miércoles, 18 de septiembre de 2019

LOS SANFERMINES DEL 36


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El piso del Sr. Moreno y Oriol está cerca de la Plaza Elíptica, en pleno centro de Bilbao, está en una casa de escalera de madera que se conserva, a pesar de que se le ha encajado un ascensor del tipo ataúd electrónico, hace años olía a madera y a la cera con la que la portera la mantenía brillante, ahora huele a grasa de máquina y a frecuentes cortocircuitos. D. Antonio Moreno y Oriol no tendrá 30 años de edad pero con su pelo engominado, su bigote recortado, sus trajes de solapas anchas y su forma de hablar, cualquiera le echaría 100 años bien conservados. D. Antonio Moreno y Oriol recibió a Manu Majors y a Jon Galtzagorri en su casa, con las persianas bajadas para evitar la luz y el calor del mediodía que reinaba en la calle. Majors había conocido a su padre, fallecido hacía un tiempo y que era apenas un par de años mayor que Majors, así que al verle, cuando les abrió la puerta en persona, tuvo un pequeño sobresalto por la imagen imposible de una persona muerta tan viva.
- Así que el amigo Majors se está ocupando de los asuntos hereditarios de la familia de Iñigo Arriluze que Dios no creo que tenga en su gloria – dijo, santiguándose, mientras les hacía pasar a una mesita con sillones junto a un mirador, inútil en ese momento -, y queremos saber si tengo alguna reclamación, dado que le han informado de un encuentro, un encontronazo, que tuve con el fallecido que espero que no descanse en paz – se vuelve a santiguar - ¿No? Y para eso me honra con su presencia en mi morada, acompañado de oro prestigioso abogado de la muy noble y muy leal ciudad de San Sebastián… ¿Cierto?
En la conversación telefónica previa, Majors no había querido dar muchos detalles para evitar contradicciones pero no pudo convencerle para que viniera al despacho, así que tuvo que aceptar su invitación y más o menos repitió la justificación formal de aquella diligencia de investigación que estaba realizando, mientras bebía sorbos de uno de los cafés más malos que se pueden encontrar en Bilbao.
- Como Ud. sabrá, o como tú sabrás ¿Le puedo tutear? Creo que mi difunto padre, cuya fe le habrá llevado al lado del señor – vuelta a santiguarse -, le apreciaba mucho a Ud. y a su familia, tan de Abando de toda la vida. Muchas gracias, pues como te decía, debes saber que el anterior Iñigo Arriluze hizo la Santa Cruzada en el Tercio de San Miguel, ya que el Alzamiento le sorprendió en Pamplona, a donde se había desplazado con otros jóvenes para celebrar los sanfermines de 1936, fiestas populares que por aquel tiempo duraban algo más que ahora y eran verdaderamente populares y no como son ahora, excusa para que los sodomitas y las gomorritas se solacen en la lujuria y en la embriaguez. Aquellos jóvenes sabían divertirse sanamente y habían establecido su sede para las fiestas en una casa de lenocinio, como se hacía entonces, se descargaban las ansias juveniles con profesionales y no con aficionadas llenas de enfermedades sin ninguna tradición en nuestra sociedad. Y al terminar los jolgorios, el buen Iñigo se encontró con que el jaleo había comenzado en la vieja Iruña, capital católica del reino de los vasconavarros, y se apuntó al Tercio o lo apuntaron, que da lo mismo, porque la opción aquel día, supongo, no era difícil o con unos, que iban a triunfar, o muerto y a la zanja. Después de la guerra, a pesar de su ascenso social, siempre conservó sus vínculos con la Tradición, no faltando jamás a la cita anual de Montejurra y a todas las reuniones de “txapelgorris” que se hacían en el Señorío de Vizcaya, así que el Círculo le fue haciendo depositario de pendones, trofeos y reliquias que él conservaba en la casa solar de su familia en Arrigorriaga, en la capilla de la Santa Virgen de Padura, en un arcón que mi padre y mis tíos le habían regalado para esa sagrada misión, arcón que se abría anualmente para su exhibición en el acto de Montejurra y que se cerraba unas semanas después con mucha ceremonia, una misa oficiada por el capellán del Círculo y una comida de camaradería. Las circunstancias han ido haciendo que quedemos pocos que amemos estas costumbres y no sé precisarlo pero ya hacía unos años, con la muerte del padre supongo, o quizá con la pérdida de un pretendiente legítimo al trono del Reino de España, el caso es que los carlistas habíamos dejado de pasar por la casa de Arriluze en Arrigorriaga pero no habíamos olvidado que aquello que nos pertenecía estaba allí y hace unos meses, a principios de este año, le llamé a ese individuo medio francés, perdón, pido perdón, no quiero ofender la memoria del desaparecido en tan trágicas circunstancias aunque se lo mereciera. Me costó que me atendiera y cuando, por fin lo hizo, ironizó con el baúl carcomido y los trapos apolillados y que había tenido que remitirlos a unos restauradores para que los recuperasen, lo que le había costado una fortuna, y que había hecho donación de todo a la Fundación Sabino Arana ¿Te imaginas qué ofensa? ¿Qué insulto? Nuestras reliquias en manos de los separatistas ¡Claro que mi reacción fue violenta! ¡Claro que reclamo que se nos devuelva lo nuestro! - Antonio Moreno y Oriol se había levantado con excitación -, Y ese masón de mierda se ha muerto sin hacer nada para que nos lo devuelvan ¡Que arda en el infierno con Lucifer y toda su logia de diablos!
Manu Majors y Jon Galtzagorri abandonaron la casa poco después, una vez que Moreno recuperó la compostura, con los ojos acostumbrados a la penumbra pudieron percibir la decoración, un pequeño museo de las guerras civiles vascas, que oscurecía todavía más la vivienda.
- De oca a oca y tiro porque me toca – dijo Galtzagorri -, de los carlistas a los francmasones ¿Sabías que Arriluze era masón?
- No sé si lo sabía, nunca he prestado atención a esas cosas pero me da que este tipo no tiene nada que ver con su muerte. Mañana pasamos por el despacho de Arriluze para ver si hay algo interesante y supongo que tendremos que darnos una vuelta por Mallorca después de los sanfermines de 2019 ¿Qué te parece?



viernes, 13 de septiembre de 2019

CUBA LIBRE

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- Para mi el cubata de costumbre – dijo el clérigo de color, de color oscuro, al camarero -, pero el ron de ración de marinero y no de maricón, por favor.
El sacerdote guineano Benito Jones Diallo y el teniente de la Guardia Civil Fernando Ustarroz bebían ron con coca-cola los domingos a la tarde, el cura no pasaba de tres consumiciones normalmente y el militar nunca finalizaba la única que pedía y, sin embargo, era el cura el que más hablaba mientras que Ustarroz se perdía en sus pensamientos.
El mozo del Cappuccino les conocía por la visita repetida, raro el domingo en que no se dejasen caer sobre las 7 de la tarde, y como ya no quedan clientes que beban “cubalibres”, le parecían tan antiguallas como él, que esperaba un acelerón del calendario para jubilarse de una vez.
El cura describía su semana ocupada a atender las necesidades espirituales de centenarias feligresas de desaparecidas parroquias del interior de la isla, las múltiples misas y oficios que se acumulaban el fin de semana y la falta de medios que el obispado, más ocupado en las relaciones públicas y privadas del mundo material que en llevar por el duro camino de la salvación al cada vez más escaso rebaño de ovejas blancas que aun triscaba hostias – así lo contaba el párroco ambulante sin pestañear -, por los páramos del interior, e, ironías del destino, cada vez más ovejas negras o indias se tenían que emplear en atender la grey mallorquina.
- Y el buen niño Jesús antes fue llevado a Guinea por los españoles junto con la lengua y ahora vuelve a España de la mano de misioneros que son los hijos espirituales y, muchas veces carnales, de aquellos propagandistas ¿Ves para que servía el Domund de tu infancia?
- Benito no me toques las narices, que me parece muy bien que comas de un trabajo honrado y necesario como el tuyo, que alguien tiene que despedir a los muertos y consolar a los vivos, aunque sea un feo negrata adicto al cubata y perdona el pareado, pero tú crees tanto en que el zombi palestino aquel era hijo de Jehová como yo.
Pero Benito Jones Diallo no estaba interesado para nada en los comentarios blasfemos del navarro sino que seguía con sus disquisiciones sobre la falta de colaboración de las jerarquías con las tropas sacrificadas por los caminos polvorientos de la isla, cháchara solo interrumpida cuando alguna bella pecadora entraba en la cafetería o la abandonaba y se veía obligado por su profunda vocación a evaluar cuanta lujuria podía levantar la misma.
- Voy a tener que pedir un favor a alguien, quiero seguir un asunto hasta el final y tengo que lograr que me manden a Bilbao cuanto antes.
- ¿Cómo se llama ella?
- ¡Coño Benito! Que es por un tema profesional, que hay un caso abierto, del que no te puedo hablar porque al tercer cubata tu secreto confesional se va a la mierda, y este caso va a pasar a Madrid y de Madrid al frigorífico y las pistas se van a enfriar y no se va a resolver y…
- ¿Que cómo se llama ella? ¿Es vasca?
- De Bilbao, vale ¿Eh? Y se llama Begoña, como todas las de Bilbao, y en cuanto la vi, y estaba hecha una piltrafa, que me dije que era ella, la que yo esperaba, pero la he conocido cuando no era el momento ni el lugar.
- Yo tengo una tía lejana, Exuperancia, que tiene muy buenos contactos en la Dirección General de la Guardia Civil, supongo que le puedo comentar que quieres un traslado a Bilbao, supongo que ahora que no hay tiros por allí, habrá tortas por el destino, pero con intentarlo no se pierde nada.
El cura pidió una ración de aceitunas rellenas para hacer masa que amortiguase los efectos del segundo cuba-libre que también pidió, el de Fernando estaba prácticamente entero.
- ¿Si tú quisieras irte de la isla inadvertidamente, sin que el obispo se enterase de que harto de comer conejo isleño te quieres ir a Bilbao a ver a qué tal están las almejas a la vizcaína, cómo lo harías?
- Como tú, en un barco particular, en cualquier puerto te puedes alquilar una lancha rápida o un yate cojonudo que te acerque a Valencia por ejemplo, estás allí en 8 horas y luego de allí coges el avión o un coche o el tren o lo que sea. Y sabes que gente que te haga un favor siempre existe, depende del dinero que tengas.
Fernando Ustarroz estuvo repasando la carpeta del asunto por la noche en el apartamento, posiblemente la coca-cola le había desvelado, estaba seguro de que la pareja de esbirros que se había cargado al financiero bilbaíno se había ido por mar desde hacía días, no había salida alguna sospechosa por el aeropuerto, el abandono del vehículo en un polígono industrial cercano había sido una maniobra de despiste ciertamente eficaz pero maniobra. Las huellas digitales y los restos de adn encontrados en el piso no habían sido aprovechables, la limpieza que los sujetos habían realizado rematada por la propietaria había sido eficaz pero el Laboratorio de Análisis había conseguido un juego completo de huellas en el Marca, no eran huellas de nadie fichado en España ni en Alemania, aun faltaban respuestas de Interpol, pero estaba convencido de que tarde o temprano servirían para encontrar a los asesinos. Los dos gitanos seguían en la cárcel y no iban a salir por un tiempo, la policía de Osnabrück había enviado una solicitud de ayuda, una familia alemana había presentado una denuncia, sus dos hijas, una de ellas menor, habían sido violadas la última noche que pasaron en Mallorca, tras un cotejo del adn de las víctimas con el encontrado en los asientos del BMW, para asombro del policía alemán, la guardia civil pudo informar que habían arrestado a los autores del delito, así, como decía Fernando, a bote pronto.

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lunes, 2 de septiembre de 2019

BILBAO, CENTRO DE UNA GALAXIA MUY CERCANA

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Jon Galtzagorri Alcorta llegó de Donostia a Zumaia puntualmente. Manu Majors Echezarreta y su mujer Lin Chi-Ling le esperaban en el Marina Berri, un restaurante del puerto deportivo desde hacía menos de un minuto, posiblemente habían llegado a la vez pero uno encontró sitio para aparcar antes que el otro. No era un domingo de esos en que el viento norte-noroeste llena de nubes el cielo hasta parecer que va a llover pero el día aguanta fresco, o fresquito como se dice por el pequeño país del norte, para regocijo de los autóctonos y temor de los visitantes que prefieren achicharrarse con el cielo azul preparado por el viento sur, el viento que vuelve un poco locos a los vascos, era un domingo en que predominaba el viento sur-sudeste y la luz brillante de las dos de la tarde se reflejaba en los manteles blancos con rayas azules hasta no dejar ver por tener que cerrar los ojos a pesar de las gafas de sol.
Tuvieron que sentarse además en la zona más luminosa del comedor, así que Majors fue a buscar unas gorras de golf al coche y los tres comieron con visera protectora, no eran los únicos, en una mesa había una cuadrilla de abuelos con boinas del tamaño de las bandejas del restaurante.
El abogado bilbaino hizo un cuadro nada preciso de la situación, de la noticia de la muerte de Iñigo “Harry” Arriluze que, aunque había sido jugador de hockey, también había jugado a rugby durante un curso universitario, de las sospechas policiales de que había sido un asesinato, idea que también era compartida por el hijo del difunto, del mismo nombre que su padre y que solo había jugado a hockey sobre hierba, de la noticia reciente sobre la detención de dos sospechosos y de su ingreso en prisión por el Juzgado de Instrucción y del encargo recibido de hacer una investigación más allá de la que pudiera hacer la guardia civil con la excusa de ejercer la acusación privada en las diligencias judiciales ya que, aunque en un primer momento la viuda había designado al despacho de abogados de Figueruelas y Asociados para hacerlo, la familia, convencida por Iñigo Jr., se había puesto de acuerdo en que se ejerciese por el abogado que llevaba los asuntos penales del fallecido.
En las mesas de alrededor nadie atendía la conversación y si alguien hubiera prestado oreja a lo que Majors contaba tampoco habría entendido nada porque se hablaba del tema como se habla de una película que uno de los comensales ha visto y que quiere recomendar a los otros sin descubrir el final. Con los cafés Galtzagorri sacó un folio y un lápiz de una especie de saco que había traído y que había dejado en el suelo, el saco tenía el escudo de la selección francesa de rugby ya deslavazado por los años. Mientras hacía preguntas a Majors sobre todos los componentes de la lista de personajes de la intriga que iba describiendo, Galtzagorri iba dibujando una especie de mapa galáctico en el que en la posición del sol estaba Harry y en torno a él giraban los nombres de su esposa, hijos, parientes varios como nuera, consuegros y primos, socios, empleados, colaboradores… que Majors recordaba y otros que quedaban imprecisos o con interrogantes para responder.
- Me gusta hacer un diagrama de las relaciones entre las personas implicadas en cada asunto, diagramas de fluidos paranoicos les llamo, es más o menos lo que está de moda reproducir en las películas policíacas como fórmula de trabajo del protagonista investigador, se pone la foto del cadáver en el centro y las fotos de los sospechosos alrededor, luego se van eliminando sospechosos conforme el guion los va asesinando en el camino del guionista hacia el fin, el final insospechado. Yo lo hago en los asuntos civiles, laborales y también en los penales, combinado con una base de datos sobre cada una de las personas que tienen el más mínimo papel en la intriga, esto me permite establecer los flujos que van de uno a otro y hacerme una idea de lo que ha pasado, idea que puede estar equivocada o ser pura paranoia mía o, raras veces, ser la verdad. Yo empezaría por ir a ver al auditor que comparte despacho con el muerto, luego le pegaba un toque al carlista, en tercer lugar habrá que ver los implicados en los negocios de construcción qué pinta tienen, también convendría estudiar los negocios de los hijos que yo supongo que los seguiría tele-dirigiendo en cierta forma, toda la familia, sobre todo aquellos a los que haya hecho favores, no devolver un favor es un buen motivo para cargarte a un tío, y el resto habrá que ir improvisando. Como tendrás que ir a Mallorca para sentar que eres el abogado que se encarga, nos vamos juntos, tú hablas con la justicia y la guardia civil y yo me voy de putas – la cara de Lin reflejó cierto estupor -, es un decir, yo me voy a dar una vuelta por esos ambientes en los que se puede contratar a alguien por unos euros para que se carguen a quien señales, no parece lógico haber contratado esbirros en Bilbao y pagar las dietas de desplazamiento cuando es posible hacerlo “in situ”. Aquí tienes los teléfonos de confianza para el cliente y para ti. Y dadas las fechas, con todo este lío, otro año que no vamos a sanfermines.
Galtzagorri le pasó los teléfonos que sacó del mismo bolso y quedaron en que se verían en Bilbao para ir a visitar la oficina a la que Iñigo de Arriluze y Saint Lon les Mines, Harry para los amigos, no iba a volver nunca, en cuanto Majors quedase con Pedro Apoita Sopeña.
El lunes a primera hora, Majors llamó a Figueruelas y Asociados, quería pedir la venia para no dejar resquemores en un despacho de abogados tan cercano al poder, esto es, a Sabin Etxea. El propio José Martínez de Gurruchaga le atendió con una fría amabilidad que parecía más glacial que de costumbre, no puso inconveniente y ordenó, lo que así se hizo, que le facilitasen por correo electrónico copia de las actuaciones facilitadas por el despacho de Palma, así como los nombres y teléfonos de contacto del abogado o abogada que llevaba el tema y del procurador o procuradora que estaba personado en la causa, por si quería seguir utilizando sus servicios.
Al colgar el teléfono, Majors pensó que en el diagrama paranoico de flujos de Galtzagorri, o lo que fuera, faltaba un nombre quizá, pero lo borró de su pensamiento inmediatamente. Luego se puso en marcha, llamó a Apoita, llamó a Mallorca, llamó al jefe carlista Moreno  Oriol y se hizo una agenda ocupada de la semana. Habló con Iñigo Arriluze hijo para pedirle la relación de las empresas de construcción en que estaba su padre y éste le remitió a la base de datos del Registro Mercantil y a la documentación que pudiera tener su padre en Mallorca, porque dijo ignorar casi todo.
También tuvo que dedicar tiempo a trabajar en los asuntos de su agenda, a atender clientes, a cumplir plazos y a bordear el infarto cada vez que una resolución judicial le llegaba directamente a su ordenador de forma inesperada.
A media tarde recibió por correo electrónico un mensaje de Galtzagorri con un enlace a un montón de archivos en la nube y un archivo adjunto de poco peso, el mensaje decía que había colgado en la nube toda la información existente sobre personas y empresas vinculadas al tema de los Arriluze y que le remitía un diagrama actualizado. Majors abrió el archivo y el diagrama era ya como una serie de galaxias interrelacionadas por órbitas demenciales y, entre los innumerables planetas y estrellas, había un agujero negro con el nombre de José Martínez de Gurruchaga.

jueves, 29 de agosto de 2019

¡MARCHANDO UNA DE MOJOJONES ! ¿OÍDO COCINA ?

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- Por un lado, tenemos que en el “arma del crimen” están las huellas de los dos individuos puestos a disposición del Juzgado y que se encuentran actualmente en prisión, que no tienen ni un atisbo de coartada, que uno de ellos, al menos, ya ha sido detenido anteriormente por conducción temeraria y sin permiso de conducir… Y por otro lado tenemos que ese BMW X5 fue alquilado en Barcelona en Tyreaction con una documentación falsa a nombre de Manfred Rödel, que fue pagada su reserva con una tarjeta a nombre de una empresa alemana de producción, los films de Pandora, que las fotocopias de la documentación que presentó no sirven para identificar a nadie, pero que por las grabaciones del desembarco del ferry de Balearia iban dos en el vehículo y que, por ahora, no se ha localizado dónde se han alojado y si se han ido de la isla pero que no se ha presentado denuncia alguna de sustracción de ese coche...
- Y que la tarjeta de crédito era clonada, nos acaba de llegar un mail de la policía alemana – completó Ustarroz al Teniente Coronel -, aunque no aparece que haya sido usada en la isla.
- Ud. céntrese en identificar de verdad a ese tal Manfred y a su socio, no gaste mucho que estamos con tantos recortes que no nos llega ni para papel higiénico y si necesita mandar el expediente a la UCO para que ellos sigan, no lo dude, el caso está ya resuelto a efectos estadísticos, aunque sea nuestro deber encontrar al que lo hizo, pero el Delegado de Gobierno nos ha felicitado por la rápida resolución, parece que la población se queda más tranquila si se trinca a alguien después de un suceso como éste y así se perjudica menos el turismo. Venga, váyase y haga lo que pueda pero no descuide todo lo demás que tiene en marcha, que no nos van a dar una medalla ni un ascenso por encontrar al Manfred de los cojones, y al Delegado del Gobierno no le ha gustado nada que se haya filtrado la detención a la Agencia Efe antes de que él pudiera hacer la nota de prensa ¡Mierda con esos bocazas que se chivan a los plumillas! De los gitanos me encargo yo, que ya voy a hablar con el patriarca y a lo mejor en esta coyuntura resolvemos algún caso pendiente, el que algo quiere algo le cuesta y, si quiere que sus nietos salgan del talego, algo tendrá que dar a cambio ¿Qué hace ahí parado? ¿No le he dicho que salga? Y cierre por fuera la puerta.
El teniente se dirigió a su mesa pero, antes de sentarse, el sargento García, un tipo mal afeitado siempre y que siempre transpiraba, le avisó que los del puesto de Campos habían localizado que el coche podía haber estado por Santanyi en fechas coincidentes con las del asunto. Tenía que ir al pueblo a hablar con la patrona de un colmado, cuyo nombre y dirección constaba en una nota redactada con la letra horrible del Sargento García, porque nadie de Campos estaba disponible para hacerlo y tampoco nadie de la brigada, miró alrededor y nadie levantó la cabeza del papeleo. Abrió su correo profesional en el ordenador, la responsable de Tyreaction le había mandado un archivo legible con el permiso de conducir alemán, lo imprimió en más grande y se lo metió en la carpeta para llevarlo a Santanyi, así al menos tenían una imagen reconocible, mandó al Sargento García que remitiese a Interpol el archivo con una nueva solicitud de colaboración.
En el trayecto hacia Santanyi le llamó al jefe del puesto de Campos, éste le informó que el agente también había encontrado el alojamiento de los que usaban el coche, una pareja de alemanes grandes, que habían alquilado un Airbnb a una conocida de la dueña de la tienda de comestibles delante de la que aparcaban el coche y donde hacían la compra, lo que había omitido García o él no había entendido en la nota pringosa. Se dirigió a las señas del comercio, un supermercado pequeño en el que se vendía de todo desde alimentación a prensa. Había bastantes clientes, como iba de paisano exhibió la placa a la señora que estaba en caja y que era Rafi, la titular, ésta le dijo rápidamente que si quería hablar con la dueña del piso, tenía que hacerlo ahora, porque estaba limpiando el apartamento y luego se iría a Manacor y ya no volvía en una semana.
Era una calle sin sombra, de casas baratas de los años setenta, el sol del mediodía quemaba ya, Ustarroz reptó corriendo lo más pegado a las paredes hasta un portal a unos metros del supermercado. La idea de que el piso ya estuviera limpio de toda huella le asaltó y la reacción de la arrendadora cuando le paró en sus tareas de limpieza fue la de una cobra real interrumpida en el aseo de su madriguera. Le ordenó detener la lejía y el aspirador, cuando la cocina y el baño ya estaban brillantes, y los dos dormitorios y la pieza principal estaban a punto de recibir un repaso final, una bolsa negra de basura estaba junto a la entrada y unos periódicos alemanes en el descansillo sujetando la puerta. Tuvo que ordenarle que esperase a la llegada de la científica – a la que ya había llamado -, bajo amenaza de detenerle y llevarle al Juzgado de Guardia. La señora Lluc le entregó las llaves y se marchó indignada. Con cuidado de no dejar sus huellas sobre las que pudiera haber, él recogió los Bilds que parecían conformar la basura a reciclar para dejarlos dentro del piso y un Marca asomó entre ellos, reclamando su atención, porque los periódicos alemanes era evidente que no habían sido leídos y el Marca estaba claramente leído y releído. Supuso que los compañeros de la científica llegarían a primera hora de la tarde, ya eran casi las dos y se dirigió al supermercado donde la Lluch y la Rafi le aguardaban desconfiadas.
- ¡Si lo sé no digo nada! - le soltó por saludo la patrona del colmado al verle entrar de nuevo - ¿Me va a cerrar la tienda a mí también?
Ustarroz les tranquilizó a ambas y les mostró la foto del permiso de conducir, era Manfred, el compañero de Otto, porque el otro respondía al nombre de Otto, el que hablaba era Manfred y hablaba solo alemán, era el que había reservado el apartamento, la Sra. Lluc le entregaría los justificantes de la reserva que estaban en alemán, estuvieron cuatro o cinco días, aunque habían reservado hasta hoy, salían temprano por la mañana en el coche y regresaban a media mañana, dejaban el coche nuevo, enorme y negro en el mismo sitio todos los días, Manfred compraba comida alemana y el periódico alemán, pagaba en metálico, era una pareja gay posiblemente pero no se les notaba nada, los gays suelen dejar el apartamento con otro tipo de suciedad y éstos solo tabaco, bebidas energéticas, salchichas, carne preparada, postres de leche y así, bastante limpios.
Rafaela Ramis, así se llamaba la Rafi en los papeles oficiales, dijo algo sorprendente al terminar la conversación que había durado, y ninguno de los tres se acordó de comer, hasta que llegó el coche de los dos agentes encargados de examinar el piso.
- Manfred podía ser alemán pero Otto creo que no, el domingo le señaló unas conservas a Manfred como para que las comprase y éste se negó en alemán y con un gesto, Otto solo le dijo”Mojojones”, lo oí perfectamente, las conservas eran de mejillones y Otto le pedía a Manfred que le comprase “mojojones” y eso solo lo puede decir un niño español o así.
- O un señor de Bilbao -Ustarroz se sorprendió pensando en voz alta -.



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viernes, 23 de agosto de 2019

UN CONOCIDO EMPRESARIO BILBAÍNO MUERE ATROPELLADO EN MALLORCA

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La noticia había saltado el día anterior, 25 de junio, solo en los periódicos vascos se encontraba en primera página pero apenas se recogía un breve texto de agencia de noticias. En ETB se dio la noticia en los noticieros de la noche, incluso con una foto fija de Iñigo Arriluze Saint Lon les Mines, sin siquiera una breve biografía.
Las esquelas, sin embargo, llenaron una página de El Correo el día 26. Luego el silencio periodístico sobre el suceso. El 28 era viernes y el funeral llenó la iglesia de San Ignacio y sus alrededores, asistió la élite del empresariado, la aristocracia de Neguri, la burguesía vizcaína y bastantes autoridades, las tarjetas desbordaban las bandejas de las mesitas en las entradas, los autógrafos en las hojas de condolencias eran una colección del no va más de la pompa y el boato del pequeño país y Manu Majors asistía a todo ello desde la acera más próxima al bar más cercano del templo. Acabado el desfile de quienes deseaban dar personalmente su pésame a cada uno de los deudos que poco a poco habían salido al umbral de la iglesia, Majors se dejó ver de Iñigo, éste le hizo una seña de que se acercase.
- ¿Te importaría vernos mañana por la mañana? ¿A las 10 en mi casa?
Majors asintió a las dos preguntas, estrechó la mano de Arriluze y besó en el aire al lado de las mejillas de las mujeres en silencio, no hacía falta decir nada, los ojos enrojecidos, los hombros abatidos y los gestos fatigados decían todo.
La vivienda se sitúa en la calle Hurtado de Amézaga, una vivienda elegante en un edificio elegante, pero no estaba tan lejos del piso de Majors como para que éste no fuera andando. El propio Iñigo abrió la puerta y le hizo pasar a un pequeño despacho lleno de estantes de libros y de maquetas metálicas de barcos, una maqueta sin terminar de una draga en un lado de la mesa con algunas piezas y útiles.
- Perdona el desorden, te traigo un café. Me acaba de llamar el teniente de Mallorca, que hoy van a presentar al Juez de Instrucción dos gitanos a los que han cogido con el coche que atropelló al aita pero que hay indicios contradictorios, que pueden ser o no ser, que quizá quien lo hizo abandonó el coche o se lo dio a los gitanos para que se deshicieran del mismo o los gitanos en una parranda lo robaron antes, lo hicieron y ahora lo niegan.
Majors no ocultó su asombro pero Arriluze no pudo darle más detalles, de todos modos quería hablarle como si no supieran la noticia, de hecho no pensaba llamar a su madrastra y a su hermana por ahora.
- Aita y yo comíamos juntos todos los jueves, un menú del día, a veces con mi hermana si no estaba en uno de sus viajes, una semana por aquí por el centro cerca de su oficina en Juan de Ajuriaguerra y otra semana por Zamudio cerca de la mía. Hablábamos de todo en general, sobre todo del Athlétic y algo de los negocios, ya sabes que al casarse me pasó todas las inversiones familiares en sociedades industriales ¿No lo sabías? Me dio participaciones en el capital de las empresas de alta tecnología del país y a mi hermana le regaló otro tanto en todo lo que tiene que ver con el arte, el diseño – Begoña es diseñadora-, el marketing o lo audiovisual… el aita era machista en el fondo y en la forma, lo artístico para ella y lo mecánico para mí. Así que ahora tengo mi consultora de ingeniería que funciona como un tiro con todo lo de la robótica industrial y una cartera de capital en muchos de mis clientes y proveedores. Él solo se quedó con la parte inmobiliaria, nos dijo que la construcción es territorio de gangsters y que no quería que ninguno de los dos se manchase las manos.
Manu Majors sonrió, en su interior escuchaba la voz del fallecido repitiendo esta frase durante la cena en que celebraron la vuelta a casa de la Virgen de Padura, la construcción es territorio de gangsters.
- Hace un par de meses, en una de las comidas en que estaba mi hermana, nos preguntó si teníamos hecho testamento, la verdad es que mi hermana no pero yo sí lo había hecho, le riñó a mi hermana y dijo que había que estar siempre preparado y que pusiéramos bien claro en el testamento lo que él iba a heredar que no quería líos con nuestros herederos y que él ya lo había hecho porque pensaba tener siete hijos más con su nueva mujer. Lo tomé como una broma, una broma sin gracia pero muy propia del sentido del humor de mi padre. Antes de irse a Mallorca, comimos los dos solos, me comentó que tenía un problema en una sociedad, que se quería deshacer de su participación en una constructora pero que sus socios no se la querían comprar y que le estaban obstaculizando su venta fuera de la sociedad y que le estaban cabreando, que en Mallorca iba a pensar en una estrategia y que a la vuelta te lo iba a comentar a ti para que le ayudases. Me extrañó que te mencionase porque tradicionalmente trabajaba con el despacho de la Plaza de Euskadi y solo para ligar con su mujer empezó a trabajar con sus vecinos los catalanes del Figueruelas, pero a ti te quería, siempre hablaba de ti con aprecio. Y cuando vi el lugar del atropello y las explicaciones que nos dio aquel amable Guardia Civil ¿Sabes que habla euskera mejor que yo, que solo sé decir egunon? Pues creo que asesinaron al aita. En resumen y quiero que contrates al mejor detective privado, no importa el dinero, que pueda haber en Bilbao o en el mundo, y que se averigüe de verdad quién ha sido, quién ha encargado el asesinato, porque estoy seguro que ha sido alguien de Bilbao y no me creo nada de esa historia de gitanos drogadictos, nada de nada. Y ahora voy a llamar a la familia, y de este encargo no le dices nada ni a la una ni a la otra.
- Los detectives privados en España no funcionan como en la tele o en el cine – le cortó Majors impidiendo la llamada -, la investigación es competencia exclusiva de la policía.
- ¿Quién controla a la policía si lo está haciendo bien o lo está haciendo mal? Tú tienes que tener una idea.
- Tengo una idea de lo que se puede hacer y de lo que no se puede hacer. Si no llego a resultados en un tiempo prudencial, ya te encontraré quien pueda hacerlo. El lunes te llegará a la oficina un teléfono móvil muy simple de los de llamar y recibir llamadas y poco más, habrá una llamada perdida en él, ése será mi teléfono, solo hablaremos de lo de tu padre por esos teléfonos o personalmente y de vez en cuando hablaremos de otras cosas por los teléfonos normales.
- Eso quería oír, te haré un ingreso en la cuenta de tus facturas con una provisión de fondos, hazme una minuta de honorarios por el concepto que te apetezca de forma que cubra el importe. Y ahora voy a hacer las llamadas ¡Se me olvidaba! Los carlistas, también están los carlistas. Begoña, la mujer de mi padre, ha comentado en el viaje de vuelta que el presidente del club de los carlistas fue a su casa y discutió con él, se fue dando un portazo y soltando amenazas muy gordas, te lo digo por si acaso hay que mirar también por ahí.
Era un sábado por la mañana, la hora del aperitivo, Manu llamó a Li, su mujer, y quedaron en el Iruña a las 12,30, una txaranga o parecido atronaba en la calle Berástegui pero eso no le impedía pensar al elegante abogado bilbaíno.
- ¿Te has enterado de que han detenido a los que mataron a tu amigo en Mallorca?
Fue lo primero que Li dijo.

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jueves, 22 de agosto de 2019

LA CASA DE ADOBE

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- Es una casa de adobe, una chabola para guardar aperos de labranza, apenas 30 metros cuadrados abajo y la mitad en la entreplanta – Iñigo Arriluze Bergareche explica al secretario del Juzgado y a los guardias civiles que desbordan la parra que da sombra con dos palmeras enanas en la entrada -, cuidado con el suelo de la entreplanta, no creo que resista más de dos personas y hay que andar agachado por ahí arriba…
Nadie ha puesto inconveniente a la actuación de los investigadores, el Teniente y el Secretario se asoman al interior y se apartan para dejar pasar a los números que van a efectuar la tarea, la familia permanece sentada y silenciosa en los muebles del exterior, salvo Iñigo que no puede callar.
- A mi padre le gustaba venir en junio a pesar de que es un mal mes porque todas las juntas generales de las sociedades se celebran estos días y él estaba en muchos consejos de administración pero hace unos años – y dirigió su mirada a la viuda, como queriendo explicar con el nuevo matrimonio este cambio en la vida del fallecido -, repartió las acciones de las sociedades entre mi hermana y yo, así que ya no le era necesario quedarse en Bilbao, aunque a algunas de las que se quedó mandaba a un representante con plenos poderes, su contable Apoita Sopeña con el que montó la oficina hace años, pero él se traía aquí trabajo, se pasaba una semana analizando y estudiando las sociedades y otra semana de vacaciones con su pareja, con su mujer.
Ustarroz anotó mentalmente que Iñigo había dicho pareja y luego rectificó para decir mujer. De vez en cuando uno de los guardias que hacían el registro salía y enseñaba algo al teniente, el ordenador portátil, llaves USB, carpetas, cuadernos… éste hacía que se lo enseñasen al secretario judicial o letrado de la administración de justicia, como él les precisó al presentarse, y luego introducía el objeto en un sobre enorme, al cabo de una hora, la diligencia no duró más, el retrete de la cuadra abierta a un par de vientos se examinó en un minuto, los sobres se acumulaban en la mesa de madera de teka y allí mismo se leyó el acta, se firmó por los presentes y el Juzgado se ausentó así como dos guardias civiles que se llevaron los sobres.
- ¿Sabe los códigos o claves que usaba su esposo? - Ustarroz preguntó -.
- Claro, se los anoto – Begoña escribió con cuidada letra dos combinaciones de letras y números en un cuaderno que había sobre la mesa -.
- Usaba el número del dorsal de un jugador del Athlétic, el primer apellido de ese jugador y el año de su nacimiento para la clave más usual y el año de nacimiento de otro jugador, su segundo apellido y su número de dorsal para la clave más especial – Precisó el hijo con una sonrisa -, y para recordarlo tenía la foto dedicada de los dos encima de la mesa del despacho.
Ustarroz les informó que el coche seguía sin aparecer, que tenían pistas sobre algunos sospechosos pero que no les podía decir más y les prometió que, en la medida de lo posible, les tendrían informados.
Cuando el teniente se fue, llegó el abogado de Figueruelas y Asociados acompañado de la Procuradora de los Tribunales excusándose por no haber llegado antes, pero traían la noticia de que el Juez había autorizado el traslado del cuerpo a Bilbao, así que las dos mujeres se pusieron en contacto con las empresas funerarias y con la parroquia para organizar el funeral y el entierro.
Los dos hijos fueron a despedirse de su padre por la tarde, ya en el tanatorio de la funeraria, la viuda se quedó fuera, luego los tres devolvieron los coches alquilados tanto por el difunto como por los hijos y volaron hacia Bilbao.
El teniente Ustarroz se dedicó por la tarde y la mañana siguiente a examinar los documentos y archivos informáticos, contenían información financiera de muchas sociedades, en alguno de los documentos había anotaciones indudablemente efectuadas por el difunto, signos de interrogación en una línea de una memoria o en una cifra de una cuenta de explotación pero nada que atrajera la atención del investigador. No pudo abrir dos archivos encriptados en una de las llaves USB a pesar de las claves, la apartó para enviarla en su caso a Madrid, a los servicios informáticos que podrían abrirlos en caso de que fuera necesario.
De la Comandancia de Barcelona le mandaron un fax con la documentación que se había empleado para alquilar el coche que podía ser el que andaban buscando y un pequeño informe. En resumen, una empresa especializada en suministrar vehículos para rodajes cinematográficos había sido contactada por una productora alemana para que le consiguiese a uno de sus ejecutivos un todo terreno para ir a visitar unas localizaciones por los Pirineos, el alquiler no había vencido y nadie estaba inquieto. El teniente se inclinaba a pensar que aquel era el coche, sobre todo porque no habían encontrado ningún otro que pudiera ser en la isla.
Y el coche apareció y era ése. Apareció a los dos días por la noche y además se pudo detener al que lo conducía y a su acompañante. Lo hizo una patrulla de la Policía Nacional que se encontraba en la entrada principal del barrio de La Soledad de Palma por aquello de controlar a los compradores que iban a adquirir drogas por los centros comerciales clandestinos que se encuentran en sus modestas casas. Los “maderos” avisaron a los “picoletos” inmediatamente y el coche se encontraba en el garaje de la Comandancia para ser examinado por la científica a la mañana siguiente, aunque el sargento de guardia inmediatamente confirmó que había los típicos restos de un atropello en el parachoques.
Todo el clan familiar de los dos jóvenes detenidos estaba reunido en la entrada de la Comisaría de la Policía Nacional -no se habían enterado del envío efectuado entre ambas fuerzas -, entre gritos y llantos proclamando la inocencia y la injusticia del arresto de los dos primos, porque se trataba de dos miembros de una misma familia muy conocida en el barrio de La Soledad, los Jiménez Fidedigno, así que el sargento pudo actuar con tranquilidad y los dispuso en dos calabozos lo más separados posible para que tuvieran que hablar a gritos y el agente del pasillo pudiera ir tomando nota de lo que se decían.
El teniente Ustarroz llegó a la entrada de la Comandancia al mismo tiempo que las primeras exploradoras del clan preguntaban al de puertas si los niños se encontraban allí, ya se había avisado al abogado del turno de asistencia al detenido y en cuanto éste llegase se podía empezar con el interrogatorio.
Para cuando la abogada se presentó, en manos del investigador había un primer informe sobre lo encontrado en el vehículo: restos humanos en la parte delantera externa y secuelas en la carrocería de un atropello muy violento, abundantes huellas digitales de uno de los detenidos en el volante y de los dos por todo el interior, manchas de actividad sexual en los asientos traseros, envoltorios vacíos de drogas por el suelo, latas de bebidas… También un resumen de lo que se habían hablado a la noche y que dejaba claro que no mencionaron nada relacionado con el homicidio sino más bien de que la Providencia había abandonado aquel coche con las llaves puestas y que la Caridad lo había recogido.
Sus subordinados en la brigada comenzaron con el interrogatorio del mayor de los dos, el llamado José Pablo Jiménez Fidedigno, de diecinueve años de edad, vendedor ambulante actualmente en paro, con alguna detención anterior y sin antecedentes penales. Ustarroz observaba en la mesa de al lado y era observado por la abogada, el interrogado le daba la espalda, enseguida se dio cuenta de que el detenido no tenía nada que ver con el suceso que estaba investigando pero que era, a todas luces, el culpable ideal.

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