el nombre de su interlocutor e intercambiaron algunas frases de presentación y el otro le comentó:
- Vamos a Bilbao para el rodaje de una película ambientada en el XVIII, algo de la Inquisición y de capa y espada…
- ¿Vamos? - interrumpió el vasco - ¿Ella es actriz?
- ¿No le has reconocido? Ella es…
Imanol puso su mejor cara de gilipollas, porque la otra pasajera era una de esas actrices que todo el mundo conoce, protagonista de media docena de películas al año, una mujer de una indudable belleza en pantalla, belleza en la que sus ojos sobresalen. Agradeció la información y regresó a su asiento, mientras el otro se pedía una segunda consumición, Imanol tenía la intención de entablar una conversación con una persona tan considerada en el mundo cinematográfico.
Se puso a leer los anuncios por palabras del periódico, mientras descubría, lo más disimuladamente posible, los rasgos de la estrella del cine europeo en la mujer que seguía concentrada en la pantalla.
Y entonces le llegó el olor, el olor que rozaba lo irrespirable, Imanol miró a todos los lados, no había nadie más en el vagón, los dos últimos pasajeros se habían bajado en Dax, era ella quien se había tirado el pedo, lo había soltado silenciosa y arteramente, la admirada modelo de elegancia había soltado un gas de los prohibidos en la convención internacional sobre las armas químicas desde 1997 e Imanol sintió que iba a morir ahogado allí mismo entre nauseas y vómitos, así que cogió su bolsa y salió corriendo hacia el vagón siguiente, al otro lado de la puerta acristalada se volvió y vio la silueta femenina que se apresuraba a entrar en el retrete.
Se bajó en Biarritz como había previsto, desde el andén vio pasar el perfil femenino como en el final de una película romántica. Y a partir de entonces, cada vez que un film de ella pasa por las televisiones o por las salas, se echa unas gotas de agua de colonia en las manos y las huele, es la única manera que ha encontrado para poder verlas.